Hay pacientes que en realidad necesitan estar atados, sobre todo para que no se hagan daño a sí mismos. En el tiempo que llevo trabajando como enfermera, sólo he tenido que hacerlo unas pocas veces, pero de vez en cuando me topo con alguien a quien me gustaría amarrar, amordazar, meterlo en un saco o quizá una alfombra y tirarlo dónde nadie pueda encontrarlo. Dos personas me han hecho fantasear con ello, mi jefa directa, Viviana, y desde hoy, Christian Guerrero.
¿Cómo un hombre puede ser tan insoportable? Está más allá de mi comprensión.
Desde el primer segundo en el que me lo asignaron, con órdenes estrictas de atenderlo con exclusividad, fue un dolor en el trasero. Prácticamente espera que sea su esclava, y si bien estoy acostumbrada a personas con un poco de actitud, no ayuda que mi trabajo esté en juego. Lo que me lleva de vuelta a la bruja de mi jefa y su "advertencia". Literalmente me dijo que si recibía una queja del chico Guerrero podía despedirme del hospital.
Y Guerrero es tan insoportable, que anula todo su atractivo… Bueno, casi todo. El hombre parece hecho por los dioses. Nunca he visto un rostro tan masculino, y que a la vez se pueda describir como hermoso. Sus ojos son maravillosos, nunca he visto unos ojos tan verdes. Su nariz es recta y tiene unos labios perfilados, que me perturban. Su barba de un par de días completa el conjunto. Me hace querer pasar mis manos por ella, para ver si es áspera o suave. Y no es que sólo tenga un rostro perfecto, es su cuerpo también.
Suspiro al recordar su torso.
Pude observarlo bien cuando le cambié la bata, es perfecto. Quisiera pasar mis manos por sus músculos y sentir la calidez de su piel. Pero como dije, su personalidad anula su atractivo. Además, sé que hay algo peligroso en él. La
alarma en mi cabeza no deja de sonar cuando estoy a su lado.
No sé si es hijo de algún millonario o político, pero lo cierto es que tiene influencias. Planeo llamar a Jess por la mañana e indagar un poco más, estoy segura que me sacará de la duda.
Me estiro un poco, para relajar los músculos, después de dormir un par de minutos en el duro sillón de la sala de descanso de enfermeras. Una mirada al reloj me dice que en realidad fueron veinte minutos.
Me levanto y camino en dirección al pasillo dónde están las salas privadas para chequear a Christian. La última vez que lo vi estaba dormido y agradezco al cielo por los medicamentos para el dolor. Y pensar en dolor me recuerda que mañana temprano voy a tener que bañarlo, algo que no estoy esperando con muchas ansias. Puedo prever sin dificultad la pelea que se me avecina.
Camino pasando al par de guardias que vigilan la puerta doble que dan hacia la entrada y salida de este sector. Guardias que están desde que Christian llegó, lo que hace aumentar mis sospechas de que se trata de alguien importante. Llego al mostrador de informaciones y me percato de la ausencia de la enfermera de turno que, por lo general, se encuentra allí. Probablemente esté tomando café en alguna parte, con sólo tres pacientes en el área privada, no debe de estar muy ocupada, pienso. Como desearía estar en alguna otra parte también, de preferencia en mi cama, como debería estarlo.
Llego a la puerta de Christian, tomo un respiro hondo y trato de prepararme por si se encuentra despierto. Sin embargo, no estoy preparada para lo que encuentro.
Estoy segura que hago algo de ruido, pero con la lucha ocurriendo ante mis ojos, no creo que consigan escucharme. En la cama está Christian tratando, sin mucho éxito, de defenderse de un tipo del doble de su tamaño, quien tiene ambas manos alrededor de su cuello. Christian intenta detenerlo, pero herido como está, es
inútil. Ya se nota como se le está acabando el aire.
Analizo toda la situación durante un segundo, en incredulidad. Luego miro desesperada por algo para poder ayudarlo, y no encuentro absolutamente nada. Estoy por lanzarme a su espalda y no sé, tratar de ir a por sus ojos o algo, cuando algo capta mi atención a un lado. Un basurero. De esos que, si bien no son muy grandes, si son pesados. Lo tomo y obtengo un buen agarre. Mientras que ese tipo le dice a un Christian ya sin lucha, que salude a su padre de su parte, lo elevo a la altura de su cabeza y lo golpeo con toda la fuerza que tengo.
Por el ruido es claro que le debió doler, y mucho. Se da la vuelta, medio aturdido, soltando a Christian en el proceso. No lo dejo reaccionar más allá de eso. Lo vuelvo a golpear sin detenerme. Con un buen último golpe en su sien, cae inconsciente, medio desparramado, sobre la cama. Y luego, sólo para asegurarme, lo golpeo otra vez. Probablemente vaya a necesitar algo de ayuda médica, pero no me podría importar menos.
–Nadie se mete con mis pacientes –le digo al hombre inconsciente, respirando pesadamente.
Me giro hacia Christian, quien está tratando de respirar en medio de un intenso ataque de tos. Lo ayudo a sentarse para que le sea más fácil. Poco a poco su respiración se normaliza, bien. Tendré que medir su saturación y signos
vitales. También tendré que revisar sus heridas, las cuales comienzan a sangrar nuevamente.
Cuando termino con el inventario visual de mi paciente, me doy cuenta de su intensa mirada sobre mí. Si no lo supiera mejor, diría que me mira con admiración, pero antes que pueda comprobarlo, sacude su cabeza y pone esa expresión molesta. La misma expresión que lleva perfeccionando desde que lo conozco. Debo haber imaginado que este bello, pero horrible hombre, haya tenido alguna emoción decente. Además, estoy segura que está imposibilitado de sentir algo bueno. Su expresión orgullosa, lo delata.
Es de ese tipo de hombres.
–Voy a ir a buscar ayuda ahora –le digo–. No queremos que nuestro amigo despierte de pronto.
Me apresuro y llego a la puerta antes de que me detenga.
–Mi hermano. Necesito a mi hermano. No policías –dice con una voz ronca y tose otro poco. Voy a protestar, pero me detengo cuando me doy cuenta que en realidad no sé quiénes son los dos hombres en la habitación y recuerdo la siempre presente amenaza de perder el trabajo.
Cabeceo para hacerle saber que entendí.
Salgo de la sala y me dirijo a la salida, a por los guardias de Guerrero. Llego de inmediato, segura que todo el evento me golpeará en algún momento, más pronto que tarde. Abro un lado de la puerta doble y una vez más me quedo paralizada por la incredulidad y el horror cuando veo a los guardias en el piso, inconscientes o muertos,
no puedo distinguirlo. Y la verdad no me atrevo a revisar sus signos vitales, ya que hay tres hombres más, quienes están conversando tranquilamente sobre ellos.
Retrocedo lo más silenciosamente posible y agradezco que estén de espalda a la puerta y que ésta no suene al cerrarse. Mientras camino me pregunto dónde estaban esos hombres cuando pase por aquí antes.
Cuando ya estoy lejos de la puerta, corro como si me persiguiera el diablo hacia el mostrador de información, todavía vacío. Levanto el teléfono para llamar a seguridad, pero no funciona. Quiero llorar de desesperación porque mi celular está en la sala de descanso. Inaccesible con los matones afuera. Y sé que Christian no tiene ninguno, escuché decir a su hermano que mañana le traería uno nuevo. Supongo que lo perdió, junto con su capacidad para caminar por un tiempo.
Palpo sin mucha esperanza mi cartera buscando por mi celular, y ahora quiero llorar de alivio cuando lo encuentro
junto a un par de pañuelos de papel. Pensé que lo tenía en el bolso, pero sin duda no voy a quejarme.
Estoy a punto de llamar a la policía, cuando recuerdo la petición de Christian. No tengo el número de su hermano y no creo tener tiempo para buscar en la computadora. Cuando se den cuenta que su compañero no vuelve pronto vendrán a ver y estaremos perdidos.
Debería haberme reportado enferma está semana. Sí, señor, esa hubiera sido una gran idea.
Con manos temblorosas busco a mi primera opción luego de la policía.
Jess.
Ella puede contactar al otro Guerrero y sabrá qué diablos puedo hacer. O al menos eso espero. De otro modo estoy jodida. Soy la defensa entre tres matones, cuatro si cuentas al inconsciente, y un hombre que no puede ni caminar sin ayuda. Sin duda la situación no está a mi favor.
Mientras escucho sonar el teléfono, rogando para que mi amiga no esté dormida, me retracto de los pensamientos de querer atar y abandonar a Christian en algún lugar remoto. Sin embargo, todavía quiero ese destino para mi jefa. Que se pudra.
–Jess, por favor ayúdanos. Ven rápido –le ruego apenas contesta, antes incluso de que tenga tiempo para decir algo.
Cuando termino de decir eso en voz silenciosa, escucho voces procedentes desde detrás de la puerta acercándose.
Siento mis ojos abrirse con miedo. Mucho miedo. Y sé que ya no me queda tiempo. Mucho menos opciones.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 103 Episodes
Comments
Natalia Rea
🤣🤣🤣es una genial 🤣🤣🤣y vaya que paciente tiene🥰🥰🥰
2025-02-08
1
Cecily~★
No en mi horario, p3rra 😎💅 :v jajajajaja literal lo primero que pensé 🤣🤣🤣🤣
2024-11-14
2
Tere Roque 🇨🇺
xd k zozobra y angustia ,pobre Alex
2024-05-13
1