oportunidades perdidas...

Terminamos de comer y estoy con esa sensación de letargo. Donde me echaría como un gatito a dormir aquí sobre la mesa. A mi frente Shiloah termina su cerveza y clava la mirada en mí.

Se que debo tener un aspecto muy desfavorecedor a mi pesar. No me arreglado adecuadamente para venir a la oficina el día de hoy, ya que me toco correr por la urgencia médica.

Sin ganas de comportarme como lo que soy, una respetada abogada con un importante capital gracias al tipo que tengo en frente y a mi amigo que me ayudo a invertir bien el dinero, me reclino acomodándome cómodamente en la silla en la que estoy ubicada y cruzándome de brazos miro a mi “esposo”.

—¿Qué es lo que querías hablar conmigo? —pregunto, tratando de ignorar lo que sus ojos están haciendo en mi interior al recordar la pesadilla, me remuevo inquieta? — O ¿será qué firmaras el divorcio?

Me sigue mirando y me recorre como estudiándome, sus ojos se detienen donde mis brazos se cruzan he imitando mi postura se reclina, sin dejar de mirarme. Muerde su labio inferior y vuelve la vista a mí.

—¿Tienes idea de lo que provoca tu cruzamiento de brazos? —pregunta muy serio y el tipo que camina por la acera se choca con una mesa y al dirigir mi mirada hacia él, tiene su mirada en mi—. Hasta accidentes en la vía peatonal estas causando —sin entender miro mis brazos y casi brinco en m lugar.

La blusa que me puse es tan escotada que al cruzar mis brazos es como si mi busto quedara expuesto, hasta el borde de mi brasier está dando un detalle que no me gusta que se vea.

Inmediatamente me descruzo y trato de acomodar mi blusa y tratar de cubrir mis pechos, la risa de Shiloah me llena los oídos y lo miro enfadada.

—¿Qué? No deja de ser gracioso —dice encogiéndose de hombros.

—Me dirás que necesitas, debo volver al trabajo —digo molesta—. Algunos si trabajamos.

—¿Qué te hace pensar que no trabajo? —su vos suena una octava más oscura, mierda el machito se hace notar.

—Para empezar, se nota que eres un niño mimado que vive a costillas de la fortuna de su familia, pero la verdad no me interesa. Solo dime que quieres —rechina los dientes y su mirada se enfría.

—Mi padre está en la ciudad he insiste en conocer a.… digamos que a mi esposita —termina diciéndome mientras su mirada de desprecio nuevamente se instala en él, me hace acordad la vez que firmamos los papeles para nuestro casamiento.

—¿Qué si no quiero?

—Digamos que es una obligación —dice en su papel de MR. Burns—. Si quieres el divorcio, quiero que finjas que eres mi “adorada” esposa mientras él está en la ciudad.

Me quedo pensando un momento y esto me huele a que me va a salir más caro de lo que parece. A decir verdad, nunca supe de qué país venia ni a que se dedicaba su familia o simplemente porque se casó conmigo si podía vivir libremente en este país. Muchos secretitos que no tengo la menor idea de que serán.

—Aceptar tu preposición que implica para mí, esto me suena a que no será algo tan simple —opino sincera.

—Primero, deberás mudarte conmigo.

—¿Qué? No, tengo mi casa —su gélida mirada me eriza la piel.

—El hombre es el que provee —marca su punto más machista de la historia haciendo que ruede los ojos.

—Entonces yo deberé asumir mi papel de sumisa ama de casa, lustrar tus zapatos y alabarte como si fueras un príncipe —comento sarcásticamente mientras él se remueve en su silla incomodo, su actitud me causa gracia—. ¿Qué te incomoda?

—¿Tienes idea de quien es mi familia en realidad? —me pregunta tan serio que siento la necesidad de que la tierra se habrá a mis pies y me lleve hasta el averno.

—La verdad es que no, tu no quisiste saber nada de mí, entonces yo decidí lo mismo —digo mirando mis uñas—. Solo me concentre en mis estudios y en aumentar mi cuenta bancaria que debo admitir que fue gracias a tu ayuda.

Ahora es el, el que me mira desorientado. Creo que hable demás. Miro hacia otro lado, de pronto recuerdo que debo trabajar y miro a hora en mi celular, carajo como vuela el tiempo cuando te entretienes.

—Lo siento debo volver a mis responsabilidades —digo levantándome—. Cuando tengas bien en claro que necesitas de mi mándame un correo con tus demandas —le tiendo mi tarjeta personal con los datos de mi correo, mis teléfonos.

—Esta noche cenaremos con mis padres, paso por ti a las nueve por tu casa, y por favor espero que te veas elegante y con maquillaje —dice en su actitud pedante, yo asiento y paso del dirigiéndome a la oficina.

Entrar nuevamente a la oficina con la sensación de que me estoy perdiendo de algo me lleva hasta el piso de Carlos que para mi sorpresa salió de viaje de último momento y al llamar a su celular me encuentro que está fuera de servicio, mierda.

La intriga de no saber que me espera esta noche termina en el momento que ingreso a mi oficina y me concentro en la pila de pendientes que tengo.

Entre llamadas, leer papeles y estudiar casos que debo representar se me paso la tarde más rápido de lo pensado, miro mi reloj y ya son las ocho de la noche. Decido apagar todo y dejar lo que queda para mañana.

Mi asistente salió antes ya que tenía asuntos personales que atender. Al salir a la calle me encuentro con la persona que no volvería a ver, Darío. Al verme se acerca a mi corriendo.

—¿Darío? —digo sin saber que más decir.

—¿Es cierto que ese tipo es tu esposo? —suspiro y miro para otro lado como repuesta— ¿Por qué nunca me dijiste que estabas casada?

—Mira, estoy cansada, tuve un día largo y necesito llegar a casa.

—¿Te puedo acompañar? —me dice con esa cara que sabe que no resisto y pensando que me estoy olvidando de algo importante le digo que me acompañe.

Vamos en busca de mi coche y en el camino le cuento los pormenores de mi matrimonio con el “tipo”. Llegamos y nos sentamos en la barra que tengo en la cocina sirvo dos copas con algo de vino y mientras preparo una ensalada, ya que Darío es vegetariano, conversamos.

Estamos riendo cuando escucho que llaman a la puerta de mi casa, riendo de un comentario de Darío me dirijo a la puerta con copa en mano y por supuesto descalza, los zapatos pueden llegar a ser los causantes de una muerte prematura.

Abro la puerta y mis cejas se vuelven una al ver a Shiloah en un traje de esmoquin negro, zapatos lustrosos y brillantes, parado frente a mí. Mas que quitarme el aliento creo que se me cayeron las bragas y están bailándole en frente, mi dios este hombre se debe ver bien hasta con ropa de mendigo.

—¿Por qué no estas lista? —pregunta y creo que me dio algo al recordar de pronto la dichosa cena.

—Mierda —digo dando un salto—. Lo olvide, mierda, carajo, la re calcada concha de lora —insulto y el me mira con sus cejas alzadas— ¿Qué? No te crías en un orfanato y sales ilesa. Pasa y tendrás que esperarme, lo olvide —me hago a un lado para dejarlo pasar.

—¿Qué pasa? —pregunta Darío a mi espalda y ahí es cuando los insultos en mi cabeza se levantan de nuevo.

—Lo siento Darío, tengo un pendiente que olvide, tendremos que seguir con nuestra charla otro día.

—¿No era que con tu esposo no tenías nada? —pregunta colocando sus manos en su cadera.

—Es largo de contar —digo tomándolo de un brazo para dirigirlo a la puerta—. Deberás lo siento luego te cuento.

El me mira con la boca abierta y luego con enfado, con toda la pena del mundo debo dejarlo para irme a arreglar. Sierro la puerta y cuando me volteo me encuentro con la mirada oscura de Shiloah.

—Deberás olvidarte de tu amante por un tiempo, hasta que mis padres se marchen de la ciudad.

—Mas que mi amante también es mi amigo, pero no te preocupes luego de esto no creo que vuelva a hablarme nunca más.

—Mejor así —dice y me mira frio. Luego mira la hora y vuelve a clavar la mirada en mí.

Salgo corriendo al baño, no hace falta que me diga mucho para darme cuenta que debo apurarme. Para mi sorpresa al salir del baño lo encuentro en mi habitación mirando mi ropa.

—¿Qué haces? —digo mirando su espalda ancha.

—Buscando algo adecuado que se ajuste a una esposa de alguien como yo —mi boca se abre con ganas de escupirle, veneno si fuera posible, tan creído es que no me di cuenta.

—¿Alguien como tú? Un mimado a simple vista —voltea su cara desde su hombro me mira lanzándome dardos. Me tira un vestido.

Lo tomo y lo miro escandalizada, es un vestido que use en la despedida de soltera de mi compañera de la universidad y estoy segura que me queda corto, muy corto.

—Con esto me veré como una ramera —digo y el solo me devuelve una sonrisa de suficiencia—. ¿No era que me tenía que ver elegante?

—Cambie de opinión, con que te veas como eres en realidad vasta —¿Escuche mal o me está llamando puta? Las ganas de estampar mi mano en su cara hacen que me piquen.

—¿Me estas llamando puta, acaso?

—No, pero te pongas lo que te pongas ellos te verán así —dice y se va de la habitación dejándome más confundida que antes.

Me concentro en colocarme el guante de vestido y si lo que quiere es una puta pues tendrá una puta, la más puta de todas.

Me siento en mi taburete, me maquillo realzando mis ojos azules, mis labios rojo furioso y me coloco el perfume más empalagoso que tengo. Elijo unos tacones de quince centímetros que me causan vértigo pero que cumplen con el objetivo de lucir mis piernas más estilizadas. A mi cabello lo recojo de modo que mis rulos cuelguen en cascada por mi espalda, tomo un pequeño boldo lleno de piedras pequeñas que combinan muy bien con mis zapatos y al verme al espejo me quedo sin aire, mierda hasta a mí se me caen las bragas de lo buena que estoy. Carajo se me pego lo egocéntrico, dos horas con ese y ya soy una creída.

Salgo de mis pensamientos y me dirijo a la sala donde me espera shiloah, que está sentado en uno de los sillones mirando su teléfono, me paro en frente a él.

Su mirada me recorre lentamente, y puedo ver el deseo recorrer su cuerpo cuando lo veo tragar.

—¿Me veo bien? —digo pasando mis manos por mis costados de manera seductora— ¿Parezco tan puta como se supone que debo serlo? —termino de decir colocando mis manos en mi cintura y dirigiéndole la mirada más fría de la que soy posible.

Él se levanta y en un movimiento rápido se acerca a mí, me toma de la cintura y rozando mis labios con los suyos me habla.

—Eso es lo que necesito que ellos vean, pero, aunque quieras nunca podrás lograr hacerme pensar tal cosa —dice tan arriba de mis labios que siento que me voy a incinerar en cualquier momento.

Me suelta y toma mi mano para arrastrarme hasta la puerta y así guiarme a la puerta de su coche, llegamos me abre para que suba y luego rodea el coche y se monta a mi lado para conducirlo.

—Mi padre se llama Adil Ad Shuar y mi madre Azahara Al Mujar, son árabes, pero no te preocupes que hablan español —dice y creo que eso explica el sentido de que me verán como una puta—. De todos modos, creo que la cena se llevara en araba, no lo mires en ningún momento y mantén tu mirada gacha, no digas nada a menos que se te pregunta y el saludo solo inclínate, pero no los toques, solo a mi madre puede ser, pero en ningún momento debes tocar a mi padre.

—¿Por qué tanto lio?

—Es un fanático, por eso —desde ese momento no dice más nada y a mí me deja con más preguntas rodeando mi mente— Luego aclarare tus dudas —creo que logro ver la cantidad de preguntas que surgieron en mi—. Por cierto, estas tan arrebatadora que te haría gritar mi nombre sin cesar, si no fuera porque estamos retrasados.

—¿Qué te hace pensar que te dejare ponerme un dedo encima? —me da gracia su alta seguridad en sí mismo.

—Solo lo sé —dice apeándose en frente de un restorán que se es el más caro de la ciudad y que yo no pondría ni un centavo para comer una cucharada de la comida que sirven por el solo hecho que me moriré de hambre.

Sale del auto lo rodea y me abre tendiéndome su mano, la tomo y agradezco haber comido una ensalada antes de venir.

—Qué suerte que comí algo antes de venir —digo casi en un susurro, pero por la mirada de mi esposito alcanzo a escucharme—. Las porciones de comida no creo que llenen una muela —digo a modo de explicación ganándome, para mi sorpresa, una carcajada de su parte.

—Creo que me estoy arrepintiendo de no haberme dado la oportunidad de conocerte —dice dejándome muda.

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Comments

Yoba OG

Yoba OG

en comun tienen los dos que aman la cómida

2025-02-05

2

Milagros Rodriguez

Milagros Rodriguez

definitivamente, la vuelvo a leer y sigo gozando de imaginar la escena, ella toda guerrera y el, siendo el príncipe fugitivo

2024-12-30

1

Rayza Rojas

Rayza Rojas

abra, de abrir, no habra del verbo haber

2024-11-06

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