Dos imperios rivales, un odio de décadas y un testamento que obliga al implacable CEO Alessandro Rovere a casarse con Giulia Moretti, la heredera de su familia enemiga. Lo que empieza como una venganza y un contrato, termina convirtiéndose en un caos lleno de tensión, risas y un amor que nadie esperaba… ¡al borde de la locura!
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CAPÍTULO 8: El regreso a la civilización (y al caos de los amigos)
El regreso a Milán fue menos idílico que la luna de miel en el yate, si es que a la luna de miel se le podía llamar idílica con un pastel de chocolate humeante y un anzuelo volador. El avión privado aterrizó suavemente, y la majestuosa mansión Rovere apareció ante ellos, imponente y ordenada como siempre. O al menos, eso pensaba Alessandro.
—¡Sorpresa! —El grito unísono de sus amigos los recibió apenas cruzaron el umbral.
La entrada de la mansión, que Alessandro siempre mantenía impoluta y casi museística, estaba decorada con globos de colores, un cartel gigante que rezaba "¡Bienvenidos a la rutina (y al caos)!" y una mesa con champán y canapés. Luca, Matteo, Sofia y Elena estaban allí, con sus sonrisas habituales y esa energía contagiosa que Giulia tanto amaba y que a Alessandro le costaba más asimilar.
—¡No puedo creerlo! —exclamó Giulia, abrazando a todos con entusiasmo—. ¡Pensé que estarían trabajando!
—¿Y perdernos la bienvenida a los recién casados? ¡Jamás! —dijo Sofia, riendo—. Además, Luca tuvo la brillante idea de que ya que volvían del "retiro romántico", era justo que los introdujéramos de nuevo a la "vida real".
Alessandro suspiró, pero una sonrisa genuina se dibujó en su rostro. Sus amigos eran su familia elegida, y por mucho que a veces lo volvieran loco, los quería.
—No sé si agradecerles o echarles de aquí —comentó con tono burlón, pero sin soltar la mano de Giulia.
—¡Oh, vamos, Alessandro! ¡No seas amargado! —dijo Matteo, dándole una palmada en la espalda—. Además, tenemos que celebrar la fusión y la victoria sobre esos buitres de Ombra. ¡Hoy es noche de fiesta!
Y la fiesta comenzó. La mansión, que rara vez había albergado algo más allá de cenas formales y reuniones de negocios, se llenó de música, risas y anécdotas de la luna de miel que Giulia contaba con todo lujo de detalles, ante la mirada avergonzada de Alessandro y las carcajadas de sus amigos.
—¡Y luego, cuando intentó pescar la cena, el anzuelo terminó en el sombrero de un turista! —contaba Giulia, imitando el gesto de lanzar la caña—. ¡Parecía de película!
—¡Giulia, por favor! —exclamó Alessandro, cubriéndose la cara con las manos—. ¡No cuentes más!
—¡No, no, sigue! —animó Luca, casi ahogándose de la risa con el champán—. ¡Queremos saberlo todo!
Mientras la noche avanzaba, los amigos se dieron cuenta de lo mucho que la pareja había cambiado. Alessandro, que antes era una estatua de hielo, se reía a carcajadas, bromeaba y no soltaba la mano de Giulia ni un segundo. Y ella, que siempre había sido un espíritu libre, ahora irradiaba una calma y una felicidad que la hacían aún más hermosa.
—Nunca pensé que vería a Alessandro tan… domesticado —comentó Elena a Sofia, mientras observaban a la pareja bailar al ritmo de una canción lenta.
—No está domesticado, está enamorado —respondió Sofia, con una sonrisa—. Y ella también. Han encontrado el equilibrio perfecto entre su caos y su orden.
La música subió de volumen y Matteo, con la energía que lo caracterizaba, propuso un juego de mesa.
—¡Vamos a jugar a las adivinanzas! Giulia y Alessandro en equipo. ¡Así vemos cuánto se conocen!
Alessandro puso los ojos en blanco, pero Giulia, encantada, aceptó.
—¡Me encanta! ¡Preparémonos para ganar, esposo!
El juego se convirtió en una comedia. Las adivinanzas iban desde preguntas sobre gustos personales hasta gestos y mímicas.
—¿Cuál es la manía más extraña de Alessandro? —preguntó Sofia.
Giulia lo pensó un momento. —¡Que le da pánico el desorden! ¡Y que organiza su cajón de calcetines por colores y texturas!
Alessandro se puso rojo, mientras sus amigos estallaban en carcajadas.
—¡No es una manía, es eficiencia!
—¿Y cuál es el mayor talento oculto de Giulia? —preguntó Elena.
Alessandro sonrió. —Convertir cualquier momento serio en un show de comedia. ¡Y cocinar el pastel de chocolate más peligroso de la historia!
Giulia le dio un codazo juguetón.
—¡Eso no se cuenta!
Las risas llenaron la sala, creando una atmósfera de calidez que la mansión Rovere nunca había conocido. Por un momento, se olvidaron de los negocios, de las fusiones y de los enemigos. Solo existía la amistad, el amor y la alegría de estar juntos.
Cuando la fiesta terminó y los amigos se fueron, Alessandro y Giulia se quedaron solos en medio del salón, que ahora parecía mucho más silencioso.
—Ha sido la bienvenida más ruidosa de la historia —dijo Alessandro, abrazándola por la cintura.
—Pero también la más divertida —respondió ella, apoyando la cabeza en su hombro—. Me encanta que tus amigos sean tan… caóticos.
—Y a mí me encanta que los tuyos también lo sean —admitió él—. Gracias por traerlos a mi vida. Y por traer el caos.
Subieron las escaleras de la mano, y antes de llegar a sus habitaciones, se detuvieron en el pasillo, el mismo pasillo donde días antes habían confesado sus sentimientos.
—¿Recuerdas cuando me preguntaste si alguna vez esto dejaría de ser una actuación? —dijo Alessandro, mirándola a los ojos.
Giulia asintió, sonriendo. —Y tú me dijiste que no sabías.
—Ahora sí lo sé —respondió él, acariciando su mejilla—. Nunca fue una actuación. Solo necesitábamos tiempo para darnos cuenta de que estábamos enamorados.
La besó con ternura, un beso que hablaba de promesas y de un futuro juntos.
—Alessandro —dijo Giulia, después de un momento—, hay algo que no te he contado. Sobre lo de nuestros abuelos.
Él la miró con preocupación. —Dime.
—Mi padre, antes de fallecer, me dejó una carta. En ella, me revelaba que mi abuelo había descubierto, poco antes de su muerte, que la traición no vino solo de los inversores. Había una persona clave dentro de nuestras familias, alguien muy cercano a ambos abuelos, que fue quien filtró la información y manipuló la situación para su propio beneficio. Era una especie de… topo.
Alessandro abrió los ojos, sorprendido. La revelación le heló la sangre. Si había un traidor dentro de su propio círculo, ¿quién era? ¿Y por qué su abuelo nunca lo había descubierto?
—¿Quién? —preguntó, con la voz apenas audible.
Giulia negó con la cabeza. —Mi padre no lo menciona en la carta. Solo dice que esa persona era muy respetada y que tenía acceso a información confidencial de ambas empresas. Y que su único objetivo era verlos caer.
El ambiente festivo se disipó, dejando paso a una tensión palpable. La verdad que habían desenterrado era más compleja y peligrosa de lo que imaginaban.
—Esto lo cambia todo —murmuró Alessandro—. Tendremos que investigar. Saber quién es esa persona. No podemos permitir que siga actuando en las sombras.
—Y no lo haremos —dijo Giulia, apretándole la mano con fuerza—. Pero lo haremos juntos. Ya lo dijiste: los Rovere y los Moretti, unidos, somos imparables.
Subieron a su habitación, pero la noche ya no prometía el mismo sueño tranquilo. La revelación de un posible traidor oculto en el pasado de sus familias abría un nuevo capítulo en su historia, uno que exigiría toda su astucia y confianza mutua. Lo que había comenzado como una comedia romántica, ahora tenía tintes de un thriller corporativo, con el amor como su única arma secreta.
💌 Palabras de la autora
¡Ay, ay, ay! ¡Parece que la calma duró poco! 🤫 ¿Qué les pareció esta revelación final? ¿Quién será ese "topo" misterioso? ¿Y cómo afectará esto a la relación de Alessandro y Giulia? ¡Esto se pone emocionante!