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Alma De Esmeralda

Alma De Esmeralda

Status: En proceso
Genre:Mafia / Posesivo / Mujer poderosa
Popularitas:5.8k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

"Fui subastada al diablo, pero él no sabía que yo sería su infierno."
En el Amazonas, todo tiene un precio. Mía fue vendida como mercancía al hombre más temido de Sudamérica: Renzo Cavalli. Él la compró para poseerla y quebrarla, pero subestimó el fuego bajo su piel de seda.
Entre huidas por la selva, traiciones y una pasión letal, Mía deberá decidir: ¿hundir el puñal en su espalda o convertirse en la reina de su imperio de sangre?

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Capítulo 20

Renzo sabía que el intercambio por la madre de Mía sería una carnicería. No podía enviarla a ciegas. Por eso, esa misma tarde, la llevó al campo de tiro privado oculto tras la densa vegetación de la mansión.

La lluvia tropical caía con una violencia ensordecedora, convirtiendo el suelo en barro y pegando la ropa a sus cuerpos. Mía vestía solo una camiseta blanca de tirantes y unos pantalones ajustados; Renzo, con el torso desnudo y cubierto de gotas de agua, sostenía una CZ Shadow 2 plateada.

—No se trata de apretar un gatillo, Mía —dijo Renzo, su voz compitiendo con el rugido de la tormenta—. Se trata de convertirte en el arma. Si fallas, el Alacrán te usará como escudo antes de que puedas parpadear.

Renzo se posicionó detrás de ella. Sus brazos rodearon los de Mía, guiando sus manos hacia la empuñadura fría del arma. El contacto físico fue instantáneo y eléctrico. La piel caliente de Renzo contra la espalda empapada de Mía creó un contraste que la hizo estremecerse.

—Siente el peso —susurró él en su oído, su aliento rozando su lóbulo—. Controla tu respiración. Tu corazón late demasiado rápido... cálmalo.

Renzo pegó su cuerpo completamente al de ella, una mano bajando para corregir la postura de sus caderas, presionándola para que abriera más las piernas. Mía sintió la dureza de su entrepierna contra sus glúteos, una provocación constante que la hacía perder la concentración.

—Me estás distrayendo, Cavalli —dijo ella, echando la cabeza hacia atrás, encontrando los ojos oscuros y hambrientos de él.

—La distracción es tu peor enemiga en el campo de batalla —respondió él, apretando su agarre sobre las manos de ella—. Dispara. Ahora.

Mía apretó el gatillo. El retroceso la sacudió, pero Renzo la mantuvo firme, absorbiendo el impacto con su propio cuerpo. El proyectil dio en el hombro del blanco de cartón.

—De nuevo. Pero esta vez, visualiza al hombre que tiene a tu madre —le ordenó él, su voz volviéndose una caricia perversa—. Visualiza a quien intentó tocar lo que me pertenece.

Mía cerró los ojos un segundo. Inconscientemente, se reclinó más contra él, buscando su fuerza. Sus dedos acariciaron el metal del arma con una delicadeza casi tierna antes de volver a tensarse. Disparó tres veces seguidas. Tres agujeros perfectos en el centro del pecho del blanco.

Renzo soltó un gruñido de aprobación y le quitó el arma, dejándola en la mesa. La giró bruscamente, acorralándola contra el poste de madera del cobertizo mientras la lluvia los bañaba.

—Eres una alumna excelente —dijo él, sus manos recorriendo las curvas de su cuerpo empapado—. Tienes el fuego de una reina y la frialdad de una asesina. Me vuelves loco, Mía.

Mía, con la adrenalina disparada, lo agarró por el cuello. En un gesto de ternura inconsciente que lo dejó sin aliento, le limpió el agua de los ojos con los pulgares antes de besarlo con una ferocidad hambrienta.

—Enséñame más —le pidió ella entre besos, sus manos bajando hacia el cinturón de él—. Enséñame a ser tan cruel como tú para que pueda terminar con esto.

Renzo la levantó en vilo, enrollando las piernas de ella alrededor de su cintura. En medio del campo de tiro, bajo el cielo gris del Amazonas, la poseyó con una urgencia que ya no era solo posesión, sino una necesidad vital de unión.

—Ya eres mía en cuerpo y alma —jadeó él, mientras se movían al ritmo de la lluvia—. Ahora solo falta que el mundo entero lo sepa.

Mía se entregó a él, ignorando que mañana podría ser el último día de su vida. En ese momento, en los brazos de su dueño, se sentía invencible.

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Elena Yobany Santacruz Alejandria
jjjajaja te desafía cavalli ...🤭🤭es una pequeña diablilla..
Elena Yobany Santacruz Alejandria
waooo una guerra de seducción..hermosa... excelente escritora.
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