La trama gira entorno a dos hermanas, y como a causa del daño que Kattya la hermana menor causa en su novio , desata una venganza donde la que paga un alto precio es su hermana mayor Cassandra.
¿Podrá la venganza vencer? o ¿el amor encontrará su camino?
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El gesto de la verdad
El silencio en la habitación 402 era tan denso que podía cortarse. La luz del atardecer se filtraba por las persianas, bañando la escena en un tono dorado que acentuaba la fragilidad de Charly. Al ver entrar a Cassandra, los ojos del joven se dilataron. En su mente nublada por el trauma, no vio a una joven ; vio una visión de paz, un rostro que irradiaba una bondad que su memoria no lograba clasificar. Para él, Cassandra era un ángel que venía a rescatarlo de la oscuridad en la que había estado viviendo todo este tiempo.
Cassandra, por el contrario, sintió que el corazón se le oprimía, pero no por odio. Al ver a Charly —pálido, conectado a máquinas, con la mirada de un niño perdido—, sintió una lástima profunda por sí misma. Comprendió con una claridad brutal que toda su supuesta vida matrimonial, su dolor y su encierro, se habían erigido sobre el sufrimiento de este joven. Ella había sido el chivo expiatorio de una tragedia que Charly llevaba grabada en el cuerpo y al parecer en el alma.
—Hola —dijo ella, acercándose a la cama con una suavidad que desarmó a los presentes—. Es un gusto conocerte. Soy Cassandra.
—Hola —respondió él en un susurro apenas audible, pero con una leve sonrisa que iluminó su rostro demacrado.
Sin esperar el permiso de los médicos ni de su esposo, Cassandra tomó un vaso de agua con una pajita de la mesa de noche. Con una mano firme pero delicada, sostuvo la cabeza de Charly y le dio de beber. Fue un acto de humanidad tan puro que la habitación pareció transformarse de una clínica a un santuario.
Alexander observaba la escena desde la puerta, y lo que sintió fue un dolor ciego. Ver a la mujer que amaba —y que tanto había intentado odiar— cuidando con esa ternura al hermano que él juró vengar, le provocó un cortocircuito emocional. El contraste era insoportable: Cassandra, la supuesta "villana" de su historia, era la única que le devolvía la dignidad a Charly con un simple gesto, mientras él solo había usado el nombre de su hermano para sembrar destrucción a su paso y dañar a la mujer de la que se había enamorado.
A su lado, Rodrigo de la Vega bajó la cabeza. El remordimiento lo golpeó con la fuerza de un mazo. Al ver la nobleza de su hija mayor frente a la ruina que Kattya había provocado, Rodrigo finalmente aceptó su fracaso como padre. Había criado a un monstruo, a una mujer capaz de dejar a un joven en ese estado y seguir viviendo como si nada, mientras su hija más pura pagaba los platos rotos, el daño que Kattya había causado tendría consecuencias y esas Rodrigo se las haría pagar.
La Caída de las Máscaras
Charly terminó de beber y miró a Cassandra a los ojos.
—Tus ojos... —susurró Charly, luchando por conectar las palabras—. No son como los de ella. Ella... ella me dejo solo, herido. Tú... tú me das paz , eres alguien bueno, lo siento.
Alexander dio un paso hacia adelante, con el rostro desencajado.
—Charly, ¿de qué hablas? Ella es Cassandra De la Vega. Ella es la que te hizo esto, por su culpa has estado en esta cama por 4 largos años.
Charly giró la cabeza lentamente hacia su hermano. La neblina en sus ojos empezó a disiparse por un instante, reemplazada por un recuerdo nítido y doloroso.
—No, Alex —dijo Charly, y esta vez su voz tuvo una fuerza inesperada—. Ella no estaba allí. Fue la otra. La que siempre quería llamar la atención de todos... Kattya. Cassandra... ella no es culpable de mi accidente, a ella solo la vi unas cuantas veces.
El nombre de Kattya cayó en la habitación como una bomba de vacío. Alexander retrocedió, chocando contra la pared del pasillo. El aire se le escapó de los pulmones. Miró a Cassandra, quien seguía al lado de Charly, sosteniéndole la mano. En ese momento, Alexander Thompson se dio cuenta de que el monstruo no era la mujer a la que había encadenado, sino el hombre que la había mirado a los ojos cada mañana mientras planeaba su ruina.
Rodrigo se acercó a Alexander y, con una voz cargada de una autoridad amarga, le susurró al oído:
—Ahora lo sabes. Has destruido a la mujer que te amaba por la mentira de la que siempre despreciaste. Espero que tu fortuna sea suficiente para pagar el perdón que mi hija nunca te dará, porque tenlo por seguro, no permitiré que estés más en la vida de mi hija.
Cassandra no dijo nada. No necesitaba hacerlo. Mientras seguía acariciando la mano de Charly, su mirada se encontró con la de Alexander. Había dolor, decepción tristeza pero sobretodo había una distancia infinita. La verdad había salido a la luz, pero el precio había sido demasiado caro para ella, hasta hace unas horas creyó ver la oportunidad en salvar su matrimonio, pero ahora todo había cambiado.