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La Protegida Del Don Greco

La Protegida Del Don Greco

Status: Terminada
Genre:Romance / Posesivo / Arrogante / Mafia / Amor a primera vista / Diferencia de edad / Completas
Popularitas:611.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Rosana C. Lyra

Theo Greco es uno de los mafiosos más temidos de Canadá. Griego de nacimiento, frío como el acero de sus armas y con cuarenta años de una vida marcada por sangre y traiciones, nunca creyó que algo pudiera sacudir su alma endurecida. Hasta encontrar a una joven encadenada en el sótano de una fábrica abandonada.

Herida, asustada y sin voz, ella es la prueba viviente de una pesadilla. Pero en sus ojos, Greco ve algo que jamás pensó volver a encontrar: el recuerdo de que aún existe humanidad dentro de él.

Entre armas, secretos y enemigos, nace un vínculo improbable entre un hombre que juró no ser capaz de amar y una mujer que lo perdió todo, menos el valor de sobrevivir.

¿Podrá una rosa hecha pedazos florecer en los brazos del Don más temido de Toronto?

NovelToon tiene autorización de Rosana C. Lyra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 15 – El Silencio que se Rompe

La madrugada avanzaba lenta, como un enemigo sigiloso. En la mansión Greco, el silencio solo era interrumpido por el ruido de los pasos firmes de los guardias que rondaban los pasillos. Las luces bajas dejaban todo en un tono amarillento, pesado, como si hasta la casa respirara en alerta.

En la habitación de Theo, el Don permanecía despierto, sentado en la butaca frente a la ventana abierta. El humo del cigarro dibujaba líneas en el aire, serpentando antes de desaparecer. No dormía fácilmente, nunca dormía. El sueño era demasiado frágil para alguien que cargaba tantos enemigos.

Pero no era solo eso. Cada vez que cerraba los ojos, venía la imagen de ella. La forma en que lo miró cuando volvió cubierto de sangre. El susto, el miedo, pero también… algo más.

Theo apoyó el codo en el brazo de la butaca y se masajeó la sien. Su corazón, que ya había aprendido a latir solo al ritmo del cálculo y la sangre, parecía insubordinado, acelerándose en momentos en que no debía.

Entonces llegó el sonido.

Bajo, frágil, como un lamento arañando la madrugada. Theo se enderezó en la butaca, los músculos tensos. Venía de la habitación de ella.

Apagó el cigarro, se levantó y caminó con pasos largos hasta la puerta. No necesitó pensar, sus pies ya sabían el camino.

Cuando entró, la escena lo golpeó con fuerza.

Naya estaba encogida en la cama, las sábanas torcidas entre las piernas, el cuerpo temblando como si lo desgarraran recuerdos invisibles. Sus manos aferraban la almohada, y los labios suplicaban algo que se perdía en sollozos.

—No… por favor… no… duele.

Theo sintió el pecho apretarse. Era un apretón extraño, que no venía de heridas ni de peleas, sino de algo que no controlaba.

—Naya. —llamó, bajo, la voz ronca llenando la habitación.

Ella no despertó. La pesadilla la mantenía presa, los ojos cerrados en pánico.

Él se acercó, se sentó en el borde de la cama. Por un instante, no supo qué hacer. Sus manos, acostumbradas a apretar gatillos y romper huesos, vacilaron ante un gesto simple: tocar.

Pero cuando su cuerpo se arqueó en desesperación, decidió. Puso la mano en su hombro, firme pero cuidadoso.

—Despierta. —dijo, más alto.

Sus ojos se abrieron de golpe, vidriosos, húmedos. Y entonces, por primera vez, la voz salió clara, aunque en un susurro ronco:

—No me dejes sola.

Theo quedó inmóvil un segundo. Aquellas palabras resonaron en la habitación, atravesaron sus defensas como una bala.

La observó, frágil, vulnerable, mirándolo como si él fuera el único ancla en el mundo. No había desafío, no había rabia. Solo una súplica, desesperada.

Sin pensar, la atrajo hacia sí.

Sus brazos envolvieron su cuerpo, pequeño, trémulo. Naya se encogió contra su pecho, aferrando la tela de su camisa. Theo cerró los ojos por un instante, sintiendo su peso contra él. Era tan ligera, tan rota y, al mismo tiempo, tan viva.

Nunca había sostenido a nadie así. No con ese cuidado. No con ese miedo a romper.

—Estás a salvo. —susurró, grave, junto a su oído— Nadie va a tocarte mientras yo respire.

Sus sollozos disminuyeron, pero sus manos siguieron prendidas de él, como si soltar fuera condena.

Theo pasó la mano por su espalda, vacilante, casi torpe, pero repitió el gesto como quien aprende algo nuevo. El silencio en la habitación ahora era solo el sonido de sus respiraciones, mezclándose.

Por dentro, Theo sabía la verdad, ya había matado por ella. Vladimir no cayó solo por una deuda o por intentar matarlo. Murió porque se atrevió a tocarla, porque la encerró, porque la hirió. Theo había marcado su muerte desde el momento en que vio a Naya encadenada en aquel sótano.

Y ahora, con ella en sus brazos, tuvo certeza. No había retorno.

Naya, aun confusa, también lo sabía. No entendía los detalles, no conocía las razones, pero lo sentía. Por primera vez en tanto tiempo, alguien había luchado por su vida. No para usarla, no para destruirla. Luchado.

Apretó más la tela de su camisa, escondiendo el rostro contra su ancho pecho. Su corazón latía fuerte, pesado, como un tambor que no mentía.

Theo permaneció allí, inmóvil, sosteniéndola. El tiempo pasó lento. Sus ojos se fijaron en el techo oscuro, pero por dentro la situación era otra. Era la lucha entre ser el verdugo que el mundo conocía… y el hombre que, por instantes, se atrevía a querer proteger algo más que su propio nombre.

Ella se durmió de nuevo, poco a poco, el cuerpo relajándose en sus brazos. Theo no la soltó. Se quedó allí, como guardián, como muralla.

Y, por primera vez en años, no se sintió solo.

La madrugada aún no había terminado cuando Nikos llamó a la puerta de la habitación.

—¿Don? —la voz llegó contenida.

Theo no respondió de inmediato. Estaba en la cama, aún sosteniendo a Naya, que dormía abrazada a él, cubierta con la manta que él mismo acomodó.

Nikos abrió la puerta despacio, lo miró y se quedó helado un instante al ver la escena ante él, la joven dormida, tranquila por primera vez, en los brazos del Don.

Theo encaró a su mano derecha con la firmeza de siempre.

—Ni una palabra.

Nikos asintió.

—Claro.

Theo se levantó, saliendo del abrazo con dificultad y cerró la puerta de nuevo empujando a Nikos hacia fuera.

Volvió a la cama, observando a Naya dormir. Por un momento, se permitió algo que nunca se permitía… sentarse en la butaca de al lado y simplemente vigilar.

El silencio ya no era solo un peso. Era un vínculo.

Cuando la primera luz de la mañana tocó el vidrio de la ventana, Theo se dio cuenta de que no había cerrado los ojos en ningún momento. Pero, extrañamente, no sentía cansancio.

Encendió un cigarro, aspiró hondo y dejó que el humo se perdiera por la habitación. La miró, aún dormida, y se preguntó a sí mismo:

—¿Qué diablos estás haciendo conmigo?

Pero no hubo respuesta. Solo la respiración suave de quien, por un instante, estaba a salvo.

Theo Greco, el hombre hecho para matar, acababa de descubrir que, a veces, sostener es más difícil que destruir.

Y quizá, solo quizá, eso era lo que más lo asustaba.

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Andreina🥰
Interesante, Recomendada 😍♥️
Maria Rosa Ascani
preciosa 💕
Luasmen Mendez
yo estoy intrigada de quién es ella 😍 y por qué Vladimir la tenía así 😊 así que seguiré leyendo 😍😍
Andrea Nardelli
extraordinaria exelente
Enriqueta Cruz
cuando ai tensión el cigarro relaja mi papá lo hacía se fumaba asta 2 cajetillas al día claro k ala larga da cancer xk mi papá de eso murió pero el decía k de algo seban a morir y más el k es mafioso
Gabriela Plata
lo recomiendo buenisimo
Mercedez Peréz
bueno como dije antes buena no es asta aquí dejo me aburrió siempre lo mismo espero leer algo mejor de UD
Mercedez Peréz
está historia la sigo no porque este buena pero ya la empeze la termino escritora siempre está rondando en lo mismo solo le cambia algunas cositas pero es lo mismo 😡😡😡😡
Beisy Antunez
Me gustó la historia, el ver por lo que un persona privada de su libertad y a merced de gente que se enriquece con el sufrimiento de otros, para mí despertó un poco tarde pero lo mejor sin fantasmas para seguir adelante con la vida de los mafiosos
Mercedez Peréz
bueno asta ahora más o menos no avanza seguimos dando vuelta en lo mismo veremos
Susana Macedo
Hermosa historia, muy atrapante de principio a fin, muy bien narrada felicitaciones autora 👏👏👏👏
Beisy Antunez
Tu historia es buena pero y es hora que una persona que le quitaron todos caiga en la realidad muchos más cuando aún fuera de esas cuatro paredes eres un número, una mercancía y te están buscando ya debería despertar un tiene instinto de supervivencia
Marcela Caro Ciraco
estaba dudando de Naya (tengo mucho Netflix encima 🤭) me desdigo de mi desconfianza, es la mujer del Verdugo sin dudas 👏
Marcela Caro Ciraco
Hay algo que me hace ruido en ella... a lo mejor me equivoco
nohelit perez
que avance, porque porque ese don no hace nada más que fumar y beber 🥴🥴🥴
betty alvarez
Me super encantó tu historia, tienes un talento increíble, desde que la empecé a leer quedé encantada. gracias por deleitar nuestra lectura. 🥰 felicidades por tu trabajo y talento 🥰👏👏👏
Fannny Castro
Excelente
Gloria Galvan
Hermosa historia me atrapó el personaje del Don, felicidades escritora 👏
Andrea Morganti
Hermosa historia escritora. Gracias por compartir.
Michel Moreno
buenísima novela
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