Lyhia era una lectora que gritaba a la pantalla: «¡Este tirano es un padre de mierda!» hasta que tropezó con un cable y ¡pum! Despertó como Alice Sigrid, la niña de siete años que en la novela termina con la cabeza rodando por culpa del mismo tirano.
Plan perfecto; escapar antes de que papá Draven afine la guillotina familiar. Pero sorpresa, un sistema le regala puntos por soltar chismes mentales .
Lo peor; sus pensamientos son un megáfono invisible. Alice planea fugas épicas mientras piensa «¡Huyo esta noche, adiós palacio de locos!».
Resultado: todo falla “por casualidad”, mamá la abraza más fuerte y papá la mira como si fuera su posesión más preciada.
Chismes que salvan vidas, pensamientos que la condenan y un tirano que, contra todo pronóstico, empieza a parecer… ¿humano?
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Capítulo 6
Draven se encontraba en su estudio privado, sentado en su escritorio repleto de memoriales por revisar y rollos de pergaminos abiertos. Revisaba uno tras otro, aunque su mente no estaba del todo en las palabras escritas. La puerta se abrió sin ruido alguno; y el sirviente personal ingreso, seguido de una doncella joven que llevaba consigo una bandeja de plata con una tetera humeante y una taza de porcelana fina.
— Su Majestad —dijo en voz baja—Por favor, pruebe este nuevo té. Dicen que alivia la mente, calma los nervios y beneficia mucho a la salud.
Draven levanto la vista apenas un instante y asintió sin palabras. Inmediatamente, el sirviente se colocó a su lado mientras la doncella avanzaba con la bandeja en manos y en buen equilibrio; sus pasos eran bastante silenciosos sobre la alfombra gruesa. Cuando estuvo lo suficientemente cerca, el sirviente extendió la mano para tomar la bandeja y servir el té. En ese preciso instante, la doncella sacó un cuchillo delgado que tenía oculto bajo la bandeja. El movimiento que hizo fue rápido, casi felino. Intento clavarlo directamente en el pecho del emperador, pero este reaccionó con mucha velocidad, y con su mano izquierda bloqueó la mano de la joven mientras su cuerpo se inclinaba hacia atrás evitando la estocada por apenas unos centímetros. La hoja solo rozó su antebrazo, dejando un corté limpio y superficial que le empezó a sangrar al instante.
El cuchillo cayó al suelo con un tintineo. El sirviente en ese momento grito una orden inmediata, aclamando ayuda, y dos guardias entraron al instante corriendo desde el pasillo con sus espadas en manos; rodeando a la doncella en segundos. Ella permaneció inmóvil, jadeando con los ojos fijos en Draven y una expresión de odio puro. No pasó mucho cuando su guardia personal apareció en la puerta un instante después, y sin esperar saco su espada y la colocó justo en el cuello de la joven, presionando lo justo para que sintiera el frío del acero pero sin cortarla. Draven se llevó la mano al corte en el brazo, mirando la herida que empezaba a manchar sus dedos de sangre.
"Deverdad hay alguien que intenta matarme "
Se inclinó ligeramente hacia la doncella, y hablo con un tono de voz baja. —Habla. ¿Quién te envío? —le interrogó, pero ella solo lo mir con desprecio absoluto, sin rastro de miedo en su mirada.
—Tirano —escupió ella —Eres un malvado que mata a los leales. Mereces morir. No necesito otra razón para querer matarte; otros te temen pero yo, hija menor de los Yang no. —con la respiración un poco agitada, hizo una pequeña pausa—Mataste injustamente a toda mi familia. No tienes honor ni palabra, solo sangre en las manos.
Draven se quedó quieto. En ese momento, un recuerdo le atravesó la manera como un relámpago fugaz. La pequeña voz infantil de Alice resonó clara en su cabeza. “ Los mató injustamente... se lo merece... solo terminará herido, no morirá... " Al desaserse de esos pensamientos miro a la doncella un segundo más, luego giro hacia su guardia personal, y le dijo que ordenará al Ministerio de justicia reabrir el caso de la familia Yang, y que se volvieran a revisar los testimonios y documentos pasados. En cuanto a la doncella, decido encerrarla en lo que todo se investigaba, aunque claro, no se libraría del castigo por el intento de asesinato. En cuanto los guardias se retiraron, Draven volvió a quedar solo de nuevo junto a su sirviente, mirando la herida en su brazo. Pero pronto se puso de pie con una expresión impasible, pero aún con una duda que no había mostrado en mucho tiempo.
Alice tenía razón...
Ella había predicho que terminaría herido esa misma noche. No muerto, solo herido. Y lo había dicho con la misma certeza con que lo insultaba internamente. ¿Cómo podía una niña de siete años saberlo? ¿Podía predecir el futuro? ¿O era algo más? Todo lo que había dicho hasta ahora... ¿sería verdad?. Se ajustó la túnica, y le ordenó a su sirviente que lo acompañara. Iban a los aposentos de la consorte real.
Mientras tanto, Alice caminaba con pasos medidos por los jardines traseros del palacio. Llevaba un sencillo uniforme de doncella que Seraphina había sacado. Su cabello negro había sido recogido en un moño bajo con una cofia blanca que ocultaba su longitud inusual para una sirvienta común. A su lado, su madre avanzaba con la misma vestimenta, tenía una expresión pálida, pero decidida, alerta a cada sombra que se veían entre los setos. Ninguna hablaba, no hacía falta. El plan era simplemente y desesperado; aprovechar la oscuridad de la noche, el cambio de guardia y los senderos menos vigilados que serpenteaban detrás de los pabellones de las concubinas menores. Alice había memorizado cada detalle con el mapa que el sistema le había desbloqueado a cambio de unas misiones.
Y sí, era exactamente lo que cualquiera imaginaria; su primer intento real de huir del palacio sin ser descubiertas. Dos figuras vestidas de doncellas comunes, deslizándose hacia la salida trasera, que según el mapa del sistema daba a un callejón exterior poco vigilado. No era un plan perfecto, pero era el único que tenían y por ahora, nadie las había visto.
—Alice, querida... creo que deberíamos volver. Esto es una locura. Si nos descubren...
Alice se dio la vuelta rápidamente, poniendo las manos en su cintura y manteniendo su pequeño cuerpo erguido con mucha firmeza.
—Madre, no es momento de retroceder. Si no escapamos pronto, terminaremos como esa doncella. Degolladas por ese padre perro. ¿Quieres que nos corten la cabeza? —Alice suspiro y se alejó un poco—Vamos. Ya casi estamos cerca de la salida.
Dieron unos cuantos pasos, y luego otro. Fue entonces cuando Alice choco de frente contra alguien. El impacto la hizo retroceder un paso y la cofia se le movió un poco; Miro hacia arriba despacio... y allí estaba él. Draven Sigrid, inmóvil bajo la luz plateada de la Luna, con aquellos ojos rojos que brillaban con una seriedad que parecía cortar el aire. No había sorpresa en su rostro, solo esa calma fría que precedía a las tormentas. Seraphina por su parte se congeló a su espalda, y su respiración parecía atrapada en su garganta. Alice trago saliva, sintiendo su pequeño y diminuto corazón latir muy rápido en su pecho. Intentó sonreír un poco, como hacía cuando estaba en el hospital y necesitaba enfrentarse a pacientes complicados.
— H-hola… padre… Q-que sorpresa verte por aquí...
“ ¡Mierda, mierda, mierda! ¡¿En serio el universo me odia tanto? ¡Justo ahora, cuando ya olía la libertad! ¡Maldito timing cósmico de pacotilla! ¡Si me mata aquí, juro que lo maldigo desde el más allá por toda la eternidad! "
La sonrisa se mantuvo en su rostro, pero sus ojos idénticos a los de él, parpadearon con un nerviosismo que no podía ocultar del todo. Draven no dijo nada, solo las miro a ambas en silencio como si estuviera midiendo el peso de una sentencia que aún no había pronunciado.
y si como dijeron los secuestradores el emperador es tan tonto sabiendo en el peligro que está su familia no les a proporcionado seguridad 😡
unnn algo no cuadra con el hermano🤔
ojalá esta vez lo plane vien