Camino por la avenida Libertad rumbo a mi oficina, como lo hago todos los días desde que puedo recordar. Tal vez debería cambiar mi recorrido para hacerlo distinto, pienso distraídamente mientras veo a la gente pasar.
Dejo de pensar en eso, cuando en mis audífonos suena mi canción favorita de Johnny Cash. Canto mientras avanzo para hacer más entretenido el viaje de veinte minutos. Podría venir en mi auto, pero me gusta caminar. Además, es el único ejercicio que hago.
Mientras canto pienso en lo que tengo que hacer hoy. Tengo dos reuniones y debo subir unas facturas al sistema. Quizá debería adelantar las liquidaciones de sueldo de algunas empresas. Voy tan distraída organizando mi día que casi choco con alguien.
Levanto la mirada y veo a un hombre en sus treinta con una mirada un tanto burlona.
–Disculpa –le digo y trato de esquivarlo, pero al momento se vuelve a poner frente a mí, evitándome el paso.
Intento moverme de nuevo, pero repite el movimiento.
Suspiro cansada, es una de esas veces cuando te pones a bailar una especie de vals con un extraño en la calle, sin embargo, en este caso, tengo la impresión de que es intencional.
Ya irritada, me cruzo de brazos y lo miro a la cara. Su expresión ahora es de diversión, mientras eleva una ceja. Lo que me hace volverme precavida y un poco muerta de envidia porque siempre he querido hacer eso.
Le digo con la mirada algo amenazadora, espero, que deje su juego, aunque fallo rotundamente, ya que al mirarlo quedo maravillada en el verde de sus ojos. Unos hipnóticos ojos del mismo color del pasto sintético. Lo observo bien y decido que es el hombre más atractivo que he visto en mi vida. Es alto, más de un metro ochenta y cinco, tez blanca y un cabello oscuro y alborotado, que me provoca querer pasar mis manos en él. Su sonrisa de medio lado lo hacer ver tan atractivo, que tengo que reprimir un suspiro. Su nariz es recta y perfecta, y sus cejas oscuras enmarcan un rostro impecable. Sin embargo, lo que más me gusta son sus ojos verdes y risueños, con un brillo de peligro en su mirada.
Una alarma en mí comienza a sonar con brío, advirtiéndome del peligro, pero decido ignorarla.
Sigue mirándome, divertido. –Esto parece un baile –dice y ríe. Una risa profunda y masculina.
Sonrío a mi vez, y doy un paso hacia mi derecha, dejándole espacio para que continúe su camino.
Sonríe.
–Pensé que seguiríamos bailando –susurra divertido–. Es una lástima –agrega y vuelve a reír. Ese sonido maravilloso que me recorre la columna, vertebra a vertebra.
Le sonrío tímidamente antes de continuar, algo triste porque ya no volveré a verlo. Mientras camino, miro hacia atrás. Lo veo atravesar la calle y doblar, desapareciendo así de mi vista. Su gracia al moverse me hace sentir desgarbada y torpe.
Después de aquel encuentro mis días continúan su curso, igual que siempre. Ningún hombre con hermosos ojos verdes interrumpe mi caminata… lamentablemente.
Cada día al pasar por ese lugar, recuerdo mi encuentro fortuito con ese desconocido, y me siento triste, ya que probablemente no lo volveré a ver.
*****
–¡Estaba muy buena! –exclama con alegría mi amiga Alex, después de la última película que acabamos de ver.
–Tenemos que ir a ver la secuela –digo, porque es verdad que estaba impresionante–. Ojalá que Seth no muera, es el mejor personaje de todos.
–No lo creo, el mejor de todos es Cristian –replica Alex como es su costumbre. Nunca coincidimos.
Continuamos divagando sobre eso, hasta que llega el momento de decir adiós e ir por caminos separados. Una vez sola me percato de la hora. No es que sea tarde, pero como estamos en invierno, por lejos mi estación más odiada, está lo suficientemente oscuro. Apresuro mis pasos para llegar lo antes posible a mi casa.
Acorto por calles un poco menos transitadas con un café caliente como meta. Estoy en eso cuando recibo una llamada de casa. Mi hermana me dice que van a salir con mamá y que volverán pasada la media noche. Corto y como ya no me es tan satisfactorio llegar a una casa vacía, decido pasar a un café que me queda en el camino.
Al entrar al local pido de inmediato un capuchino de vainilla con galletas. En menos de cinco minutos me traen mi orden.
Estoy en lo mejor tomando un sorbo de mi capuchino cuando suena mi teléfono. Lo veo y decido contestar ya que se trata de un cliente importante. Luego de los saludos me dice que ya tiene la clave de la página que le solicité. Busco la agenda en mi cartera para anotar, y cuando la tengo comienzo con la búsqueda del lápiz, siempre se me pierde. Cuando estoy en eso veo ante mis ojos un lápiz que alguien me facilita. Tomo nota, me despido de mi cliente y luego alzo la vista para devolver el lápiz.
Jadeo sorprendida al encontrarme con una sonrisa burlona y suficiente. Intento hablar, pero no puedo, estoy en shock. Malditos nervios.
–Nos volvemos a encontrar. Tú como siempre distraída, ¿no?
Maldita sea tiene razón, nunca presto atención a lo que me rodea. Sigo sin decir nada, sólo lo miro.
Le entrego el lápiz y hace un gesto de rechazo.
–Quédatelo, a ver si este no lo pierdes –dice con su sonrisa de medio lado.
Estoy entre molesta y divertida por su atrevimiento.
–No los pierdo, sólo no recuerdo dónde los dejo –consigo decir cuando al fin me sale la voz.
Ríe con mi explicación.
–Eso, cariño, es la definición de objeto pérdido.
Antes que diga otra cosa, se sienta al frente de mí. ¡En mi mesa y sin autorización! Me mira serio, su sonrisa perdida.
–En realidad quiero hablar contigo. Te estaba siguiendo. Necesitamos tu ayuda, Jess.
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Updated 103 Episodes
Comments
Natalia Rea
sin rodeos 😂😂😂me gusta😚
2025-02-08
1
Ailid Manzano
si creo que empezó rápido pero es mejor la verdad
2024-02-11
5
Marita Peña
CUANTA CONFIANZA
2023-12-20
1