Entre planes de venganza, celos asfixiantes y besos que saben a guerra, Valeria y su mejor amigo Julián han trazado una estrategia para conquistar a sus imposibles. Pero en este juego de poder, las máscaras caen y las fieras despiertan. Cuando el deseo se vuelve posesivo y los secretos se filtran en los pasillos, solo queda una pregunta: ¿Quién se rendirá primero ante el caos del corazón?"
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El lunes negro
El lunes por la mañana en el Instituto San Jorge no era simplemente el inicio de la semana; era el despliegue de una ofensiva táctica coordinada. Valeria llegó diez minutos antes de la campana, luciendo una seguridad que rayaba en la insolencia. Había pasado gran parte de la noche anterior ultimando detalles con Elena, y ahora, mientras cruzaba el vestíbulo principal, sabía que los ojos de Damián estarían buscándola desde algún rincón sombrío. Pero Valeria no estaba sola. A su lado caminaba Jean-Pierre, el chico de intercambio francés que tenía la combinación perfecta de acento encantador y una mandíbula que parecía esculpida para molestar a los perfeccionistas. Valeria reía de manera sonora, inclinándose hacia él con una familiaridad que gritaba "te he olvidado por completo" a los cuatro vientos.
A pocos metros de allí, cerca de los casilleros de los deportistas, Julián intentaba mantener la compostura, aunque sus manos temblaban ligeramente mientras sostenía un pequeño sobre de papel kraft. Había pasado la noche escribiendo y rompiendo hojas, tratando de encontrar el equilibrio entre su personalidad bromista y la sinceridad que Elena merecía. Tenía un plan: interceptarla antes de la primera clase, llevarla al jardín de las estatuas y soltar la bomba de sus sentimientos antes de que el miedo lo consumiera. Sin embargo, cuando vio aparecer a Valeria con el francés, su propia misión se vio interrumpida por una mezcla de asombro y diversión.
Valeria y Julián se encontraron justo en la intersección de los pasillos principales, el lugar donde el tráfico de estudiantes era más denso y donde sabían que sus "objetivos" tenían que pasar obligatoriamente para llegar a Geometría Avanzada.
—¡Vaya, pero si es la Reina del Caos y su nuevo accesorio importado! —exclamó Julián con una carcajada, recuperando su máscara de payaso por un momento para disimular su nerviosismo—. ¿Qué tal el fin de semana, Val? ¿O debería preguntar en francés para que tu amigo nos entienda?
Valeria le guiñó un ojo, una señal secreta que Julián entendió de inmediato.
—Oh, Juli, el fin de semana fue... revelador —respondió ella, dejando que Jean-Pierre le pasara un brazo por los hombros, un gesto que el francés hizo con una naturalidad envidiable—. Jean-Pierre me estaba contando que en París la gente no es tan cobarde con sus sentimientos. No se quedan callados el domingo esperando que la otra persona les ruegue. ¿Verdad, mon chéri?
El francés asintió con una sonrisa seductora, sin tener idea de que era un peón en un juego de ajedrez de alto nivel. Julián soltó una risotada, pero sus ojos se desviaron hacia el final del pasillo. Allí, apoyado contra la pared con la rigidez de un centinela, estaba Damián. Su rostro estaba más pálido de lo habitual y sus ojos negros estaban clavados en la mano de Jean-Pierre sobre el hombro de Valeria. Si las miradas pudieran incinerar, el pobre chico de intercambio habría quedado reducido a cenizas en ese mismo instante.
—Parece que alguien está a punto de tener una combustión espontánea —susurró Julián, inclinándose hacia Valeria mientras Jean-Pierre se distraía saludando a otro estudiante—. Damián parece que quiere resolver el "problema francés" con un duelo a muerte. ¿Es parte del plan?
—Es la fase uno, Juli —respondió Valeria en un susurro cargado de malicia y una pizca de satisfacción—. Se pasó el domingo ignorándome. Ahora va a pasar el lunes deseando no haber nacido. ¿Y tú? Veo que traes una carta. ¿Vas a declararte o es una lista de la compra para que Elena no te mate?
Julián se puso rojo de inmediato, apretando el sobre contra su costado.
—Es el plan suicida, Val. Voy a decirle todo. Pero ella está con ese aire de "fiera lista para cazar" y me da un miedo que te mueres. Mírala, ahí viene.
Elena apareció doblando la esquina, caminando con una elegancia que dejaba claro que no había pasado la noche llorando por Mateo. Al ver a Julián y Valeria conversando, su expresión se volvió de una indiferencia profesional que hizo que a Julián se le bajara la presión. Elena se acercó al grupo, saludó a Valeria con un beso en la mejilla y a Jean-Pierre con una sonrisa deslumbrante que hizo que Julián apretara los dientes de celos.
—Hola, chicos. Julián, ¿qué haces aquí parado? ¿No deberías estar entrenando para esconderte de la realidad? —soltó Elena con una voz dulce pero cargada de veneno.
—Elena, yo... quería hablar contigo —comenzó Julián, perdiendo toda su elocuencia habitual—. Sobre lo de anoche. Sobre lo que pasó después de que Mateo se fuera. Tengo algo para ti.
Valeria observaba la escena con una sonrisa de suspenso. Sabía que Damián se estaba acercando, paso a paso, con esa elegancia peligrosa que indicaba que su control estaba a punto de romperse. El pasillo se había convertido en un escenario de teatro donde el público (los demás estudiantes) empezaba a detenerse para ver el desenlace.
—¿Hablar conmigo? —Elena arqueó una ceja, cruzándose de brazos—. Pensé que estabas muy ocupado riendo con Sofía. De hecho, tengo una cita para estudiar con un chico de último año después de clases, así que si tienes algo que decir, que sea rápido. No me gusta perder el tiempo con gente que no sabe lo que quiere.
Julián sintió el golpe de los celos de Elena. Ella estaba contraatacando con la misma moneda que Valeria le había sugerido. El suspenso era casi insoportable. Justo cuando Julián iba a extender el sobre, la sombra de Damián se proyectó sobre ellos. El perfeccionista se detuvo frente a Valeria, ignorando por completo a los demás.
—Valeria. Biblioteca. Ahora —ordenó Damián, con una voz que temblaba por la furia contenida.
Valeria ni siquiera lo miró. Se volvió hacia Jean-Pierre y le acarició la mejilla.
—¿Decías algo, Damián? Lo siento, estaba ocupada planeando mi almuerzo con Jean. Quizás si hubieras respondido mis mensajes ayer, hoy tendrías un lugar en mi agenda. Pero como te gusta tanto el silencio, decidí que el francés suena mucho mejor.
La risa de Julián estalló ante la cara de derrota de Damián, pero su risa se cortó en seco cuando Elena le arrebató el sobre de la mano.
—Me llevo esto —dijo Elena con frialdad—. Lo leeré cuando no tenga nada mejor que hacer. Como por ejemplo, ver cómo se seca la pintura.
El timbre sonó, marcando el inicio de las clases, pero nadie se movió. El pasillo estaba cargado de una tensión eléctrica. Valeria sonreía con victoria, Jean-Pierre lucía confundido, Damián estaba al borde de un colapso posesivo y Julián sentía que su corazón iba a salirse de su pecho. La guerra de celos y estrategias había alcanzado un punto de no retorno. El lunes negro apenas comenzaba, y las risas de Valeria eran el preludio de un caos que ninguno de los dos hombres sabía cómo manejar.