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Ámame, Esposo Mío

Ámame, Esposo Mío

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Aventura de una noche / Embarazo no planeado / Reencuentro / Completas
Popularitas:1.8k
Nilai: 5
nombre de autor: ErKa

Camila era solo una joven de limpieza que cargaba con deudas, con una madre enferma y con la esperanza de sus hermanos menores sobre los hombros. Una noche, por una simple casualidad, se cruzó con el hombre que jamás debió mirar: Max Montenegro, el frío y poderoso director general de la empresa.

Un error cometido en la borrachera lo cambia todo. Max cree que un cheque cubre cualquier daño, pero semanas después descubre que la mujer a la que despreció lleva en su vientre a su hijo. Entre contratos firmados a la fuerza, una mansión llena de miradas de desprecio y una suegra que ya tiene elegida a la nuera perfecta, Camila tendrá que aprender a sobrevivir en un mundo que no es el suyo.

Mientras tanto, un rival encantador no deja de rondarla, la antigua prometida de Max regresa dispuesta a todo y el corazón de un hombre incapaz de pedir perdón empieza a latir donde nunca quiso.

Pero algunas heridas no se cierran con dinero, y algunos secretos pesan más que un apellido. Años después, el destino los obliga a cruzarse de nuevo, y esta vez hay un niño de ojos curiosos que tiene mucho que decir.

¿Puede un amor nacido del error ganarse una segunda oportunidad?

NovelToon tiene autorización de ErKa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cap. 10 - Primer encuentro con la familia

—Vamos, rápido. El director y la señora la están esperando.

La voz de Gerardo hizo reaccionar un poco a Camila. A regañadientes, lo siguió. Iba con la cabeza gacha, tratando de no mirar la cara del hombre que más miedo le daba en el mundo.

—¿Por qué tardaron tanto?

—Perdón, señor. Estábamos recogiendo las vitaminas y las medicinas para ella.

—Pasen. Todos están esperando adentro.

—Sí, señor.

Gerardo tomó a Camila del brazo para que caminara a su lado. Ella no dijo ni una palabra. Tener a Max enfrente la dejaba sin voz.

En la sala, Gerardo vio que la familia entera estaba reunida, sin que faltara nadie. Max era el menor de tres hermanos. Tenía dos hermanos mayores, ambos casados y con hijos. Su padre había muerto cuando él todavía estaba en la preparatoria.

Al volver de estudiar la universidad en el extranjero, Max había decidido irse de la casa grande y vivir solo en su lujoso departamento. Sus dos hermanos habían intentado convencerlo de que se uniera a la empresa familiar, pero él se negó y prefirió fundar su propia compañía de software, algo completamente distinto del negocio de la familia, dedicado a la industria de materias primas y su procesamiento.

Su madre estaba sentada al centro, acompañada de sus dos nueras. Los dos hermanos mayores estaban de pie junto a ellas.

—¿Qué pasa, Max? ¿Para qué nos reuniste a todos aquí? —preguntó Enrique, el hermano mayor.

—Siéntate primero, hermano. Tengo algo que decirles.

Enrique le hizo caso y se sentó junto a su esposa.

—Tráela —le ordenó Max a Gerardo.

—Sí, señor.

Gerardo llevó a Camila al centro de la sala y la dejó ahí de pie, en medio de todos, convertida en el centro de atención.

—¿Quién es ella? —preguntó Mamá, que hasta ese momento no había abierto la boca.

Su mirada estaba llena de preguntas. Con ojos afilados, examinó a Camila de pies a cabeza. Y no le gustó nada lo que vio.

—Te presento, Mamá: ella es Camila. A partir de hoy va a vivir aquí.

Max se colocó al lado de Camila, que se encogía de miedo.

—¡¿C-cómo que va a vivir aquí?! ¡¿Oí mal?! —Mamá abrió los ojos como platos, sin poder creer lo que acababa de escuchar.

—No, Mamá, oíste bien. Por un tiempo va a vivir aquí, con ustedes.

—¿Por qué? ¿Con qué derecho va a vivir en esta casa? ¡Que yo recuerde, no estoy buscando sirvienta!

—Está embarazada, Mamá.

—¿Y qué si está embarazada? ¡Esta casa no es un albergue para recoger embarazadas, Max!

—Está esperando un hijo mío, Mamá.

—¡¿Q-qué?!

Aquellas palabras la dejaron completamente sin habla. Se llevó la mano a la nuca; al parecer, se le estaba subiendo la presión.

—¿M-Mamá, está bien? —Regina sujetó a su suegra para asegurarse de que no le pasara nada.

—¡Ay!

Mamá soltó un quejido de dolor, y sus hijos y nueras se alarmaron.

—Dile que se vaya. No quiero verla…

Con un gesto débil, agitó la mano en dirección a Camila, como si quisiera espantarla de ahí.

—No me la voy a llevar a ningún lado, Mamá. Va a vivir aquí con ustedes —se obstinó Max.

—¡Ay, Dios mío!

Mamá volvió a llevarse las manos a la cabeza. Al final, Enrique la levantó en brazos y la llevó a su recámara, mientras Regina se apresuraba a llamar al médico de la familia.

En cuanto vio que se llevaban a su madre, Nicolás, el segundo hermano, se acercó a Max.

—Max, mejor llévatela por ahora. Cuando las cosas se calmen aquí en la casa, lo hablamos.

—¡Tiene que vivir aquí, hermano!

—Sí, ya entendí. Pero llévatela por lo pronto. Yo trato de convencer a Mamá, ¿va?

Nicolás intentaba persuadir a su hermano menor de sacar a Camila de la casa.

—A partir de esta noche va a vivir aquí, hermano. No me la voy a llevar a ninguna parte.

Max no daba su brazo a torcer. Nicolás sabía lo terco que era su hermano menor, así que prefirió ceder.

—Bueno, entonces hagamos esto. Nomás quítala de la vista de Mamá. Métela a tu cuarto o haz lo que quieras, como tú veas. Lo importante es que Mamá no le vea la cara, para que no se le suba más la presión.

Max consideró la propuesta con calma. Por el momento, parecía lo mejor que podía hacer.

—Mete todas sus cosas. Ponlas en mi recámara —le ordenó a Gerardo, que estaba de pie a unos pasos, presenciando de cerca todo aquel drama familiar.

—Sí, señor.

—Tú, ven conmigo.

Max jaló a Camila de la mano para obligarla a seguirlo. Ella, todavía aturdida, no pudo hacer otra cosa que caminar detrás de él. Cuando por fin salió de su estupor, trató de zafar el brazo de su mano.

—¡S-s-suéltame!

Max no le hizo caso y siguió arrastrándola hacia su recámara. Camila forcejeaba, pero no podía con la fuerza con que la sujetaba. Por fin llegaron frente a la puerta de una habitación. Max se detuvo, la abrió y la empujó adentro.

—¡Tú te quedas aquí!

—Y-yo no quiero quedarme aquí…

—Haz lo que te digo mientras todavía me queda paciencia. ¡Quédate aquí y espérame!

Dicho esto, cerró la puerta y la dejó sola en la habitación.

Max bajó a la planta baja, donde estaban sus hermanos. Por lo visto, los dos lo esperaban para que les diera una explicación.

—¿Qué está pasando, Max? No te entiendo. ¿No estás comprometido con Ximena? ¿Y entonces por qué dejaste embarazada a otra? —preguntó Enrique, impaciente.

—Calma, hermano. Les voy a explicar todo.

Durante casi veinte minutos, Max les contó todo a sus hermanos. Enrique y Nicolás se quedaron atónitos. Habían supuesto que la mujer que Max había traído era una interesada, una de esas que van detrás del dinero y que lo había atrapado con el embarazo. Jamás se imaginaron que su hermano menor la hubiera violado.

—¡¿Estás loco, Max?! ¡Lo que hiciste es un delito, eh! ¡Deberías estar en la cárcel!

Enrique estalló. Nicolás trató de calmar los ánimos.

—Tranquilo, hermano. Él ya resolvió ese asunto. Ya le dio un cheque a la muchacha, ella lo aceptó y firmó, todo por escrito y en regla. Así que eso ya no es problema, ¿no? El problema ahora es que la muchacha está embarazada. Lo pasado, pasado; no hace falta volver a eso…

—¡¿Cómo que no hace falta?! ¿Tú crees que violas a una muchacha, le das dinero y con eso se acaba el problema? ¡Qué manera tan superficial de pensar! Si no respetas a una mujer, es como si no respetaras a Mamá ni a tu propia esposa. ¡No defiendas a alguien que hizo algo así!

Enrique hablaba encendido. Él y Max tenían el mismo carácter fuerte, así que no era raro que chocaran a menudo. Nicolás, en cambio, siempre trataba de servir de mediador.

—Aun así, es nuestro hermano. ¿Cómo no lo voy a defender?

—Hermano es hermano, pero lo que está mal, está mal. ¡Tienes que hacerte responsable, Max! ¡A mí no me importa cómo, pero te casas con ella!

—¿Cómo me voy a casar con ella, hermano, si no la quiero? ¡En mi corazón está Ximena! Además, esa muchacha me odia a muerte. ¡Si aceptara vivir conmigo, no me tomaría la molestia de traerla aquí!

1
Alcenia Acosta
La ponen demasiado gafa
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