Décimo primer libro de la saga colores
El capitán Albert Mercier, un lord arruinado de Floris emprenderá un viaje al mar a una misión de alto riesgo hacia una tierra desconocida, (Polemia) un reino helado donde se topara con Mermit, una nativa arisca que desafiará su destino.
¿Podrá el amor superar las barreras del entendimiento? Descúbrelo ya.
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3. El dios que me reclamó
...MERMIT:...
Desperté, desorientada, escuchaba gruñidos y voces que hablaban un idioma distinto.
Una mirada color plata, un hombre extraño o un dios de cabellos dorados.
Mi única respuesta era atacar, una palmada en el rostro, terminé fuera de su agarre, sobre un suelo lleno de piedras.
Solté un gruñido de furia.
Escuché los ruidos.
A mi alrededor estaban tres hombres más, uno tenía el cabello como la sangre y el fuego, otro no tenía cabello y tenía una barba larga y el otro era delgado.
Y ella, la mujer cuyos rasgos me indicaban que era una diosa, tenía el cabello como el cielo de la tierra blanca y en cada ojo una mirada distinta.
"Vaya, eso debió doler"
"Tiene buena pegada" Mi raptor se cubrió el rostro "Maldición"
Intenté levantarme, pero el dolor en mi pierna y mi costado me hizo caer sobre el hombre que me tenía sujeta anteriormente.
"No puedes moverte, estás herida"
Lo que salía de su boca no era entendible, pero sonaba como el viento.
Fruncí el ceño.
Recordando lo que había ocurrido y como llegué allí.
Era un lugar extraño, la montaña de piedra estaba aún, pero aquí había piedras en lugar de nieve y se escuchaba un sonido que era nuevo para mí, el viento aquí tenía un ruido extraño.
Esto significaba que este hombre me había reclamado como suya.
No me agradaba en lo absoluto.
Tiré de su cabello, no era un cazador de una tribu. Era incorrecto, tal vez también era concebido por los dioses o era uno de ellos, toqué su rostro con brusquedad y observé su apariencia.
Sus pieles eran distintas, vestiduras que jamás había visto en mi vida.
Olfateé, olía diferente, un olor nuevo que no entendía.
Observé a todos con enojo.
Todos eran dioses.
Observé de nuevo al que me tenía sujeta, empujé su pecho.
Tomó mis muñecas.
"Cálmate, no somos enemigos"
"Capitán, creo que no podrá lidiar con esa bestia" uno de ellos soltó una risa.
" ¿La atará al mástil cuando estemos en el barco? Dudo mucho que pueda tomar el timón con esa fiera saltando por todas partes y atacando a quien se le atraviese"
"Mientras no se meta a la cocina" Bramó Osmar.
Me zafé de su agarre, gruñendo con fuerza, pero el dolor en mi costado me detuvo.
Me apoyé de su pecho la respiración agitada por el enojo.
Al final no podía librarme de ser reclamada.
Todo cambió abruptamente, ellos se movieron, gritando cosas.
El dolor me tenía demasiado mal.
El hombre se levantó conmigo en sus brazos, salimos de esas rocas.
Habían más hombres de las tribus, ahora se dirigían para atacar.
No supe de donde salieron más mujeres y niños extraños, parecían estar allí también, corrieron.
Él corrió sacudiéndose más fuerte, haciendo señas a las mujeres y niños.
Observé impactada, había un charco enorme que no parecía tener fin y el sonido que antes me tenía desconcertada provenía de la orilla, donde agua avanzaba y retrocedía.
El salvaje que actuaba como un hombre extraño arrastró otra cosa que no podía describir.
"¡Los salvajes!"
"¡Suban al bote, ya!"
No entendía la gente extraña estaba subiendo a esas cosas que flotaban en el agua.
Ese hombre avanzó hacia el agua y me desesperé, temblando, me dejó dentro de esa cosa con los niños y las mujeres.
Tomó lo que parecía ser una lanza con punta plata y subió, empezó a usar esa lanza en el agua.
Esa cosa se sacudió y yo intenté aferrarme a algo.
Empecé a desesperarme cuando se movió bruscamente.
Intenté levantarme para correr y salir huyendo.
Definitivamente eran los dioses y pretendían llevarme, no estaba lista para irme de la tierra blanca.
"¡No te levantes!" Me gritó algo, mientras sostenía el remo.
Caí sobre una mujer y unos niños.
Ellos lloraban.
Tampoco querían irse.
Me desesperé.
Observé a todas partes.
No podía aventarme al agua.
Tenía miedo.
Había una cosa más grande sobre el charco e íbamos hacia él, parecía un monstruo flotando sobre el agua.
Tomé lo que él estaba usando para avanzar y tiré para quitárselo.
Se resistió, con el ceño fruncido.
"¡Basta ya, harás que el bote se voltee!"
Las mujeres y niños lloraban más, pero tiraron de mí, rodeando mis brazos y mi cintura.
¿Por qué me detenían? Intentaba salvarlos.
Me sentía mareada mientras gruñía y pataleaba.
No pude resistir más.
Y volví a desplomarme.
...****************...
Abrí los ojos nuevamente, desesperada, gruñendo y temblando.
Estaba en un lugar extraño.
Había un constante movimiento, algo que crujía a mi alrededor. Todo lucía tan extraño que no podía describirlo, ni siquiera podía pensar algo coherente.
Era obra de los dioses.
Incluso sobre lo que estaba acostada era de ellos.
La carpa ya no era de piel, era sólida y espaciosa, parecía de madera y estaba llena de cosas más curiosas.
Una luz brillaba dentro de algo redondo y transparente, colgado sobre una de las paredes.
Lo único que sabía era que ya no estaba en la tierra blanca.
"Hola, ya despertaste"
Fruncí el ceño.
Era él, pensaba que me había librado de ese ser.
Estaba sentado en algo que parecía cómodo.
Aún no comprendía porque ese salvaje estaba con los dioses y con el que se comportaba como uno de ellos.
"Estás a salvo, te vendamos y curamos"
Ya no tenía la mayoría de mis pieles, sentía la zona del costado apretado y también había algo envuelto en mi pierna.
Quería golpearlo para que dejara de hacer ruido y señas.
Le dí un manotazo en la boca.
Él retrocedió aturdido y desconcertado, decidió alejarse, con un gesto de dolor.
"De acuerdo, no me acerco"
Me senté con cuidado, haciendo un gesto.
Él buscó entre sus objetos sobre una superficie.
Se acercó con algo.
"¿Quieres comer?" Me tendió la cosa de color rojo como la sangre, era redondo.
Me quedé quieta.
Se agachó con cuidado.
"Esto es comida" Dijo, sacando una hoja filosa de su cinturón, lo hundió en la cosa, cortó un trozo y lo llevó a su boca, masticando.
Volvió a tender el resto.
¿Eso se comía?
No parecía comestible.
"Sabe bien" Insistió en que lo tomara.
Lo hice, arrebatándole.
Observé la cosa en mis manos, la olí un poco.
Olía casi como él.
Mordí, la superficie era dura, pero se rompió rápidamente.
Mastiqué, era crujiente y acolchonada.
El sabor era tan distinto, sabía mejor que las bayas silvestres que nacían en ocasiones escasas.
Era más delicioso, más dulce.
Mastiqué con prisa, mordiendo más y más.
Tenía hambre.
El manjar de los dioses era delicioso.
"Ya, eso no se come" Dijo cuando llegué al centro.
Me la arrebató y solté un gruñido.
"¡Tengo más!" Se alejó de nuevo, a la superficie.
Volvió con otra.
Se la quité y mordí.
Comiendo más y más.
Si este hombre me estaba alimentando es porque quería hacerme parte de su tribu de dioses.
Quería que yo fuera su hembra, para servirle y criar.
Así elegían los hombres a las mujeres de mi tribu, le daban más porciones de comida y también más pieles, le aseguraban un lugar cálido en el fuego y cuando llegaba el rito ellos las tomaban frente a todos.
Los dioses nos regían, así que ellos también debían hacer lo mismo con sus mujeres.
Y yo nací de la tierra blanca, por eso era diferente a toda mi gente, porque estaba dispuesta a un dios, a mi amo.
Mordí ese rico manjar con su mirada sobre mí.
Sonrió y eso era una señal también de que me había elegido.
Mis hermanos solían sonreírle a las mujeres de la tribu.
Lo evalué, esperando que empezara a soltar las plegarias, pero volvió a sentarse.
Claro, tenía que estar frente al resto para iniciar el rito.
"Tanta furia tenía que significar que tenías hambre"
Quería saber que tanto decía.
Su cabello se movió cuando inclinó la cabeza a un lado.
Me intenté levantar y tomo una postura alerta.
Me dolía la pierna y el costado, así que tuve que volver a acostarme.
Terminé todo el manjar.
Así que permití volver a cerrar los ojos.
Cuando los abrí nuevamente, me encontré sola en ese lugar.
Decidí levantarme con cuidado.
Quería comer más.
Me acerqué cojeando a la superficie plana que sobresalía del suelo.
Había más cosas curiosas.
Toqué objetos sólidos, figuras extrañas.
Observé el manjar de los dioses y tomé otro.
Escuché una respiración profunda.
Me acerqué detrás de la superficie.
El hombre estaba allí, durmiendo sobre una superficie más grande y esponjosa a la vista, con pieles.
¿De qué animal estaban hechas?
Los dioses debían tener sus propias criaturas, más que nosotros.
Me acerqué a curiosear.
Caminé hacia él y me agaché un poco.
Ellos también dormían como nosotros.
Observé sus prendas.
Pasé una mano por el material de su pecho, las pieles que lo mantenía más sujeto al cuerpo.
Tiré un poco, algo lo mantuvo sujeto, pero se abría en secciones.
Tiré más fuerte.
Uno de esas cosas se desprendió y salió disparado.
Lo seguía por el suelo, rodó.
Abrí las pieles y más de esas cosas salieron disparados.
Me sorprendí al no hallar ningún símbolo.
Lo que confirmó mis sospechas.
Era un dios, ningún miembro del clan carecía de nuestras runas. Ellas nos permitían entrar al mundo de los dioses cuando nuestro espíritu dejara nuestros cuerpos.
Este cuerpo era diferente, era más firme, tenía incluso más líneas en el abdomen y menos vellos.
Toqué con cuidado hasta abajo, donde la otra piel cubría con un trozo de cuero fijo.
Debía averiguar como abrir eso.
Tiré de esa tira de cuero.
No cedía.
La respiración se le atoró.
Y se movió bruscamente.
"¿Qué rayos haces?"
Me observó con los ojos como platos.
Seguí tirando del cinturón.
Él apartó mi mano y se sentó, como si eso le asustara.
Era extraño que un dios actuara así.
Tomó los dos extremos de sus pieles.
"¿Rompiste mi camisa?"
Lucía muy impactado.
No entendía.
Tal vez no le agradaba que yo iniciara, debía acostarme boca abajo y esperar, pero sentía curiosidad de este hombre, era tan diferente a los de mi tribu, incluso era más fornido que ellos y esa falta de símbolos dejaba su piel más al descubierto.
Volví a tomar su cinturón y tiré.
Me empujó y caí al suelo.
Se levantó alterado.
"Esto debe ser una broma" Se cubrió el rostro y luego tomó una larga respiración.
Me quedé en el suelo.
Sí, golpearme era otra señal.
Volvió a observar.
"Es obvio que sentiste curiosidad, no hay nada malo en esto" Susurró.
Se agachó y me tomó del brazo.
Me levantó.
"Siéntate ahí y no hagas nada" Elevó sus manos de nuevo, señalando donde estaba acostado.
Hice lo que pidió, quería que me colocara sobre eso.
Me coloqué boca abajo y elevé mi cintura.
Esperé.
No sucedió nada.
Observé de reojo hacia él.
Parecía no entender lo que estaba haciendo.
Este dios era como los búfalos cuando no querían moverse, no comprendía nada.
"Oye, acuéstate, duerme, yo tengo que guiar el barco"
Se alejó y fruncí el ceño.
Rebuscó en otra cosa y sacó una piel.
Se terminó de quitar la que llevaba puesta, se la colocó, volviendo a sellar la prenda.
Tendría que volver a arrancarlas luego.
Me senté.
Esto era extraño.
Por dentro me sentí aliviada de no pasar por el ritual estando tan adolorida.
hay Albert al ritmo que vas con Mermit pronto tendremos bebés a bordo 🤰🤣🤣☺️ y tendrás boda pronto hijos y esperó que sean gemelos o mellizos y si cuela uno más hasta serían trillizos 😂😂👏