Salvador un muchacho heredero de grandes negocios conoce a Ángela, que quiere ser feliz sin mandatos familiares...
¿ Qué pasará cuando ella descubra la verdadera naturaleza del muchacho que la ha cautivado?
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Tus ojos.
...Salvador...
Después de unas largas horas de risas, charlas y comida china, llegó la hora de dormir... hace frío, y la verdad no se si dejar que ella duerma en un sofá.
— ¡Préstame una manta! así dejo que duermas tranquilo —ella me sonrió y el corazón me palpitó.
No sé por qué, pero está mujer me hace querer protegerla, es tan tierna.
— Simplemente duerme en mi cama, no haré nada atrevido no te preocupes... podemos mirar una película, o una serie, hace frío para que te quedes en el sofá — su carita se puso rojiza y negó tímida... no pude evitar mirar los moratones que aún perduran al rededor de su cuello, una sensación de ardor corre por mi estómago.
— No puedo hacer eso Salvador... — ella se acercó y sin aviso me abrazó.— Eres muy bueno, cuando siquiera somos cercanos.
— Quizás podríamos serlo — suelto sin pensar
¿Qué hago diciendo este tipo de cosas a una mujer que no es María?. Caminé hasta ella y tomando su mano la llevé a la habitación. Ella se sentó en la cama y me sonrió, yo encendí el televisor, me recosté de mi lado, ella seguía reacia, así que con mi mano le di de palmaditas al lado vacío de la cama; gateó por la sábana hasta el lugar y se sentó a mi lado, cubriendo las piernas con la manta pesada... una risa tenue salió de ella.
— ¿Qué sucede ? — la miré divertido.
— Me siento una perra por haberle mentido a esa chica, y ahora dormiré en tu cama — se dio de carcajadas y por inercia me tomó del brazo.
— Simplemente ella quería tener sexo — la miré a los verdes y ella asintió — Pero para ser honesto, ni siquiera me provoca sexualmente... gracias por lo de antes.
— Debo de hacer al menos eso, después de todo me estás protegiendo y ni me conoces. Podría ser una perra desgraciada y tú hasta me diste tu ropa — la miré y tomé su mano negando, yo se bien lo que dicen sus ojos, ella no es una mujer cualquiera.
—¡Ángela, simplemente sé que no eres como ella!
— ¿Cómo lo sábes? — dijo mirando la televisión.
—¡Me lo dicen tus ojos linda !
Así como soy sincero con ella, debo de serlo conmigo mismo, desde que me he vinculado con Ángela, no he pensado casi en María, es como si este pequeño ser a mi lado acapara toda mi atención; haciendome olvidar de la pena en mi corazón roto.
Ella es realmente tierna, una mujer delicada pero aún así fuerte, y sé que al igual que yo, sus ojos esconden algo que debo descifrar. Una idea ha estado cruzando por mi cabeza, y es que quizás quiera que ésta linda mujer ronde por mi mundo, ella no es María, pero es una mujer única, y eso lo sé por qué se ha ganado la confianza de un testarudo y malhumorado como yo. Quizás me equivoque, y ha sido por que la vi indefensa y sola que mi sentido de protección me ha tomado, pero sin duda alguna puede que me de un oportunidad de conocerla.