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MI FALSO NOVIO PELIGROSO

MI FALSO NOVIO PELIGROSO

Status: En proceso
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Romance
Popularitas:4.4k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Katherine estaba a punto de casarse con el hombre que amaba… hasta que lo encontró en la cama con su propia hermana.
Con el corazón destrozado y sedienta de venganza, decide devolverles el golpe de la manera más cruel: contratará a un hombre para fingir ser su novio.
Pero no elige a cualquiera.
Leonardo es peligroso, misterioso y demasiado atractivo. Un hombre con un pasado que nadie conoce y secretos que podrían destruirlo todo.
Lo que Katherine no sabe es que su falso novio también está jugando con ella.
Porque Leonardo no necesita su dinero.
No necesita su contrato.
Y definitivamente no necesita enamorarse de ella.
Entonces, ¿por qué está dispuesto a hacer cualquier cosa para protegerla?
La venganza era el plan.
El amor no estaba incluido.
Y descubrir quién es realmente Leonardo podría ser más peligroso que la traición que los unió.

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

ROBADOS, PROTEGIDOS Y QUEMANDO DESEOS

El sol se ocultaba en llamas sobre el horizonte, tiñendo el cielo de ámbar y púrpura, cuando Katherine entró en la oficina de su padre. Iba con la intención de hablar, de aclarar, de defender a Leonardo con uñas y dientes… pero lo que encontró la heló hasta los huesos: papeles esparcidos sobre la mesa, firmas falsificadas, cantidades enormes retiradas de las cuentas familiares. Y la caligrafía… era la de Marco.

Las manos le temblaron al pasar las hojas una por una. No era solo traición sentimental. Era robo. Destrucción calculada. Él la había engañado en todo: en el amor, en la confianza, en el futuro que creían compartir.

Salió de allí corriendo, el corazón galopando desbocado, y llamó a Leonardo. Él respondió al primer tono, y su voz, grave y firme, la sostuvo cuando las piernas casi le fallaron.

—No te muevas de donde estás. Voy ahora mismo.

Llegó en menos de lo que tardó en calmar el llanto. Al verla pálida, con los ojos hinchados y los papeles apretados contra el pecho, Leonardo no hizo preguntas: la tomó entre sus brazos y la sostuvo con fuerza, como si quisiera reparar cada pedazo roto de su alma. Ella le mostró las pruebas, temblando de rabia y dolor, y él las leyó con la mandíbula tan tensa que se marcó cada músculo de su rostro.

—Lo sé —dijo él, con voz baja y gélida—. Lo he estado investigando. Marco ha estado vaciando los fondos durante meses. Y tu hermana lo sabe. Lo ha sabido todo el tiempo.

—¿Cómo… cómo pudieron? —susurró ella, sintiendo que el suelo se abría bajo sus pies—. Les dimos todo.

—Porque no querían compartir —respondió él, acariciándole la mejilla—. Querían quedarse con todo. Pero no van a lograrlo. No mientras yo esté aquí.

La llevó a su casa, a un lugar seguro, lejos de miradas y oídos. La sala estaba tenue, iluminada solo por la luz dorada de las lámparas bajas. Se sentaron juntos en el sofá, y ella se recostó en su pecho, escuchando su latido firme, constante, anclándola a la realidad.

—Me da vergüenza —confesó, con voz quebrada—. Fui tan ingenua…

—No fuiste ingenua —la corrigió él, levantándole la barbilla con suavidad—. Fuiste buena. Y la bondad no es debilidad. Son ellos los que tienen que avergonzarse.

La miró entonces, y sus ojos oscuros ardieron con algo que la hizo estremecer: ternura mezclada con un deseo profundo, devorador.

—No voy a dejar que te hagan más daño —prometió, rozando sus labios con los suyos—. Te protegeré con todo lo que soy. Con todo lo que tengo.

—Ya lo haces —susurró ella, acercándose más—. Solo con estar aquí… ya me proteges.

Leonardo la besó entonces, lento, profundo, como sellando una promesa que iba más allá de las palabras. No era un beso de consuelo. Era de pertenencia, de fuego, de unión. Sus manos la recorrieron con ternura y pasión a la vez, sin prisa, saboreando cada instante, reconociendo cada curva de su cuerpo como si fuera algo sagrado. Katherine respondió con la misma intensidad, olvidando los papeles, el robo, la traición. Solo existía él: su calor, su aroma, la forma en que la hacía sentir completa.

Cuando se separaron, ambos respiraban agitadamente, con las frentes juntas.

—Me consumen, Katherine —confesó él, con voz ronca—. Cada vez que te toco, cada vez que te miro… siento que me quemo por dentro.

—A mí también —respondió ella, abrazándolo con fuerza—. Tienes todo de mí. Mi cuerpo, mi corazón… ya no hay vuelta atrás.

Pasaron la noche juntos, en silencio la mayor parte del tiempo, abrazados, encontrando consuelo en el tacto del otro. Él le acariciaba el cabello, le susurraba palabras de aliento, la hacía sentir segura, amada, deseada. Y entre la ternura, el deseo crecía, lento e imparable, como un río que se desborda. Se besaron una y otra vez, con hambre y devoción, marcando la piel del otro con caricias que prometían permanecer.

A la mañana siguiente, la determinación los sostuvo a ambos. Leonardo revisó cada documento, organizó pruebas, trazó un plan meticuloso, brillante, implacable. Lo hacía con una destreza que no podía ocultar: conocía leyes, finanzas, estructuras de poder. Katherine lo observaba, maravillada, y la sospecha se hizo más fuerte: él no era solo un hombre peligroso. Era alguien que había manejado mundos enteros.

—¿De dónde aprendiste todo esto? —preguntó suavemente, mientras él cerraba el último expediente.

Leonardo se detuvo un instante, la mirada perdida en la distancia.

—De un mundo que creí perdido para siempre —respondió, sin mirarla—. Pero te lo explicaré. Pronto. Lo prometo.

Tomó su mano, la besó en la palma.

—Ahora debemos actuar. Ellos no van a esperar.

—Lo sé —dijo ella, apretando su mano—. Y yo no me esconderé. Lucharé a tu lado.

—Lo sé —sonrió él, una sonrisa tierna y feroz—. Y eso es lo que más me asusta y me enamora.

Esa tarde, Diana llamó. Su voz sonaba triunfal, venenosa:

—¿Encontraste las cuentas, hermana? Qué lástima. Marco dice que fue tu culpa. Que lo empobreciste tú. Y ese novio tuyo… bueno, todos saben lo que es. Nadie te creerá.

Katherine escuchó sin temblar.

—No necesito que me crean. Tengo la verdad. Y tengo a alguien que sabe destruir mentiras mejor que nadie. Prepárate, Diana. La caída empieza ahora.

Colgó y se giró hacia Leonardo. Él la miraba con orgullo y deseo en los ojos.

—Así me gusta verte —dijo—. Feroz. Viva. Mía.

—Siempre tuya —respondió ella.

Y mientras afuera la tormenta se cernía, dentro de ellos ardía algo que ninguna mentira podría apagar: un amor nacido en las cenizas, alimentado por el fuego, destinado a brillar más fuerte que todo lo que intentara destruirlo.

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Tere Jimenez
muy interesante la novela gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu s capitulos felicidades
Primi Mendez
es muy confuso pero me gusta el misterio la intriga Ojalá que le salga to2 bien
Tere Jimenez
gracias hermosa historia.muchas felicidades y muchos éxitos más
Tere Jimenez
gracias por compartir tu historia corta pero.muy hermosa novela muchas felicidades y muchos éxitos más para ti un abrazo gracias
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