Luego de la cuarta guerra contra los oscuros, objetos fueron confiscados por la diosa luna y fueron guardados en el único lugar que en el que nadie se atrevería a poner un pie.
La Academia Luna Sangrienta...
Cuyo sitio mantiene bajo resguardo las reliquias de Selene...
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Capítulo 9: Reliquias malditas...
AERYN
El frío en verdad que era insoportable. Tal vez era yo la que estaba demasiado cansada para soportar el frío correctamente.
Tras haber usado demasiado fuego durante la segunda prueba, mi cuerpo seguía resentido. Esa era una de las cosas más molestas de controlar los cuatro elementos: cuando abusaba de uno, el equilibrio se volvía inestable.
Y en ese momento el hielo parecía estar dispuesto a vengarse de mí.
—Hace frío...—murmuré cruzando los brazos mientras avanzábamos por los senderos cubiertos de niebla.
—Qué extraño—respondió Dmitri a mi lado—. Creí que las brujas elementales adoraban el sufrimiento.
En verdad que ese maldito era un fastidio. Él en verdad estaba disfrutando molestarme. Igual que siempre...
Los Guardianes nos guiaban hacia la última prueba atravesando uno de los caminos exteriores de la Academia mientras la nieve comenzaba a caer de forma lenta alrededor.
Y claro...
Jacob venía con ellos. Él era el supervisor a cargo de la prueba final. Qué conveniente...
Ni siquiera me molesté en dirigirle la palabra desde que hizo su aparición. Lo ignoré por completo y seguí caminando entre Dmitri y Jayden como si él no existiera.
Los demás aspirantes parecían divertidos observando la situación. Claro que todos lo sabían. Sabían quién era yo. Y por supuesto que conocían los rumores del supuesto compromiso entre Jacob y yo. Un Schneider y una Volakis.
Rumor que jamás me molesté en confirmar. Porque jamás lo acepté.
—Te estás congelando.—La voz de Dmitri sonó de repente a mi lado antes de que me cubriera directamente con su chaqueta negra. Lo observé un segundo.
Él sostenía esa expresión seria de siempre..., pero había un brillo claramente divertido en sus ojos grises. Ah. Buscaba fastidiar a Jacob. Qué maravilla...
Me acomodé la chaqueta sin quejarme mientras Dmitri pasaba uno de sus brazos alrededor de mis hombros para mantenerme cerca y conservar el calor. Natural. Cómodo.
Como si lo hubiera hecho toda la vida. Lo cual... posiblemente así era, prácticamente. Jayden nos observó unos segundos antes de soltar una risa disimulada.
—No te resfríes, Aeryn—dijo con inocencia falsa—. Al parece que cierto licántropo se pondría muy dramático cuidándote.
Solté una carcajada inmediatamente. Incluso Dmitri terminó por reírse por lo bajo. Jacob no.
Su gruñido fue tan evidente que varios aspirantes tuvieron que esconder la risa. Qué pena.
—Solo intento evitar que enferme antes de la prueba—dijo Dmitri con calma absoluta.
Eso era mentira. Él lo estaba disfrutando y demasiado. Y honestamente yo también. Jacob gruñó, de nuevo. Aceleró el paso hasta quedar frente a nosotros. Esa fue una mala decisión.
—Aeryn, por favor, necesitamos hablar sobre nuestro compromiso.
Eso bastó para hacerme detener en seco. El ambiente alrededor se enfrió peligrosamente. Sonreí lentamente. Pero no era una sonrisa amable.
—No tenemos ningún compromiso, Jacob.
Suspiró cansado. Y eso era irritante.
—En dos años seremos una pareja comprometida de forma oficial y lo sabes.
Me giré lentamente hacia él.
—Tú aceptaste eso—respondí con calma—. Yo no acepté nada.
El silencio se volvió incómodo. Los Guardianes detrás de nosotros claramente estaban escuchando y disfrutando a la vez. Jacob intentó acercarse más.
—Te trataré con respeto, Aeryn. Con amabilidad. Jamás te haré daño.
Cerré los ojos cansados, sabía que sus palabras eran genuinas. Jacob no era un hombre cruel, al contrario. Era un buen hombre.
Y eso lo hacía peor. Él realmente estaba tratando de convencerme de algo que jamás podría darle.
Amor.
Mi mente recordó inmediatamente las palabras de mi abuela.
«Si no encuentras a tu Mate antes de los dieciocho años, los clanes exigirán que aceptes el compromiso...»
Sentí un escalofrío recorrerme la espalda. No quería eso. No quería atarme a alguien que no amaba. Y tampoco quería condenar a Jacob a una vida donde jamás sería elegido en realidad.
Porque si algún día él encontraba a su verdadera compañera...
Todo se destruiría por completo. El aire alrededor de mis manos comenzó a congelarse lentamente. Jacob siguió hablando. Ese fue su error. Un gran error.
—Podríamos aprender a querernos con el paso del tiempo—
El hielo cubrió el suelo debajo de él antes de que terminara la frase. Y al siguiente segundo...
Sus botas quedaron completamente congeladas al camino. Silencio. Luego Jayden comenzó a reírse. De ahí siguió Dmitri.
Y finalmente todos comenzaron a reírse. Incluso algunos Guardianes tuvieron que esconder su risa. Jacob miró sus pies atrapados en el hielo con incredulidad.
—Aeryn...
—Te dije que dejaras el tema.—La Guardiana vampira soltó una carcajada abierta antes de cruzarse de brazos.
—Ay, Schneider... deja de humillarte, mira trata de convencerla dentro de dos años y posiblemente... cambie de opinión, pero sinceramente tengo mis dudas. No, mejor olvida lo que dije.
Eso provocó que todos se rieran todavía con más ganas. Jacob parecía debatirse entre el orgullo y las ganas de desaparecer. Finalmente, uno de los Guardianes suspiró.
—Volakis, ya basta. Descongélalo.
—Mmm... qué exagerados.
Aun así moví ligeramente la mano y el hielo desapareció inmediatamente. Jacob me observó unos segundos más antes de apartarse finalmente.
Finalmente, ya era hora.
—Definitivamente eres aterradora...—murmuró Jayden con diversión.
—Y eso que estoy de buen humor.
Dmitri volvió a reírse por lo bajo. Pero la diversión terminó apenas llegamos al sitio de la prueba final.
Era enorme el lugar. Una estructura subterránea escondida bajo el castillo, cubierta de símbolos lunares antiguos y enormes puertas negras. Las catacumbas. Los Guardianes se colocaron frente a nosotros mientras el ambiente volvía a ponerse serio.
—La última prueba consistirá en recuperar cuatro reliquias antiguas y devolverlas a sus alas correspondientes dentro de las catacumbas antes del amanecer de mañana.
Todo el grupo se quedó en un completo silencio. Entonces comenzaron a nombrarlas. Y el aire mismo pareció volverse más pesado.
—Primero: el dije de la novia de Drácula.—Un rubí oscuro apareció flotando frente a nosotros. La sangre dentro de la piedra parecía viva—. Su poder es capaz de destruir civilizaciones enteras. Solo alguien de corazón noble y valiente puede tomarlo sin quemarse.
La reliquia desapareció. Otra apareció. Una rosa negra. Hermosa. Peligrosa.
—La rosa negra de Einar. Creada por el príncipe de los Anglos para una mujer llamada Ylva—Las espinas brillaron peligrosamente—. Para los humanos, el veneno de las espinas es mortal. Para los sobrenaturales es un afrodisíaco.
Solo una mujer de corazón noble puede tomarla sin caer en el trance de Ylva. De lo contrario... Einar vendrá por ella.
Jayden murmuró un:
—Eso es definitivamente suena horrible.
Y no estaba para nada equivocado. La tercera reliquia apareció lentamente. Una corona dorada cubierta de grietas. Triste. Pesada.
—La corona de la princesa Anissa. Maldijo a su dueña con mil hijos tras no poder salvar a su reino de una devastadora sequía que costó muchas vidas. Solo alguien capaz de comprender el dolor de Anissa podrá tocarla y recibir un deseo.
El ambiente se volvió incómodo. Finalmente, apareció el último objeto. Un anillo plateado. Simple y elegante. Peligroso.
—El anillo de compromiso de la Luna Celina. La primera Luna de la Manada Luna de Cristal. Solo un verdadero Alfa capaz de entender el amor verdadero puede sostenerlo.—Dmitri se tensó, apenas. Claro. Era una reliquia de su manada.—De lo contrario, la plata lo consumirá durante mil años.
Perfecto. Nada traumático. Los Guardianes continuaron.
—Quienes encuentren los objetos serán únicamente sus portadores. El resto del equipo se enfocará en protegerlos durante el trayecto.
—Sin peleas—añadió la vampiresa.—Sin violencia. Sin desastres.
Mis ojos se desviaron lentamente hacia Dmitri. Luego hacia Jayden. Los tres pensamos exactamente lo mismo. Estábamos condenados.