Cada final es un regreso… pero el dolor nunca desaparece.
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Capítulo 2: Sangre y reflejos
Cecilia salió del callejón sin dudar.
Sus pasos eran rápidos, precisos. Sus ojos dorados ya habían localizado a su objetivo: una figura encapuchada que corría entre la gente, abriéndose paso con brusquedad.
—¡Detente! —gritó.
El ladrón giró apenas la cabeza… y sonrió.
Demasiado tranquilo.
Demasiado fácil.
Cecilia frunció el ceño, pero no se detuvo. Extendió la mano y el aire a su alrededor comenzó a enfriarse, listo para congelar el suelo bajo los pies del hombre.
Entonces—
Un segundo paso.
Atrás.
Demasiado cerca.
Una presencia que no había sentido.
El brillo de una hoja apareció en su punto ciego, descendiendo directo hacia su espalda.
Todo ocurrió en un instante.
Cecilia apenas alcanzó a girar—
Pero no fue suficiente.
Una figura se interpuso.
Un impacto seco.
Y luego—
—…Tch.
El sonido del metal atravesando carne.
El cuchillo se detuvo en la mano de Kenji.
Lo había atrapado.
Directamente.
La hoja estaba enterrada en su palma, la sangre comenzó a deslizarse de inmediato entre sus dedos. Su expresión se tensó por un segundo… solo uno.
Pero no gritó.
No retrocedió.
Sus ojos se endurecieron.
Giró el cuerpo con fuerza—
Y con la otra mano lanzó un golpe directo al rostro del atacante.
El impacto fue limpio.
Seco.
El hombre cayó al suelo sin siquiera poder reaccionar, completamente noqueado.
Silencio.
Solo la respiración agitada de Cecilia… y el goteo de sangre.
Kenji permanecía de pie, con el cuchillo aún clavado en su mano.
—…Idiotas —murmuró, con voz baja pero cargada de molestia.
Levantó la mirada hacia el ladrón que se había detenido más adelante.
—¿Cómo se atreven a atacar a una mujer que está sola?
No había rabia descontrolada en su voz.
Había algo más.
Desprecio.
Cecilia lo miró.
Sus ojos se abrieron ligeramente al ver la sangre.
—Tú… —susurró.
Kenji soltó un pequeño suspiro, como si aquello fuera más molesto que doloroso.
Luego, sin mucho cuidado—
Se arrancó el cuchillo de la mano.
La sangre brotó con más fuerza por un instante.
Apretó los dientes… pero solo un poco.
—…Qué mal día —murmuró.
Levantó la vista hacia los dos hombres.
Su postura cambió.
Más baja.
Más firme.
—Si van a hacerlo… —añadió, flexionando ligeramente los dedos heridos—
—háganlo bien.
El aire se volvió tenso.
Y por primera vez desde que llegó a ese mundo—
Kenji dejó de verse perdido.
Capítulo 2: Sangre y reflejos (Parte 2)
El ladrón que quedaba chasqueó la lengua y dio un paso atrás.
—Tch… esto se complicó.
Cecilia no dudó más.
Extendió la mano.
—¡No te muevas!
El aire volvió a enfriarse. Una capa de hielo comenzó a formarse bajo los pies del hombre, avanzando con rapidez.
Kenji también se movió.
Avanzó directo, sin rodeos, aprovechando el instante en que el ladrón perdía el equilibrio.
Golpe.
El primero cayó de rodillas.
El segundo intentó reaccionar, sacando otra arma—
Pero Cecilia ya estaba allí.
—¡Basta!
Una ráfaga de hielo salió disparada.
El callejón se cubrió de escarcha.
El suelo, las paredes… todo.
Demasiado.
Kenji lo notó.
—¡Espera—!
Pero fue tarde.
El ladrón esquivó por puro instinto… y el ataque cambió de dirección.
Directo hacia Kenji.
No hubo tiempo.
El impacto fue brutal.
El hielo lo atravesó.
El frío no fue lo peor.
Fue el dolor.
Uno seco, profundo, que le robó el aire al instante.
Su cuerpo se tensó… y luego falló.
Cayó de rodillas.
—…Ah…
Sus manos temblaron. Su visión se volvió borrosa.
Cecilia se quedó inmóvil.
—No…
Sus ojos se abrieron completamente.
—No… no… no…
Corrió hacia él, arrodillándose frente a su cuerpo.
—¡No era… no era para ti…!
Su voz se quebró.
Sus manos temblaban mientras intentaba detener la sangre.
—Es… es mi culpa…
Lágrimas comenzaron a caer.
—¡Es mi culpa!
Kenji apenas podía verla.
El sonido se apagaba.
El dolor… seguía.
Su respiración se volvió irregular.
Pesada.
Lenta.
Pensamientos fragmentados.
Confusión.
“¿Así… termina…?”
Oscuridad.
Silencio.
…
…
Un parpadeo.
Aire.
Frío.
Kenji abrió los ojos de golpe.
—¡…!
Estaba de pie.
Intacto.
Sin dolor.
Sin sangre.
El mismo callejón.
El mismo momento.
Cecilia entrando corriendo.
Los pasos.
La escena repitiéndose.
Kenji no entendió.
No tuvo tiempo de entender.
Pero su cuerpo reaccionó.
Antes de pensar—
Se movió.
—¡Oye!
Cecilia apenas giró la cabeza cuando él ya estaba frente a ella.
—¿Qué—?
Kenji la empujó ligeramente hacia un lado justo cuando el primer ladrón aparecía.
El segundo intentó atacar desde atrás—
Pero Kenji ya lo había visto.
Su mano atrapó la muñeca del hombre.
Giró.
Golpeó.
El impacto fue limpio.
El atacante cayó inconsciente al instante.
El otro intentó huir—
Kenji avanzó sin dudar.
Un paso.
Dos.
Puñetazo directo.
El ladrón cayó al suelo.
Silencio.
Todo terminó en segundos.
Demasiado rápido.
Cecilia se quedó quieta.
Mirando.
Procesando.
Kenji respiraba agitado.
Sus ojos estaban abiertos… pero no enfocados.
—…¿Qué…?
Sus manos temblaron levemente.
Miró el suelo.
El lugar donde antes había caído.
Donde había muerto.
Pero ahora—
No había nada.
El ladrón inconsciente tenía algo en la mano.
Un collar.
Kenji se agachó y lo tomó.
Lo observó por un segundo.
Luego miró a Cecilia.
—Creo… que esto es tuyo.
Su voz sonó normal.
Pero por dentro—
Nada lo estaba.
Capítulo 2: Sangre y reflejos (Parte 3)
Cecilia tomó el collar con ambas manos.
Lo sostuvo con cuidado, como si fuera algo frágil… o irremplazable.
Por un segundo, sus ojos dorados temblaron.
—…Gracias —dijo en voz baja.
Kenji desvió la mirada.
—No me agradezcas.
El silencio que siguió fue breve, pero extraño. Como si algo no terminara de encajar del todo.
Entonces—
—¿Están bien?
Una voz firme, clara, se escuchó desde la entrada del callejón.
Pasos.
Tranquilos. Seguros.
Cecilia levantó la cabeza al instante.
Kenji giró también.
Un joven alto, de cabello plateado y ojos azules, se acercaba con una presencia que imponía sin necesidad de esfuerzo. Su abrigo blanco contrastaba con la suciedad del callejón, como si no perteneciera a ese lugar.
Se detuvo frente a ellos, observando la escena: los ladrones inconscientes, el hielo aún deshaciéndose… y a Kenji.
Luego, su mirada se posó en Cecilia.
—Princesa Cecilia —dijo con respeto—. ¿Se encuentra bien?
Kenji parpadeó.
—…¿Princesa?
Cecilia bajó ligeramente la mirada, incómoda.
—Estoy bien… Ren —respondió.
El joven asintió suavemente, aliviado.
Luego volvió a mirar a Kenji.
Su expresión no cambió… pero su atención sí.
—¿Y este chico?
Kenji se señaló a sí mismo, confundido.
—¿Eh…? Ah— hola… me llamo Kenji.
El joven dio un paso más cerca y extendió la mano con naturalidad.
—Mucho gusto. Soy Ren.
Kenji dudó un segundo, pero le devolvió el gesto.
—Gracias por ayudar a la princesa —añadió Ren con calma.
Kenji lo miró.
Luego miró a Cecilia.
Luego otra vez a Ren.
—…Eh… —frunció el ceño—. ¿Estás bromeando?
Señaló ligeramente hacia Cecilia.
—¿Cómo que princesa?
El silencio que siguió fue corto.
Pero suficiente para que Kenji entendiera algo.
Esto—
Definitivamente no era una broma.