Nuestros mundos eran diferentes, nuestros caminos... pocas veces se cruzaron. Éramos como dos líneas paralelas que no debieron encontrarse, mas, sin embargo; el universo quiso que así fuera.
Yo no estaba preparada para enamorarme de ti, de caer en tu juego de seducción y pasión desbordada, de aquel amor que todos miraron prohibido al principio, pero, que solo nosotros dos, entendimos como sucedió. Somos el equilibrio perfecto entre el dolor y el placer, entre conocer la virtud para después familiarizarnos con el vicio.
Tú me amas, yo te amo, nuestros cuerpos son el ejemplo perfecto de que dos almas están destinadas a estar juntas aun cuando la muerte acechaba en cada rincón de nuestra existencia. Tu eres el dragón que me envuelve en sus fuego incandescente, eres la marca que deseo en mi piel por siempre.
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IX — INCONVENIENTES
Después de dos días de reposo, que me dio mi Jefe debido a las heridas que tuve, en mi rostro y cuello, descanse un poco hacía tiempo que no descansaba, mi mejilla esta menos hinchada y menos enrojecida, aún me aplico una pomada para la marca, la que más me duele es la del cuello, malvada Cruella Devil, te odio.
Entro a la oficina de mi Jefe con su respectivo café y empezó a verme burlón que me dirá esta vez
— ¡Llegó la exconvicta por fin! — comienza a aplaudir y se levanta y queda a un lado de su escritorio mientras sigue aplaudiendo, yo empiezo a contonear mis caderas haciendo una pequeña pasarela doy una vuelta y le digo.
— ¡BUENOS DIAS! Para ti también, te extrañé — Me mofo en su cara mientras reímos y se acerca y me da un pequeño abrazo, y toca mis mejillas con un suave toque, yo me estremezco ante tal acción y le observo sonreír con sus preciosos hoyuelos.
— ¿Y ese modelaje? Estas alegre no, ¿Tu cara esta mejor verdad? — me dice mientras se vuelve a sentar y yo asiento, mientras me dirijo a la puerta y le pregunto.
— Iré por el desayuno, ¿Deseas algo especial? —Le veo su mirada pícara, yo no sé ni para que le pregunto si la respuesta es la misma "A MI", ruedo los ojos y una nueva sonrisa dibuja con dos lindos hoyitos.
Camino a la cafetería, y veo más variedades de desayunos, pero esta vez no haré excepciones y lo castigaré por burlarse de mí y llamarme exconvicta.
— Señorita dos ensaladas de frutas por favor y dos yogurts naturales — La chica anota mis pedidos y yo solo le entrego el pase del serial, ya ella sabe que son para el Jefe mayor, me entrega mis desayunos y me dirijo nuevamente al ascensor, saludo de regreso otra vez a la recepcionista y ella me devuelve una sonrisa, presiono 22 y subo.
— ¡SUGAR BOY te traje algo que te va a gustar! —Me observa curioso esperando a ver que es, frunce su ceño cuando abro su desayuno, quisiera tener una cámara y tomarle una foto de su expresión, carraspeo y le veo seria — Comerás frutas hoy — Le hago señas con las cejas para que lo tome y empiece a comer, no hace nada, no se mueve — Felipe me desesperas te lo juro — Ruedo mis ojos con molestia y el solo ríe como un niño mimado, su sonrisa me contagia y le agarro sus mejillas para darle unos pellizcos mientras le digo — Come bebé, son buenas para tu salud — Le sigo pellizcando sus mejillas mientras él ríe y yo igual hasta que él se queja.
— ¡Auch! — retiro mis manos y él se acaricia sus mejillas — Esta bien, comeré, no me vuelvas a castigar con este desayuno de nuevo ¿ok? —Me sentencia con su mirada y yo solo aflojo los hombros en señal de que no me importa, mientras me deleito en mi desayuno.
Terminamos de desayunar, limpié todo su escritorio y volví al mío, tomé unos documentos y debía ir a otro piso a llevarlos cuando me levanto y lo veo, a él, a el señor Ferrer, observándome fijamente, llevaba un traje negro, camisa negra, y su corbata igual, todo negro « ¡Dios mío que precioso! » mis piernas casi me traicionan.
« ¡Estúpidas piernas no reaccionan, ni avanzan ni se quedan quietas! » trago saliva cuando el entrecierra sus ojos para luego darme una media sonrisa y hablarme.
— ¿Tú Jefe está ocupado? — ¡Joder! esa voz, ronca y fuerte. Me observa mientras sigo tragando saliva, ya tengo la garganta seca y asiento — Entonces vendré en otro momento — se da media vuelta y yo observando como estúpida ¿Porque se va? Hasta que me doy cuenta, reacciono y doy unos pasos delante.
— Sí, sí está, el señor Felipe está en su oficina yo le comunico que usted está aquí, discúlpeme señor Ferrer estaba pensando en usted, digo, — le veo con pena — Perdón en otra cosa.
« Estúpida Tabatha, no puedes decir otra cosa mejor, que vergüenza »
— Espéreme aquí ¿sí? —Él asiente, ni se ríe ni me contesta, tomo el intercomunicador mis dedos tiemblan y sudan, me siento torpe — "Señor Felipe, el señor Ferrer está acá ¿Le digo que pase?... Bien, está bien, —Sigo asintiendo a la llamada y cuelgo — Puede pasar señor Ferrer —Le doy una pequeña sonrisa, me mira con sus ojos fríos antes de entrar, demonios sí que asusta.
En la oficina...
Narra Adrien
— Estás de humor Felipe ¿A qué se debe? —Le pregunto tentativo, aunque ya sé que es por la preciosa Tabatha— Cuéntame que te trae babeando —Le bromeo.
— Bueno mi sonrisa se debe a que Tabatha es quien me limpia la baba — el ríe como un niño « Este si es idiota » Pienso, realmente mi amigo está mal.
— Pensé que dejarías eso atrás ¿Aún insistes? —Le digo sarcástico, me encanta hacerlo, verlo molesto me causa mucha gracia.
— Adrien — escupe entre dientes, y yo solo observo en silencio mientras río por dentro, idiota babeando por la chiquilla — No te voy a negar —Se acomoda en su silla para verme más fijamente y yo solo lo veo hacerlo ni me inmuto ni le contesto— Me gusta, es muy tranquila, sencilla, alegre... puedo jugar con esa chiquilla, aunque sea...— le interrumpo sin temor.
— ¿Prohibida verdad? —Iba a responderme y le volví a cortar en seco— ¿Prohibida verdad? —Le digo lentamente y a regañadientes. Me mira con una cara de querer matarme, pero se lo digo por el bien de ambos más que todo por la chiquilla — Maldición Felipe — Golpeo la mesa con fuerza, él ni reacciona, sabe que tengo razón, me mira con odio, pero no me importa — Reacciona a tiempo, antes de que sea tarde, termina este juego de una buena vez, lo vas a lamentar Felipe — Le espeto estas últimas frases lentamente.
— Cambia el tema Adrien —Me voltea los ojos, él sabe que tengo razón, y yo asiento leve para dejarlo pasar, está molesto, pero no lo demuestra.
— Karla quiere un bebé —Mi amigo me ve y niega con la cabeza, sí, mi esposa está loca.
— Sabes que no puedes Adrien, todo cambiaría y se complicarían las cosas para ti y tu futuro, le dijiste que no ¿cierto? —Me observa y yo asiento.
— Yo soy más de hechos Felipe, tú sabes eso mejor que yo —Le digo firme y en voz baja — Fue una propuesta que me hizo Karla para arreglar el desastre de matrimonio que tenemos ¿Lo puedes creer? — Ladeo mi rostro en negación, y hago media sonrisa mi amigo asiente, ambos pensamos igual.
— ¿Qué hay del otro? —Todo bien hasta que me recuerda ese maldito punto—
La muy cínica, se oculta bien, lo hace muy bien — Desgraciada, ¿Cómo se atreve a engañarme y luego pedirme un bebé? ¿A que juega?
— Diablos Adrien, la juegas ruda ¿no? — asiento, pero le doy una mirada segura, él sabe que yo soy de pocos sentimientos, si algo me molesta lo desaparezco, y si algo quiero lo obtengo — No sé qué haría en tus zapatos de verdad, no sé cómo tienes esa paciencia para manejar algo así, ni se te notan los jodidos cuernos, mierd... —Niega con su cabeza sorprendido por las granadas que le lanzo, así soy yo, nada me hace reaccionar, ni lo más mínimo; ni lo más pendejo. La dinastía de mi abuelo y mi padre me enseñaron a ser así, a no tener flaquezas, ni debilidades por nada, ni por nadie y por mujeres, mucho menos.
En el baño...
« Termino aquí y voy a Recursos Humanos » pienso para mí misma, seco mis manos con papel, cuando me dispongo a girar toman mi muñeca con una fuerte presión.
— Sólo te diré una cosa salvaje — Me señala y yo quedé muda ante tal acción, está loca me siguió hasta el baño, ¿Que hace aquí? ¿Como se atreve a entrar así? Adrien la trajo, ¿Vino con él? ¿Para qué me hiciera más daño? ¿Qué es esto? — No cantes victoria aún, observa mi cara, porque la verás muy pronto, ¿Entendiste?
Me fija su mirada asesina, si esta mujer trajera un arma, no dudaría en usarla. Suelta mi muñeca y sale así sin más, yo me quedé estupefacta, no me la esperaba aquí.
« Cálmate Tabatha, Felipe no puede notar tus nervios, ni preocuparlo menos, cálmate respira hondo y sales »