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Capítulo 9. El comienzo de un camino compartido
La fogata comenzaba a apagarse.
El bosque había recuperado su calma y el sonido del arroyo acompañaba el silencio entre ambos.
Lyra terminó de comer y dejó el plato a un lado.
Conrad seguía observando las llamas.
Parecía un hombre acostumbrado a viajar solo.
Por alguna extraña razón, ese pensamiento le produjo una ligera tristeza.
—Mañana partiré al amanecer —dijo ella.
Conrad levantó la mirada.
—¿Viaja sola?
—Siempre.
—Es un continente peligroso.
Lyra sonrió con tranquilidad.
—Lo sé.
Hubo un breve silencio.
Entonces, para sorpresa incluso de ella misma, habló de nuevo.
—Pero... por alguna extraña razón...
Frunció ligeramente el ceño, como si no entendiera sus propias palabras.
—Quiero que me acompañe.
Conrad la miró fijamente.
Aquellas palabras eran exactamente las que había deseado escuchar desde que volvió a verla.
Sin embargo, ocultó cualquier emoción.
—¿Está segura? Apenas nos conocemos.
Lyra desvió la vista hacia el fuego.
—Precisamente por eso me parece extraño.
No era una persona confiada.
Después de todo lo que había vivido como Elria, le resultaba difícil creer en alguien.
Y aun así...
Aquel hombre despertaba en ella una inexplicable sensación de seguridad.
Como si una parte de su alma ya lo conociera.
Conrad inclinó la cabeza.
—Si no le incomoda mi compañía... aceptaré.
En ese instante, un ruido entre los arbustos llamó la atención de ambos.
Un joven ciervo salió con cautela del bosque.
Sus grandes ojos observaban el campamento mientras olfateaba el aire.
Lyra sonrió con dulzura.
—Qué hermoso...
El animal dio unos pasos hacia ella.
Conrad permaneció inmóvil.
Sabía que las criaturas del bosque evitaban acercarse a los Fae.
Sin embargo, aquel pequeño ciervo ignoró por completo su presencia y se acercó hasta Lyra.
Ella extendió lentamente la mano.
El animal permitió que acariciara su cabeza antes de alejarse nuevamente entre los árboles.
Conrad sonrió sin darse cuenta.
—Parece que le agradan los animales.
—Siempre ha sido así.
Lyra observó a su caballo, que pastaba tranquilamente cerca del arroyo.
Silbó suavemente.
El imponente corcel negro levantó la cabeza y caminó hasta ella.
Acarició su cuello con cariño.
—Él es mi compañero de viaje.
Conrad dirigió la mirada hacia el animal.
Era fuerte, elegante y de mirada inteligente.
—¿Cómo se llama?
—Afther.
El caballo relinchó, como si respondiera orgulloso a la presentación.
Conrad extendió lentamente una mano.
Afther lo observó unos segundos antes de aceptar la caricia.
—Es un buen caballo.
—Es el mejor.
La sonrisa de Lyra era sincera.
Hacía mucho tiempo que no sonreía de esa manera.
Después de unos minutos de silencio, Conrad habló con voz serena.
—¿Puedo hacerle una pregunta?
—Claro.
—¿Por qué viaja realmente?
La expresión de Lyra cambió.
La calidez desapareció de sus ojos.
Miró fijamente las llamas.
—Busco venganza.
Conrad no dijo nada.
Ella continuó hablando.
—Hay alguien que me arrebató algo muy importante.
No puedo seguir adelante hasta hacerlo pagar.
Levantó la vista y encontró los ojos dorados del hombre.
—¿Y usted?
—¿Yo?
—¿Qué busca?
Conrad permaneció en silencio durante varios segundos.
Finalmente respondió con una tranquilidad que ocultaba el dolor de siglos.
—También busco a alguien.
Su mirada nunca abandonó el rostro de Lyra.
—A la persona más importante de mi vida.
Sin saberlo, ambos estaban sentados frente a frente, persiguiendo el mismo destino.
Ella buscaba al hombre que le arrebató la vida.
Él... a la mujer que el destino le había devuelto.