Ella era la número en su salón e incluso en la escuela, la de mejor promedio, lo más bajo en cuanto a calificación general que había tenido fue un 9.8 que nadie alcanzó, incluso cuando ella se ausentaba, siempre tenía el mejor promedio en toda la escuela, no se esforzaba en ese aspecto, sólo que era una prodigio, heredado de su padre, tenía una memoria fotográfica y era una calculadora andante, con talento enorme en cuanto a se trataba de la escuela y talento angelical cuando hablábamos de arte, excelente dibujante y cantante, sólo que nadie, además de sus padres lo sabían, ella sabía que quería ser cuando fuera grande; doctora, como su madre, o una economista, como su padre, sus mayores ejemplos a seguir, pero últimamente había rondado por su cabeza las palabras “estar siempre al lado de mi conejito”, comenzaba a pensar en: “si él es futbolista, yo seré su porrista”, “si él es piloto, yo quisiera ser su azafata”, incluso “si él es médico, yo quiero ser su enfermera”.
Emily estaba dispuesta a todo lo que su inocente mente podría imaginar ser en cuanto se trataba de Erik. No sabía lo que el mayor elegiría, y no sabía si lo que él eligiera le diera un espacio para ella, luego pensaba en lo difícil que sería ser como él en todo.
—¿Ser porrista, yo? No soy alta, no soy delgada… no soy bonita.
Ella misma se ponía las metas y ella misma se las quitaba. Dentro de su mente, ella sabía que nunca iba a poder estar siempre con él, y menos si él no la elegía a ella, tantas chicas bonitas que se le presentarían enfrente y el seguía teniendo las esperanzas de que fuera la elegida dentro de todas las mujeres.
—¿Y si quiere ser modelo? Yo no puedo serlo también ¿Qué clase de acompañantes tienen los modelos?
Vaya que Emily tenía problemas para elegir, siempre estaba Erik rondando por su mente e influyendo en esa clase de decisiones, mientras que Erik, en la casa de al lado, sólo imaginaba su vida cuando su fastidiosa vecina tuviera que alejarse de él. Erik se regocijaba en humillarla, comparándola con un animal, casi un perro, que no importara cuanto lo maltrataras, siempre regresaría y estaría ahí, sacándote la lengua, moviéndote la cola y rogando por tu atención; le emocionaba verla regresar, sería divertido poder humillarla frente a todos sus amigos y seguidores.
Así que, planeando una buena broma, se fue a dormir con una sonrisa en el rostro y la conciencia tranquila como alguien que nunca ha hecho nada malo en su vida.
Eran tan diferentes, pero ambos tan ingenuos, uno creía que cierta persona no era mala, y que no importara lo mucho que le chiera sería feliz si lo veía sonreír, no importando si era a costa de su persona, si tenía que burlarse y hacerle la vida miserable… claro, no con esas palabras, pero claro que lo pensaba, claro que lo tenía presente, no era ingenua, no era estúpida, y sabía de que se trataba to el asunto.
Y para el otro, era como si tuviese a su payaso personal, como si ella fuera su entretenimiento personal, le gustaba verla avergonzada, le gustaba ver como le tiraban sus cosas a la basura después de las burlas que recibía de los demás y por su culpa, pero le molestaba que ella siempre estuviese con su estúpida sonrisa y su sonrojo, como si le encantara ser el centro de atención de todas las personas.
A veces, por momentos, Erik pensaba que no tenía sentido burlarse de ella si nunca dejaba de sonreír, como si no le importara, comenzaba a creer que a aquella niña regordeta le encantaba la atención que los demás le daban, aunque sea para burlarse, cuantas veces no quiso darse por vencido al ver que las cosas no cambiaban en ese aspecto.
Pero ambos estaban equivocados, ambos pensaban cosas erróneas de la otra persona, se dejaban engañar por el exterior. Aprender de tus errores no estaba mal, de hecho, es una de las mejores formas de aprender, pero aprender a la mala es distinto, era como si ellos estuvieran esperando que las consecuencias llegaran para que comprendieran el peligro que todas aquellas cosas atraían. Nadie desearía eso, pero era como si un campo magnético invisible estuviera rodeándolos para atraer las consecuencias en el momento menos esperado, cuando más les costara.
El futuro no se puede cambiar, solo alterar su curso, tal vez, y sólo tal vez, si hubieran prestado atención a las señales de peligro que había por todo el camino, hubieran evitado lo peor, pero no lo hicieron, nadie lo hizo, ni siquiera los que se llamaban sus amigos evitaron que las cosas salieran mal, desde niños, han estado condenados a un destino compartido.
Todos se cansan, y era algo que ninguno de los dos comprendía, ella no comprendía que se iba a cansar de sólo burlarse y él no comprendía que ella se cansaría de soportar todos sus malos tratos y dolorosas jugadas… los perros también se hartan y huyen.
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Comments
Veronica Flores
me encanta gracias
2022-07-18
2
Vallolet Gonzalez Abarca
interesante
2022-05-19
1
Lau Méndez
tiene un excelente inicio y se desenvuelve muy bien la novela. Me gusta
2022-05-09
3