Ella es mejor amiga del chico popular el cual comienza a sentir algo por el Pero los prejuicios por las apariencias complican todo
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Capitulo 24
Ahora en el Presente
—¿Amor? —preguntó Abril, con un tono suave, notando la mirada perdida de Pablo.
Él parpadeó. Volvió en sí.
El gimnasio volvió a enfocarse. El sol de la mañana. La báscula. El sudor en sus frentes. Ella, con sus ojos curiosos, esperando una respuesta.
—Lo siento, mi amor —dijo Pablo, pasándole un brazo por los hombros—. Estaba pensando en ti. Y en la primera vez que te vi.
Abril arqueó una ceja.
—¿De verdad? —preguntó, con una sonrisa tímida—. ¿Y qué pensaste?
Pablo la miró. No tenía que fingir. No tenía que inventar. Por primera vez en su vida, podía decir la verdad sin miedo.
—Que eres lo más hermoso que vieron mis ojos —respondió.
Abril se sonrojó. Bajó la mirada, jugando con el borde de su camiseta.
—Eres un mentiroso —dijo, pero se reía.
—No —respondió él, levantándole la barbilla con un dedo para que lo mirara—. Nunca más voy a mentirte. Te lo juro.
Abril lo miró a los ojos. Buscó algo. No encontró nada más que honestidad.
—Te creo —susurró.
Y Pablo sintió que esas dos palabras eran más pesadas que cualquier millón de dólares.
Porque ella le creía.
Y él sabía que, en algún momento, tendría que decirle la verdad.
La verdad completa.
Pero no hoy.
Hoy solo quería tenerla en sus brazos y sentir que, por un momento, todo estaba bien.
Afuera, el sol seguía subiendo.
Adentro, dos personas rotas se sostenían.
Sin saber que muy pronto, todo se vendría abajo.
Más tarde en la universidad, Diana interceptó a Abril en el pasillo principal.
Se paró frente a ella con los brazos cruzados, la mirada afilada como un cuchillo. Su escolta de amigas la rodeaba, todas con la misma expresión de desprecio ensayado.
—¿Realmente eres la novia de Pablo? —preguntó Diana, como si fuera imposible de creer.
Abril levantó la cabeza. Ya no era la misma chica que bajaba la mirada. Ya no era la que se encogía ante las burlas.
—Sí —respondió, con voz firme—. Soy la novia de Pablo. Y él vive conmigo.
Diana soltó una risa corta, incrédula.
—¿Cómo es posible? —dijo, acercándose un paso—. Eres una gorda asquerosa.
Las amigas de Diana rieron. Algunos estudiantes comenzaron a mirar.
Pero Abril no se inmutó.
—¿Y eso en qué te afecta? —preguntó, inclinando la cabeza con una calma que desconcertó a Diana—. Si a Pablo no le importa, a ti menos debería importarte. No eres mi novia.
Diana abrió la boca para responder, pero Abril no terminó.
—Eres demasiado insoportable —continuó, con una sonrisa que no era ni cruel ni dulce, era honesta—. Ni siquiera yo saldría contigo. Y eso que soy una gorda asquerosa.
El remate cayó como un baldazo de agua fría.
Las amigas de Diana dejaron de reír. Los estudiantes que miraban comenzaron a susurrar.
—No eres asquerosa —interrumpió una voz detrás de ellas.
Pablo.
Caminó hacia Abril con paso firme, la rodeó con el brazo y la besó en la frente delante de todos. Luego giró su mirada hacia Diana.
—Pero tú —dijo, con una frialdad que heló el ambiente—. Tú sí eres jodidamente insoportable.
Diana abrió la boca. Cerró la boca. No encontraba palabras.
Pablo tomó la mano de Abril y se la llevó sin mirar atrás.
Detrás de ellos, el pasillo entero estalló en risas.
No risas cómplices. No risas burlonas.
Risas dirigidas a Diana.
La reina de la universidad, humillada por primera vez en su vida.
Diana se dio vuelta y se fue furiosa, con las mejillas encendidas y el orgullo hecho trizas.
Pero Abril no la miró.
Solo apretó la mano de Pablo y caminó con él, sintiendo que, por primera vez, el mundo estaba de su lado.