Natalia Serrano ha estado casada con Damián Santillán durante tres años. Un matrimonio construido por medio de un contrato con su familia y aunque durante ese tiempo, ella creyó que Damián podría llegar a amarla, estaba equivocada.
Con el regreso de Jimena, el primer amor de Damián, este solo muestra preferencias hacia ella sin importarle el dolor que causa en Natalia. Pero, justo cuando Natalia decide que ya no puede más y decide darle su libertad, Damián se niega a dejarla a ir, pero, aun así, no le da su lugar, sigue siendo frío, hiriente y le da el favoritismo a Jimena. ¿Qué es lo que realmente quiere Damián de ella?, ¿Por qué seguirla atando a un matrimonio que la hace sufrir?
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Capítulo 9
Capitulo 9
Damián estaba esperándome en el cuarto de visitas.
No encendió todas las luces. Solo una lampara junto al sofá. Esa penumbra le quedaba bien: lo hacia parecer menos hombre y mas amenaza.
--¿Te divertiste?
Deje la bolsa sobre una silla.
--Si.
No era la respuesta que esperaba.
--Con él.
--Con Vale y mi primo.
--¿Primo?
Solté una risa.
--No me digas que ahora también necesitas revisar mi árbol genealógico.
Damián se levanto.
--Te vi.
--Felicidades.
--Ese hombre te tocaba como si tuviera derecho.
--Adrián es mi familia.
--Tu familia es Serrano.
--Mi familia es quien no usa las cenizas de mi madre para tenerme de rodillas.
La frase salió antes de que pudiera detenerla.
Damián se quedo inmóvil.
--¿De que hablas?
Ya no quería hablar.
Me quite los aretes frente al espejo, despacio, porque las manos me temblaban.
--Nada. Olvídalo.
--Natalia.
--¿Ves? Eso haces siempre. Llegas tarde a preguntar y esperas que la respuesta todavía te pertenezca.
Él se acerco.
--No te estoy reclamando por salir con Vale.
--No. Me reclamas respirar cerca de otro hombre mientras Jimena duerme en mi casa.
--Es mi casa.
La corrección fue pequeña.
Suficiente.
Asentí.
--Gracias por recordarlo.
Tome el folder blanco de la mesa y se lo puse en el pecho.
--Entonces libérame de tu casa.
El bajo la mirada.
--Otra vez con eso.
--Hasta que firmes.
--No voy a firmar porque te dio un ataque de celos.
--No son celos.
--¿Entonces que?
Lo mire.
Quería decirle: duelo.
Quería decirle: asco.
Quería decirle: cansancio de amar a un hombre que solo se vuelve tierno cuando cree que puede perder algo suyo.
--Claridad --dije.
Damián dejo el folder sobre el sofá.
--Jimena es mi hermana.
--No lo parece.
--Porque tu cabeza esta llena de basura.
Me dolió, pero menos que antes.
Quizás una se acostumbra a las heridas cuando vienen de la misma mano.
--Tienes razón --dije--. Todo es mi mente sucia. Yo invente que la abrazabas, que la defendías, que le diste mi proyecto, que la trajiste a vivir aquí.
--La traje porque necesita apoyo.
--Yo también lo necesitaba.
Silencio.
El tipo de silencio que reconoce una culpa, pero no sabe pedir perdón.
Me metí a la cama con ropa. Me cubrí hasta el cuello.
Damián se quedo ahí, parado, respirando pesado.
--Voy a cambiar a Úrsula --dijo al fin.
No respondí.
--También te asignare otro chofer. Ya no uses aplicaciones de noche.
Nada.
--Hable con el doctor de Coyoacán. Puedes volver a consulta cuando quieras.
Abrí los ojos.
--¿Jimena también va a acompañarme?
--Conoce al doctor.
Me gire hacia el.
--Damián, ¿de verdad no entiendes?
Su cara se cerro.
--Entiendo que estas decidida a malinterpretarlo todo.
--No. Estoy decidida a dejar de tragarme todo.
Se quito el saco y lo dejo en una silla.
--Dormiré aquí.
--No.
--Soy tu esposo.
--Eres mi casi ex esposo.
--Todavía no.
Se metió a la cama.
Me quede rígida.
Su brazo me rodeo con cuidado, como antes. La mano encontró mi vientre sin permiso y empezó a calentarlo. Mi cuerpo, traidor, se relajo un poco.
Odie eso.
--Si no te gusta Úrsula, se va --murmuro.
--No me compres con gestos atrasados.
--No estoy comprando nada.
--Siempre compras. Silencios, reputaciones, contratos, personas.
Su respiración se endureció.
--No te compre a ti.
--No. A mi me rentaste tres años.
Se levanto de golpe.
La cama se enfrió.
--No tienes corazón, Natalia.
Me reí contra la almohada, sin alegría.
--Que raro. Yo pensaba que el problema era que tenia demasiado.
Damián salió.
Cuando la puerta se cerro, me toque el vientre donde su mano había estado.
Todavía estaba tibio.
Eso fue lo peor.