"...En un mundo dónde la magia es posible, hadas, dragones, brujas y magos. Dónde las princesas con bellos vestidos son felices al cuidado de su príncipe azul, existió un reino gobernado por una pareja de reyes que se amaban mutuamente.
La paz reinaba hasta que un día un malvado brujo de cabellos de plata quiso hacerse del reino y de la bellísima primera princesa..."
Fue una novela que Nick leyó para transformar su mundo por completo.
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Marcando distancia
Descendieron muy cerca de grandes torres blancas, caminaron por las calles desiertas.
-Al parecer la ciudad solo está abandonada, no se debe reconstruir desde los cimientos, eso bueno.- El brujo llevaba al pequeño niño en brazos.
-Supongo que la población necesita ser llamada por su nuevo rey.- Por fin habló el dragón mientras tenía la mirada fija en la espalda del joven.
-Según los planos de básicos de la ciudad, existen cristales que podemos utilizar para el llamado, pero debemos esperar a que la luna se encuentre en su punto más alto. Mientras, busquemos un lugar para acomodar a este pequeñín.- Cada paso que daban podían sentir como el campo magnético del lugar vibraba, sentían que regeneraban fuerzas.
La ciudad era totalmente blanca, con cristales y piedras blanquecinas por donde miraran aunque estaban cubiertas de polvo no dejaban de brillar.
Cuando al fin la luna se posiciona en el lugar correcto Nick se coloca sus manos sobre un cuarzo gigante en medio de la ciudad bañada con luz de plata, totalmente gélido.
Como atraído por la fuerza magnética se elevan sutilmente emitiendo un rayo de luz azul eléctrico tan cegadora que pudo verse a miles de kilómetros.
Todo era posible gracias al Espíritu de la luna. Los descendientes de los habitantes originarios pudieron sentirlo en cada una de sus moléculas, cambiando sus ojos a un plateado exquisito. El rey está en casa y los llama.
La ciudad vibra completamente con la fuerza de la explosión magnética quitando el polvo que la cubría.
Su pueblo al sentir el llamado del brujo, rápidamente deciden emprender su viaje, algunos vivían en pueblos o ciudades como personas simples, otros eran mercaderes viajantes olvidando de donde provenían. Todos fueron atraídos por la gravedad de su nuevo gobernante.
-El Rey Brujo de Plata nos llama.- Se corría la voz rápidamente y muchos curiosos también fueron atraídos.
Con absoluta predisposición el gran dragón ayuda a Nick a poner orden con la llegada de las personas, asignando viviendas y provisiones.
-¡Wow! Jamás imaginé ver a un dragón tan cerca y como no cuestiona ninguna orden de brujo, es realmente increíble.- Mencionaba una anciana descansando en una banca. -Estoy agradecida, pensé que nunca podría conocer la ciudad que perteneció a mis antepasados.-
Solana escuchaba todo con una gran sonrisa, realmente estaba orgullosa de sus padres.
-Me gustaría que mi hermano pudiera crecer aquí y conozca a más personas dulces y amables.- Era lo que anhelaba su corazón. -Realmente voy a extrañar a mi padre Brante.- Razonables pensamientos para una muchachita que nunca antes conoció el amor incondicional.
-Con cada persona que regresa, el ciclo lunar corre, nuestro tiempo se agota.- Nick y Brante se encontraban en la torre más alta del palacio observando al pueblo dormir en sus nuevas casas cálidas gracias a piedras lunares calentadas con el aliento del dragón infinito.
El dragón no dice nada, no sabe cómo responder. Siente un nudo en la garganta. Siente la necesidad de tomar las manos del brujo para darle consuelo, pero no se atreve.
-Tus escamas son hermosas cuando brillan bajo la luz de la luna.- El Brujo toca una de ellas con el dedo índice, ante el tacto se liberan pequeños destellos. Atracción.
Kaito observa la secuencia desde lo más alto del cielo, teme por el corazón de su Emperador, pero su deber es llevarlos de regreso a su hogar.
-Estoy agotado, debemos descansar. Nos esperan días largos.- El Brujo desciende flotando gracias al magnetismo, dejando solo al dragón con sus pensamientos iluminado por la luz de la luna.
-Mi deber es con mi pueblo, pero mi corazón se quedará contigo.- Susurra el dragón al viento nocturno.
Cada vez está más cerca a su partida.
Al día siguiente luego de un gran desayuno, Solana y Argolux salen a explorar alrededor del palacio.
-Mi pequeño Argolux es una fuerza de demolición imparable.- El Brujo disfruta verlo extender sus alas.
Su melancólica crece y el tiempo juntos se agota, aunque al inicio quiso hacer todo lo posible para que no se vayan, tiene ética y esta le dice que retenerlo no es correcto.
-Es mejor cortar por lo sano y mantener una distancia segura para protegernos ambos.- Se masajeaba la frente, de tanto pensar se volvería loco. -Para empezar debo evitar compartir tiempo con él, principalmente en las comidas, debo enfocarme más en construir los acueductos qué siempre soñé.- Se dirige a la biblioteca para revisar planos.
-También es mucho muy importante evitar esos hermosos ojos que me queman cada vez que los miro. ¿Cómo puedo ser tan débil ante él?- Movía pergaminos y trataba de leerlos, una tarea casi imposible porque el dragón paseaba por su mente el mayor tiempo.
-Debo utilizar un tono más profesional con él, como cuando pedía trabajo de medio tiempo en diferentes lugares o cuando exponía en la universidad. Nada de ser suave Nicholas.- Se reprendía a sí mismo. -Utiliza tu tono frío a la hora de hablar sobre la seguridad y provisiones para los ciudadanos.- Arreglaba su cabello en una coleta alta.
-Estoy tan loco que hablo solo.- Suspiros van, suspiros vienen.
-Oye papá, ¿tienes tiempo? Ya nos aburrimos de estar solos.- Solana entraba a la biblioteca seguida del pequeño dragón, que al batir sus alas hace volar todos los papeles de la mesa. Rápidamente, se disponen a recoger todo, al levantar la vista se encuentra con el Emperador.
-Gracias.- Dice el brujo al recibir los papeles de las manos del dragón y rápidamente esquiva la mirada.
Ya entrada la noche evitó la cena familiar y se encierra en su habitación. Pero el pequeño Argolux tenía otros planes, decide dormir con sus dos padres y hermana, así como lo hacían en la cueva de cristal.
-Papá si no vas el pobrecito llorará.- Solana estiraba de los brazos a su padre. -No me gusta verlo triste.- Esos ojos de cachorros de la chica terminó por convencerlo y se dispone a ir a la habitación del pequeño que comparte con la muchacha.
Los niños en el medio y los padres en los extremos. -Marcando distancia Nicholas White.- Se repetía el brujo en su mente. Le era una tarea casi imposible y peor aún al sentir el calorcito qué emanaba el dragón desde su interior.
-Es magnético. Me atrae.- Hablaba el dragón en su mente sintiendo un cosquilleo bajo sus escamas. -¿Será este el amor destinado que tanto hablaba mi madre?- Presentía que esa noche tampoco podría dormir.
que le isieron ?