Era domingo al mediodía, los planes de Erik apenas comenzaban, ya que su plan perfecto para un día de descanso antes de clase era nada más y nada menos que ver películas, jugar video juegos y comer frituras en su habitación, en completa soledad. Finalmente, su tarea estaba terminada, un poco mal hecha y sin prestarle una especial atención, pero terminada, además ¿Qué se puede esperar de un niño de apenas 13 años? Sus prioridades no eran más la diversión y que llegara el fin de semana para seguir divirtiéndose.
Erik Barlow era así, un niño para nada estudioso, la escuela le iba y le venía, sólo quería terminar y que fuese verano para unas merecidas vacaciones, daba igual lo que pasara en cuanto a la escuela mientras pudiera mantenerse lejos de alguna clase de regaño por parte de su madre; un especialista en los video juegos, vaya que era bueno, sus favoritos eran aquellos que tenían que ver con asesinar zombis, ingenuamente esperaba un apocalipsis en el que pudiera demostrar lo bueno que era siendo un francotirador —aunque su puntería fuese algo mala, incluso en los video juegos—. A pesar de soler comer frituras en sus tiempos libres nunca fue un niño con sobrepeso, siempre salía a correr con su perro a los parques para poder mantenerse delgado como un buen niño que apenas inicia la pubertad y deseaba ser como esos galanes de las películas.
Su piel blanca que se iba bronceando todos los días al salir a correr —muy bueno en las carreras de la escuela— ya que decía que no le gustaba ser tan blanco como su madre, su cabello rubio y algo rizado cuando este crecía, su linda sonrisa con una hilera de dientes perfectamente alineados —regalo de los buenos genes de su padre— y esos ojos verdes —a veces grises, dependiendo del ángulo en el que se mirase—. Era un niño adorable y bonito a la vista de muchas personas, todos sabían que cuando creciera, sería un hombre muy apuesto que robaría las miradas de todas las chicas en la escuela, él típico deportista que tenía como novia a una porrista hermosa y de excelente cuerpo, si bien, su sueño no era ser un deportista, sabía que no estaría mal que le dieran una beca de deportista para las mejores universidades, así que lo había anotado en su lista de pendientes.
Sin embargo, su carácter, forma de ser y tratar a los demás era completamente contrario a lo que se le llamaría adorable; a su corta edad ya era prepotente, grosero y muy selectivo en cuanto a sus amigos y sus primeras conquistas, cabe aclarar que esto no se debe a que su madre sea igual, la señora Leslie Barnwell era un año de persona, era tan amable y agradable que no podrías encontrar el parecido con su hijo en ese aspecto; muchas personas atribuían ese carácter al señor Barlow, pero el tampoco era así, podía ser un poco serio y duro, pero nunca fue clasista, racista o incluso grosero con nadie, entonces ¿A que se debía ese comportamiento? Tal vez, era el crecimiento que lo estaba haciendo pasar por esa clase de actitudes ¿No es así?
Su plan perfecto de no hacer nada ese día, se fue por la borda cuando escuchó voces en la planta baja, las voces de la señora Smith, la mejor amiga de su madre con la que solía ir de compras, a pasear, a comer, cualquier actividad que requiriera de una plática extensa, llena de chismes sobre lo que ha pasado en su día a día o sobre las cosas que se enteraron de alguien más. La señora Smith era Médico Cirujano, así que a veces, durante la semana no tenía mucho tiempo y sólo salía con la madre de Erik una vez a la semana.
Lo malo de que su madre se tuviera que ir con la señora Smith, era el hecho de que él se quedaba con la hija de la señora Smith, que era un año menor que Erik, además de ser la persona más repulsiva a los ojos del mismo, para Erick, era como ver un pedazo de mierda en la calle.
Se refería a Emily Black, la hija obesa de la mejor amiga de su madre; odiaba todo de aquella niña de 12 años, como si su existencia fuese la razón de que hubiera escuela o la razón por la que la diarrea existiera, era su blanco de burlas y malos tratos y se le hacía fácil humillarla cada que podía, debido a la inocencia y gran corazón de ella —él lo llamaría estupidez—.
Escuchó a su madre llamarlo desde la planta baja, para que fuera a saludar a sus invitados; de mala gana detuvo su juego, aventó el control a la cama y bajó a paso lento las escaleras que lo llevarían a la desilusión.
Y ahí estaba ella, Emily Black, la niña regordeta de piel trigueña, cabello oscuro en corte de hongo y ojos color chocolate, la pesadilla de Erik.
Emily era una niña alegre, que siempre mostraba una sonrisa en su rostro aún cuando las cosas iban mal, según su madre, nunca lloraba, ella no era débil en ningún aspecto, siempre dulce, amable, alegre y feliz. Su corte de cabello en forma de hongo mal cortado le daba un aspecto cómico —ridículo según Erik y sus amigos— pero es que no se hubiera llegado a esos extremos de no ser por la broma pesada de colocarle una goma de mascar en su larga cabellera oscura, una de las cosas con las que se sentía orgullosa, ella no lloró frente a nadie, pero cometió el error de bajar la mirada avergonzada, ella era tímida de sobremanera, tenía problema para comunicarse con los demás, por lo que no tenía amigos. Para ella, el único amigo que necesitaba se llamaba Erik Barlow y estaba enfrente de ella.
Emily le sonrió ampliamente y lo saludó.
—Hola, conejito —dijo con emoción mientras agitaba su mano en forma de saludo.
—Lárgate de aquí gorda —escupió con desprecio y una mirada llena de asco.
—¡Erik! —regañó su madre— No le digas así Mimi. —apretó las mejillas de la niña mientras sonreía— Voy a salir con Elena, cuida de Mimi y no hagan travesuras.
Días como esos eran un martirio para Erik, odiaba a aquella niña con cada fibra de su ser.
Cuando sus madres se habían marchado, Emily se acercó al Erik para darle un gran abrazo, pero este empujó a la pequeña haciéndola trastabillar y casi caer.
—No te me acerques, cerda.
—Emily sintió vergüenza, pero no quitó la sonrisa de su rostro— ¿Quieres jugar conmigo, conejito?
—No, no quiero, y te sugiero que no me molestes en todo el día.
—Pero mamá me dijo que teníamos que pasar tiempo juntos.
—Ya me es suficiente con verte todos los días, no necesito ni quiero pasar tiempo a solas contigo, así que ve al patio a jugar con el pasto.
La niña miró por la ventana la cegadora luz del sol, estaban a 32 grados, era uno de esos días extremadamente calurosos en los que no se podía salir y estar fuera por mucho tiempo si no querías enfermarte o quemarte.
—Pero el sol está muy fuerte y hace mucho calor, mejor juguemos en tu habitación—sonrió ampliamente.
—No te atrevas a subir esas escaleras, si quieres que juguemos, tienes que estar en el patio hasta que termine mi videojuego ¿de acuerdo, cerda?
—Sí, conejito —asintió emocionada por la oportunidad de poder jugar a solas con su amor platónico— ¿tú me dirás cuando entrar?
—Sí, ahora largo.
Emily se fue dando saltitos hasta la puerta de salida, le dedicó una última sonrisa a Erik y cerró la puerta tras de sí; aquel niño sólo rodó los ojos y puso una mueca de asco en su rostro para subir corriendo las escaleras y continuar su juego, todo esto sin siquiera pensar en las consecuencias que podría acarrar el que una niña de 12 años este bajo aquel fuerte sol y sofocante calor por horas.
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Updated 64 Episodes
Comments
Paula Prieto
adolescente estúpido 😠
2024-02-07
1
Vallolet Gonzalez Abarca
..
2022-05-19
0
Margarita Velazquez
pero la madre por q la deja prefiere pasear q poca
2022-05-07
3