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IMPERIO DE CRISTAL " LA REYNA DE MAXIMILIAN"

IMPERIO DE CRISTAL " LA REYNA DE MAXIMILIAN"

Status: En proceso
Genre:Amor-odio
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: mailyn rodriguez

Maximilian es el Faraón del siglo XXI, un hombre que no perdona errores y que ha construido su mundo sobre el orden y el oro. Amara es la joya que él ha deseado en silencio, la mujer que rescató de un destino cruel para sentarla en un trono que ella nunca pidió.Pero en los pasillos dorados del palacio de cristal, los secretos pesan más que las joyas. Mientras las copas de cristal se alzan en honor a su unión, un beso robado en las sombras y un plan de huida están a punto de derribar el imperio de Maximilian.Él le dio el mundo. Ella solo quería un corazón. Cuando el hombre más poderoso del planeta descubra que su reina ama a un peón, la ciudad de oro conocerá la verdadera furia de un rey traicionado. Porque en la guerra por el amor, Maximilian no está dispuesto a perder... y Amara no está dispuesta a dejarse poseer."

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Capítulo 17: El Hijo del Desprecio

Dos semanas habían pasado desde que el mundo de Amara se desmoronó bajo el peso de una bofetada y un destierro injusto. En la casa de sus padres, el tiempo parecía haberse detenido en una penumbra húmeda y cargada de reproches. Amara pasaba los días encerrada en su vieja habitación, esa que ahora le resultaba pequeña y asfixiante comparada con la inmensidad de la Torre Ra. Su salud se deterioraba rápidamente; estaba pálida, apenas probaba bocado y los mareos matutinos se habían vuelto una constante que la obligaba a aferrarse a los bordes de su cama de madera crujiente. Sus padres, lejos de consolarla, la observaban con una mezcla de lástima y rencor, culpándola en silencio por la pérdida del flujo de oro que Maximilian les proporcionaba.

Sin embargo, una mañana, tras un desvanecimiento que la dejó tendida en el suelo frío, Amara comprendió que su malestar no era solo fruto de la tristeza. Con el corazón latiéndole en la garganta, buscó a una vieja partera del barrio que, tras un breve examen, confirmó sus sospechas. Estaba embarazada. Un hijo de Maximilian crecía en su vientre, fruto de aquellas noches de pasión y promesas en el desierto y en la torre. Por un instante, una chispa de esperanza iluminó su rostro demacrado. "Si se lo digo, si sabe que es suyo, entenderá que nunca le mentí", pensó ella, aferrándose a esa última posibilidad como un náufrago a una tabla.

A pesar de las advertencias de sus padres, que temían la reacción del CEO, Amara se vistió con la mejor túnica que le quedaba y se dirigió a la Torre Ra. El trayecto fue un calvario de nervios y náuseas. Al llegar, los guardias del primer anillo intentaron detenerla, pero Yusuf, que aún guardaba una pizca de remordimiento por lo ocurrido, permitió que subiera al penthouse. Al entrar, el lujo del lugar la golpeó como un recuerdo doloroso. Maximilian estaba allí, de pie frente al ventanal de su despacho, con una copa de cristal en la mano y la mirada perdida en el horizonte dorado de Neo-Luxor. Parecía más delgado, más oscuro, como si el odio lo estuviera consumiendo por dentro.

—Te dije que no quería volver a ver tu rostro en mi torre, Amara —dijo él, sin siquiera girarse. Su voz era un trueno sordo que hizo que ella se detuviera en seco.

—Maximilian, por favor, escúchame… solo un minuto —suplicó ella, con las manos entrelazadas sobre su vientre aún plano—. He venido porque tengo que darte una noticia. Algo que lo cambia todo entre nosotros.

Maximilian se giró lentamente, y su mirada café era un pozo de hielo y desprecio. No había rastro del hombre que la besaba con ternura semanas atrás.

—Nada puede cambiar la traición, Amara. Nada puede borrar las imágenes de ti con ese infeliz. ¿Qué quieres ahora? ¿Más dinero? ¿Más libertad para seguir humillándome?

—¡Estoy embarazada, Maximilian! —gritó ella, y el silencio que siguió fue tan denso que pareció aplastar el aire de la habitación. Amara dio un paso hacia él, con lágrimas rodando por sus mejillas—. Es tu hijo. Lo concebimos en el desierto, en aquella tormenta. Es un Al-Mansur. Por favor, mírame, sabes que no te miento.

Maximilian se quedó inmóvil por un segundo, y Amara creyó ver una grieta en su armadura de obsidiana. Pero entonces, una risa seca, amarga y cruel brotó de sus labios. Una risa que le dolió más que cualquier golpe.

—¿Embarazada? Qué conveniente, Amara. Qué estrategia tan clásica para intentar recuperar tu posición de reina —dijo él, acercándose a ella con una lentitud amenazante—. ¿Realmente crees que soy tan estúpido? ¿Crees que voy a aceptar como mío al bastardo de tu amante?

—¡Es tuyo! —sollozó ella, retrocediendo ante la frialdad de su esposo—. ¡Te juro por mi vida que no he estado con nadie más!

—¡Basta! —rugió Maximilian, y con un movimiento brusco, señaló la puerta—. No me importa ese niño. Si estás esperando un hijo, busca al padre. Busca a Dario en los muelles y dile que se haga cargo de su semilla. Porque para mí, ese niño no es más que la prueba viviente de tu deshonra. ¡Fuera de mi vista antes de que haga que te saquen a rastras!

Amara sintió que el mundo se acababa. El rechazo de Maximilian no solo la hería a ella, sino que condenaba al ser que llevaba dentro. Con el alma hecha jirones y el rostro empapado en lágrimas, salió de la torre por última vez, escoltada por guardias que ya no la miraban como a una reina, sino como a una extraña. Al llegar a la calle, bajo el sol abrasador de Neo-Luxor, se abrazó a su vientre y caminó sin rumbo, sabiendo que el padre de su hijo acababa de sentenciarlos a ambos al olvido más absoluto.

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