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EL TRONO DE ÁMBAR

EL TRONO DE ÁMBAR

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Época / Posesivo
Popularitas:380
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

El destino de los imperios no siempre se decide en los campos de batalla, bañados en sangre y acero. A veces, el rumbo de la historia se tuerce en el silencio de un pasillo de seda, en el suspiro de un Omega que se niega a ser quebrado y en la mirada de un Sultán que descubre que su mayor conquista no es una tierra, sino un alma.

Dorian no era un regalo. Era una tormenta envuelta en gasa y orgullo. Selim no era solo un monarca. Era un fuego que lo consumía todo. En el corazón del Imperio Otomano, donde las leyes de los Alfas y Omegas son tan antiguas como el mismo Bósforo, un vínculo prohibido está a punto de nacer. Un vínculo que podría ser la salvación del Sultán... o el incendio que reduzca a cenizas su trono.

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Capítulo 8: El Filo de la Luna.

El aire en los pasillos exteriores del ala este era gélido y portaba el aroma a salitre del Bósforo. Dorian caminaba con una parsimonia calculada, permitiendo que el roce de su capa de terciopelo contra las columnas de mármol fuera el único sonido en la penumbra. Sabía que lo seguían. Podía sentir esa vibración eléctrica en la nuca, el instinto de presa que le advertía que el cazador estaba cerca. Pero Dorian no era una gacela asustada; era el cebo de una trampa que él mismo había diseñado.

Dorian dobló una esquina hacia el corredor que conducía a la biblioteca privada, un lugar que a esta hora estaba desierto. Al llegar al centro de la estancia, rodeado de estanterías que exhalaban el olor a pergamino antiguo y polvo, se detuvo.

—Ibrahim Pasha debería haber enviado a alguien más silencioso —dijo Dorian al vacío, su voz resonando con una frialdad absoluta—. Tus botas crujen sobre el mármol como si caminaras sobre cristales rotos.

De entre las sombras de un arco ojival, emergió una figura embozada en negro. No era un soldado común; era un Bostanci, uno de los ejecutores silenciosos que solían servir al Visir en las sombras. El hombre no habló. Desenvainó una daga curva, cuya hoja estaba oscurecida para no reflejar la luz de la luna que entraba por los ventanales.

Dorian no retrocedió. Metió la mano en su faja de seda y extrajo el puñal de marfil que Selim le había regalado. El peso del arma en su mano se sentía natural, casi como una extensión de su propio brazo.

—Dile a tu amo que mi cabeza cuesta mucho más de lo que él puede pagar —susurró Dorian.

El asesino se lanzó hacia adelante con una velocidad inhumana. Dorian esquivó el primer tajo con un movimiento fluido, una danza que había aprendido en los inviernos de su tierra natal. El acero del ejecutor pasó a milímetros de su garganta, cortando un mechón de su cabello claro. Dorian no perdió el ritmo; giró sobre sus talones y, usando la fuerza del impulso del otro, clavó su puñal en el hombro del atacante.

Un gruñido de dolor escapó del hombre, quien trató de apuñalar a Dorian en el costado. Forcejearon cuerpo a cuerpo, el aroma a sudor y muerte llenando el espacio entre ellos. Dorian apretó los dientes, sintiendo la presión del Alfa del asesino intentando doblegarlo, pero su voluntad era un muro inquebrantable.

Justo cuando el asesino lograba inmovilizar las manos de Dorian contra una mesa de lectura, las pesadas puertas de la biblioteca se abrieron de golpe con un estruendo que sacudió los cimientos.

Selim estaba allí.

El Sultán no venía con guardias. Su corona había desaparecido y su túnica estaba desordenada, como si hubiera corrido por todo el palacio. Su aura de Alfa estalló en la habitación como una explosión de calor volcánico. Sus ojos ámbar no eran humanos; eran los de una bestia salvaje que acababa de encontrar a alguien dañando lo que más amaba en el mundo.

—¡SUÉLTALO! —El rugido de Selim hizo que el asesino se congelara por un instante de puro terror instintivo.

Selim cruzó la estancia en lo que parecieron dos zancadas. Antes de que el ejecutor pudiera siquiera levantar su arma, el Sultán lo agarró por el cuello con una sola mano, levantándolo del suelo como si fuera un muñeco de trapo. La fuerza de Selim era aterradora. Con un movimiento seco, lanzó al hombre contra una de las columnas de mármol. Se escuchó el crujido de huesos rompiéndose y el asesino se desplomó, inconsciente o muerto.

Selim se giró hacia Dorian, su respiración agitada, sus feromonas de protección y furia inundando la biblioteca hasta volver el aire casi irrespirable. Se acercó a Dorian, buscándolo con las manos, revisando su cuello, sus hombros, su rostro.

—Dorian... por Alá, dime que estás bien —su voz temblaba de una forma que Dorian nunca había escuchado—. Vi a Ibrahim salir del salón con una sonrisa y supe... supe que algo andaba mal. Te busqué por todo el jardín...

Dorian, sin embargo, se apartó suavemente de su toque. Estaba de pie, con la túnica de seda blanca manchada con unas gotas de la sangre del asesino. Sostenía el puñal de marfil con firmeza, y sus ojos no mostraban miedo, sino una determinación gélida.

—Estoy bien, Selim —dijo Dorian, limpiando la hoja de su puñal en el borde de su capa—. No necesitaba que me rescatarais. Lo tenía bajo control.

Selim se detuvo en seco, sus manos aún en el aire. Miró el puñal ensangrentado de Dorian y luego el cuerpo del hombre en el suelo. La comprensión empezó a filtrarse en su mirada: Dorian no había huido, lo había atraído aquí.

—¿Lo tenías bajo control? —repitió Selim, su voz bajando a un susurro peligroso—. Dorian, este hombre es un asesino profesional. Podría haberte matado en un segundo. ¿Qué demonios estabas pensando al venir aquí solo?

—Pensaba en que necesitaba una prueba —respondió Dorian, señalando al hombre—. Si lo matabais en el salón, Ibrahim diría que fue un malentendido. Pero aquí, en mis aposentos privados, con su propia daga marcada con el sello del Visir... ahora Ibrahim no tiene escapatoria. He ganado la partida, Selim.

Selim se acercó de nuevo, esta vez con una expresión que era una mezcla de horror y una admiración retorcida. Agarró el rostro de Dorian entre sus manos, obligándolo a mirarlo. —Eres un monstruo —murmuró Selim, sus pulgares acariciando los pómulos de Dorian—. Un monstruo hermoso y letal. Te envié a los jardines para que descansaras, y tú viniste aquí a cazar a un ejecutor como si fuera un juego de niños. ¿Acaso no valoras tu vida?

—Valoro mi libertad —replicó Dorian, sosteniendo la mirada ardiente del Sultán—. Y mientras Ibrahim respire, ninguno de los dos está a salvo. Él no solo me quiere muerto a mí; os quiere a vos débil, dependiente de sus consejos y sus mentiras. He hecho lo que vuestros generales no se atrevieron a hacer.

Selim soltó una carcajada amarga y pegó su frente a la de Dorian. El aroma de ambos se mezcló en el silencio de la biblioteca: la frescura del lirio de Dorian y el cedro quemado de Selim. —Me das miedo, Dorian. Me das más miedo que cualquier ejército enemigo, porque no puedo controlarte. No puedo protegerte si tú mismo te lanzas al fuego.

—Entonces no me protejáis —susurró Dorian, cerrando los ojos por un momento, permitiéndose sentir el calor del Sultán—. Luchad a mi lado. Mañana, cuando el sol salga, Ibrahim Pasha debe caer. No por lo que me hizo a mí, sino por lo que os ha robado a vos y a este imperio.

Selim lo estrechó contra su pecho con una fuerza que le quitó el aliento. En ese abrazo, bajo la luz de la luna, el Sultán entendió que Dorian no era un omega al que pudiera guardar en una caja de cristal. Era su igual. Su compañero de guerra. Su perdición.

—Mañana —gruñó Selim contra su cuello—, el Bósforo se teñirá de rojo con la sangre de los traidores. Pero esta noche... esta noche no te moverás de mi lado. No dejaré que este mundo te toque de nuevo.

Selim levantó a Dorian en sus brazos. Dorian, por una vez, no protestó. Se hundió en el aroma del Alfa, sabiendo que la victoria estaba cerca, pero que el precio de su ingenio había sido revelar su verdadera naturaleza ante el hombre que ahora lo sostenía como si fuera el tesoro más valioso de la creación.

Afuera, en el salón de banquetes, la música seguía sonando, pero en la biblioteca, el destino del Imperio Otomano acababa de cambiar para siempre.

1
Andy Gomez
Muchas gracias 🫶
Espero disfruten esta nueva aventura
Patricia Manasse
Autora totalmente feluz con tus novelas! las boy leyendo todas👏
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