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LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

LA CONDESA Y EL DEMONIO DEL MAR

Status: Terminada
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido / Completas
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

En un rincón olvidado del Caribe, donde el salitre marca la piel y las olas susurran secretos prohibidos, nace una historia de orgullo, sangre y una pasión indomable. Clara de la Riva es la personificación de la pureza: de piel tan blanca como la espuma del mar y poseedora de un apellido que evoca nobleza. Sin embargo, tras los muros de su decadente mansión, el hambre y la ruina acechan. Su madre, una Condesa que se aferra con uñas y dientes a un título que ya no puede pagar, ve en la belleza de su hija la única salida para recuperar la gloria perdida.
Pero el destino tiene otros planes y llega al puerto bajo el nombre de Luis "Satán". Él es un hombre que no conoce leyes, un marinero de estatura imponente, músculos forjados por la tormenta y manos grandes capaces de dominar el océano. Luis ha crecido sin nombre y sin pasado, cargando con el estigma de ser un "hijo de nadie", mientras se convierte en el dueño absoluto de las rutas comerciales y del respeto —o el terror— de quienes lo ro

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Capítulo 10: El Regreso del Hijo Pródigo

El amanecer llegó al puerto como llegan las malas noticias: demasiado pronto y demasiado tarde al mismo tiempo. La tormenta había pasado dejando el aire lavado y la ciudad oliendo a sal, a madera empapada y a promesas que todavía no se atrevían a pronunciarse. Clara llevaba toda la noche sentada en el mismo lugar del sofá, con la mirada clavada en la ventana y el cuerpo tan tieso que la Condesa, a su lado, también se había quedado dormida con la cabeza reclinada sobre el respaldo, con la boca entreabierta y con la dignidad de una derrota que ya no le importaba esconder.

Fue un golpe en la puerta —esta vez suave, casi vacilante— lo que las despertó a las dos al mismo tiempo. La Condesa abrió los ojos, y en ellos había un miedo nuevo, un miedo distinto al de la noche anterior: un miedo esperanzado, que es la clase de miedo que más duele. Clara, en cambio, ya estaba de pie, ya estaba cruzando el salón, ya tenía la mano en el picaporte de la puerta principal antes de que su madre pudiera detenerla. Y cuando abrió, el aire húmedo del amanecer le entró en los pulmones como una bocanada de agua marina.

Luis estaba en el umbral. Empapado de la cabeza a los pies, con la casaca de seda pegada al cuerpo como una segunda piel oscura, con el cabello largo chorreando sobre los hombros y con los ojos enrojecidos por no haber dormido y por haber llorado en un lugar donde nadie pudiera verlo. Detrás de él, dos marineros sostenían un cofre de madera vieja, sellado con clavos de cobre, y ese cofre era la prueba de que había hecho exactamente lo que la Condesa había entendido que iba a hacer: remover la tumba para que el muerto hablara.

—Volví —dijo Luis, y la palabra le salió rota, como una tabla que se ha pasado demasiado tiempo en el mar—. Vengo con mi nombre, vengo con mi sangre, vengo con todo lo que él me dejó y todo lo que me robaron. Y vengo, sobre todo, a decirte lo que ya no puedo seguir guardándome: que te quiero, Clara de la Riva, te quiero desde antes de saber que eras mi hermana de sangre, y te voy a querer aunque me digan que eso es el peor de los pecados.

Clara se llevó las manos a la boca. Las lágrimas que no se había dejado caer la noche anterior salieron entonces, sin permiso, corriendo por sus mejillas blancas con la libertad de un río que por fin encuentra el mar. Quiso abrazarlo, quiso gritarle que no, quiso decirle que no podían quererse así, que eran hermanos, que el mundo entero se les venía encima; pero el cuerpo no le obedeció, y el cuerpo, sabio más que la cabeza, dio un paso hacia adelante y se apoyó contra el pecho de Luis, contra esa casaca empapada que olía a sal, a noche y a verdad.

—Soy tu hermana —susurró Clara, y la frase le tembló más que las manos—. Somos hermanos, Luis. No podemos...

—Medio hermanos —corrigió él, y le levantó el rostro con una sola mano, esa mano grande, curtida, que ya no temblaba—. Hijos del mismo padre, sí, pero de madres distintas. Y en este puerto, Clara, en este puerto que ha visto a los Villalobos romper todas las leyes del mar y de la tierra, los hijos de madres distintas no son hermanos. Son primos lejanos. Son sangre extraña que se cruza sin que Dios tenga nada que objetar.

Detrás de ellos, la Condesa los miraba desde el marco de la puerta del salón, y en su rostro cansado se dibujaba una sonrisa que no era de victoria ni de derrota: era la sonrisa de una mujer que, por primera vez, se siente libre de una mentira que la había tenido prisionera durante veinticinco años. Caminó hacia ellos, se colocó al lado de su hija, y puso una mano sobre el hombro de Luis. Era la primera vez que tocaba a ese hombre sin calcular, sin medir, sin la frialdad de la estrategia. Era la primera vez que lo tocaba como lo que era: como al hijo del hombre al que había amado, como al muchacho que había crecido en el fango mientras su hijo legítimo se ahogaba en seda.

—El cofre —dijo la Condesa, y su voz había recuperado algo de la autoridad de antes, pero una autoridad distinta, una autoridad que ya no se sostenía en el apellido sino en la verdad—, ¿qué trae?

Luis se separó de Clara con dolor, caminó hacia los marineros y abrió el cofre con sus propias manos. Adentro, envuelto en un trozo de lino amarillento, había un fajo de documentos amarillentos, un anillo de oro con el sello de los Villalobos, y una carta sellada con cera negra. Luis tomó la carta, la miró un momento, y luego, sin abrirla, se la extendió a la Condesa.

—Es para usted —dijo—. Mi padre la escribió la noche antes de morir. Me la entregó el viejo enterrador de la isla, que guardó la carta durante veinte años porque sabía que algún día vendría un Villalobos de verdad a reclamarla. Y yo vengo a devolvérsela, doña, no porque me corresponda leerla, sino porque ya no quiero cargar con secretos de muertos. Los muertos que se queden con sus verdades, y los vivos, los vivos vamos a empezar a hablar de una vez.

La Condesa tomó la carta con manos que le temblaban, miró el sello de cera negra con el anagrama de los Villalobos, y se la guardó en el pecho, contra el corazón, sin abrirla. Todavía no. Todavía no estaba lista para escuchar la voz de un hombre muerto que había sido, al mismo tiempo, su amante, su verdugo y su perdón. Todavía no.

—Adrián viene a las diez de la mañana —dijo la Condesa, y miró a Luis como se mira a un general antes de la batalla—. Con el juez, con los alguaciles, con los papeles. ¿Qué vamos a hacer?

Luis, que se había quedado de pie en medio del salón con los brazos caídos y la mirada encendida, levantó el anillo de oro del cofre, lo miró a la luz gris del amanecer, y se lo puso en el dedo anular de la mano derecha. Le quedó perfecto, como si la mano hubiera estado esperándolo toda la vida. Y entonces, con la voz de un hombre que ya no tenía nada que perder, respondió:

—Vamos a hacer lo que hacen los Villalobos cuando alguien les roba lo suyo. Vamos a abrir la puerta, vamos a dejar que entren, y vamos a mostrarles al hijo pródigo de vuelta en casa. Pero esta vez, doña, esta vez el hijo pródigo no viene con un arpa. Viene con la ley en una mano y la sangre en la otra.

Afuera, sobre el puerto, el sol empezó a salir. Era un sol rojo, pesado, un sol que parecía estar hecho de la misma sangre que corría por las venas de los tres. Clara se acercó a Luis, le tomó la mano libre, y se la apretó. La Condesa los miró, y por primera vez en su vida no vio un escándalo: vio una familia. Una familia rota, mal armada, llena de sombras y de culpas, pero una familia al fin.

Y en algún lugar del puerto, sobre el empedrado, se empezó a oír, cada vez más cerca, el sonido de unas botas que se acercaban.

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Nerika Moreno
Mientras más leo más me confundo 😠
Nerika Moreno
Esa Condesa está loca como rompe esa carta sin leerla, seguro ahí contaba secretos 😞
Nerika Moreno
Ya me perdí¿Quien es hermano de quién? que arroz con mango es ese🤪
Nerika Moreno
Que hermoso 😍 me muero de amor 🥰 quien no quiere un marinero grandote y q te cuide 🤪☺️
Zonia Guzman
El Adrián no creo que sea hijo de el ni la chica
Zonia Guzman
Esta como aburrida
Zonia Guzman
Que enredada pero que no sean hermanos porque entonces???
Liliana García
Tiene que haber gato encerrado, uds no pueden ser hermanos
Liliana García
Entonces son medios hermanos 😪😪😪
Enith García
Y te gustó, que rico!!!!
Enith García
Ese macho te puso a temblar la de abajo🤭
Enith García
Me encanta, buen inicio de obra
Vicenta Peñalver
así es no xq uno venga de abajo los demás valen más w uno todo lo bueno bien del corazón
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