La historia comienza con Agustina y Cristian, dos novios que se amaban profundamente, pero que fueron separados por circunstancias ajenas a su voluntad. Ella se marchó llevándose consigo algo muy valioso.
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capitulo 8: güerito
Rebeca observaba al hombre frente a ella con abierto desprecio.
—Solo vine a ver a mi mujer y a mi hija, señora Rebeca. Ya me voy —contestó Eduard, acomodándose el sombrero; ahora era capataz en una hacienda.
—Que le quede algo muy claro, señor —sentenció Rebeca—. Puede relacionarse con mi hermana, pero eso no le da derecho a entrar aquí cuando le plazca.
Eduard no respondió. Se limitó a mirar a Rosalía y, con un leve gesto de despedida, se retiró.
Cuando quedaron solas, Rebeca clavó en Rosalía una mirada cargada de odio. No soportaba verla feliz; por eso, cada vez que podía, le recordaba la promesa hecha a sus padres, aquella que le impedía marcharse con ese hombre. No dijo nada más y se marchó, con una emoción amarga latiéndole en el pecho al pensar en la presencia de ese hombre y en la devoción con la que amaba a su hermana.
Eduar tenía treinta y cinco años y un corazón noble forjado en la humildad. Desde joven había servido como chófer de la familia Londoño y fue allí donde conoció a Rosalía, el amor de su vida. Su relación nació en silencio, oculta por el rechazo de Rebeca, quien jamás lo aceptó y guardaba motivos que iban más allá del simple desprecio.
Fue ella quien se encargó de sacarlo de la mansión, acusándolo injustamente y cerrándole las puertas de aquel lugar.
Eduar soñaba con llevarse a Rosalía a vivir con él, pero ella se aferraba a la promesa hecha a sus padres. Él la respetaba, aun cuando le dolía. Llevaban cinco años juntos y su amor seguía firme.
Cristian salió de la empresa y subió a su carro. Mientras conducía, su mente regresaba una y otra vez a Agustina, a aquello que ella parecía querer decirle el último día que se vieron. Ese recuerdo inconcluso bastó para que apretara el volante con fuerza. Luego le asaltaron las palabras de Betania, y el golpe seco que le dio al volante fue inevitable.
—¿Por qué te fuiste, Agustina? Me estoy volviendo loco sin ti… te necesito, mi chaparrita. Te voy a encontrar, y cuando eso pase, no volverás a escapar de mí. Eres mía, solo mía —susurró, al borde del llanto.
Un mes después
Agustina estaba limpiando la casa cuando un dolor fuerte le apretó el vientre. Se quedó quieta, respirando despacio, hasta que sintió el líquido correr por sus piernas. Entonces lo supo: ya era hora.
Agarró el bolso preparado y llamó a su madre antes de salir. A pesar del momento, logró mantener la calma.
Minutos después, Agustina llegó a un hospital cercano, antiguo y descuidado. No se veía personal médico por ningún lado. Aun así, conservó la calma; su formación como enfermera le permitía identificar las señales de su cuerpo y saber que debía actuar.
En uno de los pasillos, un joven estaba barriendo. Era un chico atractivo, de mirada noble, que soñaba con convertirse en médico, pero la falta de recursos lo había obligado a trabajar allí como aseador. Al verla entrar pálida y con dificultad para caminar, dejó la escoba a un lado y corrió hacia ella.
—Está en labor de parto. Tenemos que llevarla a la sala de maternidad, ahora mismo —indicó con rapidez.
Gracias a él, Agustina llegó rápido a la sala de partos. Poco después llegó personal con experiencia y el parto avanzó. El dolor fue intenso, hasta que se escuchó el llanto del bebé.
Con el parto ya terminado, Agustina tenía a su hijo en brazos y no dejaba de mirarlo.
—Ay, mi niño mírate, qué bonito estás. Saliste bien güerito, como tu papá —susurró.
La puerta se abrió con suavidad y su madre, Chavela, entró a la habitación. Se acercó despacio, con una sonrisa llena de amor.
—¡Ay, mijito! Qué precioso estás —expresó, Chavela.
—Cómo me gustaría que Cristian estuviera aquí y viera a nuestro pequeño —susurró, acariciando al bebé.
Chavela no pronunció palabra alguna. Su sonrisa cálida intentaba dar calma, pero en su interior ardía la ira hacia aquella mujer que tanto sufrimiento había provocado.
En Colombia...
Cristian se encontraba en la empresa con su amigo Martín, revisando unos planos para un proyecto. Sin embargo, por más que intentaba concentrarse en cada línea y cada detalle, sentía como si algo muy lejos y a la vez cercano lo llenara de felicidad, una sensación que lo atrapaba y lo mantenía suspendido entre sus pensamientos.
—Oye, Cristian, ¿me escuchas? —preguntó Martín, notando que estaba distraído.
—Sí, continúa —contestó Cristian, sacudiéndose la distracción y volviendo a lo real.
—Bien —dijo su amigo, y continuó explicando mientras señalaba los planos.
—Tenemos que lograr que este proyecto salga perfecto —aseguró Cristian, después de haber escuchado cada detalle.
—No hay duda, todo en los diseños está muy bien pensado —comentó Martín, señalando cuidadosamente los elementos más importantes.
Cristian se acercó al ventanal de su oficina, observando la ciudad desde lo alto. Luego giró hacia su amigo.
—No quiero ser uno más no quiero ser cualquier arquitecto. Quiero ser el mejor —comentó, motivado por su ambición personal y por la idea de que, cuando estuviera con su chaparrita, ella se sintiera orgullosa de él.
Cristian llegó a la mansión tras salir de la empresa, donde todavía vivía con sus padres. Su madre se plantó frente a él, con una mirada intensa que no dejaba lugar a dudas sobre lo que quería preguntar
—Entonces, ¿piensas buscar a Agustina? —preguntó Rebeca, porque Betania ya le había adelantado los planes de Cristian.
—Mamá, mamá te voy a pedir un favor. No es asunto tuyo ni de Betania, así que deja de meterte —dejó claro Cristian—. Luego subió a su habitación, seguro de que había sido Betania quien se lo contó.
Doris esta loca mando hacer tarjeta de bodas que obsesión tiene por Cristian pero esta jodida porque si se encuentra con su chaparrita las demás quedan por fuera.
Lectores, sé que muchos se preguntan por qué el investigador no ha logrado dar con Agustina. Como mencioné antes, Rebecca hizo todo para ocultarla y que no estuviera cerca de Cristian.
Por eso, aunque hay un investigador privado, no ha podido encontrarla Rebecca borró pistas, ocultó información y manipuló todo para desviar la búsqueda.
Aun así, él cumple su papel porque la verdad no se revelará de golpe sino poco a poco.
Eso lo mencioné en un capítulo, cuando ya habían pasado los años.
Rebeca ya le dijo a Betania que regreso la campesina que harán este par de arpías 🤔🤔🤔❓❓❓
Quien es el hombre elegante y misterioso que llego 🤔🤔🤔❓❓❓
Ricardo y Martin como que son gay porque hubo una conexión rara.
Doris la insufrible ya no la soporta pero parece una garrapata mal pegada.
Rebeca si reconocio a Agustina que hará y dirá 🤔🤔🤔❓❓❓
Dos locas obsesionadas con Cristian que quieren tenenerlo a como de lugar Doris y Betania no tienen autoestima a una la utilizan y la otra no la ven con ojos de negro gustas que ridículas otras patéticas mas.
Cristian ahora caes de ese edificio e iras a parar al hospital donde esta Agustina y a ella le tocara atenderte y lo peor sera que llegaran todas las arpías osea Doris, Betania y Rebeca la alcohólica y despreciable madre.
Otro director que se fijo en Agustina no me parece que venga otro a joderle la vida.