Jess

Espera, ¿qué?

–Espera, ¿qué? –digo en voz alta, porque pensarlo no creo que me traiga ninguna respuesta. Aunque por mi vida, no podría decir qué es lo que quiero que me explique, si lo que dijo de “necesitamos tu ayuda”, “te estaba siguiendo” o el perturbante hecho de que sepa mi nombre.

Claro que lo del nombre se podría explicar por el hecho, de que para empezar, me estaba siguiendo.

¡Oh, no! Y si en verdad me estaba siguiendo, ¿qué es lo que puede saber de mí? Seguramente me vio tropezar, ¿por qué soy tan torpe? Eso no importa, ME ESTABA SIGUIENDO. Y eso es algo que no puedo pasar por alto.

Me estoy volviendo un poco loca aquí.

–Que necesitamos tu ayuda –dice respondiendo obviamente a mi pregunta. Así que dejo de pensar tanto y la reformulo para poder recabar más información.

–¿Quiénes y por qué me necesitarían?

Ves, ahí, eso está mejor.

Me mira con una expresión aún más seria, si eso es posible.

–Bueno, no hay manera de decir esto bien, así que sólo lo diré. Soy un Guerrero.

Ok... como si eso significara algo para mí. Espero un momento a que continúe, pero no lo hace. Hago un movimiento con mi mano, haciéndole saber que quiero que continúe.

Suspira antes de hablar: –Supongo que estás más protegida de lo que pensé. Soy como tú, pero diferente –dice. Lo que me hace pasar de confundida a un estado aún más confuso, si es posible. Debe mostrarse en mi expresión porque su cara se suaviza y continúa–. Soy un Guerrero –dice de nuevo–. Mi familia se dedica al tráfico de armas –declara por último con una voz sombría.

Comienzo a mirar a todos lados, para ver si alguien escucha este sin sentido que estoy presenciando. Y siendo honesta, busco la cámara escondida y espero que en cualquier momento algún famoso salga explicando la situación, que está haciendo una tonta nota para un tonto programa de televisión. Sin embargo, nada pasa. Los

segundos se convierten en minutos y el tipo está cada vez más serio y ya no puedo controlarme más.

Sí, señores, es ahí donde me viene un ataque de risa, de esos que no puedes parar, con lágrimas en los ojos. La gente comienza a mirarme, extrañada. Trato de controlarme, Dios sabe que lo intento, pero es peor. Mis carcajadas aumentan cada vez más.

De repente me toma el brazo, bruscamente.

–No sé si eres buena actriz o realmente no sabes nada, que es precisamente lo que mi familia teme –masculla.

Rio con más fuerza aún, pero viendo un brillo de advertencia en su mirada, me calmo.

Pido la cuenta, aún sin terminar mi café, mientras él me observa en silencio. Pago y salgo del lugar. Ya en la calle agradezco el aire frío de invierno, por primera vez en mi vida, para aclarar mis pensamientos. Él me sigue y yo me dirijo a casa, pero me detengo, no quiero que sepa dónde vivo.

Lo miro y le pido que comience por el principio y que por lo menos me diga su nombre, a lo que asiente.

–Sé dónde vives y sabemos que estarás sola hasta pasada la media noche. Así que vamos a tu casa. Te llevo, tengo aparcado el auto cerca.

Aquí, en este preciso momento, empiezo a sentir un miedo intenso, pero por algún motivo que desconozco, necesito saber que me tiene que decir.  Así que acepto y lo sigo.

Luego de un momento de seguirlo, me detengo nuevamente.

Se vuelve hacia mí, impaciente.

–¿Ahora qué? –pregunta.

Le digo que prefiero ir caminando porque no lo voy a dejar entrar en mi casa, todavía no por lo menos, no importa que tan atractivo resulte. Sabe demasiado y me siento muy en desventaja. Creo que tiene ganas de discutir, pero luego acepta. Caminamos media cuadra, uno al lado del otro, antes de que empiece a hablar.

–El principio, sí. Soy Christopher Guerrero, como te decía, y esta vez espero que no te rías. No bromeo –me advierte–. Mi familia ha estado ligada al tráfico de armas desde que mi abuelo era joven. Desde entonces toda su descendencia ha continuado su legado. –Lo miro con incredulidad, tanto, que luego de lanzarme una mirada dice: –No digas nada. –Así que me trago cualquier comentario–. De cualquier modo, ha habido tres familias en la ciudad que controlan este…–Lo piensa por un momento y continúa–, negocio, pero desde que un nuevo líder asumió en una de ellas, hemos tenido graves problemas. Este tipo se propuso desaparecer a la competencia. –Suspira con cansancio, tanto, que empiezo a cuestionarme si será verdad lo que me cuenta–. Y ha tenido éxito. Mi padre y tíos, además de algunos primos, ya fueron eliminados –dice rápido, lo suficiente para entender que no quiere hablar de ello–. Mi hermano y dos primos no lo suficientemente mayores, además de mí, es todo lo que queda de los Guerrero. Ya me han tratado de matar tres veces… sólo en lo que va del mes.

Cuando termina me observa de cerca, esperando. ¿Qué? No lo sé. No sé ni siquiera si le creo o lo que siento en este momento.

–¿Qué tengo que ver yo en esto? –pregunto porque es algo que sin duda no entiendo.

–Te necesitamos por protección. Sabemos quién es tu padre y ellos también. Si bien se mueve en círculos diferentes, todos lo conocen y nadie quiere tener problemas con él. Así que, si estás con nosotros, esperamos que estos tipos nos den un respiro, lo suficiente para que así podamos planear nuestra venganza.

Esto es raro. No sé qué pensar. Su rostro me dice que no está mintiendo, pero lo que dice no puede ser verdad. Ok, lo que acabo de pensar no tiene sentido. ¡Me estoy volviendo loca!

–No me crees nada, ¿verdad? –pregunta. Es que alguien creería algo así. Sinceramente lo dudo. Mi cabeza da muchas vueltas–. Di algo –me pide.

Lo miro directo a los ojos antes de hablar: –Primero, espero que sea una broma. Segundo, no estás tan bien informado cómo crees estar. Mi padre murió cuando era una niña, ni siquiera lo recuerdo. Y tercero, si es verdad, ¿eres consciente que acabas de confesar un delito grave? Ahora estoy obligada de informar esto a las autoridades.

Me mira y luego se ríe. Es una broma, pienso, pero algo en su sombría risa me dice que no bromea.

–Cariño, no nos puedes denunciar, los fiscales y jueces de esta ciudad y varios ministros de la Corte Suprema están metidos hasta el cuello. No encontrarás a nadie que nos denuncie. Pero si llegaras a hacerlo, recibirás una amonestación al momento de salir de la Policía. –Me congelo al sentir su amenaza. Mi cara debe estar petrificada. Los ojos verdes de Guerrero se abren, sorprendidos, creo, al ver mi expresión–. Perdón, esa era mi respuesta automática cuando alguien nos amenaza. Disculpa. Tu papá no está muerto, créeme. Controla prácticamente

todo el país. No hay nadie que no conozca su nombre. Es conocido como El Emperador. Su nombre hace temblar a prácticamente todo el país. Créeme cuando te digo que está vivo. Tiene regada esta ciudad de sus hombres para protegerte a ti y a tu familia. Estoy seguro que ya sabe que estoy contigo y estamos rodeados de sus hombres.

Miro a todos lados y me siento observada. Demonios, ahora estoy paranoica. Definitivamente veo hombres cerca, pero conversan por celular o están caminando o esperando a alguien, ¿verdad? Tomo mi cabeza con las manos, angustiada. Estoy en medio de la calle y estoy a punto de tener un ataque de pánico en toda regla aquí mismo.

Me doblo sobre mi misma y comienzo a sentir náuseas.

Jess, contrólate, esto claramente debe ser un error, me ordeno. Mi mamá me hubiera dicho algo. Aunque nunca me deja hablar de mi papá y no contesta mis preguntas, de hecho, se deprime cuando lo menciono siquiera.

No... no puede ser. Siempre hemos vivido humildemente en una simple villa de un sector de clase media. Regularmente roban o asaltan en mi barrio. Aunque gracias a Dios, a nosotras nunca nos ha pasado nada. ¡Oh,

no!, espero que sea una coincidencia. Cuando me encuentro con la fuerza para no sucumbir a la desesperación, alzo mi vista y lo miro.

Reprimo un grito asustado.

Hay una luz roja alumbrando su pecho. No puede ser. Lo miro y le hago señas para que se mire el pecho. Hace un movimiento con los hombros.

 –Tranquila, estoy acostumbrado a esto. Creo que ahora tú también tendrás que acostumbrarte.

Mi expresión, sin duda, debe ser de incredulidad al escuchar que tendré que acostumbrarme. Respiro profundamente y trato de no volver a desesperarme. Porque si lo pienso, es él quien tiene un arma apuntando a su pecho y si está en calma, ¿por qué no debería estarlo yo?

Lo intento sin demasiado éxito.

–Tranquila, cariño, es sólo una de tus sombras dándome una advertencia. Si quisiera matarme ya habría disparado. Seguramente, está en el segundo piso del edificio a tu espalda, vigilando mis movimientos. –Se frota su barbilla pensando–. Sí, apostaría mi próxima comida que está usando una Glock 17 de 9 mm o algo parecido. Sin duda un arma semiautomática de corto alcance, por utilizar una mira láser. Y como te decía, no es más que una advertencia, por si estoy pensando en hacerte algo.

Y como para corroborar su afirmación, el punto de luz desaparece. Parpadeo lento como cuando te despiertas después de un sueño profundo.

Luego porque tengo que saberlo, aunque ya me explicó lo que busca de mí, le pregunto: –¿Lo haces? ¿Estás pensando en hacerme algo?

Sonríe y se inclina hacia mí antes de contestar: –No lo que ellos creen.

Luego vuelve a enderezar su cuerpo y continúa caminando como si no hubiera dicho nada. Yo me quedo un par de segundos tratando de averiguar qué quiso decir, pero tengo el buen sentido común de seguirlo y no preguntarle. Caminamos unas cuadras en silencio, yo tratando de comprender todo lo que he aprendido y no volverme loca, además de resistir el impulso constante de mirar sobre mi hombro, y él... bueno, ¿quién sabe lo que piensa un traficante de armas?

Cuando llevamos varias cuadras por fin vuelve a hablar, distrayéndome de mi último intento de observar furtivamente a mi espalda. Sí, no he tenido mucho éxito en resistir el tratar de descubrir quién nos sigue. Estoy un poco triste por no poder seguir pensando que todo es una broma, pero después de ver que le apuntaban, no hay

modo.

–De verdad necesitamos tu ayuda o de lo contrario en un par de meses no quedará nadie de mi familia. –Aprieta la mandíbula con fuerza y luego de un momento continúa–. Si soy sincero, no tengo nada que ofrecer para que te dejes ver con nosotros. Lo único que te pido es que lo pienses. Está en tus manos la vida de mi hermano y primos –declara y tomo nota de que no se menciona–. La próxima vez, sin embargo, si decides ayudarnos, tendrás que aceptar verme. Si te busco por mi cuenta, creo que tu padre me verá como un posible peligro, pero si tú

consientes no intervendrá, a menos que se quiera involucrar más en tu vida y no sólo por protección. –Lo observo sin saber que responder o pensar de toda esta tarde y por un momento quiero regresar a la sala de cine, más temprano con Alex, cuando todo era normal–. Mi hermano tiene locas habilidades con las computadoras, así que te contactaré por tu respuesta. Nos veremos entonces o quizá no.

Levanta la mano y roza ligeramente mi mejilla, quemando mi piel donde la toca, antes de voltear y caminar lejos.

Me quedo como una idiota viendo cómo se aleja Christopher Guerrero, traficante de armas...

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Comments

Yobe Rosado

Yobe Rosado

jajajajaja Dios esa niña si que es fuerte yo me privo jajajajaj

2025-01-05

1

Linilda Tibisay Aguilera Romero

Linilda Tibisay Aguilera Romero

hay Dios ella no sabía nada y pensaba que su papá estaba muerto

2025-04-02

0

Tere Roque 🇨🇺

Tere Roque 🇨🇺

vamos Jess k yo diría k te movió el piso y hasta la carretera 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣 🤣

2024-05-13

3

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Updated 103 Episodes

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