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La Épica De Los Antiguos

La Épica De Los Antiguos

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Fantasía épica / Mitos y leyendas / Acción
Popularitas:59
Nilai: 5
nombre de autor: Bastian Silva

El mundo cuenta con civilizaciones que se han perdido por el paso del tiempo; continentes y reinos enteros fueron sumergidos por el agua , la lava , la arena y el hielo , y solo se tiene registro de las culturas y civilizaciones actuales porque quedaron infraestructuras y relatos de manera interna y externa de ellas.
Pero ¿qué pasaría si antes de que la humanidad surgiera ,existía una especie con poderes sobrenaturales cuyas culturas se asemejaban a las humanas, pero miles o, a veces, hasta millones de años atrás, y por eso no se tenía registro de que existieron «los antiguos»?
Kevin es un antiguo que despertó en la era actual y que deberá descubrir su pasado e identidad en medio de un conflicto entre un culto oscuro y la humanidad y Kevin deberá decidir en qué bando peleará

NovelToon tiene autorización de Bastian Silva para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

el poder

Lisa estaba en el patio de la casa por la mañana. Vestía un pijama gris y en su mano derecha flotaba una esfera de sangre. La adolescente la manipulaba y el líquido pasaba alrededor de sus brazos con suma facilidad; frente a ella estaba Jean, viendo con atención los movimientos del plasma. La joven, sin embargo, no mostraba mucho interés en lo que hacía.

Al tercer día del entrenamiento cuerpo a cuerpo, Jean ya tenía bastantes moretones por los golpes que le propinó Edgard, por lo que, en el típico ataque sorpresa de Void, el pecoso le tendió una trampa, lanzándole tierra a los ojos cuando vio la dirección desde donde salió el torso del hombre.

Aprovechando esta oportunidad única, le rompió la clavícula al cruzado rápidamente con la espada de madera. Como Strathman permanecería en su dimensión de bolsillo para curar sus heridas, dejó al Pecas en manos de sus discípulos para que lo entrenaran en los últimos días. Estos, en un inicio, se negaron, pero Kevin decidió ayudarle por obedecer a su tutor.

—Quiero que me copies —dijo la adolescente sin dejar de mirarle con una mueca de desprecio, arqueando la ceja derecha.

—No puedes lanzarlo a la práctica así como así, lo primero que tiene que aprender es la teoría —dijo Kevin en un tono sereno. Estaba en el umbral de la puerta del patio mirando el entrenamiento de su rival.

—Aunque le enseñe, no servirá de nada, tardé años en manipular este poder y… —dijo Lisa antes de ser interrumpida por su pareja.

—Yo desperté con esto, pero aun así me costó comprender de dónde venía... hasta hace poco —contestó el rubio.

—Lo tuyo es muy distinto a lo de él.

—No, su poder está dormido. Al igual que el tuyo, pasó mucho tiempo hasta que pudiste controlarlo un poco y aun así no lo dominas del todo —replicó molesto.

—Por su culpa Edgard está herido —dijo Lisa, aún más molesta, apuntándolo con el brazo derecho.

—Eso es pelear, Lisa. Si uno no va creciendo, no va a sobrevivir —se defendió Jean.

—No me hables de esa manera, juegas bastante sucio. Me desagrada bastante tu forma de ser; me es imposible creer que un imbécil como tú le haya ganado a un Strathman. Ninguno de los dos sabe lo que es el honor —continuó la joven, roja por el enojo, casi cerrando sus manos.

—Deja de preocuparte por eso, gané y es lo que cuenta —añadió Jean, provocando a la adolescente aún más. Sus antebrazos eran rojos como si nada; su apariencia y textura eran la de un líquido espeso.

—¡Hey!, prepárate para correr —dijo Kevin asustado. El olor a óxido inundaba el aire. Este aroma provocó que a los dos antiguos se les revolviera el estómago, al ser tan cargante—. ¡No dejes que la sangre te toque o estarás muerto!

—¡Por un carajo estoy muerto! —dijo Jean corriendo tenso por el poder que emanaba de la mujer. El miedo provocó que le brotaran escamas delgadas color violeta en la glabela, que se extendían hasta la nariz en una línea y cubrían sus dos ojos; el color de sus iris era verde y la pupila aparecía rasgada como la de un reptil. El muchacho ya estaba pálido por el olor de la sangre e incluso cuando emanaron las escamas le provocaron dolor en su rostro, al no estar acostumbrado a ello. —¡Lamentarás haber pisoteado y humillado a un Strathman! —gritó Lisa, convirtiendo su cuerpo en la misma masa espesa color carmesí. De la cintura hacia abajo simulaba ser una serpiente; la forma de su cabello se podía notar e incluso se veían sus ojos. Los antebrazos eran mucho más anchos y sus dedos tenían forma de garras. La adolescente se volvió un charco rojo que se movió debajo de los pies del pecoso y lo envolvió hasta el diafragma.

Strathman lo arrojó contra la cerca de madera, haciendo que el golpe contra la espalda del muchacho sonara hueco y seco. Posteriormente, la joven disparó una pequeña bala de sangre al hombro izquierdo del pecoso; el dolor se extendió por toda la zona, que se calentó por la sangre tibia del antiguo. El joven supo que ya no había vuelta atrás, ya estaba jodido. Un ardor pasó por todo su brazo, dejándolo tenso.

Jean sudaba por toda la situación actual. Miraba a la lamia sin saber qué hacer. Su extremidad comenzó a retorcerse de forma anormal, provocando que sus huesos sonaran al quebrarse; una fuerza lo atrajo hasta la chica y en el mismo instante en el que el pecoso gritaba del dolor, vio que el australiano no se encontraba en el patio con ellos, generándole aún más ansiedad.

«¿Cómo la derroto?», pensó Jean mientras era arrastrado por los aires hasta impactar en el suelo con brusquedad. Su cuerpo estaba dormido por el impacto. «No puedo romper las cañerías para extraer el agua; Edgard me mataría. Debo encontrar la maldita forma de controlar el agua o alejar a esta loca de mí; va a acabar por matarme si sigue».

—Dime, estúpido, ¿aún sigues menospreciando a los Strathman? —preguntó Lisa, tomando al muchacho por el cuello.

—Leí un par de páginas de uno de los libros de magia de Edgard. Sigo pensando que es muy raro que miembros de la familia sean amiguitos de seres sobrenaturales, sobre todo una tipa que coge con uno —respondió Jean, molesto y casi sin aire.

—Eso no te incumbe —respondió Lisa apretando más el cuello del joven, pero las gotas de sudor de la cara de Jean se elevaron un par de centímetros de su rostro. El pecoso tenía los ojos rojos por la falta de aire—. ¡Ya ríndete!

—¡No! —gritó Jean, liberando las pequeñas gotas de sudor, que impactaron en el cuerpo de la lamia. Esta se quitó de encima del antiguo, aunque solo sintió que le pinchaban con alfileres. Se separó más que nada por el asco, y el muchacho se levantó lentamente, mientras tosía al recobrar el aliento.

—¡Eres tan asqueroso! —gritó la mujer, molesta.

—¿Crees que no he entrenado a escondidas? Pues creíste mal. Aunque solo sean pequeñas gotas en comparación con lo de la otra noche —dijo Jean, cansado pero con un tono arrogante. Muy en su interior lamentaba haber dicho lo último. La culpa aún lo carcomía y eso que no sabía nada de Susan, porque terminó por provocarle una muerte dolorosa.

—Aun en tu estado me sigues provocando, ¿eh? —dijo Lisa casi cerrando su ojo izquierdo.

—Me tienes bien jodido, es verdad, pero peleando me di cuenta de algo: nuestra habilidad es muy parecida —respondió el adolescente—. Además, yo ya gané.

—¡Reverendo hijo de…! —La joven detuvo su insulto al notar que no podía mover su cuerpo. Las gotas de sudor se fundieron con la sangre, lo que la dejaba en total desventaja.

—Me costó demasiada energía, pero es jaque mate, después de todo —añadió Jean sonriendo. De debajo de la puerta trasera de la casa se extendía un líquido marrón que se elevó por los aires hasta impactar contra la lamia—. Celebraré mi victoria con un litro de ron.

La adolescente volvió a su forma humana, liberando el brazo del antiguo en el proceso. Cayó al suelo completamente ebria y Kevin se levantó de la arena donde estuvo escondido todo el tiempo que duró la tortura de su compañero. Jean, en cambio, no le miraba con desprecio, ya que su actuar fue bastante comprensible. El australiano cargó a su pareja como un costal de papas para llevarla a su habitación.

—Bien hecho, esperpento de la naturaleza, atenderé tus heridas luego —dijo Kevin abriendo la puerta.

—Gracias, marica —contestó Jean sin moverse de su lugar.

—Pudo matarnos a ambos —dijo Kevin, volteando a ver al pecoso—. Su habilidad va más allá de lo que viste hoy.

—Lo sé, ¿ya me puedo desmayar? —preguntó el pecas.

—No —respondió el australiano entrando en la casa.

—A la orden —añadió Jean en tono burlesco, cayendo al suelo desmayado por el cansancio.

Jean despertó en un bosque en medio de la nada. Un montón de personas envueltas en túnicas blancas le rodeaban; uno de ellos tenía una tablilla de oro con una gema roja en el centro. No comprendía el idioma que hablaban ni tampoco qué sucedió con su familia o las personas que le acompañaban. Tenía un hacha de guerra a un costado suyo.

—Tengan cuidado, tiene un arma —dijo un hombre de la secta.

—¿Dónde estoy y qué le hicieron a mis camaradas? —preguntó Jean molesto, tomando el hacha con la mano derecha.

—Cálmate, somos aliados tuyos. El gran vigilante te liberó de tu prisión para salvar al mundo —dijo el hombre de la tablilla. Curiosamente, fue la única persona a la que le comprendió el lenguaje. Miró a dos personas detrás de él para dar una orden—. Señor Thompson, necesitamos sus sellos para dejarlo calmado.

—¡No me digas que me calme, ¿qué carajos pasó?! —siguió Jean, abalanzándose contra varias personas. A uno le ensartó el hacha en la cabeza; al siguiente le cortó el cuello cuando intentó defenderse. Un hombre le lanzó un hechizo que Jean esquivó rodando por el suelo y lanzándole el hacha a su cara. El joven ya estaba empapado en sangre cuando Max Thompson lo envolvió en sellos mágicos, mientras Jean se acercaba a su líder, apoyado por su esposa.

El adolescente se arrodilló por el cansancio que le provocaban los sellos mágicos. Estos se extendían como ramas blancas por todo su cuerpo. La esposa se acercó a Jean tocándole la cabeza, lo que provocó que el chico tuviera un severo dolor, gritando bastante fuerte, pero luego de un par de segundos cayó dormido.

Jean se levantó en la sala de estar de la casa de Edgard, gritó en shock con ganas de vomitar; Kevin estaba a su lado tratando de calmarlo. Anteriormente, el australiano le había tratado sus heridas, por lo que se levantó del sofá café, siguiéndolo hasta la puerta del baño, viendo cómo el pecoso vomitaba en el inodoro.

—¿Qué pasó? —preguntó Kevin.

—Yo los maté, Kevin... Sucedió cuando desperté en este mundo. Estuve envuelto en la sangre de las personas —respondió Jean, pálido por la culpa.

—Tenemos mucho de qué hablar —dijo Kevin serenamente.

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