Capítulo 8

Del enojo, Erik había dejado pasar un día sin hablar con Emily, aunque sabía que no era la decisión más inteligente, sabiendo que el tiempo para entregar los proyectos era corto y este no era para nada pequeño. Así que, el día miércoles, acompañó a Emily a su casa; ella estaba emocionada, con las mejillas rojas y las manos llenas de sudor por estar cerca de su amado conejito, quien la había invitado a su casa ese día. Siempre habían estado uno en la casa del otro, pero llevaban años sin que ambos estuviesen juntos con la casa en completa soledad, sin padres molesto o entrometidos.

Por la mente de Emily no pasaban la clase de cosas sucias que algunas personas tendría, ella simplemente deseaba pasar tiempo a solas con su querido conejito —apodo colocado por la misma cuando tenían 8 años y los dientes de él eran como el de los conejos, aún lo eran un poco—.

Mientras continuaban su caminata, Erik ideaba varias ideas para hacer que la gorda comenzara con su proyecto desde ese mismo día. Ambos subieron a la habitación del mayor, y en cuanto dejaron sus mochilas en el suelo, Erik respiró profundamente y se acercó a la niña de regordetas mejillas coloradas y tomó su rostro entre sus manos, viendo como este adquiría un tono un poco más sonrosado y su temperatura aumentaba, al tacto, pudo notar la suave piel de las mejillas de ella, no como el de algunas chicas que solía colocarse inmensas capas de maquillaje y se sentía extraña; Erik no tenía problema con ello, le daba igual, no importaba si llevaba un operación estética a base de maquillaje, lo que a él le daba satisfacción se encontraba entre las piernas de las chicas, pero la piel de Emily era como la piel de un durazno, sedosa.

—¿Porqué me has estado ignorando, princesa? ¿Ya no te gusto como antes y has dado por sentada mi declaración?

—Claro que no, conejito…

—¡No…! No me digas así.

—Lo siento, es sólo que yo creí que había sido un sueño y no me atrevía a acercarme a confirmarlo.

—Así que ¿Sueñas conmigo? ¿Qué clase de cosas sueñas?

El se imaginaría palabras sucias de alguna de las chicas con las que se acostaba, cosas que le prendían al instante, pero de Emily, de ella se esperaba cualquier payasada cursi.

—No, no es como piensas, pero me da vergüenza decirlo.

—Está bien, no lo digas —“me da igual lo que sueñes”, pensó. —Pero me dejaste muy pensando que no te importaba lo que yo te dijera.

—Claro que no, yo nunca pensaría esa clase de cosas, te amo de verdad y te respeto mucho.

—¿Me amas? Así que no me serías infiel nunca ¿no es así?

—Nunca, sólo existes tú para mí.

—Eso me agrada, pequeña.

—Ahora, ¿te importaría comenzar a hacer mi proyecto? —besó la frente de la pequeña y le sonrió con amabilidad.

—Claro que sí, ahora mismo lo comenzaré;

—Excelente.

Él la empujó, no con mucha fuerza, pero ella estaba perdida en su imaginación, por la que se estrelló contra el armario del menor, provocando un fuerte estruendo y un dolor en su espalda.

—¡Ten cuidado, cerda!

—Sí, lo siento, yo… yo me retiro.

El jugo recién comenzaba, apenas se estaba comenzado con el juego que arruinaría la vida de muchas personas, pero eso no lo sabía nadie, pero por el momento, Erik se sentía satisfecho por lo logrado el primer día, a penas había comenzado y ya había logrado que ella cayera ante sus encantos, como siempre, pero vaya lo que le costó besar la frente de aquella chica, así que para olvidarlo, simplemente se bañó, para eliminar cualquier rastro de “la gorda sebosa” y fue directamente a jugar videojuegos sin importarle la tarea de ese día.

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