Lo miro sin saber que responderle. Mi cabeza me grita "¿Acaso perdiste la cordura? Sal de ahí, antes que sea demasiado tarde. Esto es muy peligroso", pero mi corazón y mi cuerpo me ruegan que no me aleje de él. Esto es complicado. Pero una vez leí que para tomar decisiones importantes no hay que escuchar a la cabeza, si no a tu estómago, y seguir tus instintos. Y mis instintos me imploran que no me aleje de Guerrero.
Sus ojos me miran impacientes y expectantes al mismo tiempo. Me apiado de él.
–Está bien, acepto ayudarte. Espero no arrepentirme. –Ver el alivio en su rostro, blanco como tiza por la preocupación, hace que me sienta bien por poder ser capaz de darle una pequeña alegría–. Gracias, no tienes idea de lo que esto significa para mi familia. Siento que tenga que irme.
–¿Estás loco? –pregunto negando con mi cabeza–. Voy contigo. No dejaré que vayas así. Vamos –lo apuro. Me mira impresionado, creo. Se levanta de su silla y toma mi brazo, guiándome hacia la salida–. Espera –le digo apurada–. Tenemos que pagar la cuenta.
Guerrero me mira sorprendido. Es como si le hubiese dicho que tenemos que quemar el Hotel o bailar un tango, está completamente perdido.
Cuando entiende mis palabras, sonríe.
–No te preocupes. No pago en la mayoría de los buenos lugares de esta ciudad… y de otras. –Lo miro extrañada–. Somos accionistas y dueños de muchas empresas, y de las que no, conocemos al dueño. Olvidé mencionarlo.
–Okey –susurro y lo sigo en silencio, algo impresionada. Está bien, bastante impresionada. ¿A quién trato de engañar? No dejo de sorprenderme de los alcances que tiene la familia de Guerrero. Lo más sorprendente de todo es saber, que ellos le temen y a la vez buscan la protección de mi papá. MI PAPÁ.
Increíble.
Caminamos hasta el auto cada uno sumido en sus pensamientos. Al llegar, me abre la puerta con una sonrisa que no llega a sus ojos. Cuando se sienta a mi lado y se incorpora al tráfico, noto lo preocupado que está. Tiene el ceño muy fruncido, tanto, que temo que de no cambiar el gesto, se quedará así para siempre.
El auto avanza con destino al Hospital rápidamente. Ninguno dice nada. Cuando estamos a menos de dos cuadras, Guerrero llama por celular, interrumpiendo el silencio. Lo único que dice, o más bien ordena, es: acceso en auto. No sé qué quiere decir eso, y cuando estoy a punto de preguntarle, lo descubro. Entra directo al Hospital, y estaciona en un lugar que dice: Exclusivo para los trabajadores del Hospital.
Miro hacia todos lados esperando que alguien nos pida alguna explicación o nos exijan una identificación, pero nadie lo hace. Sorprendente.
Nos bajamos al mismo tiempo, pero en un respiro lo tengo a mi lado. Toma mi mano, entrelazándola con la suya. Mis ojos bajan a nuestras manos unidas, y me sorprende lo natural y cómodo que se siente.
Nos dirigimos al cuarto piso y escucho atentamente como le pregunta a una enfermera por la ubicación de su hermano, ésta le da las indicaciones, sonriéndole excesivamente. Los ojos castaños de la enfermera recorren a Guerrero con avaricia de arriba abajo, ida y vuelta. ¡Es una descarada! Me alegro al ver que él no se da cuenta. No está interesado en ella. Aunque su desinterés tiene que deberse a la preocupación por su hermano. Después de todo es un hombre. Un hombre muy atractivo. Tiene que estar acostumbrado a la excesiva atención femenina, y es más, apuesto que le encanta.
Me pregunto si tendrá una mujer en su vida. Es lo más probable. Es imposible que un hombre como él esté solo.
Mi ánimo cae en picada.
Cuando nos acercamos a la sala que le indicó la enfermera descarada, escuchamos una acalorada discusión entre un hombre y una mujer. La voz se me hace muy familiar, aunque la furia que escucho en la voz, no.
Entramos a la habitación y veo a un hombre muy atractivo con una pierna enyesada colgada en el aire. A eso se le suma un brazo vendado, el labio hinchado, y me atrevería decir que un buen golpe en la cabeza, ya que puedo ver puntos de sutura en su frente y su cuero cabelludo. Lo siguiente que noto es el parecido que tiene con Christopher. Tiene los mismos ojos verdes penetrantes de su hermano, pero su cara es más dura, debido a una mandíbula y unos pómulos bien definidos. A diferencia de Christopher, el hombre herido no puede ocultar lo peligroso que es. No sé si será por la barba corta que enmarca su rostro, o el odio latente que proyecta. Pero lo que más me sorprende es que mira con furia a una enfermera. Y no a cualquier enfermera, sino a mi amiga.
–¿Alex? –pregunto. Me mira extrañada y cambia su cara de mal genio en un nanosegundo.
–Amiga, ¿pero qué diablos haces acá? Por favor no me digas que conoces a este idiota mimado.
–¿Mimado? –pregunta el aludido, indignado desde la cama–. Eres tú, princesita, la que no sabe cómo tratar a sus pacientes –declara con sorna–. Y además me tienes harto. Exijo salir de acá.
–Pero mira a este idiota, Jess. No vas a salir de acá ni con la autorización del Papa, ¿me oyes? Así que deja que te atendamos para que te mejores rápido y ya podamos descansar del suplicio de compartir el aire contigo –le devuelve mi amiga, a quién nunca he visto tan alterada.
–Alex, respira –le pido tratando de calmarla.
Por el rabillo de mi ojo veo a Christopher acercarse a su hermano, quien pone su mano en el hombro de éste, en un gesto protector y fraternal. Se miran y comienzan a conversar en un volumen tan bajo que no logro escuchar nada.
–Nada de respira Alex. Estoy agotada, Jess. Y respóndeme, ¿qué diablos haces tú acá y qué relación tienes con este idiota?
¿Qué relación tengo con él? Pienso por un segundo como responder y me decido por la verdad. De todos modos, necesito a alguien de mi confianza que me respalde si las cosas se van al infierno. Y las probabilidades de que eso pase aumentan por momentos.
–Sólo conozco a su hermano –respondo. Me lanza una mirada de curiosidad y determinación, prometiendo en silencio hacerse con todos mis secretos a la menor oportunidad. Luego vuelve su mirada a Christopher, estudiándolo.
–Por favor, dime que es más agradable –dice, por último.
–No puede ser tan malo –le digo mientras miro al hombre en la cama.
Vuelve a mirarme como si estuviera loca
–Lleva apenas una hora acá y ya quiero devolverlo al agujero de dónde lo sacaron –declara con molestia antes de continuar con una voz más silenciosa–. No sé cómo lo hizo, pero ni siquiera pasó por urgencias, y me asignaron a él exclusivamente. Debe ser importante. –Lleva la mano a su pelo rizado y suspira cansada–. Ya debería haber salido, mi turno terminó hace tres horas, pero me dijeron que debía atenderlo únicamente a él y que más me valía hacerlo bien, que de eso dependía mi trabajo.
Y con eso puedo ver un poco de miedo oculto bajo la fachada molesta.
–No te preocupes, tu trabajo está seguro –la tranquilizo, pensando en que, ya que acepté ayudar a Christopher, el no dejaría que despidan a mi amiga, ¿o sí?
Siento, más que veo, como sus hombros bajan una fracción y supongo que mi intento de calmarla funciona.
–Creo que es una buena cosa que tengas influencia en el hermano. De lo contrario, con lo idiota que es éste, terminaré sin trabajo antes de que se acabe el día.
–Yo no lo llamaría tener influencia... –empiezo a decir antes de que me corte.
–Venían de la mano –dice y con eso me siento enrojecer al recordar que en efecto entramos tomados de la mano.
Antes de decirle algo a Alex, me doy cuenta de lo silencioso que está la sala, ya sin los murmullos de los hermanos. Vuelvo mi cabeza hacia ellos y los encuentro con las miradas clavadas en nosotras. Expresiones idénticas en sus caras, aunque no podría decir que es lo que significan.
Christopher es el primero en hablar.
–Jess, te presento a mi hermano menor, Christian. –El aludido levanta su brazo bueno y me hace un gesto de saludo, de pronto sin palabras cuando hace un rato discutía a gritos.
Dejo salir un diplomático. –Gusto en conocerte.
Después
de todo, ¿qué es lo que dices cuando te presentan a un traficante – hacker – hermano del tipo atractivo, en el que no puedes dejar de pensar?
Hay un momento de silencio, un tanto incomodo hasta que Alex salva la situación presentándose e informando el estado de salud actual de Christian. Que por lo que creo entenderle a Alex, su pierna no está tan mal como su brazo. Sin embargo, va a demorar en sanar. En cuanto a su cabeza, lo están monitoreando, pero que no creen que tenga ningún problema grave. Escucho y pienso que en la cama podría estar fácilmente Christopher en lugar de Christian y no me gusta la imagen.
No intento interpretar lo que quiere decir, sin embargo.
–Quiero hablar con su médico sobre cuándo puede darle el alta. No me gusta que este aquí –masculla Christopher, sacándome de mis pensamientos. Levanto mi cabeza hacia la voz y me encuentro con su verde e impactante mirada.
Asiento a sus palabras, ya que entiendo lo que quiere decir. Si atacaron a su hermano, ¿por qué no podrían hacerlo otra vez?
–Jess, ¿me acompañas? –pregunta.
Asiento y salgo de la sala, seguida por sus pasos. Una vez fuera, me vuelvo hacia él. Se detiene también, e inclina su cuerpo hacia mí antes de empezar a hablar.
–Le atacaron mientras fue a comprar un pastel, querían comer algo dulce con Claudio, mi primo pequeño. Idiota –masculla y niega con la cabeza, antes de sonreír apenas un poco–. Lo golpearon. Supongo que querían jugar con él antes de matarlo. Eran tres, Jess. –Me mira con rabia esta vez–. Si no fuera por Claudio, que corrió a buscar ayuda, estaría muerto.
Y es en este momento cuando en realidad me involucro del todo. Puede que aceptara ayudarlo antes, pero ahora al ver su expresión desencajada es cuando decido que estoy dentro de esta locura.
–Lo pagaran –le prometo. No sé cómo, pero lo harán.
Su mirada se vuelve suave entonces y se inclina casi como si me fuera a besar, antes de que una conversación al final del pasillo termine con el momento. Que es una maldita lástima porque estoy bien segura de que sería un beso para recordar.
Luego de escuchar al médico y entender que el hermano de Guerrero tendrá que quedarse por lo menos un par de días, me despedí de todos y salí del hospital. Considerando que vivo prácticamente a tres cuadras y media, camino sin ninguna prisa, pensando. Sobre todo en lo que aprendí hoy.
Estoy a media cuadra de casa cuando me percato de un hombre joven apoyado en la pandereta de la casa que queda en la esquina de la calle en dónde vivo. El hombre en cuestión aparenta unos 18 o 19 años, pelo castaño y aproximadamente un metro ochenta. Camino más cerca, esta vez con cautela, sobre todo, por lo ocurrido con Christian. Cuando ya estoy lo suficientemente cerca para distinguirlo del todo, me doy cuenta de que me recuerda a alguien, sólo que no sé a quién.
¿Dónde he visto esa cara antes?
Odio cuando me pasa eso, porque nunca consigo recordar. Lo observo con más detenimiento. Es un joven muy atractivo, cara risueña, pero lo que más me llama la atención es el extraño color en sus ojos. Son como los míos, pero más claros, dorados, el mismo color que tiene la arena del desierto. Miro detenidamente su rostro, percatándome de la sonrisa de listillo, mientras que se endereza en toda su altura cortándome el camino.
Me da una gran sonrisa al ver mi expresión, y me doy cuenta que se le hace unos hoyuelos en sus mejillas, haciendo su rostro más lindo aún.
Me detengo y contemplo mis posibilidades. Recordando de pronto a mis supuestos guardaespaldas y su obvia ausencia cuando los necesito.
Doy un paso atrás y su sonrisa crece más, antes de decir: –Bueno, ese no es un recibimiento muy amable. Por qué no vienes aquí y abrazas a tu único primo.
Abre sus brazos como si fuera a correr a hacer justo eso.
Lo haría si no fuera porque yo no tengo primos...
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Updated 103 Episodes
Comments
Linilda Tibisay Aguilera Romero
quien sera
2025-04-02
0
Marinochka
Mentirosillo, jaja 😂
2024-04-16
1
Ailid Manzano
ahora es cuando ella le vienen cosas que entender asimilar espero le valla bien
2024-02-12
1