Traicionada por su novio. Angie toma una decisión desesperada para vengarse pactar con el hombre más peligroso de la alta sociedad, Leonardo Torres, el imponente y calculador tío de su ex.
Lo que inicia como una tregua fría y un matrimonio por contrato de un año para proteger sus activos y estabilizar la corporación, rápidamente se sale de control. Entre miradas cargadas de tensión en la sala de juntas y roces que encienden una química devoradora a puerta cerrada, Angie descubre que Leonardo no es el tiburón despiadado que todos temen, sino un hombre dispuesto a todo por protegerla. Mientras Sebastián y sus aliados intentan destruirlos filtrando secretos del acuerdo, la falsa unión se transforma en un juego de posesión, poder y deseo donde ninguno de los dos quiere volver a ser libre.
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3
Angie Rojas
Quién lo diría. Pasé años intentando lograr que Leonardo me ayudara sin obtener un solo avance, y al final, bastó con mentir diciendo que salía con él para convertir su nombre en mi mejor arma...
—¿Cómo lo lograste? —preguntaron mis amigas del trabajo, rodeándome con evidente curiosidad.
—Sí, dinos el secreto. Nadie se le acerca a Leonardo Torres y sale ileso de ahí...
Sonreí con suficiencia y me pasé la mano por el rostro, haciendo un gesto tierno pero calculado.
—Lo convencí con mi belleza —dije, recordando de golpe las palabras que me dedicó en aquella biblioteca universitaria...
—Sin ofender, pero hay muchísimas chicas más hermosas en el círculo social que ni siquiera han podido tocarle la mano.
—Es porque solo puedo ser yo, nadie más. ¿Entienden? Leonardo solo me quiere a mí —afirmé con firmeza. A mi lado, pude notar cómo mi hermanastra comenzaba a entrar en una verdadera convulsión de ira contenida.
Mis amigas habían decidido venir a mi casa tras la bomba mediática que estalló en las redes sociales y la prensa: el compromiso entre la familia Torres y la familia Rojas era un hecho oficial. El hombre fuerte de los Torres se desposaría con la hija legítima de los Rojas.
Ante los ojos del mundo, yo solo era una heredera inútil, pero para Leonardo siempre fui la alianza estratégica perfecta. Durante años habíamos trabajado juntos, en las sombras, utilizando mi astucia y su capital para conseguir proyectos de gran envergadura y donaciones clave. Ambos compartíamos un objetivo en común: fundar una empresa propia. Nuestra.
Al principio, mi único motor era la venganza, pero él tenía un plan mucho más complejo. Leonardo siempre supo que su posición en el imperio familiar era vulnerable, que nada duraría para siempre y que las acciones de su propia familia no tardarían en jugarle en contra. Eso le molestaba profundamente. Por eso propuso utilizar mi nombre y mi apellido para forjar una alianza financiera blindada.
En su momento, intenté usar esa propuesta para mi propio beneficio.
—Yo te ayudo si tú me ayudas a mí —le dije firmemente, antes de poner la firma en aquel acuerdo inicial.
—No me voy a acostar contigo solo para darle celos a Sebastián. Es la bajeza más grande que podría hacer —respondió, mirándome fijamente con una determinación inquebrantable.
Suspiré con pura frustración al ver que no sacaría provecho sentimental de ese trato.
—Bien. Entonces, ¿qué gano yo con todo esto? —pregunté, sosteniéndole la mirada.
—La mitad de las ganancias. Solo dame tu nombre y ganarás dinero a manos llenas. Créeme, es infinitamente mejor ser rica que ser infiel —dijo, dejándome ver una leve sonrisa.
—Yo ya soy rica, Leonardo.
—No, tu padre lo es —me corrigió con frialdad—. Ese dinero se dividirá entre dos, Irina y tú. Y viendo hacia dónde se encamina tu vida, terminarás casada con algún socio importante que no te dejará usar esa fortuna a tu antojo.
Lo miré en absoluto silencio, sorprendida por su frialdad para prever cada escenario futuro.
—Lo inteligente es construir tu propio capital, ser la única dueña de tu dinero y usarlo a tu antojo. Te ofrezco millones de dólares al año a cambio de ser mi respaldo económico si las cosas se ponen feas más adelante.
Sonreí y asentí lentamente.
—Si te quedas sin dinero, seré tu sugar mommy —bromeé.
Él se me quedó viendo con una sobriedad imperturbable.
—Yo preferiría llamarlo mi banco personal, pero puedes llamarte como prefieras.
Negué con la cabeza, desesperada ante su carácter tan rígido.
—De acuerdo, está bien. Te ayudaré —dije, estampando mi firma en el contrato.
—El contrato se renovará anualmente para no perder nada y evitar cualquier malentendido.
—No te voy a traicionar —aseguré con absoluta confianza.
—Lo sé, pero me refiero a las ganancias. Estoy seguro de que se multiplicarán cada año —respondió, tomando los documentos firmados—. Serás mi asistente personal. Si la gente nos ve juntos, dirás que trabajas para mí.
—Tu arrastrada personal, querrás decir.
—También es una opción válida —dijo, poniéndose de pie.
Desde aquel instante, nos convertimos en socios implacables.
Estar a su lado no resultó tan malo después de todo, aunque él fuera un hombre sumamente frío y exigente. Lo seguía a todas partes, convirtiéndome en su sombra, algo que resultaba agotador. Leonardo poseía un carácter temible y todo el mundo en la alta sociedad lo sabía; nadie se atrevía a cruzar su espacio si él no lo autorizaba.
Por esa misma razón, la noticia dejó a todos en shock. Que la chica supuestamente más inútil del país fuera ahora la futura esposa del CEO más temido era incomprensible para la elite.
—¡No eres más que una cualquiera que logró meterse en su cama y ahora te das aires de grandeza! —estalló de pronto mi hermanastra en medio de la habitación, incapaz de contener la rabia.
Mis amigas la miraron con el ceño fruncido, sumamente molestas por su arrebato.
—Estás muerta de celos porque me voy a casar antes que tú —respondí, mirándola con una calma calculadora—. Pero tranquila, hermana, todavía estás a tiempo de pedirle matrimonio a Sebastián tú misma... Ya sabes que, si esperas por él, jamás lo hará —añadí, dedicándole una sonrisa cargada de pura malicia.