Para asumir el mando de la mafia, Alessandro debe estar casado.
Implacable y hecho para la violencia, el príncipe de la mafia de Monreale nunca mostró bondad. Hasta que su camino se cruza con el de un joven llamado Nicolò, que despierta en él una obsesión peligrosa.
Y al descubrir las marcas dejadas por años de abuso y crueldad familiar, algo cambia en él. Aunque su instinto de posesión ya lo hace ver a ese extraño joven como su propiedad, se atreve a plantearse un desafío:
Antes de revelar la verdad y llevarlo al altar, quiere que Nicolò se enamore de él.
—Tu cuerpo ya me pertenece, aunque no lo sepas, pero también quiero tu corazón. —A. Morreale
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Capítulo 22
Mientras Alessandro conducía, no dejaba de imaginar los posibles escenarios de cómo sería su vida con Nicolò. La primera posibilidad era que Nicolò aceptara el matrimonio y el hecho de que Alessandro sería oficializado como Don y vivieran felices para siempre. La segunda, era que Nicolò lo odiara por el resto de su vida. Todavía había una tercera y cuarta opciones: la tercera, que él desistiera de la idea de casarse con Nicolò y la cuarta, que él renunciara a la mafia.
Alessandro se rió con la última idea: "fuera de discusión", pensó resuelto. Por otro lado, Nicolò ya tenía un blanco en la espalda, en realidad, mucho más que uno y cada día el número parecía aumentar y él no podía dejar a Nicolò a merced de aquellos gusanos que deberían ser su familia.
Sería cómico si no fuera una gran tragedia griega, que Nicolò estuviera más seguro con aquellos que más le hacían daño. El impulso de Alessandro era arrancar a Nicolò de aquella casa y dar un fin merecido a cada una de aquellas personas, desde que él conoció más de la historia del ragazzo. Sin embargo, al comentar con el viejo Don Valerio, fue informado de cosas sobre la vida de Nicolò que ni él mismo sabía, pero era algo que exigía investigación y descripción, y más: descubrió que había infiltrados entre sus hombres, locos por llevar su cabeza en una bandeja para los Galli.
Alessandro había pensado que había resuelto el problema de las amenazas internas con los dos cuerpos sin cabeza que mandó en cortejo hasta las familias, dejando claro el recado: traidores no tienen cabida. Pero no fue lo que sucedió y pequeñas informaciones continuaban filtrándose, así como algunas comercializaciones eran debilitadas, lo que estaba generando un agujero en las finanzas que cada día se hacía más significativo.
¿Y qué mantiene el poder si no el dinero? Alessandro no era tonto, sabía que no existía más esa cosa de lealtad por honor o principios, lo que existía era un precio por la lealtad. Sus hombres le eran leales mientras ningún otro Don ofreciera más de lo que él ofrecía. Claro, tenía algunas raras, bueno, pero muy raras excepciones, por lo demás Alessandro juzgó mejor seguir aquel dicho de no confiar ni en la propia ropa.
Pero en medio de todo el caos de conspiraciones y tramas, él todavía quería ser por más tiempo la persona que era cuando estaba con Nicolò, entonces juntó a sus hombres de más confianza, aquellos que él tenía certeza que m0r1r14n por él sin dudar y planeó el viaje para Palermo.
Y fue todo mucho mejor de lo que él había imaginado. Nicolò, a pesar de un poco confuso con los sentimientos, confió en él y se permitió entregarse a aquellos besos que Alessandro tenía certeza que habían sido los mejores de su vida hasta aquel momento, pues él esperaba muchos otros futuramente con su esposo.
Era eso, casarse con Nicolò era una decisión que no daba para volver atrás y si su padre estuviera en lo cierto sobre el origen de Nicolò, tal vez fuera una forma de tornar la Mafia Monreale aún más fuerte.
Todo sería más fácil si Alessandro pudiera contar con la ayuda de Marco, pero en tierra de traidores, es siempre bueno desconfiar de quien menos se espera. Y no poder confiar completamente en Marco era algo que lo estaba perturbando mucho, al fin y al cabo, Marco siempre fue su amigo. Único y mejor amigo, a quien él amaba más de lo que amaría a un hermano y si tuviera que m4t4r a Marco por traición, ciertamente sería algo que partiría su corazón.
Alessandro apretó el volante con más fuerza de lo necesario, los nudillos de los dedos blanqueándose. El pensamiento de Marco era como una lámina fina: no cortaba de una vez, pero se quedaba allí, hiriendo despacio.
Él odiaba esa sensación de duda, porque la duda debilita, y la debilidad, en aquel mundo, era una sentencia de m0rt3.
Marco siempre estuvo a su lado. Desde los tiempos en que aún eran apenas dos jóvenes aprendiendo a ser quienes eran.
Marco estuvo a su lado en los peores y en los mejores momentos. Fue Marco quien lo animaba y motivaba a continuar cuando estaba exhausto y pensaba que no daría abasto para derramar más s4ngu3. Fue Marco quien se quedó en silencio cuando Alessandro necesitó llorar por su madre. Pero ahora...
Ahora había sombras demás donde antes solo existía confianza. Tal vez fuera eso lo que más lo aterrorizaba: no saber si estaba siendo injusto o ingenuo.
Cuando finalmente estacionó, Alessandro respiró hondo antes de bajar del coche. Vistió nuevamente la máscara del Don: hombros rectos, expresión impasible, mirada s4nguin4ri4. Y esa versión de él no podía dudar, no podía amar demasiado, no podía permitirse debilidades, no podía cometer ninguna falla. Era la única forma de sobrevivir.
Pero Nicolò, ahora podía representar una grieta en esa armadura cuidadosamente construida a lo largo de años de entrenamiento, t0rtur4s y m0rt3s.
Pensar en él suavizaba y tranquilizaba algo en su pecho que Alessandro siquiera sabía nombrar. Nicolò no tenía idea de cuánto su existencia se había tornado un eje, algo en torno al cual todo giraba. Protegerlo ahora era más que cuidar de lo que era suyo, era estrategia y necesidad. A pesar de las incertidumbres con relación a Nicolò, de una cosa, Alessandro estaba convencido: si alguien osara tocar, herir o intentar cualquier otra actitud, Alessandro tenía certeza de que haría el mundo arder en llamas, incluso si ellas lo consumieran, con tal de que Nicolò estuviera bien.
"Una cosa a la vez, Alessandro. O vas a enloquecer y no es hora para darte de desjuiciado. Necesito descubrir la verdad sobre Marco pronto, él es mejor que yo en este negocio de investigar... ¡Malditos Galli! Hijos de p#t4 de unos traidores...", pensaba Alessandro mirando por el retrovisor para garantizar que no tenía ningún coche sospechoso detrás de él.
La verdad sobre el origen de Nicolò martillaba en su mente. Si Don Valerio estuviera en lo cierto, aquello cambiaría mucha cosa en el submundo italiano y, dado sus ramificaciones y acciones internacionales, en el submundo mundial también tendría impactos.
Sangre llama sangre, y ciertos apellidos cargaban más peso que armas. Un matrimonio, en esas circunstancias, no sería apenas un gesto de amor o posesión, sino una jugada definitiva en el tablero.
Aún así, Alessandro no quería que Nicolò fuera solo eso: una pieza. Él merecía más. Merecía ser feliz, vivir la vida que le fue negada por dieciocho años.
El problema era que el tiempo no estaba del lado de ellos. Los Galli se movían en las sombras, los traidores cuchicheaban por los pasillos y cada día sin acción era una invitación al caos. Alessandro sabía que, muy pronto, tendría que ensuciarse aún más las manos. Tal vez con la sangre de un enemigo declarado. Tal vez con la de alguien que un día llamó hermano.
La Mafia Monreale, así como todas las otras mafias, exigía sacrificios.
Y Alessandro estaba dispuesto a pagar el precio, un precio que él dividiría con Nicolò, solo esperaba que algún día, Nicolò lo perdonara.
"Prometo garantizar que tengas todo lo que mereces, mi ragazzo, incluso si tu odio por mí sea mayor que el amor".
Alessandro se acercaba a su destino, ahora necesitaba foco, concentración total o podría encontrar su fin allí mismo.