Eloisa se encontraba llena de tristeza mirando el cielo rojo que se pintaba con el atardecer, en su mente las imagines de su madre se hacían presente, recordaba con dolor la traición del hombre que le juro amor eterno, sentía que su vida ya no tenía sentido en tan poco tiempo había perdido tanto. No tenía idea por dónde comenzar, mientras caminaba perdida por la arena de la playa, se encontró con un perro, este la siguió por todo la playa, cuando Eloisa estaba apunto de subirse a su auto, el perro le ladro. Ella dejo que el perro entrara a su auto en la parte trasera, cuando llegó a su departamento, acomodo al perro en una esquina del pequeño balcón que tenía, le colocó agua y comida. Desde ese día su vida de Eloisa a cambiaría por completo, descubre que el pequeño perro que adopto es miembro importante de una numerosa familia que llevan semanas buscando al pequeño perro, ya que el dueño es el hijo mayor de la familia quien se encuentra en un viaje.
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compañía de la señora Corsa
El viernes Eloisa llegó antes, ella tenía dudas sobre su trabajo como nana de rojo, no sabía si su salario también contemplaba los fines de semana, cuando bajaba de su auto, Gonzalo salía de su casa.
- Buen día señor Corsa, dijo Eloisa.
Gonzalo la miró asombrado, sintió algo extraño que Eloisa lo llamara señor.
- Soy Gonzalo, señorita Eloisa, decía el serio.
- Como sea, quiero preguntarle , ¿tengo libre los fines de semana?
Gonzalo la miró serio.
- Creo que la cantidad que te estoy pagando es suficiente para cubrir los fines de semana, también imaginé que si tanto querías a rojo, terminarías regalándole parte de tu tiempo, decía molesto.
- Yo puedo darle mi tiempo, pero imaginé que usted tendría libre los fines de semana y podría pasar tiempo con el.
- Me encantaría pero estoy muy ocupado, tengo mucho trabajo. Pero puede tomarse los fines de semana libre, no creo que peludo sienta su ausencia, además estos días lo he visto mucho mejor.
- Puedo llevarlo a mi casa, para que pase los fines de semana conmigo.
- ¡No!, grito Gonzalo enojado.
Ya bastante tengo con soportar que estés aquí cuidando de el, después no va querer estar aquí y pronto me va a reemplazar. No pienso perder a mi perro, escucha bien tienes prohibido sacarlo de mi propiedad, decía amenazando a Eloisa, en sus ojos se miraba el odio que el sentía por ella.
- Ya entendí, decía ella sería.
- Perfecto.
- Pero si sigues trabajando tanto, tu perro te va a olvidar, dijo Eloisa corriendo hacia la entrada de la mansión.
Gonzalo la miró enojado y suspiro.
El odiaba que ella tuviera razón, pero tenía mucho trabajo, no había hora que no pensara en qué el único ser vivo que ama, estuviera solo y ahora en brazos de una desconocida.
Eloisa entro a la mansión, subió las escaleras, llamo a rojo este salió de la habitación de Gonzalo y corrió feliz a los brazos de Eloisa.
Ella bajo con el a la sala ahí estaban esperando la hora del desayuno, Eloisa le contaba que seguiría con el, hasta el fin de semana.
Ximena la escucho.
- ¿También trabajarás los fines de semana?
- Si, me lo pidió tu hermano.
- Por qué no te quedas en la habitación de visitas, así tendrías más tiempo para dormir, rojo podría entrar a tu habitación cuando Gonzalo se marchara.
- Es una buena idea, pero tú hermano me dejó en claro que no quiere verme cuando el regresa del trabajo, le dije que quería llevarlo a mi departamento pero me dijo que tengo prohibido sacarlo.
- pobre rojo, tiene un padre demasiado protector, ahora entiendo por qué se escapó.
- Jamás pensé que alguien iba amar a un perro de esa manera, yo amo a peludo pero creo que tú hermano exagera.
- Al menos ama a alguien, todas las personas que lo conocen saben que el no ama a nadie, es tan frío, que todos aquí le temen.
- Yo no le temo, es solo un idiota, decía Eloisa sonriendo.
- Me agradas, decía Ximena.
La madre de Ximena bajaba las escaleras
- Buen día niñas, ¿vamos ya está el desayuno?
Eloisa y Ximena se acercaron a la mesa
- Mamá sabes que tú hijo, obligó a Eloisa a trabajar los fines de semana.
- Por Dios, que se cree tu hermano, Eloisa tiene una vida.
- Yo le ofrecí a Eloisa vivir con nosotros, podría quedarse en la habitación de visitas, así no tendría que viajar todos los días.
- Es una buena idea cariño.
- Gracias pero su hijo dejó en claro que no quiere verme cuando el llegué.
- Tranquila cuando el llega, va directo a su habitación, jamás se dará cuenta que vives aquí, decía Ximena.
- No gracias, no quiero causar molestias.
- No es una molestia cariño, solo que Ximena pronto va a viajar al extranjero y no quiere dejarme sola.
- puedo también pagarte por vivir aquí, decía Ximena mientras devoraba su desayuno.
- ¿por cuánto tiempo te marcharas?
- por casi tres meses, y no quiere que mi madre esté sola, tu sabes que Gonzalo no está casi en casa, aunque mi mamá tiene su grupo de amigas, no quiero que esté sola, tal vez cenar contigo pueda ayudar a qué no me extrañe, podría pagarte por compartir las noches con mi madre, decía sonriendo Ximena.
Eloisa miraba a la señora Corsa y podía mirar tristeza en sus ojos.
De pronto recordó a su madre, aunque la señora Corsa no era su familia, sintió empatía por ella.
- Muy bien acepto, pero no pienso aceptar una paga, la que obtengo por cuidar a rojo es suficiente, solo serán tres meses, después regresaré a mi casa como siempre.
- Claro, decía Ximena feliz.
- Gracias linda, decía la señora Corsa agradecida.
Eloisa salió al jardín para jugar con rojo y enseñarle a sentarse, rodar, caminar a su lado, sin alejarse. En las noches que regresaba a casa ella miraba videos para entrenar a rojo, quería que su trabajo fuera profesional, no solo estaba ahí para consentir a rojo quería un perro educado.
La madre de Gonzalo estaba en el jardín cuidando sus tulipanes, rojo corrió sobre sus plantas y Eloisa lo regañaba, le enseñaba a no destruir las flores, el pequeño rojo la miraba y caminaba con la cola entre las patas.
La madre de Gonzalo se reía al ver al cachorro obedeciendo a Eloisa.
Por la tarde la señora Corsa le mostraba su habitación a Eloisa.
Eloisa estaba asombrada la habítacion era muy grande y la cama también, tenía un baño grande, ella le comentaba a la señora Corsa que era demasiado, pero ella quería que Eloisa se sintiera cómoda.
Eloisa sonrió y le agradeció.
- Mañana puedes traer tu equipaje cariño, el domingo Ximena se marchara temprano, podrías acompañarme al aeropuerto, decía la señora Corsa triste.
- Claro señora.
Eloisa se marchó, llegó a su departamento, se sentó en el sillón y miro la foto de su madre.
- Mami, te extraño, se que me cuidas desde el cielo, no quiero dejar nuestro hogar pero creo que la señora Corsa necesita compañía y a mi no me iba caer mal estar acompañada en la hora de la cena.
y edson lesly se enfrenta y ay vuelven a unirse ñas dos empresas y hacen una linda sociedad