Los años no avanzan en vano, ninguno de los dos podía comprender aquellas palabras, sus mentes eran tan ingenuas como para comprender la complejidad de esas palabras. A sus 16 y 15 años, ambos ya tenían una serie de planes estructurados —buenos, no—, pero sus perspectivas no habían cambiado, el vivir uno al lado del otro y verse las caras todos los días no les ayudaba a cambiar sus expectativas o sus planes futuros. Cada uno seguía con su plan de hace dos o tres años. Burlarse y conquistar.
Emily no comprendía la gravedad de las cosas, no entendía que ya no eran simples juegos de niños, que ahora se trataban de bromas más pensadas que pegarte goma de mascar en el cabello o tirar tus libros al bote de basura.
Así como Erik ya no comprendía que las palabras “cerda y gorda” no eran simples apodos para desmeritar la forma física de alguien, sino que ya podía herir sentimientos y cambiar la manera de pensar de alguien, cambiar la manera de pensar sobre si mismo. Ambos planeaban seguir con su juego de las escondidas.
Emily seguía siendo la perfecta estudiante, la perfecta niña que todos los maestros adoraban por ser tierna y aplicada, la misma chiquilla rellenita, con ojos color chocolate, labios rosados y cabello oscuro y liso; ella era eso y más, como también era la burla de todos, el payaso de la escuela, la persona que todo el mundo molestaba porque les era divertido verla de rodillas en el suelo recogiendo sus cosas rotas y regadas por todos lados, nadie era su amigo, nadie se acercaba a decirle buenas palabras o un “buenos días”, cosas que nunca cambiaban.
Erik seguía siendo el mismo chico apuesto y prepotente, con la piel un poco más bronceada y el cuerpo más trabajado además de un cabello un poco más castaño, su sonrisa seguía siendo la de un comercial de crema dental. Seguía burlándose de su vecina y diciéndole cosas hirientes, le seguía encantado ver como regresaba como si fuese un perro.
Él, junto a su mejor amigo Joe, gustaban de burlarse de la menor y compartían otros gustos, como los videojuegos y las malas notas. Los exámenes finales llegaban, así como los proyectos finales para avanzar al siguiente grado, un año más y por fin la libertad —como ellos solía decir—, se les presentaba como dificultad la escuela, pues ambos la odiaban, la aborrecían, pero no más de lo que Erik aborrecía a Emily, podíamos decir, que Joe no era una mala persona, no gustaba de burlarse de los demás, de hecho, él no tenía nada en contra de la pequeña Emily, pero estar demasaido tiempo con una persona como lo era Erik y su círculo de amigos, lo convirtieron en alguien así, pero a veces, solía sentir arrepentimiento al ver a la pequeña chica de rodillas en el suelo con ligeros moretones en el rostro, él podía apreciar, cuanto amor y cariño le tenía ella a su amigo Erik, cosa que él no sabía valorar porque claro que lo notaba, claro que lo sabía.
Y así como con todo, está comenzando a hartarse de la manera en la que se burlaban de la menor.
Ese día en específico, Lunes 31 de mayo, significaría una macha imborrable en la vida de la pequeña Emily, ya que por primera vez, dejó de lado su timidez, escribió una carta con una pulcra letra y sin faltas de ortografía, decorada con pequeños corazoncitos y en hojas de colores, donde declaraba su amor a Erik Barlow, ese no era el problema, Erik pudo haber aceptado la carta con fastidio, leerla y reírse de ella en la soledad de su habitación o en la compañía de su amigo Joe, pero Emily no quiso hacerlo de esa manera, ya que se la entregó enfrente de todos, los amigos de Erik e incluso de su novia.
El mayo sintió la vergüenza llenarle de pies a cabeza, así que, para evitar que se burlaran de él porque la “gorda sebosa” se le había confesado, tomó la carta, se rió con notable nerviosismo y la rompió en pedacitos para aventarlas encima de ella, provocado que los demás se rieran de ella y le comenzaran a aventar cosas, manchando su perfectamente arreglado uniforme.
Sin embargo, Emily no lloró, sólo bajó la vista, le pidió perdón a Erik por avergonzarlo y se fue de ahí, normalmente, como si nada hubiese pasado, aunque por dentro, sentía su corazón quebrarse y unas terribles ganas de llorar, pero se tragó sus lágrimas, fue al baño y ahí, limpió su rostro y su uniforme con un paño mojado, sabía que su madre la regañaría, le habían aventado jugo de uva a sus medias y falda blancas, su cabello estaba pegajoso y su saco olía a atún, no supo cuando le aventaron todas esas cosas, pero no podía entrar a su salón oliendo como un marisco; casi entró en crisis al no saber que hacer.
La puerta del baño fue tocada ligeramente, era el baño de la escuela y cualquier chica podría entrar ¿Quién tocaría? Se preguntó Emily; así que fue a abrir la puerta, se asomó ligeramente y pudo ver a aquel estudiante de último año.
Christian Abernathy, era el único que le podía hacer una limpia competencia a Erik, cuando se trataba de baloncesto, apuesto, inteligente y con excelente moral, todo lo contrario, a Erik; sus ojos azules resaltaban en su rostro, su piel morena clara lo hacía ver aún más apuesto, hacía delirar a todas las chicas, incluso más que Erik, el más amble de toda la escuela.
Sonrió al ver a Emily, su sonrisa relucía como perlas, dejó embobada a Emily.
—Vi lo que te hicieron, todos son unos malditos, se que no es suficiente, pero, esto estaba en la dirección en la caja de objetos perdidos, y pensé que te quedaría.
Mostró en su mano, un saco de talla mediana, estaba un poco deslavado, pero Emily pensó que era mejor que nadar por la escuela con uno que olía a pescado.
—Gracias, Chris.
—¿Chris? —Preguntó el mayor.
—Lo siento, no quise decirlo es que…
—No, tranquila, está bien, todos aquí, con su respeto hipócrita, llamándome Christian, puedes decirme Chris.
—Te agradezco esto, pero… no creo que me quedé.
—Claro que te queda, no tengo mal ojo.
Para Emily, aquel saco era como ver una talla extra chica, sus inseguridades llevaban a usar uniformes más grandes que la talla que necesitaba, suspiró y se colocó el saco, notando que le quedaba perfecto, ni grande ni chico. Sonrió por ello y salió emocionada del baño.
—Muchas gracias, Chris.
—De nada, pequeña, no dejes que te sigan aventando las sobras de su comida, si no eres para tirarte pétalos de flores, no permitas que lo hagan.
El chico pellizcó con ternura la mejilla de la menor y se fue por el mismo lugar por el que vino. Emily sonrió, tenía un fuerte sonrojo en su mejilla, nadie le había dicho cosas tan dulces en la escuela ni en ningún otro lado.
***¡Descarga NovelToon para disfrutar de una mejor experiencia de lectura!***
Updated 64 Episodes
Comments
Paula Prieto
lamentable la situación de esa chica le falta comunicación porque las madres, las tías o las madrinas y las amigas son las que pueden ayudar en esos casos.🥴
2024-02-07
1
Veronica Flores
que tristeza que por ser gordita aguanté tanto por amor
2022-07-18
1
Patricia Moreira
Xq no se enamoro de cris
2022-04-05
7