Cuando la semana de exámenes comenzó, todos estaban nerviosos, a excepción de Emily, quien no había estudiado pues su memoria fotográfica le ayudaba demasiado, era como una enciclopedia andante, nada pasaba desapercibido para ella y la primera hora de exámenes paso rápida y fácil, como todas las demás. Mientras tanto, el que sufría hasta el punto de querer llorar era Erik, no había estudiado, no recordaba nada y estaba seguro de que iba a reprobar, al menos en historia, que era la peor de sus materias.
Cuando la semana de exámenes terminó, tanto él como su amigo Joe estaban que se comían las uñas, ya que ambos habían dejado para último momento el estudio, grande fue su alivio cuando la profesora dijo que no había reprobado, aún, ya que si no entregaban un proyecto especial aparte del final para recuperar calificación, se quedarían otro año en ese grado. Nada podría arruinarle más el día a Erik, excepto ver la tabla de calificaciones generales y ver el nombre de Emily Balck en el primer puesto y Christian Abernathy en el segundo, solo fueron diferencia por una décima lo que les impedía compartir el primer puesto. Hasta los lugares finales, Erik Barlow.
Se había enojado, es más, irradiaba una aura de irá; golpeó la pizarra con esta misma fuerza y se fue a su casa dando grandes zancadas, total, las clases habían terminado.
Durante el camino, pudo notar a unos 5 metros delante de él, a la regordeta Emily, quien caminaba con felicidad, no es que él la estuviera siguiendo, tomaban el mismo camino pero ara vez se encontraban. Observó a la chica a la distancia prudente, su cabello caía como una cortina sobre su espalda, el moño rojo que llevaba en su media coleta le daba ese toque infantil y dulce que poseía, sus medias pulcramente blancas y su falda a cuadros blanca la hacía ver como una linda colegiala, pero para los ciegos, pensó Erik.
La vio desviarse hacia el parque en el que él siempre corría por las mañanas y las tardes, camino a paso lento hasta un columpio y se sentó en este, él la observó detrás de un árbol, y por primera vez pudo ver un aspecto lúgubre en ella, su sonrisa no estaba y suspiraba como alguien que está cansado, sin embargo, sus ojos poseían esa bella luminosidad, un brillo singular, como el de alguien que anhela algo o espera algo en especial. Estuvo ahí por unos 30 minutos, soltó un largo suspiro, se levantó, arregló su uniforme y se fue dando saltitos hacia su casa que estaba a más o menos cinco minutos si seguía caminado caminando con esa emoción.
Él avanzo también, solo que más lento, entró a su casa e hizo lo mismo de todos los días, solo que con la preocupación de sus proyectos pendientes y de su gran probabilidad de reprobar y repetir año, lo peor sería que le tocaría estar con la gorda… verla todos los días y en la misma aula que él.
Su mente divagó en ello, hasta que pensando en lo mismo, encontró la solución a sus problemas, aquella chiquilla regordeta decía amarlo, no lo dejaba en paz nunca y aunque esa semana necesitó su espacio por los exámenes, se le hizo raro no verla, pero ella era su mascota, si le pedía que le trajera el periódico lo haría, si le decía que le hiciera sus proyectos finales, ella los haría con gusto pero… ¿Qué tendría que sacrificar por ello?
Al día siguiente le comentó su plan maestro a su amigo, quien no estaba seguro de ello, jugar de esa manera con alguien podría salir mal.
—¿No crees que es un poco arriesgado? Puede salirte mal.
—Claro que no, se como manejarla, el fin de semana será su cumpleaños número 17 y ella me invitó, será ese día en el que me confiese mi oculto amor —dijo sarcástico.
—No lo sé, Erik. Se te puede salir de control, además, la has avergonzado tanto que no me sorprendería que te dijera que no
—No lo hará, es más, para que estés de mi lado… le diré que haga el tuyo.
Eso fue suficiente para que el amigo de Erik iluminará sus ojos en esperanza y viera un aro de ángel en la cabeza de su amigo mientras relucía en luz dorada.
—Me encanta este plan —dijo cegado por la idea un proyecto perfecto sin tener que mover un solo dedo— dime qué tengo que hacer y te ayudo.
—¿Qué se le regala a las gordas?
—¿Dulces?
—No la dejan comer esas cosas.
—Entonces… ¿Por qué…
—La vida la odia tanto como yo.
De esa manera, fue como todo comenzó a cambiar en la vida de ambos.
Emily aun no perdía su amor por aquel apuesto joven, de hecho, estaba más que dispuesta a hacer lo necesario para que sus mejores suelos se hicieran realidad.
Ella estaba emocionada por poder tener su fiesta de cumpleaños, habían invitado a su familia mas cercana, así como Emily tuvo la oportunidad de arriesgarse y no sólo invitar a Erik, sino que también había invitado a su nuevo amigo, Christian, quien aceptó gustoso y le dijo que le regalaría un hermoso regalo. La menor estaba emocionada, después de meses podría comer pastel y de su favorito, chocolate y cerezas, decorado con pequeñas rosas rojas de fondant, así lo había pedido específicamente.
Cuando el día llegó, se colocó su mejor vestimenta, sus jeans de color negro, su blusa con estampado de flores que le quedaba un poco grande, un collar regalo por su madre y su cabello ondulado en rizos sueltos, además de sus zapatos bajos de color blanco. Acomodó todo en el patio como su madre le había pedido y esperó a sus invitados, toda su familia cercana estaba ahí, pero Erik y Christian no había llegado. Estuvo a punto de soltar una lagrima, cuando su invitado súper especial, Erik, había llegado con una pequeña bolsa color pastel decorada con un moño. Emily no puedo evitar aventarse hacía su invitado y da un gran abrazo, sabiendo que no podría empujarla por la cantidad de invitados en el patio.
La pequeña abrió la bolsa, y de ella, saco una pulsera de plástico color rosa chillón con colgantes de estrellas plateadas que también era de plástico. Era obvio que el mayor quiso gastar lo menos que pudo y compro lo primero que vio. Pero para Emily, era el mejor regalo de la tarde, tiró la bolsa y se colocó la pulsera en su mano derecha, presumiéndols como si fuera algo caro y exclusivo. Todo era felicidad y risas, además de excelente comida, pero el que estaba más que harto era Erik, que ya no sabia ni que era lo que estaba haciendo ahí y estuvo a nada de levantarse e irse, cuando el timbre de la puerta sonó y Emily salió corriendo.
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Rocio Arrieta
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2022-03-15
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