Matrimonio por conveniencia
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CAPÍTULO 8: EL PÉTALO DE LA DISCORDIA
Alessandra sentía que el vestido le apretaba más que nunca.
La adrenalina de haber destruido a Rodrigo estaba siendo reemplazada por una irritación volcánica dirigida al hombre que todavía la sujetaba por la cintura.
—Señor Park, ha sido una noche inolvidable —dijo Alessandra, forzando una sonrisa que en realidad era un aviso de ejecución—, pero me temo que las emociones han sido... agotadoras. Si nos disculpan, mi esposo y yo nos retiraremos.
—¡Oh, por supuesto! —exclamó Park, interceptándolos con una mirada de complicidad que hizo que a César le diera un escalofrío—. Pero no permitiré que se vayan a casa así como así. Dado que su unión fue privada y aún nos deben la gran fiesta, *K-Geno Nexus* ha decidido adelantarles un regalo de bodas.
Alessandra arqueó una ceja.
—No es necesario, de verdad...
—¡Es obligatorio! —rio Park—. He reservado la *Suite Imperial* en el Hotel Diamond. Un piso completo para ustedes. Además, mañana a las siete de la mañana, el equipo de *Forbes Asia* los espera allí mismo para una sesión de fotos exclusiva: "El amor detrás del imperio". Consideren esto su luna de miel adelantada. El coche ya tiene sus maletas.
Alessandra abrió la boca para protestar, pero Dante la apretó contra su costado, silenciándola.
—Es un detalle increíble, Sr. Park —dijo Dante, con esa voz que exudaba una calma irritante—. Mi esposa está tan conmovida que se ha quedado sin palabras. Aceptamos, por supuesto. Un poco de privacidad es justo lo que necesitamos después de lidiar con... "acosadores".
En cuanto la puerta de la limusina se cerró, la "pareja de oro" estalló.
Alessandra se alejó de Dante como si él tuviera la peste bubónica, sacando una toallita desinfectante y frotándose frenéticamente la comisura de los labios.
—¡¿Cómo te atreviste?! —siseó ella, sus ojos echando chispas en la penumbra del coche—. ¡Ese beso no estaba en el contrato, Dante! ¡Me tocaste! ¡Me... me lamiste la mano antes y ahora esto!
—Fue marketing de guerrilla, jefa —respondió Dante, desabrochándose el primer botón del chaleco ajustado con un suspiro de alivio—. Si no te besaba, Rodrigo habría seguido gritando. Le cerré la boca a él usando la tuya. Deberías agradecérmelo.
—¡Te voy a agradecer con una demanda por acoso sexual! —rugió ella—. Y ahora, por tu culpa, estamos atrapados en una suite nupcial. ¡César! ¡Dile al chófer que de la vuelta!
César, que estaba sentado frente a ellos tratando de volverse invisible, levantó las manos en señal de rendición.
—Imposible, jefa. El coche es de la flota de Park. El equipo de seguridad de K-Geno nos viene siguiendo en dos camionetas por "cortesía". Si nos desviamos a la mansión, mañana el contrato de las gomitas de belleza valdrá menos que un papel higiénico. Tenemos que pasar la noche en ese hotel.
Alessandra golpeó el asiento de cuero con el puño.
—¡Es una trampa!
—Es una oportunidad —corrigió Dante, inclinándose hacia ella, invadiendo su espacio personal—. Una suite entera para nosotros. Jacuzzi, servicio a la habitación y una sola cama matrimonial gigante. ¿Qué pasa, Alessandra? ¿Tienes miedo de que en la intimidad de la Suite Imperial no puedas mantener ese hielo tan firme?
—Dante —respondió ella, recuperando su tono de Gregory House, frío y letal—, si crees que esta noche vas a dormir en algo que no sea el suelo de mármol del baño, estás más loco que Rodrigo. Mañana haré las fotos, sonreiré para Forbes y después te haré una vasectomía con un abrecartas.
Dante sonrió, acomodándose en el asiento.
—Huele a noche de bodas. César, ¿el minibar tiene whisky del caro? Sospecho que voy a necesitarlo para sobrevivir a la "dulce" compañía de mi esposa.
César solo suspiró, mirando por la ventana.
«¡Se pudrió todo!», pensó.
«Bitácora de supervivencia, mismo día, parte III: Suite Imperial obligatoria. Una cama. Forbes a las siete. Lápiz y papel: "luna de miel" ahora significa "encierro forzoso con patrocinio corporativo".
P/D: si sobrevivo, mañana cambio bitácora de día por bitácora de quilombos... ya son demasiados daños en pocos minutos.»*
—Dios nos libre...
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El botones del Hotel Diamond abrió las puertas dobles de la *Suite Imperial* con una reverencia que rozaba lo religioso.
—Felicidades a los recién casados —susurró el hombre antes de retirarse, dejando a la pareja a solas con el "regalo" del Sr. Park.
Alessandra dio un paso al frente y se quedó petrificada.
El Sr. Park no solo había reservado la habitación; la había convertido en el set de una película erótica de bajo presupuesto.
Había velas aromáticas de sándalo y pachulí encendidas en cada rincón, creando una atmósfera sofocante de "pasión".
El suelo era un río de pétalos de rosa roja que conducía directamente a la pieza central del desastre: una cama circular de tres metros de ancho, cubierta con sábanas de seda negra y dos cisnes de toalla besándose en el centro.
—Dime que esto es una pesadilla —murmuró Alessandra, tapándose la cara con las manos—. Dime que César está afuera con un extintor para apagar este "ambiente".
Dante entró detrás de ella, cerrando la puerta con un clic que resonó como una sentencia.
Se quitó el saco del traje-tortura y lo lanzó sobre un diván, soltándose la corbata con una lentitud exasperante.
—Vaya... Park se toma muy en serio la tasa de natalidad de Corea —comentó Dante, pateando unos pétalos con su zapato de lujo—. Huele a "error de una noche" y a "arrepentimiento de nueve meses" aquí dentro.
Alessandra se giró, señalándolo con un dedo tembloroso de rabia.
—¡No te muevas! No respires. No toques nada. Voy a llamar a recepción para que traigan una cama plegable.
—Seguridad de K-Geno está en el pasillo, Alessandra —le recordó él, acercándose a la cama y sentándose en el borde, probando la suavidad de la seda—. Si pides otra cama, mañana el informe dirá que el "matrimonio perfecto" no puede compartir colchón. Además... —Dante dio una palmada a la seda negra—, esto es mucho más cómodo que tu alfombra persa.
Alessandra, impulsada por una mezcla de agotamiento y furia, caminó hacia la cama y empezó a deshacer los cisnes de toalla de un tirón violento.
—¡Fuera de aquí! —gritó ella, lanzándole una almohada de plumas directamente a la cara—. ¡Esta es mi cama por derecho de propiedad intelectual, empresarial y moral! ¡Tú te vas al sofá!
Dante atrapó la almohada con una sola mano, sonriendo con una malicia que le encendió la sangre a Alessandra.
—El contrato dice que duermo en tu habitación, jefa. Y técnicamente, esto es una suite de ambiente único. No hay paredes. No hay baño con medusas. Solo tú, yo y este exceso de pétalos.
—¡Es una orden, Dante!
—Pues desobedezco —respondió él, poniéndose en pie de un salto.
Alessandra intentó empujarlo para sacarlo del perímetro de la cama, pero fue como intentar mover una columna de granito.
Dante la tomó de las muñecas y, con un movimiento fluido que aprovechó el impulso de ella, la hizo caer sobre las sábanas de seda.
Alessandra rebotó en el colchón, hundiéndose en la suavidad, mientras Dante caía justo encima, sosteniéndose sobre sus codos para no aplastarla, pero lo suficientemente cerca como para que ella sintiera el calor de su pecho a través de la fina seda de su vestido.
—Suéltame ahora mismo —siseó ella, aunque su respiración se había vuelto errática—. Esto es una agresión.
—Esto es una pelea de almohadas que perdiste en tres segundos —susurró Dante, su rostro a milímetros del de ella—. ¿Por qué estás tan nerviosa, Alessandra? Tu corazón late tan fuerte que puedo sentirlo contra mis costillas. ¿Es miedo... o es que por fin te diste cuenta de que soy mucho más interesante que tu algoritmo?
Alessandra lo miró a los ojos, decidida a soltarle un insulto letal, cuando de pronto... *¡TOC, TOC, TOC!*
—¿Señora Valeriano? ¿Señor Larconne? —la voz de una mujer sonó desde el otro lado de la puerta—. Soy la encargada de relaciones públicas de Forbes. El fotógrafo quería verificar la iluminación de la terraza para la sesión de las siete. ¿Podemos pasar un segundo?
Alessandra y Dante se quedaron congelados en su posición comprometedora sobre la cama de pétalos.
—¡No! —gritó Alessandra al unísono con Dante.
—¡Estamos... en medio de una discusión sobre la estrategia de mercado! —añadió ella, tratando de empujar a Dante fuera de sí—. ¡Vuelvan por la mañana!
Dante se inclinó aún más, su nariz rozando la de Alessandra, y susurró con un brillo travieso:
—Estrategia de mercado, ¿eh? Me gusta cómo mientes bajo presión, jefa. Pero si no quieres que entren y nos encuentren así, sugiero que dejes de pelear y me dejes dormir de mi lado de la cama... o tendré que darles una razón real para que no abran esa puerta.
Alessandra lo empujó con todas sus fuerzas, rodando hacia el otro extremo de la cama redonda.
—Duerme ahí. Pero si me tocas mientras duermo, Dante, juro que mañana el titular de Forbes será: "Empresaria queda viuda en su noche de bodas".
Dante se acomodó, cruzando los brazos detrás de la cabeza sobre la seda negra.
—Buenas noches, "cariño". Trata de no soñar con mi "estúpida idea" de las gomitas.
César, que estaba en la habitación contigua (la de seguridad), escuchó el silencio repentino y suspiró mientras revisaba su inventario de ansiolíticos.
«¡S.O.S! ¡S.O.S!», pensó. «Bitácora de supervivencia, mismo día, parte IV: Llegamos a la suite. Hay cisnes. Hay pétalos. Hay una cama. Lápiz y papel: "tregua" agregado al diccionario como sinónimo de "bomba de tiempo con retraso". P/D: si sobrevivo, mañana mismo cambio bitácora de día por bitácora de quilombos... ya son demasiados daños en pocos minutos.»*
—¡Dios nos siga librando!...