Mientras tanto, Emily peleaba contra el dolor y la emoción, lo sucedido hace unos momentos le había regresado la vida, pero el dolor de desprender la tela con sangre seca que parecía no querer despegarse de su piel le quitaba la alegría, ardía como cuando exprimidas limón en una herida de la mano, tenía que hacerlo si quería bañarse, vendarse y también ponerse su pijama. Cuando finalmente lo logró, entro a la bañera y limpio cada parte de su cuerpo a pesar de no querer borrar el sentimiento de las manos de Erik sobre su cuerpo.
Al terminar su baño, por primera vez se animó a párese desnuda frente a un espejo, nunca lo había hecho pues no quería que su autoestima descendiera Como un elevador. Se observó entera y sin pudor. Sus clavículas no eran claras como las de los demás, solo se tomaban con movimientos específicos de sus brazos, sus omóplatos tampoco se marcaban y, de hecho, en la espalda tenía pequeños rollitos, cosa que siempre le había causado conflicto, sus brazos no eran tan grandes, pero no le agradable el que su muñeca fuera más grande que la de las demás y que nunca podría usar brazaletes en la parte alta de su brazo. Tenía vientre bajo, este era normal en todas pero el de ella era más notable, sin embargo, no le era molesto al meter las camisas dentro de la falda o el pantalón; tenía un trasero bien proporcionado al igual que sus pechos, no muy pequeños no muy grandes y aunque no había un espacio entre sus muslos internos podía decir que era mejor que casi no tener nada en esa zona.
Llevó sus manos a la zona en la que Erik había dado aquel sutil apretón, y lo repitió, inmediatamente el sonrojo llegó y se cubrió con su bata lo más rápido posible. Salió del baño escurriendo gotas de agua y se vistió, para después, con el cabello desenredado y su pijama puesta se fuera a acostar, aunque el sol estuviera aún en el cielo, deseaba descansar y ¿Qué mejor cuando tienes en la mente un recuerdo feliz y perfecto?
Había sido besada por su nuevo novio, había dormido entre sus brazos y sin ninguna clase de insulto, no pudo hacer sido mejor, además de que tenía un nuevo admirador secreto que le había dado regalos. Al recordarlo, se levantó de un salto de su cama y sacó de su mochila los dulces y el peluchito, lo acomodó en su escritorio y se acostó en su cama, cubriéndose con las cobijas y sonriendo de oreja a oreja, deseaba decírselo a alguien… pero no tenía amigos y Christian no era una buena opción, ella sentí que esa clase de cosas ni se le podía decir a él, algo le decía que no lo aprobaría y que incluso se enojaría o decepcionaría.
Daba igual ¿No? No necesitaba decirle a nadie lo que había sucedido, sería un secreto entre ella, Erik h nuevamente ella misma, pero no era así. Era un secreto entre ella, Erik, Joe e incluso Lucil. Su vida personal había dejado de ser personal cuando Erik decidió decirle a sus amigos cada paso que daba para que su trabajo final fuera perfecto y tuviera una de las mejores calificaciones sin siquiera haberlo hecho él.
Mientras Emily se regocijaba en su “buena suerte”, Erik h sus amigos se reía por lo ingenua que era y por la manera en como la manejaban, como una marioneta que no tenía vida propia y dependía de los demás para poder manejar su propia vida. La bomba de tiempo se había activado y en cualquier comento la cuenta regresiva terminaría, el final estaba cada vez más y más cerca y nadie podía verlo, nadie podía entender la magnitud de la situación, les daba igual, no les importaba las consecuencias pero… algo, en el fondo, muy en el fondo del inocente corazón de Emily le decía que tenía que comenzar a correr si no quería salir lastimada, esa voz era tan imperceptible como la voz que le decía a Erik que tenía que detener todo antes de que se arrepintiera y terminará destrozado.
¿Él, destrozado? Eso no era posible.
Hasta cierto punto, él comprendía que le podía hacer mucho daño a Emily, más no que el sería una de las personas más lastimadas de toda aquella situación, muy dentro de su cerebro, había como una lucecita parpadeante de color rojo que le decía que las cosas que estaba haciendo estaba mal, pero desde hacía años que Erik ignoraba a su consciencia, que esta no era existente y ni siquiera daba indicios de presentarse con cada cosa que le podía traer repercusiones, hasta el momento, cuando decidió comenzar con su plan macabro y dio una alerta de precaución color amarillo, ahora no era más que un rojo centelleante que era ocultado por la ciega necesidad de seguir burlándose de aquella chica y de una excelente calificación, claro, siempre regresamos al punto de la calificación, y porque no hacerlo, si aquel fue el incentivo para comenzar con aquello.
Y a pesar de la “repulsión” que decía tener hacia la chica, una parte de él le gustaba su compañía y su dulce olor a caramelo de sandía, su primera pregunta la chiquilla había abandonado la casa, fue: ¿Cuál marca de perfume usará? Esa parte de él que quería seguir con la compañía de ella fue lo que lo motivó a pasar por la casa de ella en la mañana del lunes para ir juntos a la escuela, no había persona más feliz que Emily en esos momentos, si bien no se tomaban de las manos, podía caminar al lado de su novio. El silencio no era incómodo para ninguno de los dos, Erik prefería el silencio antes que escuchar las molestas preguntas de la menor, y Emily prefería el silencio antes que las palabras hirientes del chico a su lado.
Al llegar, se despidieron, sin abrazos y sin ninguna muestra de afecto, tanto así, que el hecho de que llegaran juntos había pasado desapercibido por todos. La menor salió corriendo rumbo a la biblioteca, para poder regresar el libro que había tomado prestado el fin de semana, donde sacó la mayor información para los proyectos de historia de su mayor, leyó todo el día y la noche, guardando toda la información en su memoria fotográfica. Esa ida a la biblioteca fue la excusa perfecta para que Erik pudiera pasearse por el aula de ella y revisar si estaba el individuo que le dejaba dulces, peluches y notas a su novia, solo había sido un día, pero no quería que se volviera a repetir, y al ver aquella bolsita de regalo de color amarillo pastel una carta al lado, no tuvo otra opción que entrar, tomar los regalos y meterlos en su mochila sin que nadie se diese cuenta.
Ya en su asiento, se dio el lujo de poder ver lo que la bolsita contenía y lo que decía aquella carta escrita en una hoja de color rosa claro, decorada con plumones y plumas de brillitos.
—Esto parece escrito por una niña —se burló Erik.
Al leer la carta, se sorprendió de encontrar una declaración de amor, una en la que decía que Emily Black era la niña más hermosa que había vista, que su corazón daba un vuelco cada vez que la veía sonreír y que su dulce aroma a dulces lo traía loco, aquellas fuertes palabras habían molestado de sobremanera a Erik, eran celos lo que sentía, claro estaba, pero él no quería definirlos de esa manera. Cada vez que iba leyendo, se daba cuenta de que la persona que escribió eso, no sólo era muy cursi, sino que también tenía fuertes sentimientos por Emily, al final de la nota, estaba la petición de que salieran juntos. Alguien le había pedido a su novia tener una relación; pero lo que más lo descolocó fue ver el nombre de uno de sus amigos, alguien que también le hacía bromas pesadas a Emily, o así había sido desde el día en el que ella se declaró a él frente a todo.
Claude Eisner.
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Comments
Ana Ariza
Autora, hasta ahora me gusta tu novela, mira niña, enfocas una cruel realidad, que bastante dolorosa es, pues sucede el bullying es lo mas triste y rastrero que se le puede hacer a alguien. y esa es una forma de vida de muchos, ademas suplirse del objeto de burla es mas desagradable, admiro en la oposición que pones a la chica no se que pasará pero espero que enamores profunda e irremediablemente a Erick de la chica y ella con mucha dulzura le dé las calabazas que se merece. Gracias.
2022-06-18
4
GHY
😲
2022-01-10
1