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La Pequeña Esposa Del Señor Douglas

La Pequeña Esposa Del Señor Douglas

Status: En proceso
Genre:La mimada del jefe / Mafia / Matrimonio arreglado
Popularitas:8.5k
Nilai: 5
nombre de autor: A.B.G.L

Se supone que mi corazón no debe detenerse cada vez que entras en una habitación...

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Capítulo X

Kennedy Douglas nunca se había permitido el lujo de ser un hombre nervioso. La ansiedad era un lujo que otros se permitían; él, en cambio, solo conocía la irritación constante, esa que le mordía el carácter desde la raíz, que lo mantenía perpetuamente tenso incluso cuando el mundo parecía inclinarse ante su voluntad. Y aun así, mientras el automóvil negro avanzaba por el camino privado que conducía a la majestuosa mansión de los Beckham, una sensación distinta le rozó el pecho, desconcertándolo. No era temor ni incertidumbre, sino una molestia más densa y consciente que lo invadía sin previo aviso.

—Demasiada seguridad para mi gusto —murmuró su amigo Alexander Moore desde el asiento contiguo, observando el despliegue casi militar que flanqueaba la propiedad, como si estuvieran entrando en territorio enemigo—. Jeremy no confía ni siquiera en su propia sombra, ¿verdad?

Kennedy no respondió de inmediato, absorto en su propia evaluación del entorno. Sus ojos grises recorrían cada acceso, cada punto ciego, cada detalle de la seguridad, analizando la escena con la precisión de un estratega. Hombres armados con auriculares casi invisibles custodiaban cada rincón de la propiedad, moviéndose con la coordinación precisa de quienes estaban entrenados para anticipar cualquier amenaza. Seguridad de alta calidad, sin duda. No ostentosa ni improvisada, sino estratégica y bien planificada. Eso, al menos, logró impresionarlo.

—Nunca lo ha hecho —dijo al fin, rompiendo el silencio con una voz que sonaba como el roce del acero contra la piedra—. Es precisamente por eso que ha llegado tan lejos en este mundo… y por eso mismo es tan peligroso, Alexander.

Su amigo esbozó una sonrisa apenas perceptible, ladeando la cabeza con un gesto de complicidad.

—Los Beckham se venden como una dinastía respetable y ejemplar, pero hay grietas en su armadura, Kennedy. Y tú lo sabes mejor que nadie. Jeremy no es del todo confiable, ni siquiera con su propia familia.

Kennedy soltó un suspiro bajo, cargado de cansancio y hastío. Ética, apariencias, protocolos… todo le sonaba a un ruido constante, una sinfonía de hipocresía que le crispaba los nervios. La fachada siempre era lo más caro de mantener, el precio que debía pagarse para ocultar la verdad que se escondía tras la máscara.

El automóvil se detuvo frente a la entrada principal de la mansión. Las puertas se abrieron con una sincronía perfecta, como si estuvieran controladas por un mecanismo invisible. Kennedy descendió del vehículo con una deliberada lentitud, acomodándose el abrigo de cachemira con un gesto automático, como si se preparara para entrar en batalla. El aire fresco olía a jardines húmedos y a dinero viejo, una combinación que le resultaba familiar y nauseabunda al mismo tiempo.

Caminó rodeado de guardaespaldas hasta el imponente pórtico de la mansión. Cada paso era observado, analizado y medido por los ojos vigilantes que lo seguían desde la distancia. El silencio era opresivo, cargado de una tensión palpable que le erizaba la piel.

Una criada de rostro inexpresivo lo recibió con una inclinación discreta y lo condujo por pasillos amplios y silenciosos, donde las paredes parecían guardar secretos oscuros y recuerdos dolorosos. El mármol brillante amortiguaba el sonido de sus pasos, creando una sensación irreal de aislamiento. La luz cálida de las lámparas de araña no lograba suavizar la tensión que flotaba en el ambiente, sino que la hacía aún más evidente.

De repente, el salón principal se abrió ante él como un escenario cuidadosamente dispuesto para una obra de teatro.

Allí estaba la familia Beckham, dispuesta en sus posiciones como actores a la espera de su señal.

Jeremy, erguido y distante, con esa sonrisa calculada que no alcanzaba a tocar sus ojos fríos y calculadores.

El hijo mayor, relajado hasta la insolencia, con la arrogancia de quien nunca ha tenido que pagar las consecuencias de sus actos.

El hijo de en medio, más reservado y discreto, observando la escena en silencio, aprendiendo las reglas del juego.

Y ella… Madison Beckham.

No se movía de su lugar, permaneciendo sentada como una estatua de hielo.

Estaba sentada en un sofá de terciopelo negro con las piernas largas juntas y apretadas, los brazos rodeándose a sí misma como si aquel gesto fuera lo único que la mantenía anclada a la realidad. El vestido negro quellevaba, ceñido a su figura con una precisión milimétrica, destacaba su elegancia innata y su rebeldía silenciosa. Un diseño intrincado de flores profundas en tonos oscuros adornaba la tela, evocando un jardín gótico lleno de secretos y peligros. No había nada infantil ni inocente en su apariencia; tampoco sumisión ni docilidad. Solo contención, una fuerza reprimida que amenazaba con estallar en cualquier momento.

Su maquillaje era sutil y refinado, casi engañosamente discreto. Resaltaba sus labios gruesos y perfectos, delineados con un carmín intenso que contrastaba con la palidez de su piel. Y esos ojos color avellana, penetrantes y misteriosos, no miraban a nadie en particular, pero parecían verlo todo, analizándolo todo con una inteligencia aguda y despiadada.

Kennedy sintió el impacto de su presencia tarde, como una onda expansiva que lo golpeaba desde el interior. No fue deseo inmediato, ni atracción física incontrolable. Fue curiosidad, afilada como una hoja de afeitar, que le cortó la respiración.

La hija menor.

La que había ignorado su existencia horas antes, en el despacho de su padre.

La que, según los informes, limpiaba los errores ajenos con una eficacia brutal, sin importar el costo.

Y ahora, sin moverse, sin hablar, llamaba su atención de una forma incómoda, desestabilizando sus planes y despertando emociones que creía haber enterrado para siempre.

Madison levantó la vista apenas un segundo, interrumpiendo su análisis. No lo miró del todo, ni le dedicó una sonrisa forzada. No lo desafió con la mirada, ni lo saludó con cortesía.

Pero en ese breve cruce de miradas hubo algo más que mera cortesía: cansancio, rabia contenida… y una inteligencia que no pedía permiso para brillar.

Kennedy comprendió entonces que aquella casa no solo estaba llena de secretos oscuros y mentiras piadosas.

Estaba construida sobre ellos, cimentada en un pasado turbio que amenazaba con derrumbarse en cualquier momento.

Y que la mujer que sería su esposa no era una pieza decorativa más del acuerdo comercial, sino un nudo peligroso dentro de una familia que empezaba a oler a pólvora, a resentimiento y a traición.

Por primera vez en años, el dolor de cabeza que anticipaba no venía solo de un contrato firmado con sangre y ambición.

Venía de ella, de Madison Beckham.

De la complejidad de su mirada, de la fuerza de su silencio, del misterio que la rodeaba como un aura.

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Malu Enriquez
Pinta interesante 😸
Anonymous
Interesante
Anonymous
Hasta aquí en este último y penúltimo capítulo fue q me pareció interesante esta novela, espero lo sea
Lelis Vellejo
Me está gustando la historia 👏
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