Amelia es una joven que sufre una discapacidad visual; por la cuál, está perdiendo gradualmente la visión. Debido a su condición, y a su posición social, sufre acoso escolar por parte de sus compañeros; pero eso cambiará cuando conozca a Jaden, el nuevo estudiante que logra revolucionar la vida de Amelia y de los demás alumnos debido a su extenso prontuario delictivo. Ambos comenzarán una extraña e inocente amistad que los llevará a descubrir el amor; pero lamentablemente no todos son cuentos de hadas, porque la vida les tiene deparado la prueba más difícil que tendrán que enfrentar...
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Permiso
Al llegar a casa aún iba pensando en todas las cosas que Jaden me había dicho minutos antes, incluso estaba sonriendo como una tonta sin entender la verdadera razón de esos sentimientos que empezaban a aflorar en mí interior.
Crucé la sala en dirección a la escalera y cuando ya había subido un par de escalones escuché el carraspeo que suele hacer mí padre cuando está molesto por algo.
—¿Dónde estabas? —detuve la marcha en cuanto escuché su voz.
Me giré despacio mientras lo buscaba con la mirada hasta que lo encontré sentado en el pequeño sillón que está junto a la mesa del teléfono.
—En la biblioteca...
—¡Deja de mentir! —levantó la voz logrando asustarme —. Fui a recogerte para que no tuvieras que esperar el autobús; y curiosamente, la bibliotecaria me dijo que hoy no fuiste por allá.
Bajé lentamente los escalones que había subido, evitando mirarlo a la cara porque estaba demasiado apenada por haberle mentido, solo caminé despacio hasta detenerme frente a él.
—¡Estoy esperando una explicación, Amelia! —cuando está molesto su tono de voz se vuelve más grave e intimidante de lo normal.
—Estaba con Jaden —le confesé mientras mantenía mí cabeza abajo.
—¿Acaso no fui claro contigo? Te dije que no te quería cerca de ese muchacho; en cambio, tú decides desobedecerme viéndote a escondidas con él y lo peor de todo, es que me mentiste. ¿Qué pasa contigo Amelia? Tú no eres así.
—Lo siento, papá. Sé que te mentí y que no hice caso a lo que me pediste pero tienes que escucharme, por favor.
—¿Qué quieres que escuche? ¿Qué mentira vas decirme está vez? Tú no comprendes lo peligroso que es ese muchacho.
—Jaden no es peligroso. Él es amable conmigo y también me protege de los demás. Tú ni siquiera sabés el acoso que yo sufro a diario por parte de mis compañeros —comencé a llorar como una débil frente a él, pero necesitaba que supiera por lo que estaba pasando.
—¿Estás sufriendo acoso escolar? ¿Por qué no me lo dijiste antes? —su expresión de enojo cambio repentinamente a una de total preocupación.
—Porque sabía que te enojarías e intentarías hacer algo al respecto y eso solo te traería problemas en tu trabajo. Lo último que quiero es complicarte más las cosas, ya de por sí es difícil para ti, lidiar con una hija como yo.
—No digas eso. Tú no complicas mí vida; al contrario, eres la razón por la cuál sigo luchando día tras día —se levantó del sillón y me rodeó con sus brazos mientras dejaba un beso sobre mí cabeza —. Yo haría cualquier cosa por ti, mí pequeña.
—Entonces déjame estar cerca de Jaden. Es la primera vez que tengo un amigo dentro de esa escuela. No me prohíbas verlo, por favor —mí padre soltó un suspiro de frustración mientras negaba con su cabeza.
—Si eso es lo que quieres, entonces dejaré que sean amigos solo dentro de la escuela. Fuera de la institución, no quiero que estés reuniéndote por ahí con él.
—Pero papá, él necesita mí ayuda. Hoy precisamente fui a su casa porque necesita tutoría en algunas materias. Si no mantiene cierto nivel en sus calificaciones lo van a sacar del programa de reincersión y tendrá que ir a una correccional.
—Ay Dios, esto me está causando dolor de cabeza —apoyó la mano sobre su frente.
—Tú y yo sabemos que él cometió muchos errores en el pasado, pero también sé que está dispuesto a cambiar y si nosotros no lo ayudamos, no podrá hacerlo solo —hice puchero mientras papá me miraba serio —. Por favor, papito... —le supliqué entrelazando mis dedos.
Él volvió a suspirar y luego acarició mí rostro.
—Está bien, pero antes quiero hablar con él. Dile que el lunes por la tarde venga a verme —apenas dijo eso me lancé sobre él para abrazarlo.
—Gracias, papá, eres el mejor —dejé un beso sobre su mejilla.
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El lunes, durante la hora del almuerzo le conté a Jaden sobre lo que había hablado con mí padre después de que descubriera mí mentira. También le dije que papá lo estaría esperando para tener una conversación con él y en cuanto le mencioné eso, noté que se puso muy nervioso por lo que supuse que el motivo se debía a la mala impresión que mí padre siempre tuvo hacia él.
Ese mismo día; por la tarde, preparé té helado y horneé algunas galletas para ofrecerles mientras tenían su charla..
También me puse un vestido azul resaltando mí pálida piel y dejé mí cabello suelto para que él se llevará una buena impresión de mí.
Mí padre se encontraba corrigiendo unos exámenes dentro de su despacho mientras yo esperaba sentada en la sala mirando de tanto en tanto el reloj que cuelga en medio de la chimenea.
Cuando llegó la hora señalada, el timbre de casa sonó logrando que pegara un pequeño saltito sobre el sofá, entonces me dispuse a abrir la puerta de inmediato, pero lo que ví me dejó totalmente sorprendida.
Jaden estaba parado frente a mí con su cabello peinado hacia atrás, vistiendo una camisa blanca y un pantalón de mezclilla negro que combinaba perfectamente con unos tenis del mismo color.
Normalmente lo veo con el uniforme escolar o con su overol de trabajo, algunas veces también suele llevar una chaqueta de cuero y un pantalón rasgado; por lo que, al verlo vestido de esta manera hizo que mis mejillas se sonrojaran.
—¿Por qué te vestiste así? —le susurré.
—Tenía que darle una buena impresión a tu padre. Si venía con la ropa que normalmente uso no iba a cambiar la imagen que tiene sobre mí.
Él se estaba tomando esto demasiado en serio, hasta daba la impresión de que venía a pedir mí mano por lo cuál no pude evitar sonreír.
—Entra, mí papá te está esperando.
Lo pedí que me siguiera hasta el despacho y una vez allí, golpeé la puerta haciéndome anunciar.
—Adelante —la voz grave de mí padre se oyó desde el interior.
—Papá, Jaden está aquí.
—De acuerdo. Dile que pase y tú espera en la sala —me respondió sin levantar la vista de los exámenes.
El supuesto chico rudo entró algo temeroso, mientras yo me quedé afuera de la puerta tratando de oír su conversación pero la sólida madera de roble no dejaba pasar el sonido de sus voces por eso me devolví a la sala dónde me senté a esperar.
Los minutos pasaban a medida que mí nerviosismo crecía mientras caminaba de un lado a otro de la sala, entonces oí que la puerta del despacho se abrió dejándome ver la figura de Jaden frente a mí.
—Seguiré corrigiendo exámenes, ustedes pueden conversar en la sala —Jaden hizo una pequeña reverencia con su cabeza después de que mí padre dijera eso mientras una sonrisa se dibujaba en mí rostro.
Nos sentamos en silencio, uno junto al otro sobre el sofá mientras evitábamos mirarnos.
—¿Qué fue lo que te dijo? —le pregunté casi susurrando.
—Me dió permiso para venir a estudiar contigo los fines de semana. También me agradeció por cuidar de ti en la escuela y dijo que me ayudará a encaminar mí vida —inesperadamente alcanzó mí mano sujetándola con fuerza —. Nunca antes me había preocupado por mí futuro, pero ahora estoy completamente seguro de lo que quiero.
En cuanto dijo eso me giré hacia él para poder mirarlo a los ojos.
—¿Qué es lo que quieres, Jaden?
—Quiero ser una buena persona para permanecer por siempre a tu lado.
Después de confesarme eso, se fue acercando lentamente hasta dejar un suave beso sobre mí mejilla y luego apoyó su frente sobre la mía mientras ambos cerrábamos los ojos.
Este sentimiento que de a poco iba invadiendo cada célula de mí cuerpo como una poderosa energía imposible de detener, me devolvía la esperanza de saber que más allá de mí inevitable destino, siempre habrá alguien a mí lado para sostener mí mano cuando la temible obscuridad me consuma por completo.
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