Luciano creía ser un arqueólogo común, hasta que unas ruinas antiguas lo transportaron a un mundo de magia, monstruos y profecías. Allí, el Vigilante del Sello ve en él al gemelo perdido de una leyenda. Para sobrevivir, Luciano deberá dominar una magia ligada a sus emociones y forjar alianzas inesperadas. Pero su regreso ha despertado un viejo rencor: Blake Kane, su propio hermano gemelo, lo busca consumido por el odio y los celos. Mientras una antigua calamidad amenaza con destruirlo todo, ambos hermanos avanzan hacia un reencuentro que podría salvar el mundo... o reducirlo a cenizas. ¿Podrá Luciano reclamar su verdadero destino?
NovelToon tiene autorización de Benito Leal para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 10 - La clase que excava
Luciano comenzó su primer día de formación colgando del techo.
Nyra lo dejó allí el tiempo suficiente para cobrarle a Vaelira los diez thalen de una apuesta distinta: cuánto tardaría en pedir ayuda. Luciano se negó a hacerlo durante seis minutos, hasta que la cuerda empezó a cortar la circulación de su pie.
—Puedo bajar solo —insistió.
—Por supuesto —dijo Nyra desde abajo—. También puedes caer solo. Es una habilidad muy independiente.
Kargan cortó la cuerda. Luciano descendió sobre una colchoneta que Vaelira había colocado sin que él la viera.
Edran esperaba en la sala de entrenamiento junto a siete placas de metal. Cada una mostraba un arma y una figura estilizada.
—Las clases no determinan qué atributo puedes aprender —explicó—. Determinan cómo te preparas, qué función cumples y qué errores tienen más probabilidades de matarte.
—Una orientación profesional sorprendentemente honesta.
—Guerrero, Cazador, Mago, Sanador, Pícaro, Paladín y Brujo.
Luciano se acercó a las placas.
La del Guerrero mostraba espada, lanza y hacha. La del Cazador, un arco junto a huellas. El Mago proyectaba líneas desde un bastón; el Sanador rodeaba un cuerpo con agujas luminosas. La figura del Pícaro aparecía duplicada. El Paladín sostenía un escudo marcado por Luz, y el Brujo permanecía unido a una sombra mediante cadenas.
—¿Elijo una?
—Después de demostrar que comprendes lo que estás eligiendo.
Kargan arrojó una espada de madera hacia él.
Luciano la atrapó por el lado equivocado.
La prueba de Guerrero duró menos de un minuto. Kargan le enseñó una posición básica y lanzó un golpe lento con Bastión. Luciano retrocedió antes del impacto, tropezó con sus propios pies y utilizó la espada para medir la distancia hasta el martillo.
—No bloqueaste —dijo Kargan.
—El arma pesa más que mi futuro. Bloquear parecía una mala inversión.
—Un Guerrero protege la línea aunque quiera moverse.
—Entonces ambos agradeceremos que no elija esa placa.
Para la prueba de Mago, Edran colocó seis cristales alrededor de Luciano y le pidió reproducir una secuencia de pulsos. Luciano identificó el patrón, pero activó dos cristales con la misma mano. Las resonancias chocaron y le adormecieron los dedos.
—Piensas antes de canalizar —dijo Edran—. Pero tu cuerpo no posee la memoria necesaria para proyectar con seguridad.
—Eso ha sonado casi alentador.
—No lo era.
Vaelira dirigió la prueba de Sanador. Dejó sobre una mesa vendas, agujas, cuatro frascos y una figura de cuero con heridas pintadas.
Luciano clasificó los daños, descartó un frasco por su sedimento y vendó correctamente una extremidad. Después introdujo una aguja donde Vaelira había marcado una falsa vena.
Savia Carmesí se cerró alrededor de su muñeca antes de que perforara la figura.
—Acabas de matar al paciente —dijo ella.
—Es de cuero.
—Y aun así esperaba más de ti.
Vaelira se inclinó sobre la mesa, dejando que su cabello dorado rozara el hombro de Luciano.
—Tus manos son cuidadosas. Con práctica podrías aprender dónde introducirlas sin causar daño.
—En las uniones —respondió Luciano, señalando las costuras—. Así no rasgaría el material.
Nyra soltó una carcajada desde el otro extremo de la sala.
Vaelira observó a Luciano durante un instante y sonrió con lentitud.
—Sí. Exactamente en las uniones.
Él no comprendió por qué Nyra seguía riéndose.
La prueba de Pícaro comenzó con tres cerraduras. Luciano abrió la primera usando una lámina de su estuche de dibujo, estudió la segunda y se negó a tocar la tercera.
—Tiene una aguja detrás del cilindro —dijo.
Nyra dejó de sonreír.
—¿Cómo la viste?
—El desgaste alrededor de la abertura no coincide con la llave. Alguien la manipuló desde dentro.
—Bien.
Luciano abrió la segunda cerradura y una red cayó desde el techo. Nyra había preparado una trampa fuera de la prueba.
—Mal —añadió ella.
El Paladín quedó descartado antes de comenzar. La placa de Luz permaneció fría ante Luciano, y Edran no permitió que insistiera. El joven tampoco entendía los juramentos de una orden que desconocía.
El Brujo fue todavía más breve. Una pequeña sombra atada a un talismán trató de pronunciar la palabra que Nokthar había dejado en su mente. Luciano se apartó y Edran cubrió la placa.
—No —dijeron ambos al mismo tiempo.
Quedaba el Cazador.
Nyra abrió las puertas de la torre y condujo al grupo hasta un patio cubierto de obstáculos. Había huellas falsas, cuerdas, fragmentos de hueso y tres cofres colocados a distintas alturas.
—Encuentra el objeto que Edran escondió —dijo ella—. Puedes usar un arco, una lanza corta o nada.
Luciano tomó la lanza.
No la sostuvo como arma. La utilizó para comprobar la profundidad del barro, medir la separación entre piedras y levantar una cuerda sin tocarla. Ignoró las huellas más visibles porque todas comenzaban con el pie derecho y buscó alteraciones en el musgo.
El primer cofre contenía una piedra. El segundo, una criatura con dientes que intentó morder la punta de la lanza. Luciano no abrió el tercero.
—El objeto no está en los cofres —dijo.
—¿Por qué? —preguntó Edran.
—Porque Nyra quiere que los mire. Y porque esta construcción es anterior al patio.
Se arrodilló junto a una columna derrumbada. Los bloques inferiores presentaban cortes horizontales; uno de ellos estaba girado, como si alguien hubiera utilizado una pieza antigua para reparar el muro.
Luciano introdujo la lanza en una grieta y empujó. El bloque se desplazó. Detrás apareció la placa del Cazador.
Nyra cruzó los brazos.
—Eso no fue rastreo.
—Rastreé decisiones humanas.
—Tampoco cazaste nada.
—Cacé un objeto escondido por un anciano manipulador.
Edran ignoró la descripción.
—Un Cazador utiliza terreno, señales y preparación. Tú interpretas ruinas como Nyra interpreta huellas.
Luciano sostuvo la placa.
—En la Tierra, mi clase se llamaba arqueólogo.
—Aquí será tu especialización, si sobrevives al entrenamiento básico.
Kargan no parecía convencido.
—Un Cazador debe combatir a distancia, recuperar materiales y abrir rutas para el grupo. Una libreta no detiene criaturas.
—Por eso necesitaré algo más resistente.
Luciano miró la lanza corta. Era útil para medir, tantear y mantener peligros lejos de su cuerpo, pero solo admitía un Nexo convencional. Si su compatibilidad múltiple se convertía en entrenamiento real, cambiar de arma para cada atributo sería lento y absurdo.
Empezó a dibujar.
Una lanza articulada. Un núcleo reemplazable. Ranuras separadas. Un extremo capaz de convertirse en herramienta de excavación y un cable para recuperar piezas sin acercarse.
Vaelira miró por encima de su hombro.
—Me gustan las armas que saben alargarse cuando hace falta.
Luciano corrigió la longitud en el dibujo.
—Tienes razón. Necesitará al menos veinte centímetros más para explorar grietas profundas.
Nyra tuvo que alejarse para reír.
Edran tomó la libreta y estudió el diseño.
—No fabricarás siete armas —dijo—. Diseñarás una capaz de alojar más de un Nexo sin permitir que se toquen.
Luciano observó las líneas que acababa de trazar.
—Eso no existe todavía.
—Por eso será tu primera tarea como Cazador arqueológico.