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Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Un Amor A Lo Mafia Italiana.

Status: En proceso
Genre:Mafia / Apocalipsis
Popularitas:4.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Ybet Renú

Yo solo iba a entregar flores a la iglesia de San Gennaro.
No sabía que el ramo escondía un micrófono.
Ni que el hombre que me sonrió desde el altar era el Capo de Nápoles.
Ni que esa sonrisa sería lo último inocente que vería en mi vida.

NovelToon tiene autorización de Ybet Renú para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La rendición de un rey viejo.

Y entonces Don Greco entendió.

No lo entendió con la granada. No lo entendió con los muertos.

Lo entendió con el silencio.

Porque en ese silencio, no oyó a sus hombres.

Oyó a los de Enzo. Recargando.

El humo se abrió como un telón.

Don Greco se levantó. Cojeando. La pierna derecha quemada, el traje hecho jirones, la mano izquierda temblando. La única que le quedaba.

Miró.

Marco en el suelo. Respiraba. Por milagro. Pero no se levantaba.

Benedetto con un tiro en el hombro, arrastrándose.

De sus cuarenta hombres... quedaban doce de pie. Doce contra treinta.

Y entonces oyó los motores.

No eran suyos.

Por el camino de Villa Rinaldi subían más coches. Diez. Veinte.

De Palermo. De Catania. De Messina.

Los Vitelli. Los Mancini. Los Bruno. Los Santoro.

Familias que no le debían nada a Enzo Rinaldi.

Familias que vinieron igual.

Porque en diez minutos de guerra, la noticia corrió: _Il Lupo pelea por amor. Y Greco pelea por orgullo._

Y Sicilia eligió.

Se bajaron cien hombres. Cien fusiles. Cien miradas clavadas en él.

Don Greco los miró uno por uno. Y entendió.

*Había perdido Sicilia antes de perder la guerra.*

Enzo se levantó de los escombros. Llevaba a Vittoria en brazos. Ella sangraba del brazo, tenía polvo en la cara, el chaleco roto. Pero estaba viva. Y tenía la Glock aún en la mano.

La bajó despacio. La puso de pie. No la escondió.

Caminaron juntos. Pasando entre sus hombres. Pasando entre muertos. Hasta quedar a diez metros de Greco.

Nadie disparó.

Don Greco los miró. Al Lobo. A la florista.

Dos chicos de veintitantos, cubiertos de sangre, agarrados de la mano como si acabaran de salir de una iglesia y no de un infierno.

Y se rió.

Sin humor. Sin fuerza. Una risa de viejo que acaba de entender que el mundo ya no es suyo.

—Míralos —dijo, con la voz rota por el humo—. Míralos a todos.

> Señaló a los cien hombres nuevos. A Tomás en el tejado. A Zia Carmela con la escopeta. A Carmine llorando por un primo caído.

—Vinieron por él —dijo—. No por ti, Enzo. Por ustedes.

Escupió sangre.

—Mi hija tenía razón —dijo, mirando a Vittoria—. Me lo dijo anoche. "Papá, ya perdiste. Porque él la mira como tú nunca miraste a mamá."

Se cayó de rodillas. No por la herida. Por el peso.

—Sofia me traicionó —dijo, mirando al suelo—. Y yo se lo agradezco. Porque si ella no te daba el plan, tú morías. Y yo tenía que enterrar a otro hijo.

Levantó la cabeza. Miró a Enzo.

—Me rindo, Rinaldi —dijo. Alto. Para que Sicilia entera oyera—. Me rindo porque ya no soy Don. Soy un padre que casi mata a su hijo por orgullo. Porque te considere un hijo por muchos años.

Tiró la pistola. La que le quedaba. Cayó en la grava con un sonido que fue sentencia.

—Tuya es Sicilia —dijo—. Tuya es ella. Tuyo es todo.

Se quedó callado un segundo. Luego miró a Vittoria.

—Planta ese limonero por mi mujer —susurró—. Como te pidió mi hija. Para que al menos una Greco descanse en paz.

Enzo no dijo nada. Por un minuto entero.

Luego le hizo una seña a Tomás.

—Llévatelo —ordenó—. Curen a Marco. Encierren a los que quedan.

—¿Y él, Don? —preguntó Tomás, apuntando a Greco.

Enzo miró a Don Greco. Arrodillado. Roto. Sin nada.

—Déjenlo ir —dijo—. Que entierre a sus muertos. Que llore a su hija viva. Ese es peor castigo que una bala.

Don Greco lo miró. Y por primera vez en veinte años, no había odio en sus ojos. Había cansancio.

Se levantó como pudo. Cojeando. Sin mirar atrás.

Marco lo siguió. Cargado por dos hombres. Vivo.

Y se fueron.

La guerra duró doce minutos.

La rendición, uno.

Cuando el último coche de Greco desapareció, el silencio volvió.

Pero era otro silencio.

Era paz.

Enzo se giró. Miró a Vittoria. Le tocó la cara llena de polvo. Le limpió la sangre de la comisura con el pulgar.

> Enzo. —Se acabó, amore mio—susurró.

Ella lo miró. A él. A los cien hombres. A los limoneros ardiendo. A la casa rota.

Y se echó a reír.

Rota. Histérica. Libre.

—¿Ahora sí nos casamos? —preguntó, entre lágrimas y risas.

Enzo la cargó. Como la primera noche. Como la noche de la resaca. Como todas las veces.

> Enzo. Ahora sí —dijo, caminando entre los escombros hacia lo que quedaba de casa—. Ahora sí, Donna Rinaldi.

Porque Don Greco no se rindió ante las balas.

Se rindió ante cien hombres que eligieron el amor sobre el pacto.

Se rindió ante una chica de casi veinte años que no soltó la pistola.

Se rindió ante Sicilia.

Y Sicilia tenía el nombre de Vittoria escrito en cada limonero que quedó de pie.

Sicilia eligió

No a Enzo. A ellos. Al amor que vieron en siete días. Los Don viejos mandan por miedo. Enzo acaba de ganar por lealtad.

*"Planta ese limonero por mi mujer"*

Greco entrega a su esposa muerta a Vittoria. Le da su luto. Le pide que la salve. Es la rendición más grande: darle sus muertos.

"Déjenlo ir"

Enzo no lo mata. Lo deja vivir con la vergüenza. Con Sofía viva odiándolo. Con Marco casi muerto por su culpa. Eso es peor que tumba.

Ahora sí, Donna Rinaldi

Ya no es promesa. Es título. Ganado con sangre, con balas, con 12 minutos de infierno.

Amanecer en Villa Rinaldi...

El sol sale sobre escombros. Sobre limoneros caídos. Sobre cuerpos.

Pero sale.

Y Enzo está sentado en las escaleras rotas. Vittoria dormida en su regazo, con la mano vendada.

Tomás trae café. Zia Carmela llora y barre vidrios a la vez.

—¿Y ahora, jefe? —pregunta Tomás.

Enzo mira a Vittoria. Le aparta el pelo de la cara.

> Enzo. Ahora —dice—, reconstruimos. Y plantamos limoneros nuevos.

Uno por cada caído.

>Vittoria. Y unno por la madre de Sofia. No lo olvides.

> Enzo. Si. Y uno, el más grande, por la mujer que me enseñó a decir "quédate".

La guerra terminó.

La vida empieza.

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Emely Rumion
más suspenso así no bustarme uno queda cn ganas de mad
Veronica Albarracin
Muy buena tu novela autora empese a leerla y no e parado 👏👏👏👏👏👏🇺🇾🌺
Emely Rumion
está buena la cosa. pero le falta cm más acción autora pero muy buena 🥰
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Ybet Renú.
🥰🥰🥰
Mis queridos lectores les traigo un nueva novela, donde el amor pasa por muchos estados, y la mafia siempre quiere imponer, les agradezco de antemano, sus me gusta, sus regalos, sus comentarios, que otra mi es importante. 🥰
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