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Una Esposa Por Un Año

Una Esposa Por Un Año

Status: En proceso
Genre:Romance / Matrimonio contratado
Popularitas:5k
Nilai: 5
nombre de autor: maleramram

¿Qué sucede cuando un matrimonio comienza como un acuerdo y termina convirtiéndose en el único lugar al que ambos desean pertenecer?

Nyssa Johnson está dispuesta a sacrificarlo todo por su familia, incluso sus propios sueños. Cedric Vellane tiene dinero, poder y una vida sin compromisos, pero está a punto de perder a la única persona que siempre ha estado a su lado: su abuela.

Un matrimonio por contrato parece ser la solución perfecta para ambos. Ella obtendrá la estabilidad que necesita y él cumplirá el último deseo de Eleanor.

Sin amor, sin obligaciones y con una fecha de vencimiento.

Pero entre besos fingidos, discusiones y sentimientos inesperados, las reglas comienzan a desmoronarse.

Y cuando el contrato termine, tendrán que descubrir si lo que los une es suficiente para elegirse sin ninguna obligación.

Porque fingir un matrimonio es fácil. Lo difícil es dejar ir a quien nunca planeaste amar.

Él la dejó marchar porque creyó que no tenía derecho a pedirle que se quedara. Ella se fue creyendo que él nunca la había elegido. Ninguno imaginó que, al separarse, también estaban dejando atrás una parte de sí mismos.

NovelToon tiene autorización de maleramram para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La llamada

Cedric estaba revisando un contrato cuando su teléfono comenzó a vibrar.

No le prestó atención al principio. Tenía varias reuniones pendientes y George llevaba toda la mañana recordándole que debía revisar los términos del acuerdo que su abogado estaba preparando.

Pero el teléfono volvió a sonar.

Un número desconocido.

Cedric estuvo a punto de rechazar la llamada. Entonces recordó la tarjeta que había dejado en la cafetería y miró la hora.

—¿Sí?

Durante unos segundos no escuchó nada, salvo una respiración tenue al otro lado de la línea.

—¿Señor Vellane?

La reconoció de inmediato.

Era la voz de Nyssa.

Cedric dejó el bolígrafo sobre el escritorio.

—Sí. ¿Quién habla?

—Soy Nyssa Johnson. Nos vimos en la cafetería.

—Lo recuerdo.

Hubo una pausa.

Cedric se acomodó en la silla, esperando que ella continuara. No quería precipitarse. Cuando había dejado su número, había supuesto que tendría que buscar otra forma de acercarse a ella, quizá explicarle personalmente que se trataba de una propuesta seria y no de una invitación desagradable de un desconocido con demasiado dinero.

Sin embargo, Nyssa había llamado.

Y eso ya era algo.

—Mi encargada me dijo que quería ofrecerme un trabajo —dijo ella.

Cedric observó los documentos que tenía delante.

—No exactamente.

—Entonces, ¿qué quiere ofrecerme?

Su tono era cauteloso, aunque había algo más debajo de aquella prudencia. Una tensión que Cedric no había percibido cuando hablaron en la cafetería.

Parecía estar haciendo un esfuerzo por mantener la voz estable.

—Prefiero explicártelo en persona. Es una propuesta que requiere una conversación seria y quiero que tengas toda la información antes de decidir nada.

—¿Es un trabajo o no?

La pregunta fue directa.

Cedric se quedó callado un instante.

—No. No es un empleo convencional.

Al otro lado de la línea, Nyssa dejó escapar el aire lentamente.

—Entiendo.

Pero no parecía entender nada.

—Señor Vellane, necesito saber de qué se trata antes de aceptar una reunión. No puedo perder tiempo con algo que no me sirva.

Cedric apoyó la espalda contra la silla.

La respuesta le pareció razonable. Nyssa tenía tres empleos y, por lo que había leído en el informe, cada minuto de su día estaba ocupado.

Aun así, no había esperado tanta franqueza.

—Es una propuesta matrimonial —dijo finalmente.

El silencio fue inmediato.

Cedric esperó una risa nerviosa, una pregunta incrédula o incluso un insulto.

En cambio, escuchó una respiración entrecortada.

—¿Matrimonial?

—Sí.

—¿Usted quiere casarse conmigo?

—Quiero proponerte un matrimonio por contrato. Son cosas distintas.

Nyssa no respondió.

Cedric se inclinó hacia delante.

—Antes de que saques conclusiones, quiero dejar algo claro. No te conozco lo suficiente para hablarte de amor, y no voy a fingir sentimientos que no tengo. Estoy buscando una esposa con la que pueda establecer un acuerdo temporal. Ambos tendríamos obligaciones concretas y derechos que quedarían por escrito.

—¿Y por qué yo?

Era una pregunta que Cedric había previsto, aunque la respuesta no resultaba sencilla.

Podía decirle que necesitaba una mujer discreta, que no estuviera enamorada de él y que no pretendiera convertir aquel matrimonio en una relación sentimental. Podía explicarle que ella le había parecido independiente, trabajadora y poco interesada en su dinero.

Pero ninguna de esas razones explicaba por completo por qué había regresado a buscarla.

—Porque creo que podríamos llegar a un acuerdo beneficioso para ambos —respondió—. Pero eso no significa que tengas que aceptarlo.

Nyssa permaneció en silencio.

Cedric miró el reloj.

—No quiero que tomes una decisión sin conocer las condiciones. Podemos reunirnos mañana, en un lugar público, y te explicaré todo. Si no te interesa, nos despedimos y no vuelvo a molestarte con el tema.

—¿Cuánto dinero?

La pregunta lo sorprendió.

No por el interés económico, que era lógico en un acuerdo semejante, sino por la manera en que la formuló.

No había curiosidad ni entusiasmo en su voz.

Solo una necesidad urgente de saber si aquello podía ser real.

Cedric recordó el informe de George. Las deudas. La madre hospitalizada. El hermano pequeño. Los tres empleos.

Pensó que quizá tendría que darle más motivos para considerar su propuesta. Tendría que explicarle las ventajas, aclarar las condiciones y demostrarle que no pretendía aprovecharse de ella.

Pero entonces escuchó la siguiente pregunta.

—¿Cuánto estaría dispuesto a pagarme por casarme con usted?

Y comprendió que Nyssa no estaba llamando por simple curiosidad.

Nyssa tenía el teléfono pegado a la oreja y la otra mano aferrada al borde de la mesa de la cocina.

Había esperado hasta que Ale se durmiera para hacer aquella llamada.

No quería que su hermano escuchara una conversación que ni ella misma entendía.

Desde la mañana, las amenazas del prestamista no habían dejado de perseguirla. Había pasado horas intentando trabajar con normalidad, sobresaltándose cada vez que alguien entraba por la puerta y mirando la hora como si el reloj pudiera ofrecerle una solución.

Cuarenta y ocho horas.

No tenía esa cantidad de tiempo para seguir fingiendo que podía resolverlo todo sola.

Por eso había buscado la tarjeta.

No porque confiara en Cedric Vellane.

No porque quisiera casarse.

Y mucho menos porque creyera que un hombre rico iba a aparecer en su vida para salvarla.

Lo había llamado porque necesitaba saber qué ofrecía. Si era una propuesta absurda, colgaría. Si implicaba algo que no estaba dispuesta a hacer, también.

Pero si existía una posibilidad real de conseguir suficiente dinero para proteger a su familia, tenía que escucharla.

Aunque le diera miedo.

Aunque le resultara humillante.

Aunque tuviera que tragarse el orgullo para preguntar cuánto valía aquella propuesta.

—La cantidad dependerá de las condiciones que acordemos —respondió Cedric—. No voy a darte una cifra sin explicarte primero qué espero de este matrimonio.

Nyssa cerró los ojos.

—Necesito saber si estamos hablando de una cantidad suficiente para mantener a mi familia.

Hubo una pausa.

—¿Tienes deudas?

Ella apretó los labios.

No quería contarle sus problemas a un desconocido. No quería que la mirara con lástima ni que creyera que, porque necesitaba dinero, podía disponer de ella a su antojo.

—Tengo responsabilidades —contestó—. Y no puedo permitirme aceptar algo que después no pueda cumplir.

—Eso es razonable.

La respuesta la desconcertó un poco.

Cedric no le había preguntado por qué necesitaba dinero ni había comenzado a ofrecerle soluciones antes de escucharla. Tampoco había utilizado un tono condescendiente.

Se limitaba a hablarle como si su opinión importara.

Nyssa no estaba acostumbrada a eso cuando se trataba de sus problemas económicos.

—¿Qué tendría que hacer exactamente? —preguntó.

—En principio, casarte conmigo y mantener la apariencia de un matrimonio real ante mi familia. Mi abuela está enferma y su mayor deseo es verme casado. Quiero concedérselo mientras todavía tengo la oportunidad.

Por primera vez desde que comenzó la conversación, Cedric sonó menos arrogante.

—No espero que me ames. Tampoco voy a exigirte que finjas sentimientos cuando estemos solos. Habrá límites, y quiero que ambos podamos establecerlos antes de firmar nada.

Nyssa miró hacia el pasillo, donde estaba la habitación de Ale.

—¿Y cuánto duraría?

—Mi idea inicial es un año como máximo. Sin embargo, las circunstancias familiares podrían hacer que el acuerdo terminara antes. Eso tendría que quedar claramente establecido en el contrato.

—¿Y después?

—Nos divorciaríamos. Recibirías la compensación acordada y cada uno seguiría con su vida.

Nyssa bajó la mirada hacia sus manos.

Un año.

Doce meses compartiendo una casa con un hombre al que apenas conocía. Un hombre que seguramente vivía en un mundo completamente diferente al suyo.

Doce meses mintiendo delante de su familia.

Y después, un divorcio.

La idea le parecía irreal.

—¿Por qué no busca a una mujer de su entorno? —preguntó—. Alguien que conozca su mundo y que esté dispuesta a aceptar algo así.

—Lo he intentado.

—¿Y ninguna aceptó?

—Ninguna encajaba con lo que necesito.

Nyssa soltó una pequeña risa sin humor.

—Entonces debe de haber algo malo en su propuesta.

Cedric sonrió al otro lado de la línea.

—Es posible. Por eso quiero que tengas la oportunidad de escucharla completa antes de decidir.

Ella guardó silencio.

Había tantas cosas que quería preguntar que no sabía por dónde empezar. ¿Dónde vivirían? ¿Tendría que abandonar sus empleos? ¿Qué ocurriría con Ale? ¿Podría visitar a su madre? ¿Qué pasaría si su abuela se recuperaba o si su estado empeoraba de repente?

Y la pregunta más importante de todas: ¿qué esperaba de ella a cambio de aquel dinero?

—Quiero una reunión —dijo finalmente—. Pero antes necesito dejar algo claro.

—Te escucho.

—No voy a aceptar nada que implique hacerle daño a mi familia. Mi hermano no forma parte de ningún acuerdo. Mi madre tampoco. Y no voy a permitir que usted decida sobre ellos porque me esté pagando.

Cedric tardó un segundo en responder.

—No pretendo comprar a tu familia, Nyssa. El acuerdo sería entre tú y yo. Si aceptas, podemos incluir por separado la ayuda económica que necesites para tus responsabilidades familiares, con condiciones claras.

Ella no se sintió completamente tranquila, pero agradeció que no se burlara de sus límites.

—Bien.

—¿Mañana a las once? Hay una cafetería en el centro. Te enviaré la dirección.

Nyssa miró el reloj de la cocina.

Todavía tenía que levantarse temprano, preparar el desayuno de Ale y llegar a su primer empleo.

—Sí. Mañana a las once.

—Perfecto. Y Nyssa…

—¿Sí?

—No firmarás nada mañana. Quiero que escuches la propuesta, la revises y tengas tiempo para decidir. Si no quieres hacerlo, no habrá acuerdo.

Ella no supo qué contestar.

Se limitó a despedirse y colgó.

Durante unos segundos permaneció sentada, mirando el teléfono.

No se sentía aliviada.

Tenía miedo de lo que acababa de aceptar, miedo de que aquella propuesta fuera demasiado buena para ser cierta y miedo de descubrir que, incluso después de escucharla, no tendría ninguna salida.

Sin embargo, por primera vez en días, había conseguido dar un paso sin que el prestamista estuviera delante de ella amenazándola.

No era una solución.

Todavía no.

En su despacho, Cedric dejó el teléfono sobre la mesa.

George, que acababa de entrar con unos documentos, se detuvo al ver su expresión.

—¿Era ella?

Cedric asintió.

—Mañana nos reuniremos.

—¿Y qué te ha dicho?

Él miró la carpeta con el informe de Nyssa.

Había imaginado que tendría que convencerla, explicarle las ventajas del acuerdo y darle razones para considerar un matrimonio que, en circunstancias normales, probablemente habría rechazado sin pensarlo dos veces.

Pero no había necesitado insistir demasiado.

Nyssa había preguntado cuánto dinero recibiría. Había exigido garantías para su familia. Había puesto límites antes incluso de conocer todos los detalles.

Y, aun así, había aceptado reunirse con él.

—Creo que está pasando por un momento difícil —respondió.

George lo observó con seriedad.

—Eso ya lo sabíamos.

—Sí.

Cedric se quedó mirando el teléfono.

Ahora comprendía que no bastaría con ofrecerle una suma de dinero y esperar que firmara.

Si Nyssa aceptaba, tendría que hacerlo sabiendo exactamente en qué se estaba metiendo. Y si rechazaba la propuesta, él tendría que respetar su decisión.

Porque había una diferencia entre ofrecerle una salida y aprovecharse de que creyera no tener ninguna.

Y Cedric todavía no estaba seguro de qué lado de esa línea terminaría situándose.

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Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Leda Rojas
Dice q finalizado pero veo mas capitulos😭
Renata Mabel
me encanta esta historia ✨🦆
Carmen Chávez Rebolledo
excelentes relatos me encantan
𝑴𝒊𝒏𝒂𝒓𝒚ღ
Nueva seguidora ✨
Claudia Oroná
que mujer tan estúpida y cobarde!!! xq no lo llamo a Cédric y averigua?
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