Séptimo libro de la Dinastía Lobo.
Alessandro juró no enamorarse jamás. Arabella juró vengarse al precio que sea. Pero cuando sus caminos se cruzan, el odio y el deseo se vuelven imposibles de distinguir. Ella fue entrenada para seducirlo y destruirlo; él, para no caer en las trampas del corazón. Sin embargo, un roce, una mirada y un secreto bastan para encender una pasión tan peligrosa como inevitable. Entre mentiras, fuego y traiciones, Alessandro y Arabella descubrirán que algunos destinos no pueden evitarse... y que hay amores que se sienten como una herida abierta imposible de cerrar.
NovelToon tiene autorización de Rosa Verbel para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
No estoy en venta.
Arabella🌷
La música vibra dentro de mi pecho como un segundo latido.
El escenario es mío. Estáma noche lo estoy dominando con más precisión.
Las luces rojizas bañan mi piel mientras me muevo al ritmo lento, envolvente, casi hipnótico. Cada paso, cada giro de cadera, cada movimiento de mis brazos está calculado... pero también cargado de algo más profundo. Algo que no controlo del todo esta noche.
Porque lo siento.
Desde que salí al escenario.
Es como una presencia poderosa.
No sé dónde está exactamente, pero está ahí. Como una sombra entre las sombras. Como si alguien me observara no solo con deseo... sino con intención.
Y eso me eriza la piel. Pero no lo demuestro.
Sonrío apenas, dejo que mi cabello caiga por mi espalda mientras deslizo una pierna con elegancia, arqueando ligeramente la espalda al compás de la música. El público responde, como siempre. Miradas encendidas, respiraciones contenidas, hombres creyendo que tienen algún tipo de poder sobre lo que ven.
Ilusos.
Yo no bailo para ellos.
Bailo porque me place y se me da la gana.
Cierro los ojos un segundo, dejándome llevar por el ritmo. Mi cuerpo fluye sin esfuerzo, como si la música viviera dentro de mí.
Y aun así... Esa sensación que me eriza la piel de la nuca, no desaparece.
Al contrario... se intensifica.
Abro los ojos lentamente, recorriendo el lugar sin girar del todo la cabeza. No busco a nadie en específico, pero algo dentro de mí... sí lo hace.
No encuentro nada.
Solo rostros, humo, copas brillando bajo las luces tenues.
Exhalo, me concentro y sigo con mi trabajo.
Cuando la música termina, el aplauso es inmediato. Fuerte. Aprobador. Casi devorador.
Inclino la cabeza con elegancia, una sonrisa leve, controlada. Nunca entrego más de lo necesario.
Salgo del escenario sin mirar atrás.
-Estuviste increíble -dice una de las chicas apenas bajo las escaleras, con una sonrisa genuina.
-Gracias -respondo con suavidad, tomando una botella de agua.
-Lucrecia te está esperando en su oficina.
Levanto una ceja, curiosa.
-¿Ahora?
-Ahora mismo.
Asiento sin hacer más preguntas.
Camino por el pasillo, mis tacones resonando contra el suelo. El club sigue vivo a mis espaldas, pero aquí todo es más silencioso... más privado.
Más peligroso.
Toco la puerta.
-Adelante.
Entro.
Lucrecia está detrás de su escritorio, impecable como siempre. Elegante, observadora... calculadora.
-Arabella -dice, mirándome de arriba abajo-. Ese fue, sin duda, uno de tus mejores shows.
-Gracias, Lucrecia -respondo con respeto, pero sin sumisión.
Ella sonríe ligeramente.
-Y créeme... he visto muchos.
Me cruzo de brazos con naturalidad, esperando.
-Hay un cliente interesado en ti.
Sus palabras no me sorprenden.
Mi respuesta tampoco.
-No estoy interesada en ningún cliente.
Mi tono es firme. Claro.
Ella no se molesta.
-Lo sé -dice con calma-. Siempre lo has dejado muy claro.
Se inclina ligeramente hacia adelante.
-Pero este... es diferente.
No respondo de inmediato.
-No salgo con clientes -repito.
-No te estoy pidiendo que salgas con él -aclara-. Solo que hables. Le dejes claras tus reglas. Él es un loco difícil.
Hago una pausa mientras la observo.
-¿Qué tan importante es?
Lucrecia sonríe apenas... y enfatiza cada palabra.
-Muy importante.
Ahí está. La advertencia disfrazada.
Suelto un suspiro leve.
-Está bien. Hablaré con él.
-Eso es todo lo que necesito.
Se levanta y rodea el escritorio.
-Oficina del fondo. A la derecha.
Asiento.
-Gracias.
Salgo sin añadir más.
El pasillo parece más largo esta vez.
Más pesado.
Llego a la puerta.
Toco, nadie responde y entonces abro y el aire cambia totalmente.
Y veo al cliente, lo primero que noto es lo alto. Imponente que se ve. Cabello castaño oscuro, perfectamente desordenado. Mandíbula marcada. Y esos ojos...
Grises acerados.
Fríos. Como si no conocieran la duda ni el rechazo.
Está de pie, con un vaso de licor en la mano. No parece sorprendido de verme. Más bien... satisfecho. Lo imaginé mucho mayor, pero no le pongo más de treinta años.
Cierro la puerta tras de mí.
Camino con seguridad, sin prisa y sin miedo.
-Buenas noches -digo con cortesía medida.
Él deja el vaso sobre la mesa sin apartar la mirada de mí.
Se acerca. Un paso y luego otro.
Y es entonces cuando lo percibo con claridad.
Ese perfume. Oscuro. Intenso. Demasiado... masculino y peligroso.
Algo dentro de mí reacciona. Pero no lo muestro.
-Eres aún más impresionante de cerca -dice finalmente, con una voz grave, segura.
Lo miro sin sonreír.
-Gracias.
Se hace un breve silencio.
Tenso.
El tipo de silencio que no es incómodo... sino cargado.
-Tu baile -continúa-. Preciso. Elegante. Dominante -se detiene frente a mí -Como si fueras dueña de todo el jodido lugar.
Inclino ligeramente la cabeza cuando ese acento italiano eriza la piel de mi espada.
-Solo hago mi trabajo.
Sus labios se curvan apenas en una sonrisa complacida.
-No. Tú haces mucho más que eso.
No respondo.
No le doy nada. Él lo nota.
-Quiero pasar la noche contigo -dice de pronto-. Pon el precio.
Ahí está. Siempre llega ese momento.
Respiro hondo buscando un poco de control.
-Se equivoca de mujer -respondo con calma-. Yo no estoy en venta.
Su expresión cambia apenas. Sutil, pero lo suficiente.
-Todos tienen un precio.
-Yo no.
El aire se vuelve más denso.
-Puedes pedir lo que quieras: Dinero, joyas, un favor....
-No me interesa nada de eso.
Doy un paso hacia atrás, marcando distancia.
-Si busca compañía, hay muchos lugares para eso. Otras mujeres. Pero yo... -lo miro directo a los ojos -No soy lo que usted cree. Si quiere una put@, vaya a un prostíbulo.
Su mandíbula se tensa. Se le nota que el rechazo no le gusta.
Eso es demasiado evidente.
-No estás en posición de rechazarme.
Una pequeña sonrisa cruza mis labios.
-Eso cree usted.
Silencio.
Nuestros ojos se enfrentan.
Verde contra gris.
Ninguno cede.
-Eres arrogante -dice él, bajando ligeramente la voz.
-Y usted está acostumbrado a que le digan que sí a todo, pero conmigo se topó con pared.
Otro silencio más intenso. Más peligroso.
Lo observo.
Lo analizo.
Porque sí... Es muy atractivo.
Demasiado. Pero eso no cambia nada.
-No voy a repetirlo -digo con firmeza-. No estoy interesada.
Me doy media vuelta. Pero su voz me detiene.
-Arabella.
Me congelo un segundo.
Muy lento giro el rostro apenas.
-No le he dicho mi nombre -respondo.
Él sonríe. Esa sonrisa... no es amable.
Es segura. Demasiado diría yo.
-No necesito que lo hagas.
Un escalofrío recorre mi espalda.
Ahí está otra vez.
Esa sensación más fuerte. Más clara.
Algo me indica: Peligro. Pero no huyo.
-Entonces ya sabe suficiente -respondo, recuperando el control-. Buenas noches... Caballero.
Y salgo sin mirar atrás.
Me hace acordar a su papá con cabo suelto 🤣🤣🤣
Pero Braulio esto es lo que quería cuando se enteré que lo rechazo su hermanita
Ale que esta acostumbrado a tener todos a sus pies ahora tiene un NO de repuesto pero hasta el nombre lo sabe.
Ale esta 🔥🔥🔥🔥🤣
Estas tan ciega con la venganza que no sabes lo que te espera.
Te va enfrentar en un peligro que no tenes idea, le crees todo lo que te dice.