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Mi Vida Después De Ti

Mi Vida Después De Ti

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Reencuentro
Popularitas:4.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Maria Rosalva

Valentina creyó haberlo dado todo. Años de amor, de entrega, de familia y de sostener una vida que sin darse cuenta ya estaba quebrada.
Hasta que una noche, sin aviso, todo termino. Lo que siguió no fue una separación... fue un descenso al vacío. Entre el dolor, soledad y la reconstrucción de si misma, aparece Santiago... Un encuentro inesperado que despierta en ella emociones que creia muertas. Pero no todo lo que se enciende... sana, no todo lo que llega... permanece.
Esta es la historia de una mujer que tuvo que perdió a si misma, para finalmente reencontrarse.
"A veces, para volver a vivir... hay que aprender a soltarse"

NovelToon tiene autorización de Maria Rosalva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capítulo 9

Seguí yendo a trabajar, no porque estuviera bien ni porque tuviera fuerzas, sino porque sabía que si dejaba de hacerlo me iba a perder otra vez. Había días en los que el cuerpo no me respondía, en los que levantarme era una lucha silenciosa contra algo que no sabía nombrar, pero aun así me levantaba. Con los ojos pesados, con la garganta cerrada, con ese nudo constante que no se iba, me vestía, me miraba al espejo y aunque no me reconocía del todo… salía. Porque ese lugar, el restaurante, era lo único que me estaba sosteniendo.

Lucas no dejó de hablar. Nunca. —Estás cansada..— me decía —No es necesario que vayas.

Seguía así día tras día — Podés quedarte en casa. —Al principio respondía, intentaba explicarme, defenderme, pero después dejé de hacerlo. Porque entendí algo que me golpeó más fuerte que cualquier discusión: no era preocupación, era control. Y cuando eso se me hizo claro, algo dentro mío empezó a acomodarse, aunque doliera.

Las discusiones se volvieron más frecuentes, más intensas, más crudas. Ya no eran silencios incómodos, eran choques directos.

—¿Hasta cuándo vas a seguir con esto?— me dijo una noche, con ese tono que pretendía autoridad.

—Hasta que yo quiera — respondí, sosteniéndole la mirada. Vi cómo algo en él cambiaba, cómo esa seguridad que siempre había tenido empezaba a resquebrajarse.

—Te estás equivocando —, insistió. Solté una risa amarga.

—No… Me equivoqué antes.—

El aire se volvió pesado, denso, casi irrespirable.

—No empieces — dijo. Y esta vez no bajé la mirada.

—No… ahora sí voy a empezar.

Pero nada terminaba ahí. Nunca terminaba ahí. Los días seguían pasando y el trabajo me consumía, pero también me devolvía algo. Un poco de mí. Un poco de esa mujer que había dejado olvidada durante años. Y en medio de todo eso… lo encontré.

No fue buscándolo. No fue queriendo. Fue como todo lo que duele: de golpe.

Estaba ordenando unas cosas en su escritorio, algo simple, cotidiano, cuando vi el celular. Sabía que no debía tomarlo. Lo sabía. Pero lo hice. Y ahí estaban. No eran fotos. Eran videos. Él… con ella. Lucía. Mi mano empezó a temblar, el estómago se me cerró y una sensación de náusea me recorrió el cuerpo, pero no dejé de mirar. No pude. Como si necesitara terminar de romperme por completo.

Cuando lo escuché entrar… ya era tarde.

—¿Qué hacés? — su voz sonó seca, cortante. Me giré despacio, el celular todavía en mi mano.

—Esto hago — Se lo mostré. Su expresión cambió en un segundo. Se acercó rápido.

—Dame eso.

— No.— Mi voz salió firme, más de lo que esperaba.

—Valentina, dámelo.

—¿Qué más hay? — pregunté, sintiendo cómo la voz me vibraba por dentro. —¿Cuánto más? — Intentó quitármelo, pero no lo solté. — ¡Dámelo! — Y entonces pasó.

Me agarró del brazo con fuerza. Demasiada. Me zamarreó. Sentí cómo el cuerpo se sacudía, cómo el mundo se movía conmigo.

—¡Basta! — gritó. Y algo en mí se rompió. Pero no como antes. No hacia adentro. Esta vez fue distinto. Esta vez fue hacia afuera.

Lo miré, y sin pensarlo… le di una cachetada.

El sonido fue seco. Brutal. El silencio después… más aún.

Su cara quedó girada, inmóvil. Yo respiraba agitada, con el corazón desbocado, sintiendo cómo todo lo que había callado durante años salía de golpe. — No me toques nunca más — dije en voz baja, pero firme. Real. Me solté de su agarre, de ese momento, de él. — Se terminó.— Pero en el fondo sabía que no era verdad. Todavía no.

Esa noche no dormimos juntos. Ni la siguiente. Ni ninguna después de esa. Lucas se fue a otra habitación y la casa se dividió en dos, como todo lo demás. Pero yo no dejé de trabajar. Al otro día fui igual. Con el brazo marcado, con los ojos hinchados, con el alma cansada… pero fui.

Melina me miró apenas me vio. — ¿Estás bien? — Asentí.

Mentí. —Sí. — No insistió, y se lo agradecí. No tenía fuerzas para explicarlo, no todavía. Mientras trabajaba, sentí la mirada de Luciano más presente de lo habitual.

En un momento se acercó, en ese breve espacio donde el ruido de la cocina baja y el mundo parece detenerse un segundo. —Valentina.

Levanté la vista. —No estás bien.— Tragué saliva.

— Estoy cansada.

Negó suavemente con la cabeza.— No… no es solo eso.— Su voz no era invasiva, pero sí firme. — Si necesitás bajar el ritmo, podés hacerlo. No tenés que demostrar nada.

Lo miré, y por un instante sentí que alguien veía más de lo que yo quería mostrar. — Estoy bien.— repetí, más bajo. No discutió.

Pero tampoco me creyó. — Cuídate — dijo finalmente. — Porque si vos no lo hacés… nadie lo va a hacer por vos.

Asentí. Y seguí.

Porque eso era lo único que podía hacer.

Seguir.

Mientras tanto, lejos de esa cocina que me sostenía, la vida de Lucas también empezaba a tensarse. Lucía llegó a su oficina sin avisar, como solía hacerlo, segura, elegante, ocupando el espacio como si le perteneciera. — Hola, cariño… ¿Así me recibís? — dijo al notar su expresión distante.

Lucas se tensó apenas. — No deberías venir acá.— Ella frunció el ceño.

—¿Hace semanas que desapareciste y ahora tampoco puedo venir a verte?— Se cruzó de brazos, evaluándolo — ¿Qué te pasa? ¿Te estás arrepintiendo?— Él giró hacia la ventana, evitando su mirada.

— No es el momento.— Lucía dio un paso más. — No podés manejar todo, Lucas. En algún momento… se te va a caer.— Y aunque no respondió, algo en su silencio dejó en claro que lo sabía.

Esa misma noche, en casa, el silencio volvió a sentarse entre nosotros. Cenábamos sin mirarnos hasta que habló. — No sos la misma.

Levanté la vista. —No.— Hice una pausa, sosteniéndolo. — Gracias a Dios.— Y por primera vez en mucho tiempo, ese silencio no me pesó. Porque aunque dolía, aunque me costaba, aunque muchas veces sentía que no podía más… había algo que ya no iba a permitir.

Volver atrás.

No sabía cómo iba a seguir. No sabía cuánto más iba a aguantar. Pero sí sabía algo.

Esta vez…

no me iba a soltar.

Aunque me doliera.

Aunque me rompiera.

Aunque me dejara sin fuerzas.

Porque perderme otra vez…

ya no era una opción.

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Paola Elizabeth
es un boludo
Paola Elizabeth
hombres hombres
Paola Elizabeth
hdp
Emperatriz Reales
Q bueno q te enfrentaste a ese narcisista de porquería , q cree q él es el único q tiene valor como humano , cuando es una reverenda porquería
Maria Rosalva: 🤭🤭🤭 Emperatriz como estás? Bendiciones mi bella🥰
total 1 replies
Emperatriz Reales
Realmente así es, todos opinamos, pera la realidad es otra q no nos deja pensar con claridad, y esa llega el día menos pensado
Emperatriz Reales
No entiendo a esta mujer,suelta esas ataduras, ese demonio no te quiere, déjalo d una v z , para q alargar el dolor , ya esta clara q eso no va a ningún lado
Emperatriz Reales: Exacto, pero es así tal cual , cuando estamos donde ya no tenemos cabida
total 2 replies
Emperatriz Reales
La excusa perfecta, me molestó y no vuelvo
Maria Rosalva: tranqui el proceso puede cambiar , solo dale tiempo al tiempo, te prometo vivir una montaña rusa de emociones
total 1 replies
Emperatriz Reales
Hay q repetirnos, la infidelidad no se perdona
Emperatriz Reales
El no cambio , mejoró las estrategias
Emperatriz Reales
No se , no le creo a ese falso
Emperatriz Reales
Q cagada de hombre , Lucas te deseo lo peor q le puede pasar a una basura humana como tú , es despreciablemente, ósea , ella está enferma q tipo tan valuado
Maria Rosalva: 🤣🤣🤣tranquila mi bella jiji falta más
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Karina Vazquez Gonzalez
leyendo tu historia y ya estoy fascinada
siento que eso es lo peor que una mujer le puede pasar pensar que es hasta que lleguemos a viejitos los dos..y resulta que nada es para siempre sin saber que duele excelente inicio
Maria Rosalva: Cada capítulo es más intenso, mi alma le estoy dejando en cada línea, espero que disfrutes mucho
total 2 replies
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