Capítulo 5

— ¿Quieren… tomar asiento? —Señaló levemente hacia los sillones, por lo que sonreí y asentí.

—Claro, gracias —Dejo que pasáramos primero antes de caminar hacia el sillón opuesto.

Mis ojos se enfocaron en los periódicos esparcidos por su mesita de centro. Era lo único que estaba desordenando en toda la habitación.

—Dígame señorita Renne Vi…

—Solo Renee, por favor —Miro sus manos en su regazo.

—De acuerdo —Asentí mientras apoyaba mis brazos en mis rodillas y me inclinaba hacia el frente — ¿Tiene idea de lo que hacemos aquí?

Mordió su labio inferior mientras miraba hacia los periódicos, entonces después de varios segundos levantó su rostro y me observó.

—Creo que sí.

La miré un segundo de manera comprensiva, entonces dejé su fotografía delante de ella.

— ¿Recuerda esta fotografía? ¿Recuerda… el motivo por la que la tomaron?

Se inclinó hasta poder alcanzarla, entonces después de observarla por varios segundos, asintió.

—Fue tomada para archivarla en mis expedientes, hace… diez años —Me observó — ¿Qué es lo que necesitan de mí exactamente?

—Le pregunté hace unos segundos si tenía idea de nuestra visita y dijo que sí. Me gustaría saber lo que piensa.

Empezó a mover la fotografía constantemente hasta que la dejó en la mesita, y miró de reojo a Maikel junto a mí.

—Está en los periódicos él… —Se detuvo abruptamente y mordió su labios mientras apretaba sus manos en un puño.

Miré a Maikel y le hice señas para que saliera. Me miró confundido e irritado un segundo, pero igual se puso de pie y caminó hasta la puerta. Entonces la abrió y salió.

—Renee —Le hablé lentamente, pero no me respondió y continuó con la vista baja. Tragué duro impacientándome por no saber qué hacer —Renee, nosotros estamos aquí para protegerla, nosotros… vamos a cuidarla, no se preocupe —Me moví un tanto inquieto— Además, no tenemos la certeza que es el mismo ase…

—Lo es, es él —Su voz salió temblorosa —Él me está buscando y ustedes lo saben —Levantó su ostro y lo miré lleno de lágrimas, pero aun así se mostró valiente, como si no le diera vergüenza mostrármelas — Por eso están aquí —Alargo su mano y tomó el periódico. Buscó rápidamente una sección y me la mostró. Miré la noticia del reciente cadáver de la joven de 18 años —Esta chica murió de la misma manera que sus demás víctimas después de mi —Bajo el periódico y me mostro de nuevo su rostro —Es él, solo alguien como él estaría tan obsesionado con las orquídeas blancas —Su voz se quebró —No trate de engañarme. No soy estúpida.

Busqué palabras para decirle, quería de manera desesperada desmentirla, pero todo lo que dijo era verdad.

—Lo siento. Pero lo que dije es verdad. Yo estoy aquí para protegerla, me aseguraré de que esté vigilada todo el tiempo hasta que logremos atraparlo, en verdad… en verdad debe creerme.

Me observó por varios segundos que me parecieron horas, pues mis ojos se perdieron en sus ojos tristes.

—Siempre supe que vendría por mí. Simplemente no sabía cuándo —Sonrió tristemente antes de observar su fotografía — Tenía la esperanza de que al menos me olvidaría, pero él…él jamás olvida.

—Renee, necesito que me preste atención y me conteste lo más preciso posible —Espere a que se volviera a concentrar en mi — ¿Tiende a salir con regularidad de este departamento?

—No, salgo muy poco.

—Cuando lo hace, ¿Tiende a visitar los mismos lugares? —Lentamente empezó a limpiar sus mejillas, entonces asintió.

—Normalmente solo voy al mandado al mismo mercado o a la iglesia con la señora Amelia. También algunas veces a la empresa para ver a mi editora, otras ella viene.

Observé de nuevo el montón de libros en los estantes, entonces volví a enfocarme en ella.

— ¿Es escritora?

—Sí —Asintió levemente —Mi imaginación siempre ha sido muy…grande —Sonrió tristemente.

Me sorprendía encontrarme observándola y desconectarme por unos segundos antes de pensar en las siguientes preguntas.

— ¿Puede recordar cuantas veces ha salido en los últimos tres meses?

Frunció el ceño antes de asentir.

—Creo que puedo recordar. Solo he salido… como quince veces. En su mayoría a la iglesia o el mercado. Mi editora acostumbra  a venir a verme.

La siguiente respuesta me la temía, pues eso indicaba el peligro que corría.

—Estos lugares, ¿Qué tan retirados están de aquí?

—La iglesia está a unos diez minutos caminando y el mercado a cinco en taxi.

Trague duro y cerré mis ojos por el leve dolor que  empezaba a tener.

—Tengo que decirle algo, aunque solo son mis conjeturas —La miré —Creemos que el asesino la ha visto en la calle, pero por alguna razón aún no ha dado con su paradero. Si lo que me dice es que solo va a estos lugares y ellos se encuentran indudablemente cerca… me temo que no se encuentra segura en su departamento ahora.

El miedo volvió a instalarse en su rostro, pero intento esconderlo.

—Yo… yo no tengo a donde más ir.

Miré su fotografía un segundo entonces la observé de nuevo.

—Por su seguridad, lo más apropiado será que sea puesta en un lugar para protección a víctimas. Después de leer su expediente, y que su atacante sigue suelto, lo más seguro es que sea el procedimiento a seguir —Estaba hablando sin tener nada seguro, pero en verdad me encontraba rezando porque mi propuesta fuese aceptada. Ella necesitaba ser puesta bajo vigilancia desde ya — Deberá dejar su departamento y venir con nosotros.

—Pero… ¿Habrá un policía siempre a mi alrededor?

—Sí. Pero no se preocupe, me aseguraré de que sea alguien de confianza. Además, así podrá ayudarnos con su conocimiento para poder rastrearlo más facialmente.

Retorció sus manos nerviosamente mientras miraba al periódico.

— ¿La señora…la señora Amelia podrá venir a verme? —Preguntó en un susurro.

Solté un leve suspiro negando deseando asentir.

—No será posible.

— ¿Por qué?

—Nadie debe saber dónde serás puesta. Es por tú seguridad.

—Pero es la señora Amelia —Me miró y noté sus ojos llenarse de agua —Ella nunca me lastimaría. Además, debo de acompañarla a misa los domingos —Miré al techo porque seguir mirando sus ojos causo una sensación extraña a mi pecho. Quería ayudarla, pero no sabía que más hacer. Sus peticiones me hacían sentir impotente y me frustraba —A ella no le gusta salir, ni comer sola. Ella siempre está conmigo, así no extraña tanto a su… nieta… —Guardó silencio, por lo que la miré de nuevo —Ella falleció hace tres años. Tenía veintidós…

Apreté mi mano en un puño, entonces me puse de pie.

—No puedo asegurar que la señora Amelia pueda venir a verte, pero te juro que haré todo lo posible por que la esté mirando constantemente.

Me observó y una lenta sonrisa agradecida apareció en su rostro.

—Gracias.

Asentí, entonces caminé hacia la puerta.

—Debo hablar con mi compañero un segundo, volveré enseguida, ¿está bien?

Asintió.

—Maikel —Le hablé para que notara mi presencia, ya que lo encontré mirando su celular —Necesito que hables con el jefe.

— ¿Qué ocurre? —Me prestó su total atención.

—Necesitamos moverla para ponerla en uno de los sitios bajo vigilancia. El asesino está pisando sus talones.

— ¿Qué te dijo?

—Básicamente nunca sale y cuando lo hace solo es a dos o tres lugares en específico. Son cercanos —Tome un respiro y apoye mi mano en la pared mientras dejaba caer mi cabeza —Si el asesino la miro fue aquí cerca, así que su radar para encontrarla está a punto de sonar.

—Carajo —Gruño —Ponerla en una casa o departamento especial para ella tomara unos días.

—No tenemos unos días —Lo miré —Esta aterrorizada, pero aun así pretende seguir yendo a misa —Me burlé sin humor.

— ¿Qué?

—Nada —Bufe.

—Hablaré con el jefe y le pasaré el reporte rápidamente. Pero creo que ya sabemos lo que dirá. Esto siempre toma como una semana. Es papeleo, lo sabes.

Talle mi rostro con las manos, pero asentí al fin.

—Bien. Habla con él.

—De acuerdo.

Escuché su breve reporte, antes de solicitar mover a la víctima a un lugar de resguardo. Maikel era bueno hablando, siempre se echaba a las personas al bolsillo y tenía una buena relación con el jefe, pero el rostro de frustración de ahora mismo no me daba indicios de algo bueno. Después de varios segundos de discutir, colgó con una leve sonrisa en el rostro.

—No he podido conseguir el cambiarla a una de las casas, pero… —Levanto la mano antes de que comenzara a refutar — Logré que concediera ponerla en una habitación de hotel mientras el proceso de su traslado llega.

—Pero… No es lo mismo. No es la misma vigilancia.

Soltó un suspiro frustrado.

—Andrick, cualquier lugar es mejor que el que se quede aquí —Señalo hacia la puerta metros más allá —Piénsalo. Es por su seguridad. Por lo pronto debemos sacarla del foco rojo. Ahora ve a decirle que prepare una maleta porque se ira por un tiempo.

Deje que sus palabras me impregnaran y después asimilarlo por unos segundos, asentí.

—Tienes razón. Lo importante ahora es sacarla de aquí—Di media vuelta y regrese a su departamento. Toque brevemente antes de abrir. —Renee, soy yo, el oficial Andrick. Entrare ahora —Encontré la estancia vacía, así que mire más allá, hacia la cocina, pero no estaba — ¿Renee?

 

 

 

 

 

descargar

¿Te gustó esta historia? Descarga la APP para mantener tu historial de lectura
descargar

Beneficios

Nuevos usuarios que descargaron la APP, pueden leer hasta 10 capítulos gratis

Recibir
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play