NovelToon NovelToon
Nuestro Destino 1 El Comienzo

Nuestro Destino 1 El Comienzo

Status: Terminada
Genre:Romance / Escuela / Reencuentro / Completas
Popularitas:78
Nilai: 5
nombre de autor: cristy182021

Una chica que cree en el amor… incluso cuando el amor no cree en ella.
Después de enamorarse de alguien que nunca cambió, descubre la verdad de la peor forma: a través de sus propias amigas. Aun así, decide no romperse, no cerrarse… porque, en el fondo, sigue creyendo que en algún lugar existe ese amor que siempre soñó.
Entonces aparece él.
Un chico marcado por su propio pasado, que también conoció el dolor, pero que en lugar de rendirse… se volvió más fuerte. Más decidido. Más real.
Cuando sus caminos se cruzan, algo cambia.
No es inmediato.
No es perfecto.
Pero es diferente.
Con la ayuda de quienes los rodean, comienzan a acercarse, a confiar… a sentir algo que ninguno de los dos esperaba volver a vivir.
Sin embargo, el pasado no se queda atrás tan fácilmente.
La exnovia de él está decidida a interferir, intentando arruinarlo todo durante un momento clave: el baile.
Pero esta vez…
Las cosas no serán como antes.

NovelToon tiene autorización de cristy182021 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 5

La pantalla se iluminó.

Y por un segundo…

todo volvió a sentirse conocido.

Mis amigas. Sus voces. Sus caras.

Y él.

Siempre él.

—Hola… —murmuré.

Mi voz salió más suave de lo normal. No sabía si era por el cansancio… o por todo lo que todavía no lograba decir.

—¡Cris! —respondieron casi al mismo tiempo.

No pude evitar sonreír.

Las extrañaba más de lo que había imaginado.

—¿Cómo estás? —preguntó Robert.

Lo miré durante un segundo de más.

Seguía siendo él.

Pero algo entre nosotros ya se sentía diferente.

—Bien… —hice una pequeña pausa—. Vi el video.

Tragué saliva.

—Me encantó… aunque me hizo llorar.

El ambiente cambió al instante.

El silencio ya no era ligero.

Ahora dolía.

—¿Y tu abuela? —preguntó una de las chicas con cuidado.

Bajé la mirada.

Ahí estaba otra vez ese vacío.

Ese hueco que seguía abriéndose cada vez que alguien la mencionaba.

—Murió… —susurré—. Al día siguiente que llegué. En la madrugada.

Nadie habló.

Y por primera vez desde que contesté la llamada…

me sentí realmente lejos de todos.

—¿Por qué no nos dijiste? —preguntó Dani.

No sonó a reclamo.

Sonó a tristeza.

—Perdón… —respiré hondo—. No tenía internet al principio… y después estuve todo el tiempo con mi abuelo y mi prima.

Las vi asentir en silencio.

Como si entendieran más de lo que yo podía explicar.

—Te conocemos, Cris —dijo Luna con una sonrisa pequeña—. Seguro te la pasabas cenando con tus papás todas las noches para que no se preocuparan.

Solté una risa bajita.

—Sí… la verdad sí.

Negué con la cabeza.

—Ustedes me conocen demasiado.

—Obvio —respondió Dani—. Eres nuestra mejor amiga.

Eso me rompió un poquito por dentro.

Pero también me sostuvo.

—Yo también las extraño… muchísimo.

Y era verdad.

Más de lo que podía explicar en una videollamada.

Miré la hora de reojo.

Mañana empezaba todo otra vez.

Nueva escuela. Nueva rutina. Nueva vida.

—Oigan… ya me tengo que ir —dije con suavidad—. Mañana entro a la prepa.

—Descansa.

—Buenas noches, Cris.

—Y no te pongas nerviosa.

Sonreí apenas.

—Lo voy a intentar.

La llamada terminó.

La pantalla se apagó.

Y de repente el silencio de mi cuarto se sintió demasiado grande.

Me quedé sentada abrazando el teléfono.

Entre todo lo que había perdido… y todo lo que estaba a punto de comenzar.

La alarma sonó temprano.

Abrí los ojos de golpe.

Por un segundo no entendí dónde estaba.

Hasta que todo regresó de golpe.

Guadalajara. La casa de mis abuelos. Mi nueva vida.

Hoy era mi primer día.

Me levanté despacio, todavía con esa mezcla rara entre nervios y emoción.

Abrí el clóset como si la ropa pudiera decidir por mí.

Hoy no quería pensar demasiado.

Solo quería sentirme bien.

Mis ojos se detuvieron en una blusa amarilla con girasoles.

Simple. Bonita. Alegre.

Perfecta.

La combiné con un pantalón de mezclilla y mis tenis blancos tipo botita.

Nada exagerado.

Pero suficiente para sentir que podía enfrentar el día.

Cuando bajé a la cocina, el olor a desayuno me envolvió de inmediato.

—Buenos días, hija —dijo mi mamá.

—Buenos días.

Mi papá ya estaba listo, sentado como siempre con esa expresión tranquila que analizaba todo aunque no dijera nada.

Desayuné cereal casi sin sentirle sabor.

Mi cabeza estaba demasiado ocupada pensando en lo que venía.

—Tu papá ya te está esperando en el coche —dijo mi mamá.

Asentí.

—Ya voy.

Salí de la casa y el aire fresco de la mañana golpeó mi rostro suavemente.

Respiré hondo.

Esto era real.

El coche se detuvo una cuadra antes de la preparatoria.

Miré a mi papá confundida.

—¿Aquí?

Él sonrió apenas.

—Así entras más tranquila.

No pude evitar sonreír.

Lo conocía demasiado bien.

—Gracias, papá.

Bajé del coche y caminé sola hacia la escuela.

Cada paso pesaba más de lo normal.

No conocía a nadie.

Nadie me conocía a mí.

O al menos eso creía.

—Hola…

La voz llegó detrás de mí.

Me detuve y volteé.

Un chico.

—¿Eres nueva?

Asentí lentamente.

—Sí… ¿sabes dónde está la dirección?

—Claro —respondió enseguida—. Yo te llevo.

Dudé apenas un segundo.

Pero algo en su forma de hablar me dio confianza.

—Gracias.

Empezamos a caminar juntos.

El silencio entre nosotros era extraño.

Incómodo… pero no del todo.

Y justo cuando estaba a punto de hablar—

—¿Cómo te llamas?

Los dos hablamos al mismo tiempo.

Nos miramos en silencio un segundo… y luego los dos nos reímos.

La tensión desapareció de inmediato.

—Soy Cristina —dije—. Pero dime Cris.

Lo miré mejor esta vez.

Y algo dentro de mí se movió.

Algo pequeño.

Pero extraño.

Como si hubiera visto esos ojos antes.

—Taylor —respondió—. Pero mis amigos me dicen Tay.

Tay.

Sonaba fácil decirle así.

—¿De dónde eres? —preguntó mientras caminábamos.

—De aquí… bueno, nací aquí. Pero viví muchos años en Los Ángeles.

Mi voz bajó un poco.

—Regresé porque mi abuela estaba enferma… y…

No terminé la frase.

No hacía falta.

—Murió hace dos semanas.

Él no intentó interrumpirme.

No dijo frases vacías.

Solo asintió lentamente.

—Lo siento.

Simple.

Sincero.

Y suficiente.

—Estoy bien —respondí rápido, casi automático—. Mi prima y yo estamos ayudando a mi abuelo.

Lo dije como si lo tuviera todo bajo control.

Aunque no fuera cierto.

—Hicieron lo correcto.

Lo miré de nuevo.

Y por primera vez desde que llegué a México…

me sentí tranquila.

—Aquí es —dijo señalando la oficina.

Nos detuvimos frente a la dirección.

Mi nueva realidad.

—Gracias, Tay.

Él sonrió apenas.

—Nos vemos luego, Cris.

Asentí mientras lo veía alejarse.

Y no supe explicar por qué…

pero tuve la sensación de que ese encuentro no había sido casual.

Respiré hondo antes de entrar a la oficina.

Papeles. Firmas. Formalidades.

Todo se sentía demasiado adulto para un primer día.

—Buenos días —dije intentando sonar segura.

La secretaria levantó la mirada y me sonrió con amabilidad.

—Buenos días, ¿en qué puedo ayudarte?

—Vengo a entregar unos documentos que faltaban de mi inscripción.

Ella revisó los papeles rápidamente y después asintió.

—Todo está en orden, Cristina. Ya puedes pasar a tu salón.

Cristina.

Todavía se me hacía raro escuchar mi nombre completo aquí.

—Gracias.

Salí de la oficina con una sensación extraña en el pecho.

Como si ya no hubiera vuelta atrás.

Esto ya era mi vida ahora.

Caminé por el pasillo observando todo alrededor.

Los grupos de amigos. Las risas. Los alumnos corriendo antes de que iniciaran las clases.

Todo parecía avanzar demasiado rápido… menos yo.

Cuando finalmente llegué al salón, respiré profundo antes de entrar.

La puerta se abrió lentamente.

Varias miradas se levantaron hacia mí.

Algunas curiosas. Otras indiferentes.

Normal.

Busqué un asiento vacío, pero antes de que pudiera moverme demasiado…

un grupo de chicas se acercó directamente hacia mí.

Sonriendo.

Mucho.

Demasiado.

—Hola —dijo una de ellas—. ¿Cómo te llamas?

—Cris.

—¡Qué bonito nombre! —respondió otra enseguida—. Yo soy Andrea.

—Fernanda.

—Erika.

—Karen.

—Fanny.

—Blanca.

—Diana.

Las dos últimas hablaron al mismo tiempo.

—Y nosotras somos Alicia.

Parpadeé confundida.

—¿Las dos?

Las dos empezaron a reírse.

—Sí. Todos nos confundimos al principio.

No pude evitar reír también.

Y la tensión bajó de inmediato.

—Ok… eso definitivamente no me lo esperaba.

—Nos pasa siempre —dijo Andrea entre risas.

Por primera vez desde que llegué… me sentí un poquito más relajada.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó Karen.

—Dieciséis.

Las miradas cambiaron enseguida.

—¿Dieciséis? Nosotras tenemos quince.

—¿Por qué eres más grande?

Me acomodé el cabello detrás de la oreja antes de responder.

—Vivía en Los Ángeles. Cuando me fui tuve que repetir un año por el cambio de sistema.

Asintieron entendiendo.

Y agradecí que no hicieran más preguntas.

Porque no tenía ganas de explicar demasiado todavía.

—Bueno —dijo Fernanda sonriendo—. Igual ya eres parte del grupo.

Eso me tomó por sorpresa.

—¿Así de rápido?

—Sí —respondió Andrea—. Nos caíste bien.

Y no sé por qué…

pero eso me hizo sentir menos sola.

La maestra entró justo en ese momento.

—Buenos días, jóvenes.

Todos regresaron a sus lugares rápidamente.

Las chicas me hicieron espacio junto a ellas en la parte de atrás del salón.

Como si ya estuviera incluida.

Como si llevara más tiempo ahí.

Y sin darme cuenta…

empecé a sentirme cómoda.

—Hoy vamos a hacer algunos ejercicios para revisar su nivel —anunció la maestra mientras repartía hojas.

Perfecto.

Algo en qué concentrarme.

Durante varios minutos el salón quedó en silencio.

Pero no era un silencio incómodo.

Era tranquilo.

Ligero.

Y por primera vez en semanas…

mi cabeza dejó de pensar un momento en todo lo demás.

Hasta que la voz de la maestra volvió a escucharse.

—Antes de que termine la clase, les recuerdo que están invitados al baile del sábado.

El salón explotó en murmullos al instante.

Emoción. Risas. Planes.

—Lo organizan los alumnos de último semestre —continuó ella—. Y como cada año, la asistencia es obligatoria para los nuevos estudiantes.

Varias personas se quejaron jugando.

Yo solo escuché.

Todavía me sentía demasiado nueva para emocionarme por algo así.

Aunque una pequeña parte de mí…

sí tenía curiosidad.

El timbre sonó segundos después.

Y el salón se transformó por completo.

—¡Receso! —gritaron varias voces al mismo tiempo.

Las chicas me rodearon enseguida.

—Vienes con nosotras —dijo Andrea como si no existiera otra opción.

Ni siquiera tuve tiempo de responder.

Terminé caminando con ellas hacia el patio.

Nos sentamos juntas mientras todas hablaban al mismo tiempo.

Y aunque apenas las conocía…

por primera vez desde que llegué a Guadalajara…

me sentí acompañada.

—Oye, Cris —preguntó Erika de pronto—. ¿Tenías novio donde vivías antes?

La pregunta cayó demasiado directo.

Bajé la mirada apenas un segundo.

—Sí… —respondí al final—. Pero terminamos cuando me vine a México.

No di más detalles.

No quería.

No todavía.

Ellas intercambiaron miradas rápidas, pero ninguna insistió.

Y eso me gustó.

Porque respetaban los silencios.

Y después de todo lo que había pasado…

eso valía mucho.

Mientras ellas seguían hablando y riéndose…

yo me quedé observándolas un momento.

No eran mis amigas de siempre.

No eran mi antigua vida.

Pero tampoco se sentían ajenas.

Y por ahora…

eso bastaba.

Levanté la mirada lentamente hacia el patio lleno de estudiantes.

Nueva escuela. Nuevas personas. Nuevas oportunidades.

Y por primera vez desde que llegué…

pensé algo que no había querido admitir.

Tal vez…

esta nueva vida no tenía que ser tan mala.

El murmullo del patio seguía alrededor de nosotras.

Risas. Música saliendo de algunos teléfonos. Conversaciones cruzadas.

Todo normal.

Hasta que algo cambió.

No lo vi primero.

Lo sentí.

Esa sensación extraña de saber que alguien te está mirando.

Levanté la vista.

Y ahí estaba él.

Tay.

Observándome desde el otro lado del patio.

Mi corazón reaccionó antes que mi cabeza.

Él dudó apenas un segundo… y después empezó a caminar hacia mí.

Directo.

Mis nuevas amigas guardaron silencio de inmediato.

Yo intenté mantener la calma.

No funcionó demasiado bien.

—Hola, Cris —dijo cuando llegó frente a mí.

—Hola, Tay… —respondí intentando sonar normal.

Pero mi voz salió un poquito más nerviosa de lo que quería.

Él respiró hondo.

Como si estuviera reuniendo valor para algo.

—Quería preguntarte una cosa.

Sentí todas las miradas encima de mí.

Pero aun así…

solo lo estaba viendo a él.

—Dime.

Hubo un pequeño silencio.

Y entonces—

—¿Te gustaría ir conmigo al baile del sábado?

Mi corazón se detuvo un segundo.

Todo alrededor pareció apagarse.

Las voces. El ruido. Las risas.

Solo él esperando mi respuesta.

Y no entendí por qué…

pero decir que sí se sintió fácil.

Natural.

—Sí… me encantaría.

El cambio en su expresión fue inmediato.

Pequeño. Pero real.

Como si de verdad le importara mi respuesta.

—Perfecto —dijo sonriendo apenas—. Entonces paso por ti.

Asentí tratando de no sonreír demasiado.

—Claro.

Saqué rápido una hoja de mi libreta y anoté mi dirección.

Cuando se la entregué, nuestros dedos se rozaron apenas.

Algo pequeño.

Pero suficiente para ponerme nerviosa otra vez.

—¿A qué hora paso? —preguntó.

—No sé… ¿siete?

Él asintió.

—Siete está perfecto.

Hubo un silencio corto.

Uno raro.

No incómodo.

Solo nuevo.

—Entonces nos vemos el sábado, Cris.

—Nos vemos, Tay.

Él sonrió una última vez antes de alejarse.

Y apenas estuvo lo suficientemente lejos…

todo explotó.

—¡¿QUÉ FUE ESO?! —gritó Andrea.

Todas empezaron a hablar al mismo tiempo.

—¡Está guapísimo!

—¡Te invitó directo!

—¡Y el primer día!

—Eso no pasa normalmente.

No pude evitar reírme.

—Ni yo me lo esperaba…

—A ver —dijo Fernanda cruzándose de brazos—. ¿De dónde lo conoces exactamente?

—Me ayudó a llegar a la dirección esta mañana.

Se quedaron viéndome unos segundos.

Y luego todas sonrieron igual.

—Eso sí parece destino —dijo una de las Alicias.

Y por primera vez…

la palabra no sonó exagerada.

Las siguientes clases pasaron más rápido de lo normal.

O tal vez era yo.

Porque no dejaba de pensar en lo que acababa de pasar.

En la forma en que Tay me miró. En lo seguro que se vio al preguntarme. En lo fácil que fue aceptar.

Como si algo dentro de mí ya hubiera decidido antes que yo.

Cuando finalmente sonó el timbre de salida, todos comenzaron a levantarse rápidamente.

Guardé mis cosas intentando actuar normal.

Aunque por dentro me sentía cualquier cosa menos tranquila.

—¿Ya te vas? —preguntó Karen.

—Sí. Mi mamá debe estar esperándome.

—Vamos contigo.

Y antes de que pudiera negarme…

ya estaban caminando conmigo hacia la salida.

El aire de la tarde se sentía distinto.

Más ligero.

Más vivo.

Mi mamá estaba junto al coche cuando nos vio acercarnos.

Sonrió apenas al verme rodeada de gente.

—Hola, señora —saludaron todas casi al mismo tiempo.

—Mucho gusto —respondió mi mamá divertida—. Así que ustedes son las nuevas amigas de mi hija.

—Sí —contestaron enseguida.

Estaba a punto de subir al coche cuando lo vi otra vez.

Tay.

Venía caminando directo hacia nosotras.

Y mi corazón volvió a acelerarse como si no aprendiera nunca.

—Hija… —murmuró mi mamá bajito—. ¿A quién estás viendo así?

No respondí.

Porque él ya estaba frente a nosotros.

—Hola, señora —saludó con respeto—. Soy amigo de Cris.

Mi mamá lo observó apenas un segundo.

Y sonrió de inmediato.

Claro.

Las mamás siempre entienden todo demasiado rápido.

—Mucho gusto.

Tay respiró hondo antes de hablar otra vez.

—Quería pedirle permiso para llevar a Cris al baile del sábado.

Directo.

Sin rodeos.

Sin miedo.

Lo miré sorprendida.

No por lo que dijo.

Sino por la seguridad con la que lo hizo.

Mi mamá me miró de reojo.

Y esa sonrisa pequeña apareció otra vez.

—No hay problema.

Sentí un alivio inmediato recorrerme el pecho.

—Gracias, señora —respondió Tay.

Luego me miró a mí.

—Nos vemos mañana, Cris.

—Nos vemos…

Él se alejó tranquilamente.

Como si no acabara de poner mi corazón completamente nervioso otra vez.

Esperé apenas unos segundos antes de subir al coche.

Pero en cuanto cerré la puerta…

mis amigas explotaron.

—¡NO PUEDO CREERLO!

—¡Te pidió permiso como si ya fueran novios!

—¡Y tu mamá le dijo que sí enseguida!

Me tapé la cara riéndome.

—Ni yo entiendo qué acaba de pasar.

Y honestamente…

era verdad.

Porque este definitivamente no era el primer día que había imaginado tener.

El coche avanzó lentamente entre el tráfico de la tarde.

Pero mi cabeza seguía atorada en el mismo lugar.

En Tay. En el baile. En la forma tan segura en que le pidió permiso a mi mamá.

—Ok… ahora sí cuéntame todo —dijo mi mamá apenas arrancó.

La miré fingiendo inocencia.

—¿Todo qué?

Ella soltó una pequeña risa.

—No te hagas, Cristina. Todo.

Suspiré derrotada.

Y empecé desde el principio.

Le conté cómo conocí a las chicas. Cómo Tay me ayudó a llegar a la dirección. Y cómo terminó invitándome al baile frente a medio patio.

Mi mamá escuchaba en silencio.

Atenta.

Como siempre.

—Así que te invitó el primer día… —comentó al final.

—Sí…

—Interesante.

La miré de inmediato.

—¿Qué significa ese “interesante”?

Ella sonrió apenas mientras seguía manejando.

—Que ese chico sabe lo que quiere.

Bajé la mirada intentando ocultar mi sonrisa.

Porque en el fondo…

yo había pensado exactamente lo mismo.

El coche giró en una calle distinta y fruncí el ceño.

—¿No vamos a la casa?

—No.

—¿Entonces?

—De compras.

Parpadeé confundida.

—¿Qué?

—Vas a ir a un baile —respondió con naturalidad—. Necesitas algo especial.

No pude evitar reírme.

—Ni siquiera te pedí dinero.

—No hacía falta —contestó—. Te conozco demasiado bien.

Y ahí estaba otra vez.

Esa habilidad que tenía mi mamá para entenderme incluso cuando yo todavía estaba intentando entenderme sola.

El centro comercial estaba lleno.

Luces. Música. Gente caminando de un lado a otro.

Pero yo me sentía distraída.

Como si todavía siguiera procesando todo lo que había pasado en un solo día.

Entramos a varias tiendas.

Probé vestidos. Blusas. Pantalones.

Y terminé descartando casi todo.

Nada terminaba de sentirse correcto.

—¿Qué estás buscando exactamente? —preguntó mi mamá mientras me observaba salir de otro probador.

Me quedé pensando unos segundos.

—Algo que parezca casual…

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play