Victoria Pérez descubre un secreto íntimo y peligroso de su jefa, Christina Jonas. Una verdad capaz de destruir la imagen impecable de una mujer con un matrimonio perfecto… y de abrirle a una simple empleada la puerta a un sueño que siempre le fue negado.
Convencida de tener el control, Victoria decide usar ese secreto para avanzar. Pero la extorsión se vuelve contra ella cuando el poder cambia de manos y el precio deja de pagarse con silencio o ambición, para exigirse en obediencia y entrega.
¿Qué sucede cuando los límites morales se quiebran y el cuerpo se convierte en moneda de cambio? A veces, la verdadera trampa no es la obligación… sino el deseo que despierta.
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COLLAR Y CORREA
NARRADOR
El viernes pareció pasar rápidamente frente a Victoria. Transcurrió tan rápido que cuando menos lo esperó ya había acabado su horario laboral y Mariela le estaba deseando suerte ocupando el que fue su puesto por buen tiempo.
Ella se fue a casa. Sus piernas temblaban todavía y sobre sus hombros sentía un peso inmenso. Vio una capilla mientras caminaba y pensó en entrar para rogarle a Dios un milagro, una salvación mágica o lo que pudiera sacarla de la situación en la que estaba metida hasta las orejas.
Sin ser consciente de haberse quedado de pie observando la gran puerta de madera de ese lugar, alguien tocó el claxon haciéndola sobresaltar. El bolso se le cayó al suelo y se abrió.
Trevor conducía a casa y se detuvo notando a su nueva secretaria mirando la capilla. Se detuvo. Pensó llevarla a casa. Tal vez vivía muy lejos o estaba esperando por alguien.
Él bajó del auto, como un caballero, para ayudarle a levantar sus pertenencias.
Victoria lo notó y se puso más nerviosa. Metió sus pocas cosas con prisa dentro del bolso. Él quiso empujar el manuscrito que ella por inercia llevaba consigo. Su intención era guardarlo dentro del bolso porque ante la rapidez de ella parecía estar por caerse.
La secretaria lo apartó. Su rostro se volvió carmesí.
--Es privado-- Le dijo abrazando el bolso en un intento de proteger su intimidad
Trevor la observó. ¿Qué escondía aquel libro?
--Quise ayudar. No pretendía asustarla, señorita Pérez-- Él se acercó un paso. Victoria por inercia retrocedió uno
--Debo irme, señor Montalvo. Que tenga buen fin de semana-- Pronunció con voz temblorosa y se alejó
El CEO la miró con curiosidad. Ella parecía tenerle miedo.
Victoria no media más de 1.70, en comparación a él era pequeña y eso la hizo más llamativa ante los ojos de Trevor.
--Ay Christina, ¿Por qué me enviaste una jovencita tan asustadiza a trabajar conmigo? El lunes será un infierno-- Dijo en voz baja y subió a su auto
Victoria lo vio pasar. Ella todavía llevaba su manuscrito. Era una costumbre. Sentía que así protegería su más valiosa pertenencia si alguien entraba a su apartamento.
--Tengo que seducir a ese hombre y no consigo ni mirarlo a los ojos. La señora Christina va a enviarme a prisión-- Suspiró cansada-- Espero que cuando eso ocurra mi novela se haya vendido bien para poder pagar la fianza
Victoria llegó a casa exhausta. Esperaba que su jefa desistiera de su plan o que se enterara que el CEO tenía una aventura con una extraña mujer que comía huesos de chocolate en un plato de perro. Ella en el lugar de su ex jefa hubiese pedido el divorcio y además como obsequio le pagaría un tratamiento psiquiátrico a su ex.
(....)
Christina estaba en casa. Quería saber que diría su esposo sobre Victoria. Cuando él llegó, dejó su maletín y le dio un beso fugaz que formaba parte de la rutina.
--¿Cansado?-- Ella rompió el silencio mientras él se quitaba la chaqueta y luego aflojaba su corbata
--Estresado. Quiero seguir trabajando con Mariela. No me agradan los cambios de empleados-- Manifestó con seriedad
--¿No te agrada Victoria? ¿No la sientes calificada?-- Preguntó ella con total calma
--Tiene que adaptarse a trabajar para mi. Es un periodo de grandes exigencias y dudo que ella esté a la altura. Es todo-- Explicó
Lo que a Trevor le preocupaba es que esa muchacha no divulgara su vida privada aunque había firmado un documento que le prohibía hacerlo. El lunes ocurriría la prueba de fuego cuando Karen lo visitara como lo hizo el último mes.
Victoria le parecía muy joven y temerosa. Ella seguramente creería que sus gustos eran enfermizos, aunque los desconocía totalmente. Después de que Karen dejara de visitarlo, llegaría alguien más con nuevos gustos, nuevas fantasías compartidas. ¿Podría esa muchacha inocente adaptarse? No lo sabía, pero esperaba que no le causara problemas.
(.....)
Para Victoria el fin de semana transcurrió con rapidez. Quería que las horas pasaran lentas, pero el tiempo pareció acelerarse y de pronto su alarma sonó anunciando que ya era lunes y que debía volver a trabajar.
Ella se vistió con un traje azul oscuro y camisa celeste. Era profesional y tenía pantalón, lo cual le permitía mayor movilidad sin poder sufrir ningún accidente. Su trabajo era mucho más activo que el anterior y no se sentía capaz de usar una falda.
Ella llegó a la empresa, agitada. Tenía el presentimiento de que ese día sería terrible y esperaba no hacer nada para causar su despido.
Había programado su teléfono con los horarios que Mariela le había dicho.
Al llegar a su puesto miró su reflejo en la pantalla negra de su computadora antes de encenderla. Sus labios parecían temblar al igual que sus manos.
--Este día será un desastre-- Dijo aterrada. Si sus manos seguían temblando y le debía llevar el café a su jefe cualquier cosa podría suceder
El tiempo en la empresa le pareció correr con lentitud.
A las diez en punto ella le llevó el café a su jefe con incomodidad. No fue capaz de disimular. Mantuvo la mirada baja en todo momento.
--Señorita Pérez, ¿Recuerda lo que debe hacer en treinta minutos?-- Preguntó Trevor con tranquilidad, pero con su mirada fija en ella
--Si, señor-- Afirmó ella creyendo que estaba loco
--Puedes retirarte-- Ella salió con el corazón latiendo violentamente y fue a dejar todo dispuesto porque en varios minutos tendría que llevar el plato que le pertenecía a una perra desconocida
Los siguientes minutos parecieron volar. Ella caminó a la oficina de su jefe con el plato en la mano esperando que fuera una broma de pésimo gusto. Hacer eso le daba vergüenza ajena.
Trevor esperaba. Estaba sin corbata y sobre su escritorio tenía un collar junto a una correa.
--Le traje... esto, señor Montalvo-- Él observó las mejillas sonrojadas de su secretaria, que brillaron más de vergüenza al notar lo que él había dejado sobre el escritorio
--Déjelo en el suelo en aquella esquina-- Ella avanzó, se agachó y cumplió el pedido
--¿Necesita algo más señor?-- Preguntó alejándose, situándose muy cerca de la puerta
--Es todo. Cuando llegue la señorita hágala pasar-- Ella hizo un asentimiento
--Como ordene, señor-- Victoria salió casi corriendo y Trevor resopló frustrado. Tener una secretaria tímida y probablemente inocente le generaba incomodidad. Mariela nunca se había sentido incómoda ni lo había tratado diferente por aquellos encuentros. Sentía que Victoria no sería así
Nunca quiso complacer a su marido por estar con sus perversidades sexuales q muy bien pudo experimentar con su marido
el no es ni victoria
seguro es uno de tantos con los que te acostaste ya que se ayan enterado que eres una empresaria millonaria🤣🤣