Capitulo 2.

El sol estaba en su punto más alto, y este no desaparecía hasta pasadas las 6 de la tarde. A Erik le importó poco todo esto, las paredes de su casa lo mantenían protegido y el aire acondicionado lo mantenía fresco a una temperatura adecuada; para tener que evitar buscar a la “gorda” repitió todo su juego una vez más, estaba dejando de ser divertido al pasarlo dos veces seguidas, toda la historia, se comenzaba a saber de memoria todo.

Pasadas unas horas, recibió una llamada a la casa, diciendo que estarían ahí en unos 30 minutos ya que pasarían a comprar comida y helados por el calor.

Mientras tanto, Erik decidió jugar su última partida para después decirle a la “gorda” que podía entrar. 10 minutos antes de que los adultos aparecieran, Erik fue a buscar a Emily, encontrándola dormitando en el pasto en un pequeño pedazo de sombra que proporcionaba el tejado, se acercó a ella, le dio un pequeño empujón con el pie y al ver que esta no reaccionaba le grito, Emily apenas y reaccionó, pero el tiempo se le acababa a Erik, así que la arrastró de regreso a casa, con muchos esfuerzos, todo mientras decía improperios y palabras como “maldita gorda” “¿Porqué estás tan obesa?” y cosas parecidas.

La dejó tirada en el suelo, tocó su cara y pudo notar lo caliente que esta estaba, lo sonrojadas que tenía las mejillas y sus labios agrietados. Por un momento tuvo miedo, no sabía si le había sucedido algo de lo que le pudieran hacer culpable; corrió a la cocina por un vaso de agua, lo llenó y se lo tiró en el rostro; Emily reaccionó mejor, se intentó sentar en el suelo, mareándose de inmediato, sentía que no podía respirar y se sentía tan sofocada.

Las madres de ambos llegaron de repente, emocionadas y con sonrisas en sus rostros, cargando bolsas de pollo frito y un bote de helado de chocolate, el favorito de ambos niños; pero toda esa felicidad desapareció en el momento en el que le señora Smith pudo apreciar a su hija, la manera enferma en la que esta lucía, dejó todo en la mesa y con un rostro lleno de preocupación corrió a tocarle el rostro y examinarla, finalmente la cargó, se despidió de su amiga y de Erik y salió disparada a su auto, Emily estaba sufriendo un insolación.

La señora Barnwell observó con preocupación la escena y cuando su amiga se despidió y salió corriendo, miró ferozmente a su hijo.

—¿Qué hiciste, Erik?

—Nada, no es mi culpa que la gorda no aguantara el sol —levantó los hombros, quitándole importancia al asunto y yendo a husmear las bolsas de comida.

—Tu no comes de ahí, jovencito ¿Dejaste a esa linda niña afuera de la casa? ¿Cómo te atreviste? Si no hubiéramos llegado pudo haber muerto de deshidratación.

—No exageres, mamá, los dos estuvimos jugando afuera.

—No es cierto ¿Y sabes por que lo sé? Porque de ser así, tendrías los brazos rojos por la urticaria que te sale cuando sales al sol.

Erik se calló por unos momentos para después replicar.

—Estaba molestando mucho.

—Te dije que la cuidaras, no que estuvieras a punto de matarla. Estás castigado, no hay más videojuegos hasta el día en que esa niña se mejore y cuando te digo, cuídala, tienes que cuidarla, no abandonarla ¿Me escuchaste?

—Sí, mamá.

—Ahora a tu habitación.

Erik se fue furioso a su habitación, mientras entre dientes, decía cosas como: “maldita cerda arruina vidas”.

Para Erik, Emily era una molestia, una maldita piedra en el zapato. Pero para Emily, Erik era un ejemplo a seguir por la manera en la que siempre podía hacer todo, como tener una buena calificación en la escuela, ser excelente en deportes y además un master en los videojuegos, además de la persona que más amaba, pero… ¿Qué puedes saber de amor cuando sólo tienes 12 años?

Unos días después, Erik se vio obligado a ir a ver a Emily después de faltar a la escuela por una semana y media, le llevó un peluche pequeño y unos chocolates que la madre de Erik había comprado específicamente para que el menor se los llevara a la pequeña. Entró a la habitación de la menor, donde ella estaba haciendo tarea sobre su escritorio color blanco, adornado con una lámpara de osito, un organizador de color azul pastel y sus múltiples plumas y plumines de colores, en la pared, tenía fotos de su madre y padre, fotos de ella, y fotos de Erik solo y con ella, fotos obligadas por sus madres, donde se veía la enorme sonrisa de la pequeña Emily, la cara de asco de Erik y un cartel que decía “Feliz cumpleaños Erik”. La pequeña también tenía una enorme botella de agua con ositos pintados, contaba con sus deditos para sacar la cifra correcta en su tarea y movía sus pies que no tocaban el suelo.

—Oye, gorda —dijo Erik con desdén.

Emily se volteó sorprendida y colocó una enorme y hermosa sonrisa en su rostro, para levantarse y correr a abrazar a el niño, quien inmediatamente la empujo y como veces anteriores, trastabilló y casi cae, pero eso no quitó la enorme sonrisa de su rostro.

—Viniste a verme.

—Sí, como sea, toma —le extiende las cosas que su madre le había dado.

—¡Gracias, conejito! —con emoción, toma las cosas y las abraza.

—No me digas así, ridícula.

—Lo siento —dijo avergonzada y bajó la mirada.

Hubo un pequeño silencio en el que ella sufría de vergüenza y él sólo buscaba la manera de salirse de aquella horrible situación.

—Ya estás bien floja, ¿Por qué no has regresado a la escuela? No es que me importe, pero a mi si me obligan a regresar.

—El doctor dijo que regresara a clases cuando la temperatura bajara un poco, según el clima, en unos días me verás ahí —sonrió ampliamente, pensando que era por que su conejito la extrañaba y quería verla.

—Mejor ni regreses, me da asco verte ahí, todos estamos mejor sin tu presencia.

La sonrisa de Emily desapareció por unos segundos, pero regresó de inmediato, dejó el peluche sobre su cama y regresó con los chocolates en la mano.

—¿Compartimos los chocolates?

—No deberías ni quiera comerlos, ya estás demasiado gorda.

—Ti-tienes razón —sus mejillas se sonrojaron, ella sabía que estaba gordita, pero no era por la razón que todo el mundo creía— Toma —le extendió los chocolates— mejor come tu.

Erik se sintió satisfecho por su cometido, tomo los chocolates, los desenvolvió y tiró la basura en la habitación de Emily sin importarle que la dejara tirada como si fuera la calle.

Emily podía ser una niña gordita con grandes mejillas, la mayoría creía que era porque comía muchos dulces o frituras, os implemente que comía mucho; pero la cosa no iba por ahí, siempre había sido rellenita, sin explicación alguna, de hecho, sólo comía tres veces al día, sin frituras, ni dulces entre comidas, su madre lo sabía, nunca consintió a su hija con demasiados dulces o frituras, siendo una doctora, sabía la importancia de la buena alimentación en los niños. Se podría decir incluso, que Emily anhelaba los chocolates que Erik se comía con gusto ¿Cuándo fue la última vez que probó un chocolate? Hace casi un mes, de hecho, por las mismas restricciones que ella se ponía para evitar seguir subiendo de peso.

Cuando Erik se fue al igual que su madre, Emily recogió todas las cosas que aquel chiquillo había desordenado, empezando por recoger la basura de los dulces y las fotografías que él había roto, todas aquellas fotografías en las que ambos estaban juntos, diciendo que le resultaban repulsivas y no tenía ningún derecho de poseerlas.

Emily presenció y recogió todo, no derramó ninguna lágrima, no hizo nada en ese aspecto, sólo siguió haciendo su tarea de matemáticas.

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Comments

sina

sina

que se muera por idiota

2022-07-01

5

Sandra Robles

Sandra Robles

me preocupa en este caso que la mamá de la prota nos se de cuenta del abuso de este niño.

2022-06-28

1

𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓭𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪 🦋

𝓐𝓷𝓰𝓲𝓮 𝓭𝓮 𝓢𝓾𝓪𝔃𝓪 🦋

que triste, pero es la realidad, muchos niños son abusivos con sus compañeros de estudio, y muchos niños sufren de ese abuso en silencio.

2022-06-20

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