Tras la muerte de Salvatore Vindicta, el imperio criminal queda en el aire. Contra todo pronóstico, Chiara debe asumir el control del negocio familiar. Muchos capos no aceptan que una mujer lidere la organización, y las traiciones comienzan a surgir desde dentro.
Mientras intenta mantener unido el imperio de su padre, la guerra con las familias rivales se intensifica. Markus Becker permanece a su lado, pero su relación también se ve puesta a prueba por el poder, los secretos y las decisiones que Chiara debe tomar para sobrevivir.
En este libro, Chiara pasa de ser la hija del capo a convertirse en una líder temida, mientras su mundo literalmente arde entre violencia, alianzas rotas y sacrificios que podrán en juego su nuevo imperio.
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Capitolo 9
...⚔️...
Durante una semana entera, el ataque fue perfeccionado hasta el último detalle. Para nadie hubo descanso ni un solo día.
Cada hora traía un ajuste nuevo, una ruta modificada, una posibilidad evaluada y descartada. Los planos cambiaban, los tiempos se recalculaban, los equipos se reorganizaban.
Nada quedaba al azar.
Chiara supervisaba todo.
No delegaba lo importante. No esta vez. Sabía lo que estaba en juego.
Y, aunque no lo dijera en voz alta… estaba nerviosa.
No por la operación. No por el riesgo. Sino por lo inevitable.
Markus.
La posibilidad de verlo otra vez… pero no como antes.
Ahora como enemiga.
Como capo di tutti.
Como alguien que debía matarlo si era necesario.
Ese pensamiento no la abandonó en toda la semana.
El día llegó.
Sin avisos.
Sin segundas oportunidades.
Chiara estaba en su habitación, lista.
Vestía de negro. Capas oscuras, ajustadas a su cuerpo, con detalles tácticos que combinaban funcionalidad y presencia. El cuello alto, el chaleco con correas antibalas, los guantes… todo en ella proyectaba control.
Fría, Implacable, Intocable.
Se observó unos segundos frente al espejo. No era la misma mujer de antes. Y no pensaba volver a serlo.
Antes de partir, fue a despedirse.
Primero de su madre.
Un abrazo breve, pero cargado de todo lo que no podían decir.
Luego, su abuelo.
Con él fue distinto.
Chiara lo abrazó dos veces, con más fuerza de la habitual. Luego tomó sus manos y lo miró fijamente.
—Esta vez no les fallaré —dijo con firmeza—Traeré la cabeza de Bruno Becker… y la de Markus, si es necesario.
Eduardo sostuvo su mirada.
—Con Bruno es suficiente para tu madre.
Hizo una pausa.
—Cuídate, nieta mía. No dejes que te maten.
Chiara esbozó una leve sonrisa.
—Todo está listo. Mi gente está en posición.
Dudó un segundo.
—Si no sobrevivo… Alonzo tomará el control.
El rostro de su abuelo se endureció.
—No digas eso. No es una despedida.
Chiara asintió lentamente.
—Bene…
Se separó.
Y antes de irse, murmuró:
—Que el diavolo juegue a nuestro favor.
El auto ya la esperaba. Dentro, ricci y monica iban armados también pero ambos en silencio, la tensión era palpable en el trayecto hasta la base aérea que en realidad fue corta, pero cargado de miles de emociones.
Todos sabían lo que venía. Al llegar, la escena era imponente.
Las divisiones élite, platino y bronce estaban alineadas. Equipados con trajes tácticos, pasamontañas y armamento de alto calibre.
Preparados para la guerra.
Chiara avanzó hasta el centro.
Y todos la miraron.
Esperando.
Ella alzó la vista.
Y habló.
—Signores… signoras… hoy es un día importante para la organización de los Vindicta-Medici.
Su voz fue clara. Firme. Autoritaria.
—Hoy acabaremos con los asesinos de mi difunto padre y difunto capo di tutti por lo que Ofrezco más de Mil millones de euros a quien me entregue las cabezas de Bruno Becker, Markus Becker y Volker Becker.
Un murmullo contenido recorrió las filas.
—Y cincuenta millones por Klaus Becker, Greta Becker… y sus hijos ya que son personas que no me interesan de a mucho.
Hizo una pausa.
—Habrá recompensas para todos.
Su mirada se endureció.
—Pero más… para quienes me los traigan.
Vivos o muertos.
Se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Preferiblemente… muertos.
Silencio absoluto.
—¿Entendido?
Unísono.
—¡Sí, signorina!
Chiara hizo una seña.
Y la maquinaria se puso en marcha.
Mientras los equipos abordaban los helicópteros, Monica se acercó con un arma en la mano. Con la mirada fija en chiara.
—¿Estás bien? te veo extraña prima.
Chiara no respondió de inmediato.
—Tengo una sensación que no me cabe en la cabeza … —admitió—Ya he sentido esto antes.
Monica la observó con seriedad.
—Antes de cometer un error.
Silencio.
—Dime algo —continuó—¿De verdad vas a ser capaz de matar a Markus cuando lo tengas al frente tuyo?
La pregunta quedó suspendida.
Pesada.
Real.
Chiara apretó la mandíbula.
—No te voy a mentir —dijo finalmente—El odio corre por mi sangre.
Le sostuvo la mirada.
—Y al enemigo… Viene sradicato. (se le arranca de raíz)
Monica no parecía convencida.
—Espero que no te equivoques. Este operativo no lo permite, sí o sí alguien de ellos tiene que caer.
Chiara asintió.
—Lo sé.
Hizo un gesto.
—Vamos.
Subieron los motores encendidos, hélices cortando el aire y en cuestión de segundos varios helicópteros ya estaban en el cielo rumbo a berlín.
El viaje no era largo. Pero el silencio lo hacía eterno Chiara observaba por la ventanilla.
Perdida en sus pensamientos concentrada en todo la responsabilidad que llevaba consigo en este día.
Enfrente, en otro helicóptero, Leonid.
Vestido igual que ella.
Armado.
Preparado.
Sus miradas se cruzaron varias veces en el aire.
Pero ninguno dijo nada.
No hacía falta.
Todo estaba dicho.
Todo estaba en juego.
Y entonces… Los recuerdos llegaron sin permiso.
Su padre, El helicóptero, La sangre, La desesperación, Su muerte.
Chiara apretó la mandíbula con fuerza.
Luego el hospital.
El frío, El vacío. Todo volvió como si nunca se hubiera ido.
Cerró los ojos un segundo.
Respiró.
Y lo enterró.
No era momento de sentir.
Era momento de ejecutar.
—Faltan solo cinco minutos para que aterricemos—anunció el piloto.
Chiara abrió los ojos. Volvió al presente. Se ajustó el cinturón.
Todos lo hicieron.
El helicóptero descendió.
Una pista abandonada, Invisible, Olvidada.
Cuando tocaron suelo alemán chiara solo respiro profundamente el frio era infernal allí, bajaron uno a uno de los helicópteros en silencio analizando alrededor del lugar a ella le entraban algunos recuerdos, pero se le esfumaron y sin perder tiempo, avanzaron hacia una zona boscosa que separa la pista de la mansión a unos metros largos de la mansión de los becker por lo que nadie se daría cuenta que habían llegado, arboles altos, piedras, animales alrededor el lugar ideal para atacar.
Chiara caminaba al frente.
Firme.
Decidida.
Cada paso la acercaba más al final.
De la guerra.
O de ella misma.
Y en su mente… una sola idea se repetía que esta vez no iba a fracasar por nada del mundo.
...CONTINUARÁ ...