Capítulo 7.

Ella regresó incluso más feliz de lo que se encontraba, ya que su invitado que había llegado tarde estaba ahí, con una gran caja de regalo, color turquesa y un moño azul rey. Christian estaba ahí con el extraordinario regalo que le prometió a la cumpleañera, su tardanza se debía a este mismo, que te entreguen algo hecho a medida era tardado. Todos los invitados rieron un vez más y pidieron con gritos que la cumpleañera abriera el regalo. En aquella caja, había un hermoso vestido de color gris, de la parte de enfrente era corto, podría llevarla a las rodillas y por la parte de atrás, tenía una cola que una vez puesto, arrastraría en el suelo, en la parte de la con tenía como decoración algunas flores de cerezo que se extendían hasta el inicio de la falda, tenía mandar cortas que iban por debajo de los brazos. El vestido era hermoso, como el de una princesa.

Christian lo había comprado, pensando en cómo se vería la lindo Emily en un vestido ajustado y elegante como ese, no pudo evitar suspirar al imaginaria de pies a cabeza con todo el conjunto, y de sus labios estuvo a punto de salir la palabra “hermosa”.

Emily notó que en la misma caja, al fondo, habían unas zapatillas altas, de más o menos de 8 cm de tacón, como unas sandalias del mismo color del vestido y que se aseguraban con un lazo. Emily estaba enamorada del detalle, nunca nadie le había regalado algo así, y al más, abrazo al joven, quien le contestó el abrazo con otro abrazo que hizo sentir a Emily mariposas en el estómago.

Pero justo en esa fiesta, mientras todos aplaudían y sonreían, estaba el amargado chico que presenciaba la escena con molestia. Erik no podía sentir peor, pero no por la razón que uno creería, sino por qué ahora tenía competencia y no podía permitir que el niño ojos bonitos le quitara su oportunidad de poder avanzar de año. Tendría que buscar la manera adecuada de decirle a Emily que sentía algo por ella, algo que no era asco —aunque esto no fuese cierto—.

Cuando la fiesta hubo acabado y la casa vaciado, Erik esperó a que Emily saliera a despedir a su último invitado, cuando esto sucedió, se acercó a ella y sonrió con aquella sonrisa coqueta que le lanzaba a todas las chicas lindas.

—¿Cómo está la linda cumpleañera?

La palabra “linda” le hizo sentirse en el cielo, sobre todo porque aquellas palabras las había pronunciado su lindo conejito.

—Bi-bien, gracias… gracias por el regalo, conejito.

—No me digas así —hizo una mueca, tratando de que no se nota su repulsión— dime, ¿Cómo te va con tus proyectos finales?

—Ya casi termino —sonrió ampliamente.

Eso no podía ser verdad ¿O si? Los proyecto a penas se habían encargado hace una semana, pensó Erik. ¿Cómo puede estar a punto de terminar?

—Mi mayor problema es historia, pero tan pronto termine ese, iniciaré los demás.

—Historia es de las más fáciles —rió.

—Si, bueno. Eres la perfecta número uno —tomó la regordeta mano de la menor— y quería saber si pudieses ayudarme para elegir la manera de empezar.

—¿Quiere que le ayude?

—Sí, linda.

El corazón de Emily sr había congelado de la emoción y sonrió.

—¿No le molestaría compartir tiempo conmigo?

—El mayor suspiró. —No, claro que no… es más, me avergüenza esto porque hay algo que quería decirte desde hace días y es que… no puedo evitar mirarte y sentir que me gustas demasiado.

—¿Lo dice enserio?

—Claro que si, así que, pasemos más tiempo juntos y hagamos mi proyecto de historia.

—Claro que sí —exclamó con emoción.

Cómo un perro, imaginó Erik. Es como un perro, un estúpido perro.

Y aunque pensara así… él había olvidado que los perros también te abandonan, que también se cansaban y se podían ir en el momento en el que este menos lo esperara.

Emily había sentido el primer atisbo de esperanza en su pequeño y dulce corazón, aunque al día siguiente, ella sintiera que todo había sido un sueño inventado por su loca cabeza que deseaba con todas sus ansias que Erik la mirara un momento como alguien más que una simple molestia, así que, al día siguiente, ella fingió que no había sucedido nada, que aquellas palabras pronunciadas por su conejito habían sido una simple fantasía.

Cosa que le molestó a Erik, pues esperaba una atención excesiva por parte de Emily y que de inmediato se pusiera a hacer su proyecto.

—¿Estás seguro de que le dijiste?

—Claro que lo hice, imbécil.

—Pues, parece que la que jugó contigo fue ella.

—No digas estupideces.

—Por cierto, ¿ya pensaste en la manera en la que le agradecerás su esfuerzo? No trabajará de gratis, tal vez unos besitos, unas caricias o…

—No lo menciones, que asco, no tengo porque hacer nada de eso.

—Eso es lo que crees, ella no vivirá de un “me gustas” tienes que ser su novio.

—¿Eres un imbécil? Eso no sucederá ni en mis peores pesadillas. No puedo ser el novio de una cerda como ella.

—No podrás seguirla llamado de esa manera si quieres conseguir un 10, además, nadie dijo que tenías que hacer pública tu relación con la vaquita.

Erik rodó los ojos ante la simple mención de tener que relacionarse aún más con aquella niña.

Sus pensamientos fueron desviados hacía otro lado al ver como todos corrían al balcón del segundo piso donde ellos se encontraban, se escuchaban risas, así que le llamó la atención y fue corriendo a ver lo que sucedía como todos los demás; pudo apreciar como su molesta vecina tenía todo enmarañado su cabello debido a la broma del chicle en el cabello.

—Esa broma ya está gastada —dijo Joe a su lado— ¿No podían pensar en algo mejor? Tal vez en la falda… jugo de arándanos en el uniforme es una buena idea.

Emily recogía sus cosas de suelo, avergonzada por todas las miradas que le dirigían los demás, que observaban la escena como si fuese el espectáculo de un circo, pero a pesar de eso, no lloró, y no quitó la sonrisa de su rostro, riéndose con los demás como si no le importara.

Uno de los autores de aquella broma soltó un comentario, burlándose del reciente acontecimiento que era su cumpleaños.

—Deberías de empezar a despedirte de la vida, Black, las vacas sólo viven 18 años, te falta poco.

Emily se rió del chiste, como si entendiera la referencia y también le hiciera gracia. Por detrás de ella, venía un furioso Christian a defender a su nueva amiga.

—¿Y tú sabes cuanto vive el animal más imbécil del mundo? 10 años, por lo que tú y toda esta escuela llena de animales tontos deberían de comenzar a buscar en que hoyo enterrarse porque comienzan a apestar.

Erik rodó los ojos ante tan absurdo comentario, pero no le sorprendía algo tan estúpido viniendo de alguien como Abernathy, es más, todos sabían que ese chico solía ser amable con todos, no sería una locura que Emily fuera la escepción.

—Christian es tan amable —soltó una chic frente a Erik— pero todos sabemos que debe de decir cosas desagradables de ella cuando nadie lo ve.

Erik no creía eso, alguien que le regalaba un vestido y zapatos caros a una persona no sería capaz de decir cosas desagradables como el resto, y eso hizo arder en rabia a Erik, viendo como aquella niña que había dicho que lo amaba se iba muy sonriente con aquel tipo insufrible.

Así que la frase que se le vino a la mente a Erik fue un “Maldita seas, Emily Black”.

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Vallolet Gonzalez Abarca

Vallolet Gonzalez Abarca

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2022-05-19

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